{"id":52,"date":"2005-02-08T11:04:04","date_gmt":"2005-02-08T10:04:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=52"},"modified":"2018-02-09T21:03:11","modified_gmt":"2018-02-09T20:03:11","slug":"20-la-ventana-persa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=52","title":{"rendered":"20. La Ventana Persa"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F52&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F52&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">Sardes, transcurre el a\u00f1o 498 a.C. Tras el reinado del rey Ciro, fundador del Imperio y su conquista de Asia Menor, Dar\u00edo le sucede en el trono. Muy cercanas se encuentran las Revueltas J\u00f3nicas.<!--more--><br \/>\nArist\u00e1goras, tirano de Mileto, cegado por su c\u00f3lera con el pueblo persa, inicia una rebeli\u00f3n y ordena la invasi\u00f3n de la capital de Lidia, al frente de contingentes griegos, atenienses y eretrios. Las tropas griegas desembarcan en \u00c9feso moviliz\u00e1ndose r\u00e1pidamente hasta nuestras tierras atravesando Jonia desde el sudoeste.<br \/>\nCampesinos y comerciantes dan por terminada su jornada coincidiendo con un magn\u00edfico ocaso que comienza a invadir el horizonte, una espl\u00e9ndida gama de gradientes de color florece a la ca\u00edda del astro. Tonos rojos, anaranjados y amarillos se entremezclan con el infinito azul cielo y las estrellas comienzan a centellear. En las calles, colapsadas de p\u00fablico, se discute y puja con los mercaderes. Todo tipo de cer\u00e1micas elaboradas dentro y fuera de nuestras fronteras, los mejores metales para forjar nuestras armas, fruta ex\u00f3tica, exquisita carne y pescado fresco de las orillas de Jonia, pieles, cantidades ingentes de oro y joyas para nuestras mujeres, e incluso materiales de construcci\u00f3n y agr\u00edcola avanzados.<br \/>\nDiversa variedad de culturas y razas se pod\u00eda encontrar cualquier d\u00eda en el centro de la ciudad. Debido a ello, Sardes resulta de gran atractivo para las dem\u00e1s regiones colindantes.<br \/>\nTranquilo y sin desviarme de mi camino atravieso los callejones. Dejando atr\u00e1s la majestuosidad de la ciudadela, llego a casa, la cual se encuentra en la parte m\u00e1s alta del poblado.<br \/>\n&#8211; \u00a1Mujer! \u00a1Ya estoy en casa! \u2013exclam\u00e9 con una amplia sonrisa-<br \/>\nSe encontraba cocinando y el calor del fuego le sonrojaba las mejillas a la vez que iluminaba sus preciosos cabellos. Sin articular palabra se volvi\u00f3 hasta m\u00ed, y sin soltar el utensilio con el que preparaba la cena, hundi\u00f3 su mirada en mis ojos, sonri\u00f3 levemente y nos besamos. Durante la comida dialogamos sobre la jornada cuando, de repente, alguien golpe\u00f3 fortuitamente la puerta haciendo que ambos nos sobresalt\u00e1semos.<br \/>\n-\u00a1Qu\u00e9 quer\u00e9is! \u2013dije extra\u00f1ado-. Me incorpor\u00e9 y camin\u00e9 hasta la puerta. Shabda se puso en pi\u00e9 sin apartar la mirada de la entrada. Tres nuevos y estruendosos golpes se escucharon en el silencio de la noche. &#8211; Soy yo hermano \u00a1Abrid! \u2013habl\u00f3 una voz profunda y firme-. R\u00e1pidamente reconoc\u00ed la voz de Rashid, mi buen amigo y compa\u00f1ero de cuartel.<br \/>\nAbr\u00ed la puerta y all\u00ed estaba, acalorado, con la respiraci\u00f3n acelerada y perfectamente equipado para la batalla.-\u00a1V\u00edstete! \u00a1R\u00e1pido! \u00a1Atacan la ciudad!. Paralizado por el desconcierto de su voz, permanec\u00ed unos instantes inm\u00f3vil hasta que reaccion\u00e9.