{"id":73,"date":"2005-02-17T19:50:56","date_gmt":"2005-02-17T18:50:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=73"},"modified":"2018-02-09T14:27:10","modified_gmt":"2018-02-09T13:27:10","slug":"41-la-prometida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=73","title":{"rendered":"41. La prometida"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F73&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F73&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">Aquel conservador diario de provincias se sent\u00eda especialmente orgulloso de atesorar entre sus p\u00e1ginas el mayor n\u00famero de anuncios mortuorios de toda la regi\u00f3n, y ello hasta el punto de que pod\u00eda asegurarse con relativa propiedad que quien no figurase entre aquellas macabras p\u00e1ginas no hab\u00eda llegado a fallecer efectivamente.<!--more--> Esa ma\u00f1ana, sus lectores volvieron a leer asombrados, por cuarto a\u00f1o consecutivo, aquella esquela de una ternura escabrosa que parec\u00eda dar cuenta de un amor desmesurado y posiblemente enfermo: Tras la cruz y el t\u00edtulo (\u201cCuarto aniversario\u201d), el nombre de un var\u00f3n al que se le reconoc\u00eda cari\u00f1osamente por su apodo, un alias que desprestigiaba los relumbrantes apellidos que le segu\u00edan: Curro Alvear de Bracamonte. A continuaci\u00f3n se recordaba el tr\u00e1gico suceso: \u201cfalleci\u00f3 el d\u00eda 24 de diciembre de 2000\u201d. A modo de colof\u00f3n, y tras las protocolarias siglas \u201cDEP\u201d, aparec\u00eda la siguiente leyenda: \u201cSiempre estar\u00e1s en mi coraz\u00f3n. Tu prometida, Patricia Miranda\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Patricia y Curro ten\u00edan previsto casarse uno de esos d\u00edas de la nueva Navidad que se avecinaba tras un fatigoso noviazgo poblado de amor, caricias y besos, aunque tambi\u00e9n lacerado por una gravosa castidad, poca veces quebrantada, que segu\u00eda exigiendo con rigor una sociedad provinciana, diligente vig\u00eda de la virtud ajena. Faltaba poco para la ceremonia y los novios ten\u00edan que alternar los \u00faltimos preparativos de la boda pr\u00f3xima con las numerosas comidas, cenas y festejos propios de esas v\u00edsperas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El d\u00eda previo a la cat\u00e1strofe, Patricia hab\u00eda asistido \u2014como puntualmente hab\u00eda venido haciendo desde que finaliz\u00f3 la carrera\u2014 a esa cena que las compa\u00f1eras m\u00e1s entusiastas del curso hab\u00edan prometido celebrar cada a\u00f1o para felicitarse las navidades. Tras la cena, las copas, las risas a\u00fan adolescentes y por eso tambi\u00e9n a\u00fan m\u00e1gicas, el fren\u00e9tico bailoteo en el centro de la pista, enloquecidas por la m\u00fasica caribe\u00f1a y las luces, y por eso alg\u00fan que otro discreto coqueteo colectivo con esos muchachos de buen ver (ni\u00f1os bien engominados) que acechaban en la barra observando la mercanc\u00eda con profesionalidad, ya perennes habitantes de aquel antro, siempre dispuestos a la captura de cualquier hembra que se pusiese a tiro; pero todo por pura diversi\u00f3n y por eso la locura y aquellas risas desaforadas y gratuitas; y tambi\u00e9n, al final, ya derrengadas, las confidencias m\u00e1s \u00edntimas, traseg\u00e1ndose entre ellas los \u00faltimos chismes: alg\u00fan inesperado embarazo que forzaba una boda de urgencia, ciertas aventuras que no pasaban de eso, pero tambi\u00e9n, c\u00f3mo no, la escandalosa clausura de un consolidado noviazgo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquella noche Patricia y Marta fueron despidiendo una a una a las restantes miembros del grupo, ya vencidas por el cansancio o por el sue\u00f1o, hasta quedarse solas; Marta y Patricia, ya \u00edntimas desde el colegio, desde tan peque\u00f1as que ni recordaban; pidieron m\u00e1s whiskies con seven up, sentadas en aquel apartado sof\u00e1, mientras fumaban y beb\u00edan, charlando ya ebrias, disparatadas, tan disparatadamente locuaces, tan ni\u00f1as de nuevo; y fumaban sin parar y los ojos enrojecidos, y m\u00e1s whiskies con seven up, y otra copa m\u00e1s, y otra, y as\u00ed hasta que casi las sorprende all\u00ed el amanecer, a\u00fan de parloteo, asombradas, destrozadas, todo tan incre\u00edble.