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{"id":25,"date":"2005-01-21T23:50:47","date_gmt":"2005-01-21T22:50:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=25"},"modified":"2018-02-04T14:35:26","modified_gmt":"2018-02-04T13:35:26","slug":"1-aroma-a-boj","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=25","title":{"rendered":"1. Aroma a Boj"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F25&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F25&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El bullicio y el alboroto eran el aire que se respiraba d\u00eda a d\u00eda, el olor a boj, a tierra seca, a ariz\u00f3nica, el tintineo de la fuente, el sonido del deslizar del agua por las acequias se entreveraban con las vivencias y el discurrir cotidiano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las ma\u00f1anas estaban llenas de cari\u00f1o, de olores, de actividad y de fantas\u00eda, se despuntaban met\u00f3dicas y al tiempo todas diferentes. Al levantarnos, la luz nos despertaba de modo paulatino y sosegado. Despu\u00e9s, del necesario aseo desayun\u00e1bamos, llegaba un penetrante y entra\u00f1able olor a tostadas que abr\u00eda el apetito, si bien es verdad que tambi\u00e9n ten\u00edamos que beber la leche, alimento que me repugnaba, y me sigue repugnando.<!--more--> No sab\u00eda c\u00f3mo evitarla. En la esperanza que se cansaran de insistirme de la necesidad de ingerir dicho alimento, pon\u00eda todo tipo de inconvenientes. Se me ocurri\u00f3 que prefer\u00eda leche de cabra a la de vaca, que era la que habitualmente los dem\u00e1s tomaban. As\u00ed que, una de las personas que ayudaban en las tareas de la casa habr\u00eda de orde\u00f1ar la cabra y hervir la leche todos los d\u00edas. Ya no habr\u00eda remedio, otra vez hab\u00eda fracasado en mi intento de evitarla, ten\u00eda que beberla. Para beberla gastaba largas horas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez alimentado el cuerpo le tocaba a la mente. Estudi\u00e1bamos unas dos horas diarias, el tiempo necesario para hacer la digesti\u00f3n y por tanto, para poder ba\u00f1arnos en la piscina. En los a\u00f1os sesenta, en Espa\u00f1a, la digesti\u00f3n era sagrada, ni un dedo pod\u00edamos mojarnos hasta que hab\u00edan transcurrido dos horas. Confieso, que siempre me ha gustado estudiar, disfrutaba con todo, la geograf\u00eda, las matem\u00e1ticas, la gram\u00e1tica, la f\u00edsica, etc, todo me divert\u00eda, por lo que la espera no me resultaba pesada, pero\u2026no, no lo olvidemos, despu\u00e9s ven\u00eda la piscina y eso era lo m\u00e1s. La piel arrugada de los dedos, el griter\u00edo, los juegos, las aguadillas se intercalaban con periodos de tiempo tumbada con los ojos cerrados y con la mirada directamente enfocada al sol. La imaginaci\u00f3n se disparaba, con la luz que penetra a trav\u00e9s de los p\u00e1rpados, figuras irregulares y cambiantes iban desfilando ante mis ojos y mi mente. Hab\u00eda una luz mediterr\u00e1nea, azul, caliente, imp\u00e1vida e intensa que inunda los sentidos y que invoca a la paz y a la serenidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A eso de las dos proced\u00edan a intentar sacarnos de la piscina con objeto de ir a comer, ardua labor \u00e9sta para qui\u00e9n lo intentaba, siempre hab\u00eda una estrenada excusa para volver a la piscina. La \u00faltima, de verdad, la \u00faltima, era la frase que m\u00e1s se o\u00eda. Esta \u00faltima hac\u00eda referencia a la \u00faltima vez que nos tir\u00e1bamos de cabeza, a la \u00faltima aguadilla, a la \u00faltima vuelta alrededor de la piscina, a la \u00faltima\u2026..