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Ay! De los tibios, los vomitaré de mi boca.

Inmaculada Sánchez Ramos  

 


En esta galería de personajes y de procederes no podemos olvidar ese tipo de profesional – permítaseme la contradicción- que nunca toma partido. Para ellos, las opiniones son blancas o negras según quién las emita, no saben decir no, son meros ecos de las propuestas de sus superiores- halagándoles en su vanidad- y meros retransmisores pasivos de órdenes a sus colaboradores.

Es obvio, que no aporta valor de ninguna índole, que hacen flaco favor a sus superiores y merman la carrera profesional y el desarrollo personal de sus colaboradores y , fundamentalmente, no aportan valor a la entidad en la que desarrolla su labor que es a la que le deben lealtad- no al “jefe”-.

Para más cinismo, todo ello, en muchas ocasiones, se produce al socaire de la concordia y lo que realmente se esconde es la tibieza, o la falta de criterio. Estamos en una sociedad dónde se ha enaltecido y realzado el relativismo, dónde no hay unos referentes claros o mejor dicho el único valor que se enaltece y se convierte en Absoluto es el de la inexistencia de valores absolutos.

Es éste un magnífico caldo de cultivo para poder claudicar de los principios sin ningún tipo de rubor e incluso vender esta claudicación como mesura, prudencia y sensatez. Caldo del cultivo donde parasitan y crecen los tíbios a sus anchas.

Me parece muy recomendable la lectura en el Apocalipsis de la invitación a salir de la tibieza a la iglesia de Laodicea en la que se exponen una de las ideas más claras de la Biblia: “¡Ójala fueras frío o caliente! Pero eres sólo tibio; ni caliente ni frío. Por eso voy a vomitarte de mi boca”.

 

 

                             © Asociación Canal Literatura 2009