{"id":63,"date":"2005-02-15T12:39:56","date_gmt":"2005-02-15T11:39:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=63"},"modified":"2018-02-09T14:28:58","modified_gmt":"2018-02-09T13:28:58","slug":"31-el-baile-de-irene","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=63","title":{"rendered":"31. El baile de Irene"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F63&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F63&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">No le quedan hijos vivos y, de tanto llorar, sus ojos son de perra callejera, miran por descuido, se estrellan por insomnio permanente&#8230;<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A los sesenta y seis a\u00f1os, Irene Reigadas no puede huir de la muerte ni de la enfermedad que se ha llevado a sus hijos. As\u00ed que al mirar con ojos secos, sorprende las caras de sus amigas en la misa de difuntos de Seraf\u00edn, su peque\u00f1o de doce a\u00f1os, y sonr\u00ede para no lastimar con sus palabras a las mujeres que le susurran oraciones de consuelo. Todas se quieren sin hacer ruido desde hace a\u00f1os, sin esc\u00e1ndalos, sus bocas peque\u00f1as, sus mo\u00f1os altos, sus encantos tapados. La pesadumbre les obliga a sentir el duelo del mismo modo, semejante a lumbres humanas es el pu\u00f1ado de taciturnas mujeres, y ese calor sofocante llena de temblores las entra\u00f1as de buena vieja de Irene.<\/p>\n<p>Algo hay en el aire y eso no se olvida jam\u00e1s. Primero son dos saltos, luego tres brincos, contin\u00faan cuatro giros. Despu\u00e9s, cinco piruetas de mujer-orquesta. A tontas y a locas Irene es un volc\u00e1n, una pieza musical. De repente, est\u00e1 bailando sin cesar entre mujeres enlutadas que no dan cr\u00e9dito a lo que ven y ajena al desconcierto que est\u00e1 provocando; porque la tierna se\u00f1ora que nunca perdi\u00f3 los modales, obligada a sobrevivir a sus hijos y resignada a conocer el sufrimiento de buenas a primeras, hasta descubri\u00f3 el hast\u00edo del desamor envuelto en mentiras y tuvo la amabilidad de contarlo, al detenerse un instante; derrocha sonrisas. Est\u00e1 preciosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando el sacerdote, nacido en una familia de m\u00fasicos y creador del famoso Villancico, \u00abA Bel\u00e9n con San Rodrigo, m\u00e1rtir descabezado\u00bb, y conocido en el mundo entero pues estudiosos de la l\u00edrica religiosa lo admiran en sus avezadas cr\u00edticas, se acerca; no consigue adivinar la ins\u00f3lita felicidad de Irene. Parece un atribulado brujo, capaz de dominar a miles de fieles sin mediar palabra pero incapaz de socorrer a la desdichada. Cuando no se puede contener la furia verbal, se dice, hay que empujar sin miramientos a todo el mundo fuera de la iglesia. Teniendo en cuenta que no es \u00e9tico ni razonable (seguro que muchos sacerdotes no saben calibrar los m\u00e9ritos de un arrebato) porque tampoco lo admitir\u00eda la Santa Madre Iglesia, lo cierto es que a\u00f1os despu\u00e9s recordar\u00e1, avergonzado, la sensaci\u00f3n de furia que lleg\u00f3 a embargarlo. Pocas veces se ha visto un caso semejante en misa de difuntos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por el contrario, las dolientes amigas de Irene quieren apaciguarla, pero ella ya no es una mujer prudente, dice que eso es imposible. Y lo dice tan dichosa que piensan que esa desquiciada no es Irene Reigadas, la mujer sensible a las caricias de la nutritiva muerte y al crujido eterno de mecedoras donde tejer sobrios hilos de penas; pues ha perdido el h\u00famedo encanto de sollozar a la vez que ellas, con carita de costurera. Es muy feo lo que tienen delante de las narices. Es muy tonta la loca de