<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La comida era todo un protocolo, en perfecto orden iban circulando las bandejas, el \u201ca m\u00ed esto no me gusta\u201d estaba absolutamente prohibido, era algo que no cruzaba nuestra mente ni por asomo, nos sent\u00e1bamos en posiciones preestablecidas. Te ense\u00f1aban a servirte, a comer con cortes\u00eda y mostrarte correcta en la mesa. Eran unas comidas alegres y vitalidad, quiz\u00e1 sea el t\u00e9rmino que mejor define el universo y la atm\u00f3sfera que all\u00ed respir\u00e1bamos. Se charlaba de todo, con el hablar nervioso, entrecortado y vivificante que tenemos los latinos en nuestra aparentemente desordenada conversaci\u00f3n. Somos capaces de o\u00edr y hablar en paralelo, capacidad \u00e9sta que puede ser interpretada como descortes\u00eda por aquellos que no la tienen, sin darse cuenta que no s\u00f3lo o\u00edmos, sino que de verdad escuchamos. Y la luz, siempre la luz, que anegaba la estancia y entraba, tamizada por las cortinas, hasta las entra\u00f1as del habit\u00e1culo, creando un ambiente realmente m\u00e1gico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegaba la hora de la muy espa\u00f1ola siesta. Siesta que rechazas de peque\u00f1o cuando te obligan a echarla y que con los a\u00f1os, cuando no puedes llevarla a cabo, a\u00f1oras. Eran horas de quietud y placidez, se o\u00eda el silencio, se masticaba la calma, se sent\u00eda la paz. La imaginaci\u00f3n y la fantas\u00eda de nuevo se disparaban, era f\u00e1cil crear. A veces, jug\u00e1bamos en el mirador. En \u00e9l hab\u00eda juguetes antiguos y muy particularmente recuerdo un teatrito de cart\u00f3n en el que invent\u00e1bamos toda suerte de representaciones e historias. Esta hora era para m\u00ed muy propicia para escurrirme, sin reparos, en el mundo de la cosm\u00e9tica. Me escond\u00eda en el cuarto de ba\u00f1o y cog\u00eda las pinturas de mi madre y frente a un espejo me pintarrajeaba la cara que era un gusto. Me encantaba pintarme los labios, se me antojaba bell\u00edsimo y cuanto m\u00e1s de rojo mejor. Obviamente, mi torpeza en el uso de estos \u201ctrastos de matar\u201d hac\u00eda que destrozara los utensilios. Antes de terminar, cuando la tarde empezaba a abrirse paso, ten\u00eda que borrar mi travesura y me despintaba sin, naturalmente, eliminar todas las pistas de mi peque\u00f1o delito. Sal\u00eda del ba\u00f1o y siempre era igual, ya, ya.. ya te has vuelto a pintar, a lo que yo respond\u00eda \u00bfyo?\u2026, yo no, \u00bfqu\u00e9 va?, irremediablemente siempre me pillaban y me ganaba una piadosa rega\u00f1ina, pero hab\u00eda una pulsi\u00f3n irrefrenable que me inclinaba a hacer lo mismo. Justo es decir, en mi descargo, que iba cambiando las pinturas que usaba seg\u00fan diferentes propietarias, un d\u00eda eran las de mi madre, otro las de mi prima, etc, pues, me parec\u00eda, que as\u00ed se las estropeaba menos a cada una de ellas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros veranos, estas horas las cubr\u00edamos con el arte de la pintura y de la m\u00fasica. Unos d\u00edas de la semana pele\u00e1bamos con los pinceles y el \u00f3leo y otros con la clave de sol y el comp\u00e1s de compasillo. Estas clases las recuerdo con nostalgia, ambas disciplinas me transportaban a un rico y apasionante mundo interior en el que so\u00f1aba despierta. Confieso, que mi capacidad para la m\u00fasica nunca ha sido notoria pero la m\u00e9trica del solfeo se me revelaba muy ingeniosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No puedo olvidar, en el relato de estas horas de la tarde, a una mujer entra\u00f1able donde las haya habido, el ama. Fue una persona con una enorme capacidad de amar, de entregarse, de sentir, nos quer\u00eda con locura, estaba hecha con el alma de n\u00e1car y el coraz\u00f3n de oro. En su casa correte\u00e1bamos, en su casa, a la fresca, pas\u00e1bamos muchas tardes en la que el tiempo quedaba como suspendido en la gloria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alrededor de las siete de la tarde nos \u201caviaban\u201d y nos vest\u00edan con el traje de paseo, eso s\u00ed, para estar con las mismas personas con las que hab\u00edamos transcurrido el d\u00eda. La algarab\u00eda renac\u00eda de nuevo con el juego del escondite o el de las prendas. Algunas veces \u00edbamos al cine, era un cine de pueblo, el edificio era