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la ma\u00f1ana siguiente de esa fiesta levemente crapulosa aunque intensa, Patricia despert\u00f3 tarde y, a\u00fan somnolienta, se encontr\u00f3 envuelta en una nebulosa de im\u00e1genes y palabras, abrumada por algo que no alcanzaba a entender del todo. Sab\u00eda que Curro ten\u00eda ese d\u00eda almuerzo navide\u00f1o con sus compa\u00f1eros de empresa. Hizo una llamada que no admit\u00eda demora y luego puls\u00f3 el n\u00famero de m\u00f3vil de su novio para quedar con \u00e9l tras esa comida y pasar juntos el resto de la tarde antes de marchar cada uno a sus respectivas cenas familiares de nochebuena. Esa ma\u00f1ana se visti\u00f3 morosamente, como si ejecutase un rito prohibido: rebusc\u00f3 en el ajuar hasta encontrar ese escueto conjunto de ropa interior que hab\u00eda escogido minuciosamente para enloquecer de deseo a su marido la misma noche de bodas; buce\u00f3 en su desordenado armario hasta encontrar una falda brev\u00edsima, de pana celeste, que permit\u00eda mostrar en todo su esplendor unas piernas que sab\u00eda legendarias. Una ce\u00f1ida blusa blanca de seda completar\u00eda ese conjuntito al mismo tiempo c\u00e1ndido y provocativo. Finalmente, se deleit\u00f3 vistiendo lentamente sus piernas con unas sugestivas medias a juego con la faldita. Patricia hab\u00eda amanecido aquella ma\u00f1ana con una vehemente, casi irracional necesidad de arrancar esa tarde en su novio un deseo desmesurado y brutal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco antes de la una del mediod\u00eda se despidi\u00f3 de su madre con un beso volado. Antes de cerrar la puerta le grit\u00f3 desde el hall que no la esperasen para comer, que ten\u00eda compras que hacer y que ya regresar\u00eda de noche para la cena. Al ingresar en el peque\u00f1o Golf, repas\u00f3 una vez m\u00e1s su frondoso cabello negro en el espejo retrovisor, mir\u00f3 en su cartera para memorizar una vez m\u00e1s, antes de hacerlo trizas, ese papelito doblado que conten\u00eda una direcci\u00f3n anotada apresuradamente y un improvisado plano a vuela pluma. Desconect\u00f3 el m\u00f3vil y puso en marcha el motor del coche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda quedado con Curro a las seis en aquel bar de copas que ven\u00edan frecuentando desde el comienzo de su noviazgo, para cinco a\u00f1os iba ya. Aquel rinc\u00f3n apartado y casi siempre solitario de la planta de arriba de Richeliau hab\u00eda sido testigo de largas y numerosas tardes de besos dulces y de magreos ardorosos cuando la castidad sucumb\u00eda ante la excitaci\u00f3n y el deseo. Esa tarde hubo de esperarle durante largo rato. Lleg\u00f3 muy borracho, exhalando un oscuro hedor a alcohol corrompido. Ella le mir\u00f3 risue\u00f1a, incluso con una extra\u00f1a ternura que no se compadec\u00eda con el enojo que siempre le sol\u00eda venir cuando contemplaba a su novio en tan lamentable estado de embriaguez. Curro escup\u00eda una mirada opaca, turbia; y se le derrumbaban las palabras a poco de pronunciarlas; pero a\u00fan as\u00ed miraba a esa provocativa mujer que ten\u00eda delante con una codicia exagerada y atroz. Nada m\u00e1s sentarse se abalanz\u00f3 sobre ella para besarla con una ferocidad insensata. Pero Patricia se lo impidi\u00f3, apart\u00e1ndolo suavemente y lanz\u00e1ndole unas palabras ambiguas aunque prometedoras:<br \/>\n\u2014M\u00e1s tarde, Curro, espera un poco; m\u00e1s tarde te dar\u00e9 mucho m\u00e1s de lo que deseas.