remate. Parece el p\u00e1jaro tonto que quiere posarse en todas las ramas al que los cazadores deben condenar, para desplumarlo en majestuoso banquete de escopeta, en cineg\u00e9tico trofeo de pluma y pellejo. Porque nadie se atreve a desafiar al destino cuando se pone canalla, cuando se pone jodido y pu\u00f1etero. En cambio, es muy original que Irene Reigadas se regale un baile de hermosura, lleno de gui\u00f1os frecuentes y tont\u00edsimas muecas, del que parece estar disfrutando como un cencerro, ya cantando, ya bailando. Bendito manicomio que carece de verg\u00fcenza y disimulo.<\/p>\n<p>Irene, deslumbra con voz de cascabel:<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Estoy loca y se me nota por todas partes!<br \/>\n\u2014Yo nunca he dejado de quererte \u2014dice su amiga Elvira, tom\u00e1ndola del brazo para salir a la calle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De mirada so\u00f1adora, Elvira Torres se enamor\u00f3 de un guardabosque a los doce a\u00f1os de edad. La pasi\u00f3n le lleg\u00f3 como un susto del que nunca se recobr\u00f3 del todo. Por m\u00e1s que quiso curar la enfermedad de su coraz\u00f3n ni los a\u00f1os acumulados ni los sabios consejos, le hicieron comprender lo necia que se puso de repente, y de ah\u00ed que se pasara el resto de su vida cocinando dulces, siempre atareada en sus fogones y con la mirada perdida en el bosque. Quiz\u00e1 por aquello de las mentes estropeadas y las p\u00e1nfilas emociones, Irene se deja llevar por esos brazos de acero que acarician deliciosamente sin cesar el baile. Sin embargo, el resto de sus amigas peregrinan en procesi\u00f3n. Eugenia Cuetos, Paquita Garc\u00eda, Amparo Cuartas y la inolvidable Visitaci\u00f3n G\u00f3mez, apodada \u00abLa Fogosa\u00bb, que no s\u00f3lo emigr\u00f3 a Lisboa para conocer marido y desconocer la melancol\u00eda, sino que se atrevi\u00f3 a plantarlo en el altar por llegar borracho; van detr\u00e1s sigilosas como fantasmas y avergonzadas como beatas pudorosas. De hecho, desfilan rezando tras la irresistible enfermedad de Irene d\u00e1ndose golpes de pecho y arrasados los ojos de l\u00e1grimas. Entretanto, terminada la misa por obra y gracia del mudo sacerdote, los hombres que han acudido a la iglesia desaparecen como por encanto, para estar en todos los sitios, para no estar precisamente en ninguno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuera de la iglesia, sentados en el banco verde de la plaza mayor, pelados al cero por los piojos y con esp\u00edritu de trinchera, los ni\u00f1os observan fascinados el cortejo de mujeres. La naturaleza de trinchera es una mancha de color furtivo en la mirada, que sugiere inteligencia y perspicacia. Est\u00e1n alucinados. \u00a1Al carajo los mingos de jam\u00f3n, los mocos, las latigueras, las tetas de miga de pan asentao! \u00a1Cojollos!, \u00a1Al carajo las pedradas en son de broma y el lanzamiento de patadas! \u00a1Cojollos!, \u00a1Cojollos! y m\u00e1s \u00a1Cojollos!, exclaman los aguerridos aprendices de hijoputa, los c\u00e9ntimos de gloria que la vida se va a encargar de despojar. \u00a1Ah\u00ed es nada! Junto a ellos, tres ni\u00f1as crujientes remedan el alucinamiento detr\u00e1s del banco. Son Gema Exp\u00f3sito, Luc\u00eda Canales y Sarita Cerrillo. No hace ni media hora zascandileaban por la casa de la hija del m\u00e9dico, por la habitaci\u00f3n de la pepona de trenzas morenas que es Sarita Cerrillo. Van siempre que pueden porque les llena de admiraci\u00f3n los tableros de ajedrez, los juegos de mesa, el \u00e1lbum de fotos, los poemarios, la camita vestida de organd\u00ed, el insospechado farol amarillo. Y m\u00e1s a\u00fan. El diario donde se lee: \u201cY al filo de mi cama hay un califa, que me rellena la boca con su saliva\u201d. Puede ser mentira.