bonito, ten\u00eda incluso palcos, era un cine donde los asientos eran lo m\u00e1s parecido a un potro de tortura y la calidad de las pel\u00edculas dejaban mucho que desear. A la hora de la cena el socorrido y sano hervido valenciano nos sol\u00eda caer. Cena que deglut\u00edamos con celeridad para volver a salir disparados a jugar, como si ya no hubi\u00e9ramos tenido bastante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerdo con especial cari\u00f1o las tormentas de verano. Para m\u00ed esas tormentas son un espect\u00e1culo, grandioso y majestuoso. Es un bell\u00edsimo espect\u00e1culo de sonido y luz. All\u00ed el cielo se pone plomizo en pocos minutos, la electricidad se palpa, est\u00e1 suspendida y gravita en el ambiente. Huele a tormenta. Comienza esa m\u00fasica entre tenebrosa, solemne y regia que producen los truenos, obviamente acompa\u00f1ados del relampagueo que a su vez nos garantiza una exhibici\u00f3n de color. El cielo se abre como si nunca fuera a dejar de llover, a modo de gota fr\u00eda. Es un espect\u00e1culo que nos muestra en toda su plenitud nuestra peque\u00f1ez, nuestra indefensi\u00f3n, nuestra exig\u00fcidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ocurr\u00eda que indefectible y matem\u00e1ticamente, cuando hab\u00eda una tormenta hab\u00eda un apag\u00f3n. De noche y sin luz en la casa grande se encend\u00edan las velas. Velas de cera de abeja, que no de parafina, con su peculiar y profundo aroma. Los ni\u00f1os aprovech\u00e1bamos el ilusorio anonimato para deslizarnos sobre el suelo encerado del vest\u00edbulo. Generalmente, esto nos tra\u00eda una bronquilla pero nos val\u00eda la pena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para apaciguar y entretener a las fieras era muy frecuente que durante el apag\u00f3n, a veces muy largo, mi madre tocara el piano. Un piano que sonaba en la oscuridad, a la luz de las velas, en una casa con decoraci\u00f3n de mediados del siglo XX produc\u00eda un ambiente fascinante, sobrecogedor que embriaga, encoge y magnifica el \u00e1nimo al mismo tiempo. Recuerdo, en especial, un d\u00eda en que esas circunstancias mi madre comenz\u00f3 a tocar los \u00faltimos de Filipinas, a\u00fan en mi memoria vibra el piano con un sonido rotundo y mel\u00f3dico a la vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y todo esto transcurr\u00eda en los Parrales, en un lugar de casi la Mancha de cuyo nombre si quiero y deseo acordarme. En un lugar d\u00f3nde lo mediterr\u00e1neo y lo manchego se funde, donde la ma\u00f1ana nace con frescura en el olfato y calor en la piel. En un lugar d\u00f3nde el olor a geranios, pinos y azucenas me trae a la memoria mi ni\u00f1ez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este relato es muy corto como para trasladar sobre el papel a todas las personas que han estado muy presentes en mi infancia y en mi vida y que a\u00fan hoy siguen estando presentes. Sin embargo, se hace imprescindible hablar del \u201calma mater\u201d de esa finca, de los Parrales. Esa persona fue muy abuela. La llam\u00e1bamos la abuelita. Era austera en su comportamiento y en su vida, con una mirada que reflejaba una enorme dignidad, una mujer culta, sobria, nada zalamera y sin embargo enormemente generosa, muy inteligente y aguda, en definitiva fue una persona de cuerpo entero, que merecer\u00eda para s\u00ed sola un relato de estas caracter\u00edsticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan hoy, el aroma a boj me evoca todas estas sensaciones, todas estas historias, todas estas vivencias. A\u00fan hoy, el aroma de boj me transporta a un tiempo ya lejano, hermoso y bello.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; El bullicio y el alboroto eran el aire que se respiraba d\u00eda a d\u00eda, el olor a boj, a tierra seca, a ariz\u00f3nica, el tintineo de la fuente, el sonido del deslizar del agua por las acequias se entreveraban con las vivencias y el discurrir cotidiano. 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