{"id":58,"date":"2005-02-10T11:18:17","date_gmt":"2005-02-10T10:18:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=58"},"modified":"2018-02-09T21:10:41","modified_gmt":"2018-02-09T20:10:41","slug":"26-el-pajaro-multicolor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=58","title":{"rendered":"26. El p\u00e1jaro multicolor"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F58&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F58&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">Aquel estanque reflejaba \u00e1rboles de altos troncos y cortas ramas repletas de multiformes hojas. Aquellos, cuyos troncos no se distanciaban unos de otros, solo procuraban que pasaran los rayos del sol, de tal forma que impidiendo la visi\u00f3n del astro rey, dejaban que entre su frondosidad, se vislumbrara la deslumbrante blancura que irradiaba.<!--more--><br \/>\nEn el ribere\u00f1o suelo, alfombrado de hierbas bajas y h\u00famedas, cubierto de peque\u00f1os y secos troncos, se detectaban huellas de animalillos que acud\u00edan a saciar su sed. Aquellas aguas nac\u00edan en un manantial situado en una cercana ladera, tras dos recodos de toscas piedras, y a cuyos pies, de una cuevecilla semejante a la boca de una oveja, manaba la fr\u00eda agua sobre un cuenco de piedra. De aquella peque\u00f1a y cristalina presa, a trav\u00e9s de hendiduras labradas por los a\u00f1os, las huidizas aguas formaban un serpenteante riachuelo que, llegado al bosquecillo, adquir\u00eda su mayor anchura; se estancaba y all\u00ed acud\u00edan los animalillos habitantes del bosque.<br \/>\nEn aquel fresco lugar un anciano, sentado sobre un hueco tronco, me cont\u00f3 el cuento de un pajarillo que un d\u00eda, hacia much\u00edsimos a\u00f1os, vio caer del cielo a trav\u00e9s de aquellos \u00e1rboles. Era un pajarillo multicolor desconocido por su singularidad. Sus ojos ten\u00edan los del arco iris y observ\u00f3 que ten\u00eda una peque\u00f1a herida en una de sus alas. Quiz\u00e1s las ramas de aquellos \u00e1rboles cubiertas de espinos hab\u00edan sido las culpables. El anciano, asombrado por el extra\u00f1o y bello p\u00e1jaro, cur\u00f3 su herida, pas\u00f3 la mano por el buche procur\u00e1ndole ternura y en aquel momento, una bella doncella, apareci\u00f3 ante sus ojos. Cubr\u00eda su desnudez con sus cabellos que ca\u00edan por delante de sus hombros hasta llegar a la cintura. Cabellos rubios que giraban sobre si mismos y que danzaban ensortijados sobre su blanca piel. La visti\u00f3 el anciano con parte de sus ropas, y sabedor de la amargura que sufr\u00eda una noble familia por haber perdido a su hija a\u00f1os atr\u00e1s, y reconoci\u00e9ndola por a\u00f1os y belleza a la buscada primog\u00e9nita, tras confirmar la exactitud de su creencia, la llev\u00f3 ante sus padres.<br \/>\nEl motivo del encantamiento no fue relevante. O\u00eddo por mi el cuento, que pod\u00eda ser cierto o producto de una so\u00f1ada leyenda, a partir de aquel momento, puse mi empe\u00f1o en buscar un p\u00e1jaro de color multicolor, semejante al que me hab\u00eda contado el anciano y del que me qued\u00e9 totalmente embriagado.