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que es verdad y nada m\u00e1s que la verdad es que Luc\u00eda Canales, la de la maestra, es la primera en salir de la inopia del eterno \u00a1Cojollos! del banco verde, y con la severidad que hered\u00f3 de su madre interroga como si tal cosa: \u201c\u00bfLa Irene se va a morir?\u201d De modo que Sarita vuelve a sentir la dureza de coraz\u00f3n que Luc\u00eda le produce desde que la vio estrangular dos pollos a la hora del desayuno. Contesta con la voz bondadosa que siempre usa con ella:<\/p>\n<p>\u2014La culpa la tuvo Engracia, \u00abla Bicho\u00bb, que vivi\u00f3 muy cerca y eso se contagia.<br \/>\n\u2014 \u00bfC\u00f3mo lo sabes?<br \/>\n\u2014Me lo ha dicho mi padre.<br \/>\n\u2014 \u00bfC\u00f3mo sabes que no te toma el pelo?<br \/>\n\u2014Ay, Luc\u00eda \u2014le dice Sarita, mientras deshace sus trenzas de morcilla\u2014. Si yo no lo s\u00e9, no lo sabe nadie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por toda respuesta Luc\u00eda se pierde en un silencio feo como un demonio. Muy despacio, Gema Exp\u00f3sito, de mucha teta y poca paciencia, que incluso llegaba a negar el saludo por envidia, precisa con penetrante indolencia: \u201cTen\u00edamos prohibido jugar con Seraf\u00edn&#8230; y est\u00e1 muerto&#8230; y la chiflada de Irene&#8230; se va a morir&#8230; y os juro que me importa un pito&#8230; tambi\u00e9n nosotras\u2026 vamos&#8230; a&#8230; morir\u201d. Ante el or\u00e1culo y por desorden amoroso todas hacen la se\u00f1al de la cruz. Despu\u00e9s se abrazan, hasta que lentamente se separan, hasta que de puro miedo acaban riendo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e9dico, y enamorado de Irene desde la infancia, apoyado en el quicio de la puerta de la iglesia, est\u00e1 Rafael Cerrillo. Destacan de Rafael sus ojos de cad\u00e1ver, su rostro de hielo. Destaca lo educado que es, lo mal hecho que est\u00e1. Su madre le hab\u00eda avisado cuando cumpli\u00f3 los nueve:<\/p>\n<p>\u2014No toques a la Irene, esa ni\u00f1uca tiene la lepra.<br \/>\n\u2014Me muero de amor \u2014se dijo. Luego intent\u00f3 volar, fabric\u00f3 una m\u00e1quina y no se rompi\u00f3 la crisma de milagro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sesenta a\u00f1os despu\u00e9s, el contrahecho sabe que no es lepra porque lo aprendi\u00f3 en C\u00f3rdoba donde se hizo m\u00e9dico aunque por aquel entonces cre\u00eda a pie juntillas a su madre, que quer\u00eda llevarlo a hombros desde el susto volador y luego casarlo con una prima lejana. No se neg\u00f3. Su madre se rompi\u00f3 la clav\u00edcula por el peso y Rafael dej\u00f3 pre\u00f1ada la noche de bodas a la prima que desterr\u00f3 para evitar incomodidades. As\u00ed pues, dedicado por completo a la medicina, reconoce los s\u00edntomas de la afecci\u00f3n nerviosa que adquiri\u00f3 proporciones de epidemia durante los siglos XIV y XV; y que sigue matando a la familia Reigadas reci\u00e9n avanzado el XX, en la iglesia del pueblo cordob\u00e9s, como en la Catedral de San Vito en Praga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La histeria colectiva de los Reigadas le hace estudiar ara\u00f1as, escorpiones y alacranes que la se\u00f1ora Engracia gustaba de tener en casa; ya que \u00abla Bicho\u00bb, por las razones que fueran, no quiso tener cerca ni amigos ni familia, pero tuvo bichos. Y esos bichos pican. Desde entonces, en casa de Engracia habitaron peque\u00f1os demonios junto a grandes crucifijos, pues fueron muchas las noches de verano que vagaba por el pueblo desnuda y vociferando, que un demonio le hab\u00eda mordido entre las piernas, que un diab\u00f3lico