<br \/>\nTan aprisa como fue posible me dispuse a localizar mis atuendos, sin poder evitar encontrarme con la penetrante mirada de Shabda a\u00fan en pi\u00e9, sosten\u00eda una vasija de arcilla que resbal\u00f3 entre sus manos, parti\u00e9ndose en mil pedazos al conocer la noticia. Tom\u00e9 un instante para acercarme hasta ella y tranquilizarla, apretando fuertemente sus manos con las m\u00edas, pero ninguno de los dos nos hablamos. Con sus ojos llenos de l\u00e1grimas me indicaba que fuera cauto. \u2013 Dir\u00edgete a la Acr\u00f3polis y oc\u00faltate all\u00ed, es un lugar seguro. \u2013Le dije sin saber si la volver\u00eda a ver-. Recog\u00ed mi equipo, la cimitarra de mi difunto padre, forjada con empu\u00f1adura en oro persa y la hoja curvada, con el mejor de los metales desde Sardes hasta Susa. Llevaba una inscripci\u00f3n que dec\u00eda as\u00ed:<\/p>\n<p>Auramazda vazraka hya mathista baganam (1)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Partimos a toda prisa, apenas pod\u00eda seguir a Rashid, le pregunt\u00e9 los detalles y hacia d\u00f3nde nos dirig\u00edamos. Los callejones con pronunciada pendiente aceleraban a\u00fan m\u00e1s nuestra carrera y el silencio de la noche se romp\u00eda con tremendo alboroto de gentes.<br \/>\n&#8211; La se\u00f1al de aviso del monte Tmolos ha sido prendida. \u2013Dijo Rashid.-<br \/>\n&#8211; \u00a1Invasores! \u2013exclam\u00e9-.<br \/>\n&#8211; S\u00ed, griegos y jonios se aproximan r\u00e1pidamente desde el sudoeste.-detall\u00f3 mi amigo-.<br \/>\n&#8211; \u00bfCu\u00e1ntos? \u2013esperando o\u00edr una leve cifra-.<br \/>\n&#8211; Algunos dicen que han visto desembarcar a orillas de \u00c9feso entre veinte y veinticinco nav\u00edos.<br \/>\nUn escalofr\u00edo recorri\u00f3 mi frente a la vez que intentaba crecerme de valor. A doscientos pasos del port\u00f3n principal de la muralla nos detuvimos. Era una imagen desconcertante, sobre nosotros el cielo colmado de estrellas, una luna llena proyectaba iluminaci\u00f3n semi diurna. Los destellantes reflejos de armaduras, escudos y cimitarras eran el presagio de la cruenta batalla que estaba por llegar. Pude calcular unos cuatro mil hombres y unos trescientos arqueros sobre las murallas. A voz de mando nos dividieron en dos batallones de dos mil hombres cada uno ordenadamente distribuidos. No cesaban de llegar soldados y nos ordenaron corregir la alineaci\u00f3n nuevamente. La infanter\u00eda de cada pelot\u00f3n la compon\u00edan trescientos lanceros contra caballer\u00eda que destacaban en primera l\u00ednea, les segu\u00edan quinientos arqueros y por \u00faltimo mil doscientos soldados, cuatrocientos de ellos a caballo en pen\u00faltima l\u00ednea. Me situ\u00e9 tras la caballer\u00eda, mi coraz\u00f3n aumentaba de pulsaciones al escuchar el relinche y los cascotazos de los animales inquietos por entrar en combate.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nYa organizados, el jefe de mando puso a la tropa al corriente de la situaci\u00f3n confirmando la informaci\u00f3n de mi buen amigo. Preparados, ordenaron abrir el port\u00f3n de la ciudad el cual med\u00eda unos seis hombres de alto y cinco de ancho. Dos gruesos travesa\u00f1os de madera robusta la fortificaban. Fueron necesarios cuatro hombres para liberarlas y comenzamos a salir al exterior ordenadamente. Nuestro general dio la orden de permanecer parte de la infanter\u00eda en el interior de la ciudad, defendiendo la entrada principal. Por mi situaci\u00f3n en filas form\u00e9 parte de aquellos con tal misi\u00f3n. A los flancos de la ciudad, en el exterior amurallado, se moviliz\u00f3 