{"id":26,"date":"2005-01-21T23:52:02","date_gmt":"2005-01-21T22:52:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=26"},"modified":"2018-02-04T14:36:50","modified_gmt":"2018-02-04T13:36:50","slug":"circunstancias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=26","title":{"rendered":"2. Circunstancias"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F26&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F26&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se como pudo pasar, nunca fui violento; rudo y varonil, de acuerdo pero iracundo&#8230;, y sin embargo las circunstancias&#8230;, siempre las circunstancias. Me repugna la sangre, su olor, es viscosa y molesta a la vista y sin embargo me tuvo que suceder a mi haci\u00e9ndome incluso perder mi asquerosa vida.<br \/>\nSally no era mas que una putilla de tres al cuarto como correspond\u00eda a su trabajo de pajillera de tapia de cementerio que nunca consigui\u00f3 en su corta vida quitarse esa obsesi\u00f3n enfermiza por pajear a la gente en lugar de abrirse de patas como dios manda a cualquier mujer que se precie de ser una puta decente. <!--more-->La conoc\u00eda de hac\u00eda alg\u00fan tiempo y alguna que otra macoca, casi por nada, me hizo, aunque no llegu\u00e9 a conseguir trajin\u00e1rmela como un hombre a una mujer que ya me hubiera gustado pues buen cuerpo si ten\u00eda. Me lo repet\u00eda mi madre a gritos desesperados mientras yo le daba la espalda agobiado de sus sermones, \u201cacabar\u00e1s mal, pedazo de hijo de perra, acabar\u00e1s mal\u201d. Y efectivamente as\u00ed ha sido, ten\u00eda raz\u00f3n, he acabado rematadamente mal, pero nunca quise derramar sangre; me da nauseas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me cruc\u00e9 con Sally una noche y no la vi al pronto. Una desgraciada noche, aquella de la maldita tormenta de los demonios que desbord\u00f3 el r\u00edo y anego la parte baja de la ciudad dejando sin casa, si aquello que se llev\u00f3 la riada pod\u00eda d\u00e1rsele esa denominaci\u00f3n, a la legi\u00f3n de los mas desgraciados que no tiene mas ocupaci\u00f3n que reproducirse como ratas de cloaca. Sally con la pintura de los ojos corrida como si fuesen lagrimas de carb\u00f3n derramadas por propia conmiseraci\u00f3n y las gre\u00f1as, que ella llamaba cabellos, color ceniza sucia decor\u00e1ndole la cara corr\u00eda descalza protegiendo bajo una vieja pelerina agujereada una cajita de m\u00fasica a la que, despu\u00e9s me confes\u00f3, ten\u00eda en alto aprecio. Verla con los harapos empapados y el barro poni\u00e9ndole calcetines a las desnudas piernas me produjo lastima. En aquella calle precariamente iluminada por el farol de gas era un espectro surgido del infierno caminando a trompicones, resbalando con el barrizal de la calle y con la cabeza gacha para intentar guarecerse de la lluvia torrencial. Mi caballo si la vio y se detuvo para no arrollarla yendo ella a toparse contra su cruz. De la colisi\u00f3n se le resbal\u00f3 la cajita de m\u00fasica que fue a naufragar en medio del charco del suelo no sin antes dar su \u00faltimo concierto, unas pocas notas de \u201cEl Lago de los Cisnes\u201d para luego detenerse definitivamente. Sally se qued\u00f3 como la mujer de Lot, salificada, (se ri\u00f3 mucho luego, en la casa con esta broma m\u00eda, que jugaba con su nombre) y rompi\u00f3 a llorar. Cay\u00f3 de rodillas en medio del barro recogiendo con la ternura que una madre recoge a su hijo herido la cajita estropeada definitivamente por el agua espesa. Era la imagen de la menesterosidad y no se explicar que clase de debilidad hizo presa en mi pero ech\u00e9 pie a tierra y la socorr\u00ed. Luego, muchas veces en los \u00faltimos d\u00edas me he recriminado por ser tan blando en aquella noche de perros, si no hubiese estado lloviendo como lo hac\u00eda&#8230;, pero las circunstancias, siempre las malditas circunstancias. La recog\u00ed, cajita de m\u00fasica incluida y la llev\u00e9 a mi casa. Una vez se hubo ba\u00f1ado pude comprobar que no era tan vieja como yo supon\u00eda y que fue lo que me hizo auxiliarla en realidad, nunca la hab\u00eda visto con tanta luz. No era ninguna ni\u00f1a tampoco, pero conservaba a\u00fan parte de la lozan\u00eda de la juventud aunque algo ajada. Arropada con una frazada sobre