Tradición y vanguardia. Jose María Gómez Gil

Jose María Gómez GilAl analizar a Miguel Hernández, lo primero que debemos tener en cuenta es que provenía de una familia de pastores arraigados a su tierra, además de ser un escritor cuyos inicios eran de un aprendiz de poeta que aprendía de todo lo que oía y leía. Esto hace que en un principio trate de imitar principalmente a los grandes clásicos o a sus contemporáneos hasta descubrir su voz propia.

Esta voz propia está basada en la tradición, ya sea de los grandes clásicos, principalmente del siglo de oro o sus contemporáneos, o por la tradición popular, principalmente oral, mezclada con cierta influencia vanguardista tanto en dirección hacia una poesía pura similar a la de Jorge Guillén, como al surrealismo.

Para comprender mejor la voz de Hernández, se va a analizar de forma cronológica su recorrido como poeta, dividiéndolo en 5 etapas, donde además añadiría periodos intermedios como el de Sonreídme, tras acabar El rayo que no cesa y antes de empezar Vientos del pueblo.

Las 5 etapas son las siguientes:

1. El pastor oriolano: aprendiz de poeta.

Esta primera etapa correspondería a sus inicios entre 1910 y 1931 aproximadamente, etapa marcada por los intentos de hacerse ver como poeta. Observador de todo lo que le rodea, se nutre de la naturaleza levantina y de poetas como San Juan de la Cruz, Góngora, Juan Ramón Jiménez, Rubén Dario, etc. La influencia más destacable en este periodo es la de su tierra, es decir, la de personas cercanas a él, entre los que destacaría a 3 personas: Luis Almarcha, canónigo de Orihuela; su paisano Gabriel Miró, de quien dice ser deudor; y José Marín, más conocido como Ramón Sijé y compañero del alma de Hernández.

En esta etapa, Hernández escribe versos sonoros, con ritmos y extensión variados, emulando a escritores como Miró o Vicente Medina principalmente (costumbrismo regionalista), llegando a encontrar textos con rasgos fónicos del panocho, en los cuales añade sentimentalismo y complicidad a sus personajes. Un buen ejemplo sería el poema ¡En mi barraquica!, donde podemos escuchar el lamento amargo de un huertano en primera persona. También hay que destacar de estas composiciones la capacidad para la percepción y descripción del mundo pastoril, de la naturaleza. Una naturaleza realista aunque condicionada por una poesía ascética, poco autobiográficas, donde abundan las escenas o elementos mitológicos e incluso los ambientes orientales, fruto de su gusto por el romanticismo y el modernismo. Esto se puede ver por ejemplo en el poema Pastoril o en Día Armónico.

2. El aprendiz en busca de un nuevo estilo: la vanguardia.

Esta etapa correspondería entre 1932 y 1933 aproximadamente, tras el viaje a Madrid a finales de noviembre de 1931, en un intento esperanzador de ver reconocida su labor hasta aquel momento.

Aunque no los obtiene, ha comprobado que su nivel poético no está a la altura, decidiendo acercarse a la poesía de vanguardia, renovando el lenguaje y su técnica, sobre todo gracias a la metáfora. Esta decisión se ve favorecida con la conmemoración  de la muerte de Góngora en 1927, donde entra en contacto con escritores como Alberti, o Jorge Guillén. El mayor influjo de ésta época en Hernández, fue el de este último y su poesía pura, además de la influencia del francés Paul Valéry. En ésta época comenzará a cultivar el endecasílabo, las décimas…, además del gusto por la metáfora, unas metáforas que Gerardo Diego describe como “acertijos poéticos”, y que darán como resultado el libro de Perito en lunas. Ya el mismo título del libro nos muestra posibles interpretaciones: perito puede significar la idea del oficio, o por otro lado, puede significar pastor de lunas, etc. Este libro destaca por ofrecer un neogongorismo original, influido por los movimientos de vanguardia, donde las metáforas son aquellas capaces de hacer que los objetos más comunes adquieran un rango artístico inimaginable. En estos momentos, deja de lado todos sus problemas personales, entregándose a la contemplación de todo lo que le rodea y elaborando un código metafórico difícil de descifrar. Dos buenos ejemplos serían por un lado el poema “Horno y luna”, donde aparecen los versos que dan nombre al libro “Oh tú, perito en lunas…”, y el poema “Palmera” donde se observa una metáfora surrealista como la de colocarle a la luna un tirabuzón, ya que la palmera se asemeja a una columna que acaba en un surtidor, y por su altura parece que quiera colgarle un tirabuzón a la luna. También destacar el uso de elementos redondos como la luna y su ciclo o las gotas de agua.

3. El amor por encima de todo, hiriendo su ausencia: El rayo que no cesa.

Antes de esta etapa habría un paso intermedio en el cual podríamos destacar Imagen de tu huella donde ya se puede comprobar la similitud tanto temática (amor amargo) como estilística (uso del soneto, etc), muy influenciada por poetas como Quevedo, Garcilaso, e incluso contemporáneos como Neruda y Aleixandre.

