Las siete vidas de un feo. Por Ángeles Morales
Era feo a rabiar. Los perros le ladraban con el hocico apuntando al cielo; después, cuando creían haber conseguido amedrentarlo, lo dejan pasar manteniendo altas sus cabezas, mostrando sus dientes de forma automática como queriendo decirle: “Y que conste que no te hinco los colmillos, tío feo”. Eso pensaban los perros al ver aproximarse a Norberto Chacón. También a ellos les molestaba la visión de un rostro abrupto, como de cordillera, una dentadura penibética que se anunciaba en más ocasiones de las necesarias y un cuerpo enjuto que se movía con desgana. Era feo a rabiar, sí señor. Y tuvo… Leer más
