{"id":62,"date":"2005-02-15T12:34:52","date_gmt":"2005-02-15T11:34:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=62"},"modified":"2018-02-09T21:24:09","modified_gmt":"2018-02-09T20:24:09","slug":"30-darcajadas-de-fuego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=62","title":{"rendered":"30. Carcajadas de fuego"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F62&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F62&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">Como loco que lanza flechas y saetas mortales, es quien enga\u00f1a a su pr\u00f3jimo, para decir luego: \u201cEra una broma\u201d. (Prov 26,19)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuentan que en tiempos del rey Manases, en la oscura \u00e9poca en que el pueblo de la promesa se hab\u00eda olvidado por completo del Dios de los padres, vivi\u00f3 en Jerusal\u00e9n un hombre llamado Adino, capaz de hacer re\u00edr a hombres, mujeres y ni\u00f1os, con sus bufonadas y bromas. <!--more-->Tanta era su fama, que el mismo rey lo llam\u00f3 a su servicio, cobij\u00e1ndole en palacio y haci\u00e9ndole un lugar entre los eminentes, a los que a diario, ya a la ca\u00edda de la tarde, deleitaba con sus jocosos comentarios, parodias e imitaciones.<br \/>\n&#8211; Adino, imita a un soldado torpe en la batalla.<br \/>\n&#8211; Adino, imita a una mujer embarazada incapaz de moverse.<br \/>\n&#8211; Adino, imita a un sacerdote celoso de la Ley perseguidor del divertimento y la alegr\u00eda.<br \/>\nCada cortesano ped\u00eda lo que deseaba. Y Adino, de manera magistral, satisfac\u00eda las demandas provocando la hilaridad general que hac\u00edan brotar largas y sonaras carcajadas de los asistentes.<br \/>\nDurante muchos meses Adino entretuvo al rey y a su corte cosechando favores y ganando renombre en un tiempo de prosperidad econ\u00f3mica. Porque Manases, eludiendo todo abismo de la Ley, abri\u00f3 las fronteras de Jud\u00e1 a los extranjeros y a sus dioses a fin de que se activara el comercio con las naciones vecinas. Para demostrar a los pueblos de alrededor que las cosas hab\u00edan cambiando, reedific\u00f3 los altares que su padre, el piadoso rey Exequias, destruyera. Y as\u00ed, en Jerusal\u00e9n se volvi\u00f3 a rendir culto a los baales y a toda la milicia de los cielos, siendo Astart\u00e9 la diosa que m\u00e1s devotos y fieles sumaba. El rey, decidido a romper con el pasado espiritual de su pueblo, tampoco tuvo el menor prejuicio en consultar a magos y agoreros, y cuando uno de ellos le pronostic\u00f3 que reinar\u00eda cincuenta y cinco a\u00f1os si entregaba al dios Moloch a uno de sus hijos, no lo pens\u00f3 dos veces, y en honor de la divinidad, orden\u00f3 que el menor de sus v\u00e1stagos fuese quemado vivo.<br \/>\nTerrible influencia era para su pueblo el rey Manases, quien, a pesar de sus muchos y terribles pecados, no se entregaba ni un s\u00f3lo d\u00eda a la tristeza o al abatimiento. Manas\u00e9s gustaba sentirse satisfecho, feliz, poderoso y querido por sus aliados. Para ello, tampoco dud\u00f3 en derramar la sangre de los compatriotas que osaban recordarle la gravedad de sus errores o lo invitaban a recuperar la fe de los padres.<br \/>\nPara olvidar tristezas ya estaba Adino. El infalible buf\u00f3n que convocaba la alegr\u00eda y la sonrisa, desterrando cualquier pesar del coraz\u00f3n o la conciencia.