En esta galería de personajes y de procederes no podemos olvidar ese
tipo de profesional – permítaseme la contradicción- que nunca toma
partido. Para ellos, las opiniones son blancas o negras según quién las
emita, no saben decir no, son meros ecos de las propuestas de sus
superiores- halagándoles en su vanidad- y meros retransmisores pasivos
de órdenes a sus colaboradores.
Es obvio, que no aporta valor de ninguna índole, que hacen flaco favor a
sus superiores y merman la carrera profesional y el desarrollo personal
de sus colaboradores y , fundamentalmente, no aportan valor a la entidad
en la que desarrolla su labor que es a la que le deben lealtad- no al
“jefe”-.
Para más cinismo, todo ello, en muchas ocasiones, se produce al socaire
de la concordia y lo que realmente se esconde es la tibieza, o la falta
de criterio. Estamos en una sociedad dónde se ha enaltecido y realzado
el relativismo, dónde no hay unos referentes claros o mejor dicho el
único valor que se enaltece y se convierte en Absoluto es el de la
inexistencia de valores absolutos.
Es éste un magnífico caldo de cultivo para poder claudicar de los
principios sin ningún tipo de rubor e incluso vender esta claudicación
como mesura, prudencia y sensatez. Caldo del cultivo donde parasitan y
crecen los tíbios a sus anchas.
Me parece muy recomendable la lectura en el Apocalipsis de la invitación
a salir de la tibieza a la iglesia de Laodicea en la que se exponen una
de las ideas más claras de la Biblia: “¡Ójala fueras frío o caliente!
Pero eres sólo tibio; ni caliente ni frío. Por eso voy a vomitarte de mi
boca”.