En el panorama empresarial, como en otros muchas ámbitos de la vida, se
encuentran comportamientos de toda índole. Desafortunadamente, en la
actualidad se está prodigando mucho lo que podríamos llamar el
comportamiento tipo sanguijuela. El sanguijuela es un individuo en el
que han de concurrir dos circunstancias, de una parte ser un incapaz y
de la otra ser un ambicioso.
Antes de seguir, quiero dejar bien claro que la ambición, a nuestro
entender, es una dignísima cualidad, que en muchas ocasiones es el motor
para que pongamos en juego todas nuestras potencialidades, nuestro
esfuerzo y nuestro afán, con el fin de alcanzar una meta. Hasta aquí,
todo perfecto, pero la ambición puede transformarse en un deleznable
atributo diferente a ella, como por ejemplo la codicia, bien sea porque
la meta no sea lícita, o bien sea porque los medios no lo sean.
Volviendo al hilo anterior, la pregunta que nos surge es ¿qué ha de
hacer el incapaz ambicioso para satisfacer su ambición?. Es, en este
punto, donde hay dos modos de proceder radicalmente opuestos, conforme a
la humildad de cada individuo.
Si el individuo es humilde y comprende que estas metas son inalcanzables
para él, a causa de su incapacidad, en el terreno concreto de que se
trate, asume su propia condición. Actuando así, además de ejercer la
virtud de la humildad, ejerce el sentido común, y enfoca sus cualidades
a aquellos ámbitos en los que no es incapaz.
Ahora bien, en los casos donde el ambicioso incapaz es soberbio, lo
único que puede hacer para satisfacer sus niveles de ambición- que
posiblemente se haya transformado en codicia- es ser un parásito,
convertirse en una sanguijuela....¿Qué va a hacer el pobre?, no le queda
más remedio.
Ciertamente, esta conducta no es novedosa, sino que es universal y
atemporal, sin embargo, lo que sí son novedosas son las nuevas formas de
expresión a través de las cuales se manifiestan.
El nuevo tipo de sanguijuela es muy sutil, tanto en los que a
“mecanismos de acción” se refiere, como en lo que al “tipo de sangre”
que chupa. Son estos dos aspectos los que han cambiado con los tiempos.
Estas personas ponen en juego una hipocresía monumental, no van de cara,
son taimados, sinuosos, falaces y camanduleros; son verdaderos maestros
de tirar la piedra y esconder la mano, catedráticos de la ambigüedad,
diestros en la tergiversación, no dejan huellas; son, por tanto, sus
artimañas o martingalas muy difíciles de probar. En consonancia con lo
anterior, lo que constituye materia de robo -sangre que succionar-
también ha de ser sutil suele ser intangible, son activos de laboriosa
consecución, al tiempo que de mucho valor, de ahí que sean deseables de
adquirir eso sí sin el esfuerzo debido....Pero, ¿qué va a hacer los
pobres?, no les queda más remedio.