<br \/>\nUna vez que Ricardo (el viejo camarero de siempre) desapareci\u00f3 de la sala tras servir las primeras consumiciones, Patricia mir\u00f3 a su novio con una complicidad misteriosa. Le hablaba pausadamente, cada palabra parec\u00eda un gui\u00f1o: se hab\u00eda enterado de todo, esa ciudad al fin y al cabo era un pueblo y tarde o temprano se habr\u00eda tenido que enterar. Con una dulzura insospechada, le reprochaba que se lo hubiese ocultado durante tanto tiempo. Ella siempre lo hubiera entendido porque en realidad carec\u00eda de importancia: ella misma hab\u00eda llegado a saber que, tomadas con moderaci\u00f3n, esas pastillitas volv\u00edan fogoso al m\u00e1s apocado de los hombres, y qu\u00e9 otra cosa pod\u00eda querer yo, Curro, con lo que yo te deseo, cari\u00f1o, con lo que disfruto contigo, mi cielo, con el placer que me viene cuando te siento tan hombre, amor m\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ella misma se hab\u00eda ocupado de comprarle unas c\u00e1psulas para esa misma tarde \u2014le iba diciendo a su novio mientras sacaba del bolso el paquetito de papel de plata y desparramaba las pastillitas sobre la mesa\u2014, quer\u00eda hacer el amor con \u00e9l all\u00ed mismo, en ese discreto y solitario saloncito, si se daban prisa pod\u00edan hacerlo sin riesgo de ser sorprendidos, a esa hora nadie subir\u00eda y llegado el caso podr\u00edan disimular, ella sab\u00eda. Mientras Patricia bajaba a la barra para servir ella misma dos nuevos whiskies, Curro, excitado ya con las sorprendentes palabras de su encelada novia, normalmente tan templada y prudente, se hab\u00eda dispuesto a ingerir dos de esas pastillas que brillaban azules sobre el tablero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A su regreso, Patricia le mir\u00f3 provocadora, desafiante, mientras Curro disparaba su mirada lela de borracho terminal sobre el apetitoso cuerpo que esa tarde le ofrec\u00eda con generosidad su novia. Cuando se sent\u00f3 sobre \u00e9l a horcajadas para galoparlo, enfebrecida de deseo, pose\u00edda de una excitaci\u00f3n descomunal, comenz\u00f3 a besarle con sa\u00f1a, con una furia inusitada, contoneando su cuerpo entero y dejando que \u00e9l le atrapara con violencia las nalgas, los muslos, los pezones, m\u00e1s excitado Curro que nunca, desenfrenado, fuera de s\u00ed. Y as\u00ed siguieron, fren\u00e9ticos, fornicando sin reparo en esa soledad prodigiosa y amable. Se agitaban escandalosamente, se deten\u00edan, volv\u00edan a besarse, de vez en vez tomaban un sorbo de whisky, y entre sorbo y sorbo, Curro inger\u00eda una nueva pastillita confiando en poder alcanzar la potencia que el alcohol le hab\u00eda arrebatado para colmar as\u00ed su exagerada rijosidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y todo hasta ese instante en que a Curro se le descuadr\u00f3 la mirada, que se le volvi\u00f3 absurda, casi blanquecina, su rostro se fue amoratando, amag\u00f3 a duras penas una especie de grito, exhal\u00f3 una especie de suspiro maloliente y amargo, desplom\u00e1ndose finalmente sobre su novia como una marioneta tronchada por manos inexpertas. Patricia se desenganch\u00f3 cuidadosamente de \u00e9l tras ese coito inconcluso, recogi\u00f3 su bolso y baj\u00f3 las escaleras. Antes de salir del local, se dirigi\u00f3 al camarero:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Estaba muy borracho. Se ha quedado durmiendo la mona, ya sabes, Ricardo, ya lo conoces. \u00a1Feliz Navidad\u00a1 \u2014dijo Patricia a modo de despedida derramando su mejor sonrisa, su m\u00e1s luminosa mirada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquella otra ma\u00f1ana, ya era el d\u00eda de Navidad, Patricia fue despertando lentamente con una morosidad extra\u00f1a en ella, y todav\u00eda en la vaporosa duermevela ni siquiera sinti\u00f3 sobresalto cuando escuch\u00f3 fuera de su dormitorio lejanos timbres de tel\u00e9fonos que se repet\u00edan una y otra