{"id":84,"date":"2005-02-21T16:52:01","date_gmt":"2005-02-21T15:52:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=84"},"modified":"2018-02-09T14:04:37","modified_gmt":"2018-02-09T13:04:37","slug":"50quebranto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=84","title":{"rendered":"50.Quebranto"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F84&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F84&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">\u201cQu\u00e9 dif\u00edcil y qu\u00e9 confuso es esto del vivir. Qu\u00e9 batalla m\u00e1s \u00e1spera, m\u00e1s dispersa y m\u00e1s absurda\u201d. El hombre triste filosofa mientras pasea al perro, el s\u00e1bado, a primera hora de la ma\u00f1ana.<!--more--> La empresa no quer\u00eda ceder en el tema de los s\u00e1bados festivos. Pero al final, al menos de momento, los sindicatos han conseguido, en parte, tan solo en parte, su objetivo. Los trabajadores podr\u00e1n elegir entre hacer fiesta los s\u00e1bados por la ma\u00f1ana \u2013y recuperar esas horas durante dos tardes de entre semana\u2013 o renunciar a hacerla. Aunque se les ha recomendado la segunda opci\u00f3n: \u201cLa empresa cree que lo mejor para los intereses de todos es seguir con el mismo horario que se ha hecho hasta ahora\u201d, dec\u00eda el comunicado.<br \/>\nEl hombre triste contin\u00faa filosofando. Es un fil\u00f3sofo, el hombre triste. Tal vez una condici\u00f3n propicie la otra. Quiz\u00e1 la filosof\u00eda tenga muchas posibilidades de desembocar en la tristeza, o puede que sea la tristeza la que frecuentemente acabe haci\u00e9ndonos aferrar a la filosof\u00eda por un puro instinto de supervivencia. \u201cEl trabajador ha de entender que lo mejor para la empresa es tambi\u00e9n lo mejor para \u00e9l; o sea, lo mejor para todos\u201d, continuaba diciendo el comunicado empresarial. Mentira. Eso suele ser mentira. Y lo es en este caso, por lo que se refiere a este trabajador y su perro. Pero hay que admitir que no es bueno para la masa, para la sociedad, que el individuo no asuma del todo su condici\u00f3n de integrante de esa masa, es decir, que sea individualista; y que no es bueno que un perro reciba parte de la dedicaci\u00f3n y el afecto que habr\u00eda de recibir la empresa. Aunque nadie haya tenido nunca a la empresa a su lado, delante del fuego, una tarde de invierno, con el morro encima de la zapatilla, haci\u00e9ndole compa\u00f1\u00eda, cuando la soledad m\u00e1s \u00e1spera, la no deseada, amenaza con estrangularnos el alma con sus zarpas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hierba est\u00e1 h\u00fameda, esta ma\u00f1ana de s\u00e1bado soleada y con un vientecillo fresco, casi fr\u00edo, que llena los pulmones de fuerza y hasta de alegr\u00eda. \u201cNo sabr\u00eda c\u00f3mo explicarlo, esto de la alegr\u00eda en los pulmones \u2013piensa el hombre triste\u2013, pero la siento. Ya hace tiempo que no me llega al cerebro, ni al coraz\u00f3n, la alegr\u00eda, pero a\u00fan soy capaz de sentirla invadirme los pulmones\u201d. El aire acondicionado del trabajo, artificial, agobiante, que atufa a ferrocarril subterr\u00e1neo, le provoca dolor de cabeza nada m\u00e1s entrar en la oficina para empezar la jornada, y tiene la sensaci\u00f3n de que le han robado la naturaleza, de que se la han prohibido, y se siente esclavo, y vencido, y se entristece. Ha sido a fuerza de decepciones, ha sido resultado del abandono, consecuencia del desgaste, pero ha sido tambi\u00e9n a base de ma\u00f1anas de aire acondicionado, de ma\u00f1anas prisioneras, como se ha convertido en un triste este hombre al que han acostumbrado a hacer lo mismo si llueve que si hace sol, si el tiempo invita a quedarse en casa \u2013al lado del fuego, leyendo, o escuchando m\u00fasica, o arreglando un estante del armario ropero\u2013, o si, al contrario, sugiere el ba\u00f1o en las aguas ya templadas del mes de junio, antes de la cerveza y el peri\u00f3dico deportivo que habla de unos trabajadores privilegiados que cada ma\u00f1ana pueden jugar, porque un juego es su trabajo.<br \/>\nPor la ventana de la habitaci\u00f3n que el hombre triste ha dedicado, en su casa, a despacho, entra el sol. Un haz de luz se esparce por la mesa, e incide en los libros de las estanter\u00edas y en las fotos de la pared: Miguel Hern\u00e1ndez, Rita Hayworth, Daniel Cohn-Bendit \u2013\u201c\u00a1La revoluci\u00f3n! \u00a1C\u00f3mo nos duele, a los tristes, la revoluci\u00f3n!