Vida, amor y muerte en la poesía de M.H. Por Fernando Almagro Ávalos

Fernando Almagro ÁvalosLos temas de la vida, el amor y la muerte  forman las “heridas” de Miguel Hernández, y son el eje de la existencia para el autor. A pesar de estar presente en la mayoría de sus libros, el tratamiento es diferente en cada una de sus etapas,  pasando del vitalismo despreocupado de sus primeros poemas, hasta el desengaño y la tristeza de “Cancionero y romancero de ausencias”.  En este trabajo analizaré los temas a lo largo de su obra, profundizando más en algunas etapas concretas.

En los comienzos de Miguel Hernández encontramos “Perito en lunas”,  donde representa un  paisaje huertano iluminado por la vida, y un vitalismo deslumbrado por los elementos del paisaje, compaginado con reseñas melancólicas y alguna referencia a la muerte, <Funerario y cementerio>. La importancia de la muerte en este libro no es muy relevante y de tal profundidad como en producciones posteriores, aun así vemos como ya relaciona la vida con la muerte (la una da la otra) en <Gota de Agua>.

Pero es a partir de “El rayo que no cesa”, cuando Miguel Hernández desata sus pasiones y nos muestra más profundamente sus “heridas”, aunque el tema principal de este poemario es el sentimiento trágico del amor. El amor es un apasionado anhelo insatisfecho, un ansía de posesión que no culmina y que destroza al amante conduciéndolo hacia la muerte. Se produce un eterno sufrimiento a causa de este amor no correspondido e inalcanzable, al cual aún espera, sabiendo que lo único que conseguirá es más dolor y un fin nefasto.

¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:

Tus sustanciales besos, mi sustento,

Me faltan y me muero sobre mayo.

Aparecen varios elementos simbolizados, que causan la “herida” del amante y un dolor constante .Entre ellos, objetos afilados como cuchillos, puñales, arado o hachas, y el principal, el rayo. Este representa la fuerza aniquiladora de la pasión amorosa, y junto otros fenómenos atmosféricos como “vendaval” y “huracán”, nos transmite una sensación de energía, de pasión desatada. Junto a estos, encontramos una comparación simbólica muy importante, la del toro. El animal aquí representa la figura del amante, su arrebato y fuerza que lo llevan a no desistir, pero sobretodo, es imagen del destino trágico e inamovible, y la muerte por amor. La muerte aparte de estar en relación con el amor, también lo está con la amistad como aparece en la <Elegía> a Ramón Sijé. En ella la muerte adquiere una expresividad dramática, agónica y desesperanzada, que nos muestra con términos como ‘manotazo duro’, ‘golpe helado’ o ‘hachazo invisible y homicida’. En este poemario Miguel Hernández nos deja claro que para él, vivir era amar, penar y morir. Su pensamiento radica en la crisis amorosa que acaeció con su compañera, y a la sazón, su esposa. Debido a que la castidad pueblerina de Josefina, se contraponía el ansia de mundo y de consumación de la relación de Miguel Hernández, se desarrolla en él un amor pasional pero insatisfecho.

Con el estallido de la Guerra Civil, Miguel Hernández enfoca sus sentimientos sobre la muerte, el amor y la vida hacia la lucha del pueblo, lo que refleja en su libro Vientos del pueblo. Aparece constantemente el tema de la muerte, que ahora es parte de la lucha y de la vida.

Aquí estoy para vivir

mientras el alma me suene,

y aquí estoy para morir,

cuando la hora me llegue,

en los veneros del pueblo

desde ahora y desde siempre.

Varios tragos es la vida

y un solo trago es la muerte.

La muerte es el destino de los españoles, por una parte morirán perdiéndolo todo, pero también pueden morir luchando para no permitirlo. Miguel Hernández anima a que la muerte no sea un destino fatal, sino un sacrificio necesario para ofrecerle una vida a los que vienen detrás de ellos. Una muerte con honor. Por ello tiene una finalidad combativa que refleja en este poemario, como por ejemplo en <Canción del esposo soldado>, donde el tema de la muerte se entremezcla con el del amor:

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,

te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.

Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,

Ansiado por el plomo.