vez, voces alarmadas y gritos que se quedaban luego en susurros, llantos apenas contenidos y frases apenas inteligibles pero que proclamaban sin duda una inmensa tragedia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ajena a ese l\u00fagubre ajetreo, Patricia se acurruc\u00f3 entre las s\u00e1banas buscando recuerdos cuando en realidad eran ellos los que ven\u00edan a buscarla: esos coros de hombres alrededor de fogatas clav\u00e1ndole en las piernas y en los pechos sus obscenas miradas, su peligroso deambular la tarde anterior por ese barrio de chabolas infecto de maleantes en busca de esas pastillas \u2014Ketamina\u2014 cuyos mortales efectos estaban asegurados si se combinaban con una importante ingesta de alcohol, eso que hac\u00eda poco hab\u00eda le\u00eddo en alguna revista de mujeres, a lo mejor Cosmopolitan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y sobre todo, Patricia regresaba una y otra vez a esas sangrientas palabras de Marta la noche de la cena con las compa\u00f1eras de curso; su lacerante confesi\u00f3n y m\u00e1s tarde su ya in\u00fatil lamento, esas inservibles explicaciones, ese perd\u00f3n que in\u00fatilmente suplicaba una y otra vez entre tristura y llantos (\u201cya hace tiempo que todo ha acabado, Patricia, de verdad, debes de creerme\u201d \u2014le hab\u00eda asegurado aquella noche Marta a su amiga entre l\u00e1grimas\u2014). Lo recordaba todo, casi palabra a palabra por insoportables que le siguieran resultando: ese casual encuentro en los chats de Internet, cuando Curro y Marta a\u00fan desconoc\u00edan sus verdaderas identidades, el coqueteo inicial noche tras noche una vez que \u00e9l dejaba a su novia en casa, y luego esa atracci\u00f3n irresistible que fue creciendo imparable cuando a\u00fan ni siquiera hab\u00edan cruzado sus fotos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y m\u00e1s tarde, ese sorprendente descubrimiento mutuo, cuando ya era mucho el morbo como para poder parar ese dulce juego, esa pasi\u00f3n indomable que va ocupando el pensamiento de ambos, y por eso los inevitables encuentros furtivos entre semana, a horas insospechadas, en aquellos hoteluchos de mala muerte de las afueras, guardar a todo trance las apariencias cuando se encontraban los tres, y mientras tanto Patricia derramando su nube de sue\u00f1os, de traje de boda y de flores, de hogar, de hijos, ese futuro rebosante de ilusiones, entusiasmada con todo eso, feliz porque lo ignoraba todo, ajena a unas miradas perversas y c\u00f3mplices, dos bocas y dos cuerpos que contempla y que no sabe que han sido, que son solidarios en la pasi\u00f3n y que se enardecen en el deseo, los muy canallas. Esa traici\u00f3n imperdonable, esa pena ya irrefragable. Todo eso tan infame, tan doloroso y sucio que, sin remedio, quedar\u00e1 para siempre en el encallecido coraz\u00f3n de la prometida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquel conservador diario de provincias se sent\u00eda especialmente orgulloso de atesorar entre sus p\u00e1ginas el mayor n\u00famero de anuncios mortuorios de toda la regi\u00f3n, y ello hasta el punto de que pod\u00eda asegurarse con relativa propiedad que quien no figurase entre aquellas macabras p\u00e1ginas no hab\u00eda llegado a fallecer efectivamente.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-73","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relato"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/73","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=73"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/73\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":456,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/73\/revisions\/456"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=73"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=73"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=73"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}