la caballer\u00eda, sigilosamente, ocultos y en silencio esper\u00e1bamos la llegada de tropas griegas. Apenas dio lugar a la respuesta de nuestro ej\u00e9rcito ante la inminente llegada del enemigo. Me encontraba muy cerca del port\u00f3n nuevamente asegurado. Apreci\u00e1bamos los sonidos y el alboroto de la tropa en el exterior, y nos impacientaba a\u00fan m\u00e1s por el desconocimiento de lo que estaba sucediendo. Me detuve en observar el grandioso port\u00f3n y hall\u00e9, al filo con que un\u00eda la muralla, un diminuto orificio posiblemente de alguna esquirla desprendida. Acerc\u00e1ndome pude apreciar a nuestros compa\u00f1eros en perfecta alineaci\u00f3n a la espera de entrar en combate. Una orden de mando mand\u00f3 callar a la tropa haci\u00e9ndose el silencio. Estremecido, sent\u00ed un escalofr\u00edo que me recorri\u00f3 la espalda. Todos nos quedamos paralizados, agudizando mis sentidos a trav\u00e9s de la diminuta abertura sin conseguir detectar qu\u00e9 ocurr\u00eda, hasta que una voz dijo:<br \/>\n&#8211; \u00a1All\u00ed! \u2013exclamaron voces sobre nosotros de manera simult\u00e1nea-.<br \/>\nAlgunos arqueros situados encima de las murallas hab\u00edan sido los primeros en localizar a las tropas enemigas.<br \/>\n&#8211; Est\u00e1n a unos tres mil pasos \u2013inform\u00f3 uno de ellos al comandante.<br \/>\n&#8211; \u00a1Arqueros\u2026Preparados! \u2013orden\u00f3 \u00e9ste.<br \/>\nMec\u00e1nicamente y de manera \u00e1gil armaron sus arcos esperando la orden definitiva. Avistado el enemigo, se encontraban detenidos a mil pasos. La luna reflejaba sus escudos y armaduras pesadas. Ambos ej\u00e9rcitos se encontraban uno frente al otro. Pude distinguir jonios en primera l\u00ednea seguidos de caballer\u00eda ateniense y la infanter\u00eda. Uno de sus comandantes sac\u00f3 su espada y orden\u00f3 a los arqueros que se prepararan. Nuestros hombres tomaron sus escudos para detener la inminente ofensiva. Tras cientos de silbidos, la primera oleada de flechas enemigas impact\u00f3 sobre nosotros. A pesar de encontrarnos en posici\u00f3n defensiva v\u00ed derrumbarse a varios de nuestros hombres. Inmediatamente devolvimos el ataque de la misma forma, con multitud de flechas que rasgaban los cielos en la b\u00fasqueda de alg\u00fan desdichado. Los griegos apenas esperaron a nuestra oleada y continuaban avanzando hacia nosotros, sin detenerse.<br \/>\nCubiertos con sus escudos intentaron detener nuestro ataque, a\u00fan as\u00ed logramos causar diversas bajas. Apenas distanciaban de ambos ej\u00e9rcitos seiscientos pasos cuando la caballer\u00eda carg\u00f3 contra nosotros. Lanceros tomaron las primeras posiciones listos para frenar el avance. El suelo parec\u00eda temblar bajo nosotros.<br \/>\nFirmes e impasibles alzaron sus lanzas y numerosos jinetes cayeron de sus monturas, una voz contundente y encolerizada grit\u00f3 &#8211; \u00a1Por Ahuramazda! y ambos ej\u00e9rcitos se sumieron en la batalla entre gritos de ira.<br \/>\nEl sonido del choque de las espadas contra los escudos retumbaba en mis o\u00eddos, algunos yelmos sal\u00edan despedidos durante la lucha cuerpo a cuerpo, hojas afiladas de un brillo fulgurante se tornaban rojizas, invadi\u00e9ndonos de c\u00f3lera con cada muerte. Encima de m\u00ed observaba a los arqueros sin que \u00e9stos cesaran de disparar sobre cuellos griegos y jonios.<br \/>\nMenores en n\u00famero, el ataque persa fue m\u00e1s veloz y ligero que el griego, reestructur\u00e1ndonos continuamente acorde a las bajas.