\u201d\u2013, Louis Armstrong, Hemingway\u2026 Y ella. La foto de ella; una foto a la que el sol salpica con una especie de polvo dorado. El hombre triste se acerca ya a la cincuentena. Y la luz del sol, la calma del s\u00e1bado por la ma\u00f1ana en casa y la imagen del perro adormecido en su rinc\u00f3n predilecto, le envuelven en una nostalgia densa de aquello que ya nunca volver\u00e1 a ser. Y la conciencia de las frustraciones le pesa como una losa, y el volumen de las ausencias le oprime y le agobia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Est\u00e1 construyendo un barco, el hombre triste, una maqueta reproducci\u00f3n del nav\u00edo \u2013le gusta la palabra nav\u00edo, la encuentra elegante, precisa y euf\u00f3nica\u2013 del capit\u00e1n James Cook, una de las que utiliz\u00f3 en sus expediciones aquel hombre valiente y libre. Y eso de calificar de libre al hombre tendr\u00eda que ser una redundancia, pero no lo es. Al contrario, es un adjetivo que convierte en excepci\u00f3n al sustantivo. Y, de pronto, nota como se le humedecen los ojos. Tiene la l\u00e1grima f\u00e1cil, muy f\u00e1cil, desde que ella se fue \u2013y desde antes a\u00fan: desde que ella empez\u00f3 a pensar en irse\u2013, el hombre triste. A veces, simplemente con una canci\u00f3n, con una letra de Serrat, se le pone la piel de gallina y se le escapan las l\u00e1grimas: \u201cSin ti no entiendo el despertar, sin ti mi cama es ancha\u2026\u201d Serrat lleva en la cartera una foto de Kubala. Eso, al hombre triste, le emociona, mientras trata de encajar las piezas en miniatura del Endeavour, el nav\u00edo del capit\u00e1n Cook. Huelen a pegamento y a barniz, estas diez y media de la ma\u00f1ana. Sigue entrando el sol en la habitaci\u00f3n, el perro contin\u00faa adormecido, hecho un ovillo, en su rinc\u00f3n predilecto, y el polvo de oro en la foto de ella se ha convertido en un trasl\u00facido pan de plata. En una esquina de aquella foto hay una flor seca y un trozo de papel con unas palabras escritas, derivadas de un conocido bolero: \u201cEn tu cama quedar\u00e1 sabor a m\u00ed, y en mi piel quedar\u00e1 sabor a ti\u201d. Ella le dej\u00f3, a escondidas, al salir del ba\u00f1o, aquella flor y aquel trozo de papel, sobre la almohada, antes de marcharse, un mediod\u00eda de aquellos furtivos en los que quiz\u00e1, por un momento, incluso ella misma llegaba a creer que eran verdad sus propias mentiras. Y el hombre triste se libra a la melancol\u00eda y llora por el capit\u00e1n Cook, por el olor a barniz y a pegamento, por el oro y la plata en la foto de ella, y porque Serrat \u2013alguien que tiene por oficio decir cosas bonitas\u2013 lleva en su cartera una foto de Kubala \u2013al hombre triste, cuando era ni\u00f1o y jugaba al f\u00fatbol, le llamaban Kubalita\u2013.<br \/>\nPero al pensar en los compa\u00f1eros de oficina que han elegido trabajar hoy, las l\u00e1grimas le queman en los p\u00e1rpados. Cree que, entre todos, podr\u00edamos conseguir m\u00e1s libertad, pero no queremos; no quieren. Y la rabia le muerde. Y odia a los compa\u00f1eros. Cada vez siente m\u00e1s el odio. Y no es nada bueno este sentimiento. Al fin y al cabo, cada cual ha de poder elegir lo que quiera; existir es eso: elegir. Lo dijo Jean Paul Sartre. El hombre triste, sin embargo, est\u00e1 convencido de que, en este caso, Sartre hubiera elegido lo mismo que \u00e9l. Y, al punto, percibe la petulancia de aquel aparejamiento, se siente f\u00fatil, mediocre, y se averg\u00fcenza de la pobreza de su bagaje cultural, una expresi\u00f3n que no le gusta, porque le suena elitista, sofisticada, y como si se refiriese a un caudal que no estuviera al alcance de cualquiera. Y s\u00ed que lo est\u00e1. Con m\u00e1s o menos esfuerzo, la cultura, hoy en d\u00eda, est\u00e1 al alcance de todos los que quieren acercarse a ella. El amor, no; pero la cultura, s\u00ed. \u00c9l sigue leyendo libros, consultando enciclopedias, viendo pel\u00edculas, con la intenci\u00f3n primera de aprender. Y se siente orgulloso, discretamente orgulloso, de saber que Sartre dijo que existir es elegir, y de haber le\u00eddo varias veces \u2013siempre en verano, porque \u00e9sta es una historia para leerla cuando el calor aprieta de verdad, e incluso angustia\u2013 un libro de un compatriota de Sartre que habla de un hombre triste; un libro que se titula \u201cEl extranjero\u201d y que es de aquellos que hacen que se te encoja el esp\u00edritu.