El rollo de DulcineaInmaculada Sánchez Ramos |
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- Miguel, no me gusta el rollo de Dulcinea, es muy empalagoso. ¡Fíjate!, hasta el nombre lo es, ¿Deberías de pensarme otra historia?. - Hombre! si no te sientes en tu papel vale, pero…., la verdad, yo te veo bien así. Alonso, he dicho vale, aunque creo que es una sandez lo que comentas. Yo quise presentarte como el abnegado caballero que salva a su dama. - ¡Oye, tío, si eso ya no se lleva!. Tú, ¿En qué mundo vives?. - Quizás tengas razón que ahora no esté muy de moda, pero tú eres un caballero andante, no sé si has caído en ello, y un caballero ha de considerar a su dama como una princesa. - Pues…, ¿Miguel tú verás lo que haces?, pero esa cursilada a mí no me la cascas. - Alonso, ¿De qué vas?, ahora, ¿Vamos a cambiar la novela?. La gente se armaría un lío magistral, se confundiría mucho. Estamos en el cuatrocientos aniversario de tu creación y ¡no veas el éxito que hemos tenido!. Además, no es por nada, pero yo soy tu creador ¿A qué cuento viene tanta rebeldía?. No seas soberbio. - Bueno, Miguel no te pongas así. Pensé que aún podíamos charlar un poquito, ahora bien, si te ha sentado mal lo dejamos, ¡eh!. - Alonso, no se trata de que cómo me siente. Esa no es la cuestión. De lo que estamos hablando es de la tergiversación de la realidad. La realidad no es otra que, yo te pensé, te modelé, en definitiva te creé, y por tanto tú eres mi criatura. Te hice con cariño, te ideé con un carácter entrañable y con una locura que resulta hasta tierna. De hecho, la gente te aprecia, e incluso, a veces, ¡Le parece que no estás loco!. Eres fanfarrón, pero humilde, ¿Por qué te rebelas?. No ves, Alonso, que no puedes ir contra tu ser, contra lo que eres, contra tu esencia. Tiene razón Miguel, por un momento pensé que tenía vida propia, y, la verdad, si él no hubiera trabado mis aventuras, capítulo a capítulo, si él no hubiera tejido mis andanzas hasta el más mínimo detalle, si él no me hubiera dado un alma noble yo no estaría allí, en lo alto de la literatura universal, yo no sería el ingenioso hidalgo -murmuró para sí mismo Alonso, mirando hacia la infinita Mancha- .
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