El amor que trata aquí deja de ser de sufrimiento personal, para transformarse en un amor en el contexto del combate, capaz de superponerse a la guerra y las dificultades. Es un amor de proporciones épicas. Pero principalmente destaca un amor hacia el pueblo, que radica en el sentimiento de solidaridad, en la unión y el trabajo conjunto para derrocar al mal común (Acércate a mi clamor, / pueblo de mi misma leche, / árbol que con tus raíces / encarcelado me tienes, / que aquí estoy yo para amarte/ y estoy para defenderte / con la sangre y con la boca / como dos fusiles fieles.).

Sin embargo, conforme avanza la contienda, se aleja la esperanza de victoria y la nación se tiñe de sangre. Esta situación lleva a Miguel Hernández a modular su voz hacia el dolor y el pesimismo ante el género humano en El Hombre que Acecha. Encontramos una dura crítica hacia la forma de vida de los ricos y poderosos, que se mantienen al margen de la guerra, mientras que son los más desfavorecidos quienes luchan y padecen sus consecuencias (Temblad, hijos de puta, por vuestra puta suerte, / que unos soldados de alma patética deciden: / ellos son los que tratan la verdadera muerte, / ellos la ruda vida piden.) Hernández ve la solución en el pueblo ruso, que según él, ha salido de la miseria a través de la cooperación  el trabajo, y es lo que propone para España.

Su visión de la muerte también cambia. Ya no mueren con honor y con la seguridad de proteger a sus seres queridos, sino que produce dolor, sufrimiento, y desgracia entre hermanos de una misma patria. La misma muerte que antes acompañaba a los héroes a la guerra, ahora es causante del llanto por las víctimas. Incluso el amor está salpicado por la muerte, como escribe Hernández en <Canción primera>: Hoy el amor es muerte / y el hombre acecha al hombre. Aún así el amor representa la esperanza entre la crueldad de la guerra, y el autor lo simboliza en las cartas que se envían los soldados y sus amantes, en el poema <Carta>, donde con dichas cartas, refleja que el amor va más allá de la muerte.

Aunque bajo la tierra

mi amante cuerpo esté,

escríbeme a la tierra,

que yo te escribiré.

Cuando pasa la guerra y llega a la cárcel,  la poesía de Miguel Hernández alcanza su mayor profundidad, en un tono trágico que nos muestra en su poemario Cancionero y Romancero de Ausencias. En él retoma con fuerza la figura de las tres “heridas”, debido a que en su situación recapacita de forma intimista en los temas de la muerte, la vida el amor. La muerte aparece constantemente y envuelve la vida del artista. A las muertes inútiles consecuencia de la guerra, ha de sumarle la de su hijo, de lo cual no se recupera, y su condena a la pena capital. A éste le escribe con añoranza y tristeza  en poemas como <Muerto mío, Muerto mío>, o <A mi hijo>. (Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas, / al fuego arrebatadas de tus ojos solares: / precipitado octubre contra nuestras ventanas, / diste paso al otoño y anocheció los mares.)

Estos sucesos lo llevan a ver una muerte amarga y triste, agravada por la ausencia de sus seres queridos y la soledad de la cárcel. Aun así encuentra sitio para la vitalidad y la esperanza en el amor. El amor por su mujer lo empuja a seguir adelante, y aunque sea un amor frustrado por la ausencia y el dolor, el poeta lo ve como fuerza redentora (A lo lejos tú, sintiendo / en tus brazos mi prisión: / en tus brazos donde late / la libertad de los dos. / Libre soy. Siénteme libre. / Solo por amor.) También fruto de ese amor nace su hijo, que representa la continuidad de la vida, y las ganas de vivir. Consiguiendo que el autor encuentre consuelo en la muerte, aunque al mismo tiempo sufra su ausencia en  <Nanas de la cebolla>.

Finalmente concluimos que: vida, amor y muerte son las tres heridas de Miguel Hernández, quién cierra el círculo entre las tres, en su cancionero, dejándolas grabadas en los labios de su esposa:

“Boca que desenterraste

el amanecer más claro

con tu lengua. Tres palabras,

tres fuegos has heredado:

vida, muerte, amor. Ahí quedan

escritos sobre tus labios”.

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