<br \/>\nTodas las ma\u00f1anas, al amanecer, me fijaba en el cielo azul y si me anunciaba un bello d\u00eda, me trasladaba al bosque. Caminando por sus rocieros senderos, acariciaba mi rostro con el agradable airecillo matinero. Levantaba mis ojos hacia los trinos que llegaban a mis o\u00eddos y buscaba el p\u00e1jaro multicolor. El que transcurrieran d\u00edas y semanas sin resultado alguno, solo hac\u00eda que aumentara mi deseo. Tal era la avidez que el anciano dej\u00f3 en m\u00ed, que todos los d\u00edas al acostarme, ped\u00eda lleno de af\u00e1n, que fuera en el siguiente d\u00eda, el momento del m\u00e1gico hallazgo. La segura belleza del p\u00e1jaro multicolor, albergue de una fr\u00e1gil doncella, turbaba mis pensamientos llenando mis juveniles a\u00f1os de un deseo hasta hace poco extra\u00f1o para m\u00ed.<br \/>\nOcup\u00e9 mi tiempo hablando con otros ancianos que pudieran contarme alg\u00fan hecho semejante. Aunque nadie afirm\u00f3 conocimiento alguno, todos, al ver en m\u00ed aquel empe\u00f1o, s\u00ed me dijeron, que por aquellos caminos, avanzando con noble fin, con toda seguridad encontrar\u00eda lo que buscaba. Pues solo halla quien en si conf\u00eda y no se rinde ante la adversidad. Me dec\u00edan que a veces, sin encontrar lo que anhelamos, descubrimos sue\u00f1os de la misma entidad. As\u00ed pues, todos los d\u00edas, al llegar a casa y preguntarme mi madre por mi deseo que amorosamente conoc\u00eda y a \u00e9l me alentaba, solo recib\u00eda de ella el \u00e1nimo para que continuara.<br \/>\nUna ma\u00f1ana, ilusionado ante dos ardillas que se alimentaban de alg\u00fan fruto que no alcanzaba a conocer, posadas sobre las ramas de un \u00e1rbol, mis ojos se dirigieron raudos hacia un peque\u00f1o grupo de jilgueros que revoleteaban sobre las entrelazadas ramas. De entre aquellos fr\u00e1giles pajarillos, uno, de dimensiones un poco mayores, y cubierto de un plumaje multicolor, procur\u00f3 en m\u00ed una emoci\u00f3n tal, que me resist\u00ed a gritar de alegr\u00eda no fuera a ser que por ello escapara a mi presencia. A menos de tres saltos estaban y en el centro de aquellos graciosos vol\u00e1tiles cuya alas y picos unos con otros jugueteaban, mi a\u00f1orado multicolor confirm\u00f3 mi seguridad, que ante mi, se mostraba la causa de mis desvelos.<br \/>\nSe complet\u00f3 aquel momento de ensue\u00f1o, cuando a escasos metros, aquella bandada de pajarillos se pos\u00f3 en un arbusto de peque\u00f1as hojas verdes, cubierto de flores frescas con p\u00e9talos de oro. Al notar mi presencia por dar un paso hacia ellos, los jilgueros levantaron el vuelo. El multicolor levant\u00f3 su pico y me mir\u00f3. Movi\u00f3 las alas, trat\u00f3 de elevarse, pero incapaz de hacerlo, consigui\u00f3 volar un poco cayendo en el musgo sobre unas piedras ba\u00f1adas por el estanque. Tan f\u00e1cil me result\u00f3 cogerlo, que al notarlo entre mis manos me convert\u00ed en el mas feliz del bosque. Entre mis manos lo ten\u00eda. A trav\u00e9s de las yemas de mis dedos, not\u00e9 una ligera frialdad de su cuerpecillo. Y decid\u00ed volver a casa para con los conocimientos de mi madre aliviarle y alimentarle.<br \/>\nCorr\u00eda por el sendero, bajaba una lomilla y saltaba sobre unas piedras para vencer al riachuelo. Un barranquillo suave, cubierto de h\u00famedas hierbas me faltaba, y a pocos metros la salida del bosque, la casa de mis padres.