<br \/>\nSab\u00edamos que la victoria radicaba en una \u00f3ptima estrategia, puesto que nos superaban en n\u00famero. Tras un tiempo indeterminable y absorto por el acontecimiento, perd\u00edamos efectivos y el avance hasta la muralla no se detendr\u00eda. La caballer\u00eda oculta a ambos flancos de la ciudad realiz\u00f3 un ataque masivo para contener la ofensiva, sin embargo, a pesar del desconcierto que provocamos al enemigo, \u00e9ste continu\u00f3 su invasi\u00f3n. Armados con flechas incendiarias dispararon contra el port\u00f3n principal, el cual no tard\u00f3 demasiado tiempo en ser derribado, logrando as\u00ed entrar en la ciudad. Retroced\u00ed abandonando la peque\u00f1a ventana para alinearme de nuevo con el grupo, ansioso por entrar en combate. Ahora depend\u00eda de nosotros defender la ciudadela. Como un animal encolerizado cientos de hombres nos asaltaron, intentando distinguir enemigos y aliados mantuve mi posici\u00f3n tratando de esquivar los golpes. Ante m\u00ed, un soldado ateniense. Con su excelente armadura pocos puntos vulnerables pude distinguir, sin dudar alc\u00e9 mi cimitarra y la hund\u00ed entre el hombro y su cuello, sin que apenas dispusiera de tiempo para defenderse, cayendo as\u00ed fulminado. Alguien se encontraba a mi espalda e instant\u00e1neamente me gir\u00e9 exaltado, y con voz tranquilizadora, me dijo :<br \/>\n-Soy yo amigo m\u00edo.-Dijo Rashid- Alegr\u00e1ndome por verle de nuevo e ileso.<br \/>\nApret\u00e9 la empu\u00f1adura de mi espada enzarz\u00e1ndonos de nuevo en la batalla, sin cesar de abatir al enemigo.<br \/>\nR\u00e1pidamente necesitamos retroceder pues eran grandes en n\u00famero, y aunque provoc\u00e1bamos m\u00e1s bajas que ellos, el continuo avance era incontenible. Pronto continuamos la lucha en la entrada de la ciudad y all\u00ed permanecimos un largo periodo de tiempo. Logramos hacernos fuertes ocupando la Acr\u00f3polis, ofreciendo as\u00ed mayor resistencia. La cruenta batalla se llev\u00f3 a cabo en m\u00faltiples zonas de la ciudad, y algunos divisamos que un soldado ateniense alzaba una antorcha que llevaba consigo, prendiendo una de las casas m\u00e1s alejada de donde nos encontr\u00e1bamos.<br \/>\nPropag\u00e1ndose r\u00e1pidamente por los barrios perif\u00e9ricos, debido a la proximidad de las construcciones y el material altamente inflamable de los techos fabricado con rastrojos, ca\u00f1as y paja. Instantes despu\u00e9s la claridad de la luna se mezcl\u00f3 con los reflejos provocados por el fuego, desencadenando la destrucci\u00f3n total del poblado. Todos se afanaban en detener el ataque griego, lo que provoc\u00f3 que la ciudad quedara gravemente da\u00f1ada por el incendio. Civiles a\u00fan ocultos en los poblados y con armas improvisadas, corrieron sin demora hacia la parte m\u00e1s alejada de donde se inici\u00f3 el incendio, creando una masificaci\u00f3n incontrolada de gentes que junto con los refuerzos enviados por Art\u00e1frenes, nos salv\u00f3 de la toma de la ciudad y posiblemente de una muerte segura.<br \/>\nLos griegos desistieron el ataque ordenando la retirada de sus tropas. Largo tiempo nos ocup\u00f3 subsanar los da\u00f1os causados y preparar la contraofensiva en la ciudad de \u00c9feso, lugar en el que nuestro Imperio se proclamar\u00eda victorioso.<\/p>\n<p>(1)\u00a0\u00a0El gran Ahuramazda, el m\u00e1s grande de los dioses.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sardes, transcurre el a\u00f1o 498 a.C. Tras el reinado del rey Ciro, fundador del Imperio y su conquista de Asia Menor, Dar\u00edo le sucede en el trono. 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