su cuerpo desnudo ten\u00eda la vista fija en su cajita de m\u00fasica abriendo y cerrando la tapa que se sujetaba ya solo por una de las bisagras, abrigando el vano deseo de que en uno de los intentos volviesen a sonar los acordes de Tchaikovsky. Las maderitas de la taracea se hab\u00edan hinchado y poco a poco la filigrana se deshac\u00eda soltando pedacitos de madera de colores deste\u00f1idos. Sally derramaba lagrimas mientras se afanaba en su in\u00fatil abrir y cerrar. Me irritaba con tanta lagrima por lo que ya no ten\u00eda soluci\u00f3n y as\u00ed se lo hice saber con un pescoz\u00f3n, aunque todo hay que decirlo, con algo de torpeza y brusquedad. Se me revolvi\u00f3 como una rata acorralada, de alguna forma lo que ya era. Comenz\u00f3 a sangrar por la nariz y mientras se limpiaba con el dorso de la mano se seren\u00f3 lo suficiente como para contarme lo de la cajita. La jodida cajita de m\u00fasica, otra circunstancia, fue la causante de todo y por esa raz\u00f3n me encuentro yo ahora como me encuentro. \u00a1Bah!, las asquerosas circunstancias.<br \/>\nLa madre de Sally era cocinera en casa del Juez Clayton. La Sra Clayton el d\u00eda de nochebuena del ochenta y seis le regal\u00f3 la cajita y la pobre mujer llego a casa emocionada con su regalo. El padre de Sally, un borrach\u00edn sin oficio ni beneficio peg\u00f3 duro a su mujer una vez m\u00e1s, por ninguna raz\u00f3n especial salvo la de siempre; que era su mujer y le asist\u00eda el derecho de maltratarla. En uno de los mamporros la pobre mujer se desnuc\u00f3. Por mucho que Sally intent\u00f3 reanimar a su madre a base de besos y lagrimas de pena, la vida no volvi\u00f3 a animar aquellos ojos desorbitados de dolor y muerte y Sally al cabo del rato, cuando su padre quiso pegarle a ella tambi\u00e9n, no supo mas que hacer que agarrar la cajita de m\u00fasica y salir corriendo perdi\u00e9ndose en las sombras de la noche. Ten\u00eda once a\u00f1os y desde esa edad hasta los veintitantos que deb\u00eda tener cuando comet\u00ed la torpeza de asistirla se hab\u00eda dedicado a lo \u00fanico que pod\u00eda dedicarse y en todo ese tiempo su caja de m\u00fasica le hab\u00eda acompa\u00f1ado, era raz\u00f3n que estuviese tan afectada y que defendiese los restos de su tesoro como una reci\u00e9n parida a su cr\u00eda muerta, sin soluci\u00f3n pero, \u00a1ay de quien intentase arrebat\u00e1rsela!.<br \/>\nEse fue mi error intentar hacerla entrar en raz\u00f3n y quitarle el mont\u00f3n de astillas sin valor que proteg\u00eda entre sus brazos. Una tempestad es algo lenitivo al lado de lo que ocurri\u00f3 cuando sin pensarlo dos veces de un tir\u00f3n le quite la caja y la arroje a la chimenea. Como una loba herida de muerte aullando y tirando por alto la manta que le cubr\u00eda sus verg\u00fcenzas y la defend\u00eda del fr\u00edo se abalanz\u00f3 a las llamas para rescatar la caja rota. Pero por mas ligero que de un salto alcanz\u00f3 la chimenea mas a\u00fan las llamas hicieron presa en las fr\u00e1giles maderas consumi\u00e9ndolas como si de papel se tratase. Despu\u00e9s de quemarse las manos intentando rescatar su preciado tesoro sin conseguirlo se revolvi\u00f3 hacia mi con los ojos como carbones al rojo, ascuas enfurecidas deseando devorar todo lo que se pusiese a su alcance. Todos los m\u00fasculos de su cuerpo tensos, dispuestos para la lucha, los rasgos de la cara endurecidos por la determinaci\u00f3n inflexible de vengar tan gran afrenta. Con los dedos convertidos en tenazas de acero toledano me sorprendi\u00f3 hasta el punto de que hizo presa en mi cuello echando espumarajos por la boca y dando alaridos que habr\u00edan helado la sangre al mismo Atila. Sent\u00eda la creciente presi\u00f3n en mi cuello y tuve suerte de que sus pulgares no cayesen sobre mi nuez porque de haber sido as\u00ed no habr\u00eda durado mas que una sardina en un callej\u00f3n de gatos fam\u00e9licos. Mi cuello musculoso resist\u00eda pero su furia prestaba herc\u00faleas fuerzas a sus manos y el aire poco a poco se resist\u00eda a entrar en mis pulmones. Le atic\u00e9 buenos mamporros en todas las partes del cuerpo que pude, ciego de alarma ante la inmediata muerte que se me anunciaba, pero era como si diese los golpes a sacos de grano, ella era inmune a cualquier golpe que yo o el aunque fuese el gigante Gargantua pudiese darle. Recul\u00e9 intentando zafarme de la presa sin \u00e9xito hasta que las fuerzas comenzaron a fallarme y las piernas se me doblaron cayendo hacia atr\u00e1s sobre el fog\u00f3n que se encontraba apagado en ese momento. Me lastimaba la barra del fog\u00f3n donde se colgaban los trapos para que se secasen e intentaba levantarme para defenderme tanto del dolor en las espalda como de la garra de la lun\u00e1tica que quer\u00eda estrangularme por quitarle su mont\u00f3n de astillas. Comenc\u00e9 a bracear intentando encontrar un punto de apoyo para levantarme y entonces fue cuando di con \u00e9l.