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Viviste con intensidad, pasión y alegría. Tu presencia fue frescura y
talento, cercanía y rigor, esfuerzo y nobleza, firmeza y flexibilidad.
Odiabas lo vacuo y la frivolidad, amabas todo aquello que es pleno,
real, veraz y limpio.
Tenias la mirada inmensa que traspasaba lo inmediato, lo corto, lo
reduccionista. Amaste a tu tierra chica y junto con ello amaste
entrañablemente a España. De tu boca brotaba una sonrisa franca, que
invitaba al diálogo real y no a la parodia del dialogo. Y… ¿supongo? que
tendrías tus ratos, y como a todos nos ocurre, los tendrías buenos y
malos, pero…, se te notaba, créeme, que ante la adversidad te crecías.
¿Sabes?, te recuerdan, con cariño. Están diciendo muchas cosas acerca de
ti y todas buenas. Tus enemigos, que…¿alguno habría?,, siempre los hay,
no se han atrevido ni a levantar la voz. Tu vida fue la definición del
servicio público, fue la definición del ejercicio de la política con
mayúsculas.
Volaste alto, fuiste luchadora, sorbías la vida a borbotones. Viviste
rotundamente y moriste con la con la misma dignidad. La existencia la
saboreabas minuto a minuto, sin desperdicio, apurándola como si supieses
que tenias que darlo todo en tiempo record.
Muchas gracias Loyola.
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