<br \/>\nLos primeros auxilios de mi madre resultaron eficaces pues trin\u00f3 creo que de alegr\u00eda. Pasaron unos d\u00edas en los que cuid\u00e1ndole, de \u00e9l se encari\u00f1\u00f3. Cuando yo no lo mimaba, se posaba en el hombro de su curandera y hasta me parec\u00eda que los dos de mi hablaban. Mi madre le cont\u00f3 al p\u00e1jaro multicolor la historia del anciano que tanto para m\u00ed significaba. Le hizo saber de mi enamoramiento, cosa que me sonroj\u00f3. En las noches compart\u00eda suelto mi habitaci\u00f3n y en la duermevela deseando que entrara en mis sue\u00f1os, me dorm\u00eda placidamente feliz por tenerlo cerca de m\u00ed.<br \/>\nPasaron varias semanas y una noche, cumpli\u00e9ndose mi deseo, so\u00f1\u00e9 el momento de ver a la doncella junto a mi, mientras acariciando sus cabellos junt\u00e1bamos los labios. Y lo que siempre suele ocurrir en estos casos, el frescor de la ma\u00f1ana que entraba por la ventana abierta me despert\u00f3. Alc\u00e9 mis ojos buscando al pajarillo sin encontrarlo. El airecillo que entraba del bosque en mi habitaci\u00f3n alarm\u00f3 mis sentidos pensado en su huida. Contempl\u00e9 el amanecer, observ\u00e9 el bosque y el vuelo de otras aves sin encontrar lo que era el albergue de mi amada. Angustiado decid\u00ed salir en su b\u00fasqueda, mas, fr\u00edo como el aire de la ma\u00f1ana me qued\u00e9, cuando encima de mi camisa azul unos cabellos rubios y ensortijados se mezclaban con unas plumas multicolores formando la dulzura de un coraz\u00f3n.<br \/>\nCorriendo acud\u00ed al bosque. Fui a nuestro lugar de encuentro y en el mismo arbusto, encima de las escarchadas flores de p\u00e9talos de oro, el pajarillo multicolor, incapaz de levantar el vuelo al verme, dej\u00f3 que me acercara. Lo cog\u00ed con toda mi ternura. Con \u00e9l en mis manos inici\u00e9 el sendero de regreso, baj\u00e9 la lomilla, cruc\u00e9 el riachuelo y por el barranquillo la felicidad me albergaba.<br \/>\nLa hierba deslizante me hizo caer, resbal\u00e9, y con mi cuerpo proteg\u00ed al pajarillo. Apoy\u00e1ndome con las rodillas y los codos sobre el suelo, lo contempl\u00e9 entre mis manos. La desesperaci\u00f3n rompi\u00f3 mi coraz\u00f3n. Al caer y con la inconsciente presi\u00f3n de mi mano asfixi\u00e9 aquella ilusi\u00f3n de mis d\u00edas. \u00a1No pod\u00eda ser\u00a1 Pero ya no viv\u00eda. Lo bes\u00e9 sin conseguir reanimarlo. Lo tumb\u00e9 en la hierba. \u00a1Sus patitas hacia arriba me se\u00f1alaban culpable\u00a1<br \/>\n\u00a1Dios que desespero\u00a1 Me fij\u00e9 en \u00e9l y en sus ojos cerrados. Suavemente abr\u00ed sus p\u00e1rpados. Entonces, tuve ganas de morir. Aquellos ojos ten\u00edan el color del arco iris.<br \/>\nMi atolondramiento en el barranquillo, causante de la tragedia, fue el origen de mi desaz\u00f3n. Los rubios cabellos de m\u00ed amada en la alcoba, la fuente de mi desespero y, el coraz\u00f3n de plumas multicolores, el fondo de mi tormento.<br \/>\nTan profundamente enamorado estaba de aquel sue\u00f1o, que al brotar en mi vida el pajarillo que lo arropaba, mis d\u00edas cambiaron y en sus quehaceres, el deseo de tener a mi amada, se convirti\u00f3 en \u00fanica dedicaci\u00f3n desde el amanecer hasta la hora de entregarme al comienzo de mis sue\u00f1os.<br \/>\nMi madre, tan guardiana y procuradora de mis afanes, como vigilante de la salud del pajarillo, y conchabada con \u00e9l, sabedora de la importancia que para m\u00ed ten\u00eda aquel embrujo, procuraba que su vida, la de aquel sue\u00f1o, se cruzara en la m\u00eda cuanto m\u00e1s pronto mejor y con la menor herida. Observaba como mi madre, con su mejor voluntad, deseaba ser comprendida por la avecilla y hasta le hablaba de mi noble sentimiento, enumer\u00e1ndole sin cesar todas mis virtudes que no eran m\u00e1s que producto de su pasi\u00f3n de madre.