{"id":88,"date":"2005-02-21T17:03:11","date_gmt":"2005-02-21T16:03:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=88"},"modified":"2018-02-09T14:18:05","modified_gmt":"2018-02-09T13:18:05","slug":"53-testigo-mudo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=88","title":{"rendered":"53. Testigo mudo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F88&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F88&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">Hasta que la vida se encarg\u00f3 de demostrarle lo contrario, el hombre del impermeable hab\u00eda cre\u00eddo que hab\u00eda futuro tras de el presente. \u00bfQue c\u00f3mo lo s\u00e9 yo? Pues porque me lo dijo \u00e9l sin saberlo. <!--more-->Me lo dijo en su d\u00eda su sonrisa adolescente, el brillo \u2013anochecido hoy- de sus ojos grises, la mueca desencantada que anta\u00f1o no tomaba su cara; el velo advenedizo, amortiguador de locura, impensable en su primera juventud. Ni siquiera s\u00e9 su nombre, lo sabr\u00eda de haber prestado atenci\u00f3n cuando, sin escuchar, alguna vez lo o\u00ed llamar de viva voz por alguien camino al buz\u00f3n del otro lado de la calle.<br \/>\nY es que para m\u00ed los nombres son algo sin m\u00e1s importancia, secundario. Mi prioridad es ver los interiores, leer, anticipar los cambios, apostar en mi propio seno sobre el cumplimiento o no de mis predicciones inanes. No, nada qu\u00e9 ver tengo con las artes augurales; ni siquiera en el plano vocacional. Van a permitir que no me presente por el momento. Adem\u00e1s, est\u00e1bamos hablando del hombre del impermeable. Hace tiempo que le perd\u00ed la pista, poco despu\u00e9s de que \u00e9l perdiese las \u00faltimas cuerdas que lo ataban a la cordura conservando la paciencia. Una paciencia que ten\u00eda mucho de ritual. Durante mucho tiempo lo vi pasar ante m\u00ed portando una casi diaria carta, se desprend\u00eda que de amor, por su aura vernal y radiante. Las cosas empezaron a cambiar en las cartas, m\u00e1s espaciadas, y aunque debidamente franqueadas, ya no hablaban de amor. La ropa del hombre que las enviaba empez\u00f3 a repetirse, a desgastarse, a disiparse su color, remitiendo tambi\u00e9n su aura, otrora tan evidente. Como el amarillo desva\u00eddo del viejo buz\u00f3n postal, envejecido con \u00e9l y depositario de sus cartas ya sin sentimiento. Curr\u00edculums y m\u00e1s curr\u00edculums para un trabajo que nunca llegaba. Lleg\u00f3 un momento en que los colores se apagaron tanto en derredor suyo, que ya s\u00f3lo resaltaban los de los nuevos contenedores de reciclaje que acompa\u00f1aban al buz\u00f3n subrayando su percudido color.<br \/>\nDesconozco si el hombre del impermeable volvi\u00f3 o no a escribir alguna carta de amor, pues ya siempre que aparec\u00eda lo hac\u00eda envuelto en una neblina constrictora que s\u00f3lo lo rodeaba a \u00e9l. Pero es de advertir que, fuera por analog\u00eda crom\u00e1tica, fuera por cierta clarividencia fatalista de intuir que en cualquiera de los casos posibles, la respuesta ser\u00e1 la misma: la ausencia de respuesta, el hombre del impermeable neblinoso ya no depositaba las cartas en el buz\u00f3n, sino en el nuevo contenedor amarillo, el de reciclaje para envases. Esa fue su metaf\u00f3rica despedida antes de que lo diluyera del todo su personal neblina, convirti\u00e9ndolo en pasado al traspasarle el impermeable la cellisca de la compunci\u00f3n, la p\u00e1tina lacrimosa del olvido.<br \/>\nComo cre\u00eda yo olvidada esta otra historia, la que pudo ser del bedel del instituto de aqu\u00ed al lado, durante aquellas jornadas extraescolares.<br \/>\nEl primer d\u00eda de los tres alternativos \u2013lunes, mi\u00e9rcoles y viernes- que duraron las actividades, ya se fijara en ella, la pecosa ponente culinaria especialista en cocina oriental. Claro que tambi\u00e9n ella hab\u00eda reparado en \u00e9l, y no s\u00f3lo por su c\u00e1lido acento del sur o el emparentado modelo de gafas que usaban.<br \/>\nEl segundo d\u00eda apenas s\u00ed se vieron, pero sirvi\u00f3 para ubicarlos sin error a ambos, en franjas horarias y de coincidencia, en el aula divulgativa y en torno del puesto de informaci\u00f3n junto a la fotocopiadora.<br \/>\nEl viernes era ya todo o nada, clausura y despedida sin m\u00e1s o un posible punto seguido de apertura. Por eso quiso \u00e9l poder encontrarla justo a su hora de salida, tratando de evitarla como definitiva. Dej\u00f3 aviso en secretar\u00eda para salir, con la disculpa de recoger en el coche la miel de un encargo, aunque en realidad quer\u00eda regal\u00e1rsela para alg\u00fan posible plato. Ella tuvo la misma idea, pero con el mcguffin de no s\u00e9 qu\u00e9 fotocopias de no importa qu\u00e9 libro de recetas cualquiera que dec\u00eda prestado. Por eso esper\u00f3 junto al puesto del bedel con la esperanza de forzar una mirada, un acaso, un algo que no clausurase del todo aquella semana que la hab\u00eda convocado de forma extraescolar. Mientras, \u00e9l merodeaba cerca de