<br \/>\nEst\u00e1 bastante satisfecho de c\u00f3mo le va quedando el nav\u00edo. Goza con los trabajos manuales, con el pensamiento, y el sentimiento, de las manos, con el ejercicio solitario y aislador de la artesan\u00eda. Un d\u00eda, hace ya muchos a\u00f1os, una mujer, entonces casi una adolescente todav\u00eda, le regal\u00f3 una novela de un autor que \u00e9l desconoc\u00eda, un alem\u00e1n: Hermann Hesse. El libro era \u201cEl lobo estepario\u201d. Y, con su lectura, \u00e9l descubri\u00f3 que siempre se hab\u00eda sentido un poco lobo estepario, pero tambi\u00e9n tuvo la certeza inmediata de que nunca acabar\u00eda de serlo del todo. Y \u00e9sta es, quiz\u00e1, la que m\u00e1s le duele de sus minusval\u00edas: la cobard\u00eda. A muchas de las cosas que se compran con dinero y que no son imprescindibles, \u00e9l no ser\u00eda capaz de renunciar. Tendr\u00eda miedo de hacerlo. Y este miedo le roba la libertad, y le hace sentir la amenaza del lunes a la vuelta de la esquina. Entonces, mira la foto de ella, cada vez m\u00e1s lejana, cada vez menos doliente, y llega a pensar que, entre unas cosas y otras, se le est\u00e1n agotando las ganas de vivir. Y eso, pensado una ma\u00f1ana libre de s\u00e1bado, es pecado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El perro ladra, porque descubre que otro perro ronda por delante de la casa. El hombre triste decide volver a salir a pasear, a tratar de olvidarse del odio, de sus pecados, de ella y del lunes que est\u00e1, agazapado, acech\u00e1ndole detr\u00e1s de unas escasas docenas de horas. Mientras pasea, va pensando que los compa\u00f1eros del trabajo son unos pusil\u00e1nimes que si leyesen \u201cEl extranjero\u201d no lo entender\u00edan. Y prefiere que no lo lean. Desea con todas sus fuerzas que no lo hayan le\u00eddo \u2013\u201cPor favor, que no lo lean nunca. Ser\u00eda como mi metiesen sus chabacanos dedos en mi alma, y en la de \u201cEl extranjero\u201d, y en la del hombre que lo escribi\u00f3\u201d\u2013, y reivindica para los escritores el privilegio imposible de seleccionar a sus lectores. El hombre triste se siente un lobo herido, un lobo estepario herido. Y es consciente de que ese tipo de bestia es muy peligrosa. Tiene ganas de gritar, cierra los pu\u00f1os y aprieta los dientes, y golpea la pared, y de los nudillos enrojecidos le brotan unos hilos de sangre. Se los lame, y se los frota por el culo de los pantalones oscuros y discretos. \u00bfCu\u00e1ndo, en qu\u00e9 momento, se precipit\u00f3, en esta ca\u00edda libre, al abismo del desencanto? \u00bfQuiz\u00e1 cuando renunci\u00f3 definitivamente a entender la vida? \u00bfQuiz\u00e1 cuando se dio cuenta de que la amistad no suele ser utilizada m\u00e1s que como un recurso sentimental de segunda categor\u00eda? \u00bfQuiz\u00e1 cuando el amor le estaf\u00f3, y alguien se divirti\u00f3 rob\u00e1ndole el coraz\u00f3n, disponiendo de \u00e9l sin ning\u00fan miramiento y releg\u00e1ndolo despu\u00e9s a la funci\u00f3n de un desahogo clandestino y grosero, para acabar tir\u00e1ndolo a la basura como si fuera un pa\u00f1uelo de papel, sucio? \u00bfO quiz\u00e1 cuando descubri\u00f3 el aspecto m\u00e1s turbio de su propia esencia, cuando se dio cuenta de hasta qu\u00e9 punto era capaz de ser cruel y de buscar hacer da\u00f1o por venganza? \u00bfQu\u00e9 es lo que ha acabado quebrando al hombre triste? \u00bfLo mezquino de la sociedad? \u00bfLa decepci\u00f3n de la amistad? \u00bfEl fraude del amor? \u00bfO su propia inconsistencia, su propia debilidad, su propia insignificancia?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre triste se va en busca del sol, al encuentro del enga\u00f1o metaf\u00f3rico de la natura: los caminos con horizonte. Y el vientecillo fresco, casi fr\u00edo, de aquella ma\u00f1ana libre de s\u00e1bado le corta los labios y le seca los ojos, mientras una mirada tal vez augural se le hunde en la profundidad libertadora del mar desde lo m\u00e1s alto del acantilado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cQu\u00e9 dif\u00edcil y qu\u00e9 confuso es esto del vivir. Qu\u00e9 batalla m\u00e1s \u00e1spera, m\u00e1s dispersa y m\u00e1s absurda\u201d. El hombre triste filosofa mientras pasea al perro, el s\u00e1bado, a primera hora de la ma\u00f1ana.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5,4],"tags":[],"class_list":["post-84","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-finalista","category-relato"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/84","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=84"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/84\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":442,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/84\/revisions\/442"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=84"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=84"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=84"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}