<br \/>\nPero los d\u00edas se repet\u00edan, las semanas y los meses transcurr\u00edan, y seg\u00fan iba pasando el tiempo, m\u00e1s dif\u00edcil le resultaba al c\u00f3mico, encontrar dichos jocosos y an\u00e9cdotas que hicieran re\u00edr a su p\u00fablico. Por eso, y porque en Jerusal\u00e9n exist\u00eda una relajaci\u00f3n y permisividad especial en lo tocante al hecho religioso, Adino decidi\u00f3 que har\u00eda re\u00edr a su p\u00fablico imitando a los que sacrificaban sus seres queridos a los dioses de las naciones. En la parodia, no exenta de atrezzo, pues en el escenario se hab\u00eda levantado un altar y encendido el pertinente fuego del sacrificio, el c\u00f3mico hacia las veces de un padre est\u00fapido e ignorante, que, por la promesa de una buena cosecha, entregaba al menor de sus hijos al fuego de los dioses. La divertido de la escena, a pesar de su dramatismo, consist\u00eda en las muchas tonter\u00edas que el padre dec\u00eda a su hijo para tratar de que sufriera lo menos posible. Un hombre enano representaba al lerdo v\u00e1stago, quien o\u00eda con atenci\u00f3n las palabras de Adino, mientras se encaminaba hacia el fuego donde ser\u00eda sacrificado.<br \/>\n&#8211; Padre, \u00bfme doler\u00e1?<br \/>\n-No, hijo, no. Sentir\u00e1s un cosquilleo agradable. Y para la hora de la cena ya habremos terminado. Dime, \u00bfqu\u00e9 te apetece cenar hoy?<br \/>\n&#8211; Carne, padre, bien pasada, pues, como sabes, no me gusta poco hecha.<br \/>\nLos asistentes no pod\u00edan dejar de re\u00edr ante tama\u00f1a estupidez. Vitoreaban, aclamaban y animaban al c\u00f3mico cada vez que terminaba una frase o la pronunciaba su enano compa\u00f1ero. Tan atentos se encontraban los cortesanos a la funci\u00f3n que se les ofrec\u00eda, que ninguno mir\u00f3 al rey hasta que \u00e9sta termin\u00f3. Pero, al final de la misma, el rey no re\u00eda, no aplaud\u00eda, s\u00f3lo miraba a Adino con odio, violentamente, pregunt\u00e1ndose si aquella parodia realizada le se\u00f1alaba a \u00e9l como al padre est\u00fapido, pues no en balde, tambi\u00e9n el rey hab\u00eda sacrificado al fuego de los dioses a su hijo menor.<br \/>\n&#8211; Mi rey, \u00bfacaso no os hice re\u00edr? \u00bfNo fue de vuestro agrado mi imitaci\u00f3n? \u2013pregunt\u00f3 p\u00e1lido y con palabras entrecortadas Adino, que como todos los habitantes de Jerusal\u00e9n, conoc\u00eda sobradamente la crueldad que el monarca pod\u00eda llegar a exhibir.<br \/>\n&#8211; Ha sido de mi agrado. Pero, estimo, que necesitamos algo m\u00e1s realista. Algo m\u00e1s verdadero.<br \/>\n&#8211; Mi se\u00f1or, no entiendo.<br \/>\n&#8211; Entender\u00e1s. \u00a1Soldados, arrojad al enano al fuego!<br \/>\nEl peque\u00f1o hombre casi se desmay\u00f3, pues mir\u00f3 a los presentes y las rodillas le temblaron. Pero luego se rehizo, y ni siquiera el enfadado rey pudo dejar de re\u00edr cuando el condenado trat\u00f3 en vano de escapar de las f\u00e9rreas manos de los soldados.<br \/>\nFue arrojado al fuego. Y con sus gritos y lamentos, mientras se quemaba llenando el espacioso sal\u00f3n de un hedor insoportable, el rey re\u00eda, re\u00eda y lloraba, pues aquellos gritos le tra\u00edan los otros que un d\u00eda profiriese su hijo sacrificado.<br \/>\n&#8211; Adino, \u00bfno r\u00edes? \u00bfLa escena no es de tu agrado? \u2013le pregunt\u00f3 el rey con cruel iron\u00eda.<br \/>\n&#8211; Mi se\u00f1or, nunca osar\u00eda ofenderos. Lo que represent\u00e9 es algo ficticio, una broma, un invento para hacer la vida m\u00e1s llevadera y apetecible. S\u00f3lo trat\u00e9 de hacer re\u00edr a todos los presentes.<br \/>\n&#8211; Pero tu rey no acepta seg\u00fan que bromas. \u00a1Soldados, es el turno de Adino!<br \/>\nCuentan que el c\u00f3mico sufri\u00f3 indeciblemente, pues el fuego donde se le arrojo no era lo suficiente grande ni vivo como para procurarle una muerte r\u00e1pida. Y aseguran que Manases, que reino postreramente cincuenta y cinco a\u00f1os, tal como se le vaticin\u00f3, no dej\u00f3 de re\u00edr mientras dur\u00f3 la larga agon\u00eda de su buf\u00f3n. El hedor era de lo m\u00e1s desagradable, el espect\u00e1culo despreciable. Pero nadie en la corte dej\u00f3 de secundar las risotadas del rey.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como loco que lanza flechas y saetas mortales, es quien enga\u00f1a a su pr\u00f3jimo, para decir luego: \u201cEra una broma\u201d. 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