la puerta con el tarro de miel volteado entre las manos intranquilas y fuera de lugar como las de ella, tan nerviosa y turbada que decidi\u00f3 no fotocopiar su propio libro y regresar a casa, qu\u00e9 iba a pensar la gente del instituto. Cruz\u00f3 la puerta de salida justo en el momento en que el bedel, algo abochornado por su demora y proceder abierto a conjeturas ajenas, volv\u00eda a su puesto habitual con bastante prisa. Ambos se sorprendieron al reflejarse su asombro y aturdimiento en los cristales de las gafas del otro, como en un espejo que devolviese emociones interiores diseccionadas. Se azoraron tanto que todo desemboc\u00f3 en el choque imprevisto que hizo volar por el aire el tarro de miel que clausur\u00f3 las jornadas con un salteado de vidrios rotos al desparrame de dulzura. Un aut\u00e9ntico desperdicio, todo un abrupto adi\u00f3s a la qu\u00edmica.<br \/>\nPero esto es s\u00f3lo una muestra, no vayan a creer que s\u00f3lo s\u00e9 registrar historias amargas y fallidas, nada de eso.<br \/>\nDesde mi puesto de observaci\u00f3n tambi\u00e9n vi en el suelo un carn\u00e9 de la biblioteca con titularidad femenina y m\u00e1s tarde al chico que lo recogi\u00f3 citarse por varias veces en ese mismo punto con la chica de la foto, la \u00faltima vez para prestarse un libro que yo dar\u00eda lo que fuera por poder leer. Vi dos estudiantes cruzarse y sonre\u00edrse al identificar el mismo p\u00f3ster musical forrando sus carpetas, insinu\u00e1ndoles afinidades una gris tarde de lunes. Vi un paraguas desplegarse bajo la lluvia en un paso cebra y ser ofrecido durante la espera por el cambio de un sem\u00e1foro desesperante y vi la armon\u00eda de dos desconocidos al cruzar la calle bajo su techo port\u00e1til. Vi fotos olvidadas en un banco cercano, fotos de los nietos de un abuelo que conozco de pasear los domingos bien temprano. Vi una novia subir al coche nupcial a la salida de la iglesia, en abierto contraste con una drogadicta que pernoctaba en el parque y que tambi\u00e9n se qued\u00f3 mirando el impoluto vestido blanco, puede que recordando&#8230; Vi como otro novio, \u00e9ste de sport y de otra, invitaba a una dependienta de un comercio cercano a acompa\u00f1arlo en una gala ben\u00e9fica con posibles beneficios profesionales para darle suerte, y poco despu\u00e9s pude verlo arrojar su amuleto del cuello a ese estanque musitando que ya no cre\u00eda en la suerte. Vi por las fiestas a la chiquiller\u00eda correr asustada por los cabezudos de m\u00e1scaras diversas, y casi, casi pude ver las caras e historias personales de estos debajo de las carcasas festivas, pues mi mirada es otra. Vi anotar mil recordatorios, listados, esquemas, chuletas escolares, multas, esquelas&#8230; Vi tambi\u00e9n de muy cerca a un adolescente escribir una carta de amor bajo la lluvia y c\u00f3mo algunas gotas descorr\u00edan la tinta, tal vez presagiando postreras l\u00e1grimas. Vi madurar en el \u00e1rbol su fruto y pasar los d\u00edas de lluvia, de sol abrasador, la cortadora de c\u00e9sped que todo lo impregnaba de vivificante olor a hierba reci\u00e9n segada. Vi sucederse romances, romanzas, borracheras, desmayos, atracos, charlas, mon\u00f3logos, estados de \u00e1nimo, personas de toda edad y condici\u00f3n; quiz\u00e1s a usted mismo llenando este peque\u00f1o espacio a mi alcance en distintas \u00e9pocas, en todas las posturas y escorzos, con el pelo largo, corto, te\u00f1ido, fugado, vestido de todos los colores y con todos los tonos en la indumentaria, m\u00e1s claros, m\u00e1s oscuros, con m\u00e1s o menos ropa seg\u00fan la estaci\u00f3n.<br \/>\nHablando de estaciones, aunque haya de presenciarlas todas, mi preferida es y ser\u00e1 siempre la primavera. Por m\u00e1s que mi naturaleza me exima de sentir los rigores del fr\u00edo y del calor, prefiero templarme en su explosi\u00f3n natural, deleitarme con su brisa aromatizada, especialmente cuando me acerca alguna melod\u00eda infantil o el trino de los p\u00e1jaros que me congracian con la pasividad de mi p\u00e9trea existencia, que no inanimada, como pueden ustedes comprobar por todo lo referido. No me negar\u00e1n que disfrutar de estas cosas es tambi\u00e9n una forma de intervenci\u00f3n, como la del p\u00fablico rendido ante un espect\u00e1culo sublime. Los insectos me trazan con su vuelo estelas que s\u00f3lo yo puedo seguir y las flores me regalan mil fragancias reconfortantes. Por eso ser\u00e1 que no soporto verlas cortadas o pisoteadas. Lo mismo me sucede con los sue\u00f1os de quienes todav\u00eda osan so\u00f1ar.<br \/>\nY despu\u00e9s de todo esto a\u00fan dir\u00e1n que no tengo coraz\u00f3n por ser una esquina. Qu\u00e9 sabr\u00e1n ellos, que ni so\u00f1ar saben.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hasta que la vida se encarg\u00f3 de demostrarle lo contrario, el hombre del impermeable hab\u00eda cre\u00eddo que hab\u00eda futuro tras de el presente. \u00bfQue c\u00f3mo lo s\u00e9 yo? 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