Con sentido Critico

 

Una perdida

Inmaculada Sánchez Ramos

 

Ya lo cogeré, ahora no puedo, he de estar absolutamente quieta durante bastantes minutos, pensaba Maite, mientras le estaban realizando un TAC y sonaba insistentemente el móvil.

¡Mira que esto de tener que estar quieta es agobiante!. No sé si podré aguantarme cada vez que me pidan no respirar. Trataré de no pensarlo.

- No respire. Por favor, no se mueva, dijo el médico.

Otra vez suena el móvil, pensó fastidiada Maite, ¿quizá influya en los aparatos?, realmente no lo creo, no indican nada al entrar a la sala. Por cierto, ¿quién será?.

Puede que…, bueno no sé, a lo mejor es Pedro, ¡Ojala! fuera. El trabajo me vendría de perillas, ¡con la falta que me hace!. Si tuviera este trabajo podría pensar en meterme en lo del apartamento. ¡mmm!, Soy Antoñita la fantástica, la verdad, es muy difícil que me llamen, ¡ya ves! …, nos presentamos cantidad para solamente un puesto.

¡Anda que! … ¿Y si la llamada fuera de trafico?. ¡¡¡Uf!!!, hoy viajaba José, no quiso venir ayer para no encontrarse con el tapón de la operación salida. No, no debo de pensar en esto, ¡qué estupidez!, pero ¿a santo de qué?, ¿ qué cosas se me ocurren?. Aunque…a los que llaman nunca se lo esperan. ¡Qué angustia!, ¡qué nudo en la garganta!, si estoy sudando. Pero bueno, ¿quién será?... Si pudiera coger el móvil.

- Por favor, procure no moverse. ¿Le pasa algo?, respira atolondradamente.
- No, no, nada, perdone, intentaré centrarme en la prueba, respondió Maite.

¡A ver, cuando acaba esto!. He de saber, necesito saber quién me llama, pensaba Maite balanceándose entre la angustia y la esperanza.

- Ya puede respirar. Antes de vestirse, por favor, espérese unos minutos, tenemos que ver si hemos de repetir parte de la prueba.

Maite miraba el bolso con insistencia, casi histéricamente. Una mezcla de curiosidad y de inquietud le podía y le impulsó a levantarse de un tirón, para acceder al móvil, cuando, de súbito, entro la enfermera.

- ¿Le pasa a usted algo?, inquirió la enfermera algo extrañada.
- No, no me pasa nada, estoy bien, contestó Maite un poco sonrojada.
- Ya puede vestirse.

Maite, salió acelerada de la consulta y asió apresuradamente el móvil para satisfacer su curiosidad, al tiempo que calmar su ansiedad, seleccionó en el menú la llamada perdida cuando se tropezó, abruptamente, con la leyenda “número desconocido”.

 

Publicado 5-9-05
 

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