<br \/>\nLas jodidas circunstancias. A Sally no la echar\u00eda en falta nadie. \u00bfA quien pod\u00eda importarle una pelandusca de tres al cuarto?. Las jodidas circunstancias. Pegando a mi casa viv\u00eda la comadre que asist\u00eda a los partos de la vecindad y en la vecindad viv\u00eda el alguacil de la ciudad. Y ten\u00eda que ser precisamente esa noche cuando tuviese que ponerse de parto la coneja de la mujer del alguacil. La medianer\u00eda de las casas era como la de todas en aquel miserable barrio, de madera que permit\u00edan escuchar hasta los cuchicheos del vecino cuanto m\u00e1s los alaridos de una posesa a la que en medio de la furia mas desatada se la apu\u00f1ala una y otra vez con una faca de veinte cent\u00edmetros de hoja.<br \/>\nIntentando sujetarme con los brazos mi mano derecha tropez\u00f3 con el cuchillo que, sucio a\u00fan, del h\u00edgado de cordero cortado el d\u00eda anterior para hacerme de comer, se encontraba al lado del fog\u00f3n. No me lo pens\u00e9 dos veces. Lo as\u00ed reuniendo todas las fuerzas que a\u00fan me pod\u00edan quedar y comenc\u00e9 a asestar cuchilladas una detr\u00e1s de otra por donde pod\u00eda. A medida que las pu\u00f1aladas se sumaban una a otra, las fuerzas de la tenaza que quer\u00eda ahogarme iba cediendo al tiempo que la sangre de aquella desgraciada me rociaba cara y cuerpo salpic\u00e1ndolo todo alrededor. Yo segu\u00eda asestando golpes con el cuchillo y ella chillaba como un cerdo sacrificado desfalleciendo a medida que la sangre hu\u00eda de su cuerpo hasta que exang\u00fce, afloj\u00f3 del todo la presa del cuello y cayendo sobre mi cuerpo fue resbalando, unt\u00e1ndome a\u00fan mas si cab\u00eda el cuerpo con su sangre, hasta que dio con sus huesos en el suelo en medio de un piso sobre el que era peligroso incluso caminar porque chorreaba sangre resbaladiza y viscosa. Cuando repar\u00e9 en lo que acababa de suceder no pude reprimir las arcadas y vomit\u00e9 encima del cad\u00e1ver. En ese momento, mientras vomitaba sobre Sally, el alguacil irrump\u00eda en la habitaci\u00f3n derribando la puerta alertado por los gritos que hab\u00eda proferido la pobre puta.<br \/>\nNi me hab\u00eda percatado de que conservaba en la mano el cuchillo te\u00f1ido de sangre por completo, pero el cuadro debi\u00f3 ser espeluznante porque la cara de repugnancia y pavor que puso el buen hombre no ten\u00edan parang\u00f3n con nada. Con oficio se repuso al instante y me conmino a soltar el arma. En ese momento me di cuenta de lo que hab\u00eda hecho. Intent\u00e9 deshacerme en explicaciones tirando lejos, con asco, el cuchillo pero&#8230;<br \/>\nLas circunstancias, las jodidas circunstancias. Reo de mi crimen soy conducido ahora al cadalso. Qued\u00f3 demostrado a base de pruebas circunstanciales que yo contrat\u00e9 a la puta y por no querer pagarla una vez que ella se desnud\u00f3, prefer\u00ed matarla antes que pagarla. Seg\u00fan el tribunal solo era un degenerado que habr\u00eda quedado impune de no haber tenido que ir en busca de la comadre el alguacil. R\u00e1pidamente se me asignaron las muertes de todas las putas desde hac\u00eda a\u00f1os. La horca. Si, me la merec\u00eda por imbecil. Por no saber como controlar esas circunstancias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; No se como pudo pasar, nunca fui violento; rudo y varonil, de acuerdo pero iracundo&#8230;, y sin embargo las circunstancias&#8230;, siempre las circunstancias. Me repugna la sangre, su olor, es viscosa y molesta a la vista y sin embargo me tuvo que suceder a mi haci\u00e9ndome incluso perder mi asquerosa vida. 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