<br \/>\nLos alegres d\u00edas se convirtieron en melanc\u00f3licos. Era tal el deseo que me inund\u00f3, que perd\u00ed, en los ratos del comer, la voluntad de mi alimento. Y los juegos por el campo, los encuentros con mis amigos, as\u00ed como mi compromiso con los libros, fueron suplantados por un pensamiento cautivado por la belleza imaginada y escondida dentro de aquel plumaje multicolor.<br \/>\nPor las noches, mi alcoba, se convert\u00eda en refugio del pajarillo y observ\u00e1ndole, mi imaginaci\u00f3n luchaba para vencer el hechizo. Estaba convencido que \u00e9l sabia de mi enamoramiento, pues nunca dud\u00e9 de la eficacia de mi madre. Todo lo que por mi hab\u00eda procurado, lo consigui\u00f3 con \u00e9xito y estas vez no iba a ser menos. La joven apareci\u00f3 en mis sue\u00f1os en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n y de toda su belleza, mi madre tuvo conocimiento.<br \/>\nPor eso, cuando le cont\u00e9 a mi madre el desgraciado final del pajarillo del que me hac\u00eda yo mismo culpable; una vez que mi anhelo se hab\u00eda hecho realidad \u2013como lo probaba la existencia de los cabellos y que el plum\u00edfero coraz\u00f3n regalado, era la firma de que correspond\u00eda a mi amor- mi madre, estall\u00f3 entonces en un lloro de tristeza hac\u00eda mi. Me pidi\u00f3 que la comprendiera una vez mas, como siempre hab\u00eda hecho.<br \/>\nCon semblante de madre llena de cari\u00f1o hac\u00eda m\u00ed, me confes\u00f3 que fue ella, quien en su deseo de un final feliz a un enamoramiento imposible, acudi\u00f3 una noche a mi habitaci\u00f3n en la que placidamente dorm\u00eda. Dirigi\u00f3 al pajarillo hac\u00eda su libertad, dejando la ventana entreabierta. Coloc\u00f3 encima de mi camisa azul unos ensortijados cabellos rubios. Y al lado de estos, un coraz\u00f3n de plumas multicolores.<br \/>\nDe \u00e9sta forma cre\u00eda mi madre, que aquel final feliz por ella pensado, me producir\u00eda menos da\u00f1os que lo imposible. Aquellas pertenencias ser\u00edan el bello recuerdo de un amor que se fue por los vientos.<br \/>\nPero el profundo amor que todo lo puede hizo que saliera detr\u00e1s de mi amada y quiso el destino, o que se yo, la ocasi\u00f3n de un segundo encuentro, en donde los amargos jirones de la vida hicieran su acto de su presencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquel estanque reflejaba \u00e1rboles de altos troncos y cortas ramas repletas de multiformes hojas. Aquellos, cuyos troncos no se distanciaban unos de otros, solo procuraban que pasaran los rayos del sol, de tal forma que impidiendo la visi\u00f3n del astro rey, dejaban que entre su frondosidad, se vislumbrara la deslumbrante blancura que irradiaba.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-58","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relato"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/58","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=58"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/58\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":504,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/58\/revisions\/504"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=58"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=58"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=58"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}