Pero no será hasta “El rayo que no cesa” cuando vemos todo su esplendor neorromántico con un toque personal, en el que su amor se convierte en poesía expresando sus sentimientos más íntimos como un estallido de pasión, cegadora y fulminante que nunca se agota (caso del rayo). El amor es un rayo que nace de sí mismo y que se vuelve contra sí mismo. Un amor que se alimenta del fuego de su amada,  de ahí que el amante sea como un toro en celo, que necesita a su amada pero que al no tenerla cerca, siente que se está muriendo por culpa de su ausencia. Como podemos ver la pena es otro tema principal, unido con el amor y normalmente causado por la ausencia de su amada, este dolor e convierte en un carnívoro cuchillo…Aparte de estos símbolos podemos ver otros como la espada, el fuego o el naufragio. También hay que destacar que aunque Hernández utilice principalmente el soneto, también utiliza otros como la cuarteta como podemos ver en Un carnívoro cuchillo o en la famosa Elegía a Ramón Sijé, incluida a última hora, en la que utiliza tercetos encadenados,  donde Hernández se puede comparar con poetas como Manrique con las Coplas a la muerte de su padre o García Lorca con Llanto por Ignacio Sánchez Mejías.

4. La poesía revolucionaria: el neopopularismo.

Con el estallido de la guerra civil, la poesía de Hernández da un giro radical, del neorromanticismo de El rayo que no cesa, pasamos a una poesía para el pueblo, en la que deja de lado el catolicismo de sus inicios y donde vemos a un luchador y mártir por el pueblo, donde el amor, como eje de su producción anterior, es sustituido por la muerte y la guerra por la libertad.

Antes de empezar a hablar de su producción bélica, hay que destacar una etapa intermedia vanguardista, la época del Sonreídme surrealista. Decimos que es importante destacar esta etapa intermedia, ya que durante esta época utiliza un lenguaje surrealista,  y con una temática ya similar a la temática de su producción bélica.

Esta etapa se caracteriza por una temática dirigida hacia el pueblo que se resume en dos libros: Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939), con diferentes registros pero con temas muy similares.

En el caso de Viento del pueblo podemos ver al poeta soldado, enraizado con el pueblo y que expresa las inquietudes populares con una tonalidad épico-lírica. Para Hernández, la poesía es la esencia del pueblo y el poeta tiene como destino el pueblo. Aquí vemos a la muerte como un guerrero medieval, además de ver a la guerra capaz de convertir los claveles en disparos. Aquí es cuando la poesía impura de Neruda y Aleixandre llega a su máximo exponente, con poemas llenos de imágenes surrealistas pero con un contenido elegiaco y social, del que podemos ver cierto optimismo. Así es como representa los vientos de libertad, los del pueblo representado por campesinos, obreros y que simbólicamente son comparados con leones, toros o águilas rebeldes a los yugos que les intentan imponer. También comprobamos una renovación métrica, donde encontramos silvas, décimas, serventesios, etc. De este libro destacaría los poemas de Vientos del pueblo me llevan y El niño yuntero.

En El hombre acecha vemos que la esperanza por la victoria se pierde y observamos poemas donde la temática principal es el hombre como un lobo que acecha a otros hombres como podemos ver en Canción primera. En este caso los poemas suelen ir en un tono pesimista y negativo, donde el hombre lucha contra el tiempo, pero este va acabando con él. Aquí aparecen las cárceles, un nuevo símbolo, las cuales van en busca de hombre y pueblos enteros con los que satisfacerse. En medio de esta situación, Hernández convoca a los poetas en un intento de unir al pueblo, a través de su mensaje, intentando hacer realidad el sueño descrito en su último poema Canción última, aunque Hernández no pudo ver su sueño hecho realidad, ya que la guerra acabó con la derrota republicana, y él es atrapado en dirección a la frontera portuguesa. A partir de aquí, salvo el breve periodo tras ser liberado de su primera prisión en Orihuela, el resto de su vida transcurrirá en las cárceles.

5. Sus últimos años: cárcel y muerte.

Durante esta etapa (1939-1942), Hernández escribió su último libro Cancionero y romancero de ausencias. Este libro es un diario íntimo, en donde recoge de forma muy intimista, episodios de su vida como la muerte de su primer hijo y la alegría del nacimiento de su segundo hijo, etc.

En este periodo, Hernández alcanza la expresión de su madurez poética, donde observamos una metáfora que llega a la máxima expresividad no exenta de un cierto surrealismo. Aquí el poeta prescinde de todo aquello que no sea esencial, encontrándonos con una poesía que busca la verdad humana y que se muestra casi desnuda, inspirada en la poesía de Juan Ramón Jiménez como pudimos ver en sus inicios. Una poesía en general plasmada en poemas breves y versos cortos, con métricas tradicionales como el romance, llenas de paralelismos y correlaciones, además de haber un predominio de la rima asonante. Todo esto dota a sus poemas de musicalidad y la sitúa en esa corriente de inspiración neopopular que nos recuerda a García Lorca.

Todo esto unido a la temática, nos permite ver una voz propia, intimista y bien definida, la cual utiliza para adentrarse en la búsqueda de la verdad, de sus raíces personales y en la de los hombres. De este periodo destacaría los poemas Llegó con tres heridas e Hijo de la luz y de la sombra.

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    2 comentarios

    1. Hijo de la luz y de la sombra es de mis preferidas.
      Buen trabajo José 🙂

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    2. Muchas Gracias Eloisa.
      Por cierto Hijo de la Luz y de la Sombra también me encanta, aunque la primera vez que lo leí no tanto.

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