Los cromos de la discordia. Por Toño Rodríguez
J. mira sereno pero estoico, con la barbilla elevada igual que un faraón de alguna colección egipcia inacabada, probablemente comenzada en una época de paso como septiembre o enero, mira (decía), al nuevo subarrendador del quiosco de la esquina, ésa donde confluyen tres líneas eléctricas, cuatro tuberías de saneamiento y algún que otro semáforo. La mirada de J., desafiante aunque honesta, se mueve mientras que su propio cuerpo se mueve también, por iniciativa de una fuerza extraña que le hace alejarse de ese quiosco totémico, a lo largo de la acera levantada y de nuevo tapada por las últimas obras… Leer más
