Con sentido Critico

Velando la dignidad

Inmaculada Sánchez Ramos

 

Me acerqué a la Plaza de la República Dominicana -lugar donde De Juana asesinó a 12 personas- para agregar mi pequeño grano de arena al espontáneo homenaje que los españoles estamos rindiendo a las victimas del terrorismo.

Mientras colocaba mi ramo de flores -lo cual era francamente difícil, ya que no cabía ni un alfiler-, observaba el incesante goteo de personas que de alguna manera u otra, honraban la memoria de las victimas. Unos ponían unas flores, otros encendían velas, muchos, con serena indignación, rodean el espontáneo monumento, leyendo los carteles y comentándolos entre ellos. Entre todos, se estaba, en vivo, configurando un monumento, acicalado cordialmente, por esa multitud de personas anónimas.

Estando yo allí, observé a un señor que rodeaba con armoniosa periodicidad el parterre e iba cuidando que las velas no quemasen las flores, enderezando los carteles caídos y, en definitiva, estaba atento a todo lo que allí acontecía. Visto desde fuera, parecía tener como misión vigilar el buen mantenimiento y disposición de las cosas.

Entablé conversación con él, le comenté que había ido a dejar flores y lo entrañable que me resultaba este monumento que los ciudadanos de Madrid estábamos construyendo, y aún más entrañable me resultaba la peregrinación continua que el mismo estaba concitando.

Y.. usted ¿Ha venido a dejar sus flores?, le pregunté. ¡No hija no!, vengo dos veces al día, a velar por la dignidad.


 

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