Con sentido crítico


La responsabilidad del consumidor

Inmaculada Sánchez Ramos

 


Me sorprende, enormemente, que en una sociedad como la actual, donde impera el relativismo– que dicho sea de paso, la inexistencia de lo absoluto es el único absoluto que existe- no se discuta, ni por asomo, la sacrosanta figura del consumidor, dibujada como portador de todos los derechos sin ningún tipo de responsabilidades.

Al consumidor, que somos todos -no lo olvidemos- se le ha posicionado en una atalaya desde la cual tiene la capacidad de EXIGIR todo, lo exigible y lo no exigible.

Creo, que no somos conscientes de ser votantes, de facto, cada vez que adquirimos un bien. Creo, que tampoco somos conscientes de nuestro “rol” de diseñadores de la oferta de los productos y servicios que demandamos. Muy en particular, en este breve artículo, quiero poner de manifiesto nuestra responsabilidad en tanto en cuanto consumidores, sobre el grave tema de la explotación laboral infantil.

A través de la presión que ejercemos sobre los precios, mediante nuestra actitud de exigir el menor de ellos, estamos forzando a que este menor precio pueda estar por debajo del precio justo.

No nos preguntamos - ni queremos preguntarnos -, cómo se ha configurado, y cuál ha sido el mecanismo que posibilita alcanzar ese valor, y curiosamente al mismo tiempo, nos estamos escandalizando de dicha explotación laboral infantil, cuando somos nosotros mismos parte causante del fenómeno.

Hay dos posibilidades, o que seamos tontos o que estemos haciendo un sutil ejercicio de hipocresía confundiendo privilegios con derechos.
 

 

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