V Certamen de narrativa breve - Canal #Literatura

Noticias del III Certamen

2 abril - 2008

86- Joaquin y Sabina. Por Jano

Cuando escuché la palabra carricoches me di vuelta de inmediato, cosa que debía hacer cualquier fanático de Joaquín Sabina como yo. Era una argentinita típica de unos treinta y algo, de ropa hindú, que paseaba en busca de nada pero de algo por El Rastro de Madrid. Le oí que explicaba que buscaba algo como monigotes y confirmé que era otra fanática. Me hice el distraído y la perdí de vista. La busqué por las calles aledañas, por los bares, pero nada. Volví al Rastro y no la volví a ver.

Pasé por Andalucía, me traje mi agüita del mar andaluz, salí con una rubia platino y hasta pasé una noche con una chica Almodóvar. Mis sueños más sabinezcos se iban cumpliendo de a poco, pero la argentinita seguía dando vueltas en mi cabeza.

Pasó largo tiempo hasta que la casualidad quiso que la volviera a ver en la feria de Tristán Narvaja, en Montevideo. Estaba con medias negras y bufanda roja, no azul, como en el tema de Joaquín; pero medias negras al fin. Era otoño y la invité a almorzar al mercado del puerto. En efectivo éramos dos fanáticos de Sabina. Me contó que tenía una camiseta de Boca comprada en González Catán y yo le comenté que un Dieguito y una Mafalda de plástico adornaban una de mis repisas. Que hacía años que buscaba un camellito sin dientes o al menos uno con el comedor completo para sacárselo y poner otro símbolo del gallego en mi casa. Me preguntó de qué tema era ese camellito sin dientes, lo que me dio la pauta de que era una fanática pero no una tonta de esas fans. Le respondí que en El Café de Nicanor, del álbum Dímelo en la Calle. Allí hizo el comentario que antiguamente en la zona norte de Buenos Aires había un café que se llamaba Nicanor, por Olivos o por ahí. Le conté que la había visto en Madrid, tiempo antes y no lo podía creer. Dijo que estaba en pareja y me convertí en ruinas de Don Juan, en príncipe destronado, como, obviamente, diría Joaquín.

Tenía su teléfono pero nunca más la llamé, como para erradicarla de mi cabeza.

Pasó el tiempo y fue en la feria de San Telmo en Buenos Aires, un domingo por la tarde que alguien gritó mi nombre y era ella. Tomamos un café y estaba más linda que nunca. Cuando salimos le recé a la virgen de los vientos para que levante su pollera. Caminamos y me contó que estaba sola, que había terminado su relación sentimental hacía ya un tiempo. Terminamos en mi casa y no nos podíamos despegar: tres días estuvimos juntos. No pasó mucho tiempo hasta que decidimos convivir.

Al principio teníamos dos pájaros, que aunque no eran de Portugal, se llamaban Abelardo y Eloisa, como los personajes del tema de Sabina. Ahora tenemos han pasado muchos años, ya no viajamos tanto y nos dedicamos más a nuestros hijos: Joaquín y Sabina.

85-Ese perfume. Por Anakina
87- El peor cuento del mundo. Por Lapinken


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Participantes

luscinda:

El cuento, que recuerda mucho a una canción del maestro, titulada casualidad, no está mal ,la prosa es mediocre.


bobdylan:

Me gusta Sabina, desde luego, aunque el resultado de tu relato me parece en general no demasiado logrado.

Por cierto, Abelardo y Eloísa, a los que nombras, aparte de ser dos personajes de una canción de Sabina, son como seguramente ya sabrás, dos famosos personajes históricos del siglo XII que mantuvieron una apasionada relación amorosa.

Suerte en el certamen.


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