macho mont\u00e9s le hab\u00eda hechizado meti\u00e9ndole su enorme rabo, en un violento despilfarro de lamentos desgarrados, de gritos eyaculados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por aquel entonces a Engracia le nace un rival cient\u00edfico y espabilado: Don Rafael se gana las alubias con la medicina y conoce de sobra los remedios de tan peculiares picaduras: beber tisanas con plantas medicinales, evitar a los pacientes toda clase de excitaci\u00f3n, y una alimentaci\u00f3n a base de ensaladas crudas, frutas del tiempo, yogur y verduras; para dos veces al d\u00eda, preferiblemente por la ma\u00f1ana y a media tarde, mezclar tila, ra\u00edz de valeriana, hierba luisa, capuchina, manzanilla y toronjil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De modo que, ahora, cargado de recetas y remedios, corre desesperado al manicomio de Irene donde todo es delirio y belleza. Voces de mujeres asustadas dentro de la casa. S\u00f3lo Elvira calla, ofrece rosquillas de an\u00eds y le franquea la entrada al para\u00edso, pues por arte de magia, la habitaci\u00f3n de Irene est\u00e1 llena de im\u00e1genes como la Virgen de la Soledad, o Jes\u00fas del Perd\u00f3n, o el Cristo del Socorro, o la Virgen de la Esperanza, o Nuestra Se\u00f1ora de Araceli; destacando el exquisito San Rodrigo, santo moz\u00e1rabe que fue martirizado en C\u00f3rdoba el 13 de Marzo del 857. Y otro tanto le sucede a San Vito, que muri\u00f3 entre horribles convulsiones, sumergido en una olla de agua hirviendo. Sin olvidar la imagen m\u00e1s bondadosa, sentada en la cama est\u00e1 su amorcito comiendo, p\u00e9talo aqu\u00ed, p\u00e1gina all\u00e1: dos gardenias, y el divertido libro del \u00ednclito autor Abel de la Cierva \u00abLas mujeres en la Edad Media. Vida Delicada\u00bb (Anilla, 1889); seg\u00fan reza la banda naranja que abraza la obra: \u201cLa historia de la literatura medieval a trav\u00e9s de la mirada femenina\u201d. Y as\u00ed, \u201cincansablemente, hila que te hila\u201d como dec\u00eda el poeta, Irene est\u00e1 zampando, a mordisquitos y con desparpajo, los usos y costumbres de varios siglos donde las mujeres enmudec\u00edan a fuerza de someterlas.<\/p>\n<p>\u2014Estoy llena y feliz. \u2014Y lo dice Irene con la boca llena de papeles y flores.<br \/>\n\u2014No hay nada m\u00e1s hermoso que tu boca cuando est\u00e1s \u00ableyendo\u00bb \u2014musita Rafael.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dos d\u00edas despu\u00e9s, a Irene le sorprendi\u00f3 la muerte cuando continuaba de fiesta, su cuerpo desprendi\u00f3 una deliciosa fragancia y dicen que qued\u00f3 incorrupto. Rafael tuvo una muerte lenta a los nueve, tal como predijo a su madre, pues dicen que no se puede vivir si tienes el coraz\u00f3n blindado. Bien lo sabe Elvira, ojos de bosque\u2026 el lobo a\u00falla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No le quedan hijos vivos y, de tanto llorar, sus ojos son de perra callejera, miran por descuido, se estrellan por insomnio permanente&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5,4],"tags":[],"class_list":["post-63","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-finalista","category-relato"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/63","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=63"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/63\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":457,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/63\/revisions\/457"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=63"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=63"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=63"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}