{"id":153,"date":"2005-03-03T15:00:21","date_gmt":"2005-03-03T14:00:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=153"},"modified":"2018-02-09T01:53:35","modified_gmt":"2018-02-09T00:53:35","slug":"112-en-la-penumbra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=153","title":{"rendered":"112. En la penumbra"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F153&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F153&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: right;\">A Margarita Rivas, porque cree en m\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Abri\u00f3 los ojos y s\u00f3lo pudo distinguir un t\u00fanel negro sin final. Se qued\u00f3 inm\u00f3vil sin atreverse a cambiar de posici\u00f3n, como cuando uno se despierta en medio de una pesadilla. Tard\u00f3 algunos instantes en descubrir que aquella oscuridad no escapaba de su cerebro.<!--more--> Cuando empez\u00f3 a situarse percibi\u00f3 aquel olor ajeno, y sin embargo conocido, que lo impregnaba todo. Sinti\u00f3 un aliento c\u00e1lido sobre su cuello y se apart\u00f3 para evitarlo. Una sensaci\u00f3n de ardor se qued\u00f3 pegada a su garganta. El silencio era tan denso que la ahogaba. Decidi\u00f3 entonces concentrar su atenci\u00f3n en la b\u00fasqueda de alg\u00fan ruido que lo espantara y de este modo pudo percibir una respiraci\u00f3n acompasada, el ligero roce de las s\u00e1banas y, sobre todo ello, el latido acelerado de su coraz\u00f3n. Gir\u00f3 la vista a la derecha y ya pudo distinguir en la penumbra, un bulto sin formas que descansaba a su lado. El bulto cambi\u00f3 de postura y al hacerlo su mano la roz\u00f3. Sinti\u00f3 un escalofr\u00edo y apret\u00f3 con fuerza la s\u00e1bana. El tacto sedoso la devolvi\u00f3 el recuerdo de unos dedos queridos recorriendo su cuerpo, entonces desapareci\u00f3 la tensi\u00f3n de su contacto. Not\u00f3 fr\u00edo y se arrebuj\u00f3 entre las mantas. El calor pr\u00f3ximo de un cuerpo la envolvi\u00f3. Apret\u00f3 los p\u00e1rpados y se abandon\u00f3, creyendo que en esta situaci\u00f3n, el abandono tambi\u00e9n la servir\u00eda de ayuda. Cuando los p\u00e1rpados empezaron a dolerle afloj\u00f3 la presi\u00f3n, encogi\u00f3 las piernas acerc\u00e1ndoselas al pecho y se las abraz\u00f3.<br \/>\nEl crujido de las tablas del parqu\u00e9 la hicieron pensar que el amanecer estaba pr\u00f3ximo. Hac\u00eda rato que hab\u00eda pasado el cami\u00f3n de la basura y ahora los barrenderos regaban la calle, esparciendo con sus mangueras un sonido de lluvia. Abri\u00f3 con dificultad los ojos, parec\u00eda como si un peso descomunal luchara por manten\u00e9rselos cerrados. La oscuridad iba disminuyendo y en las paredes se dibujaban sombras, fantasmas imaginarios que ocupaban sin reparo los rincones de la alcoba. Se incorpor\u00f3 sobre su codo izquierdo y observ\u00f3 en silencio al hombre que dorm\u00eda a su lado. Su rostro, aun en brazos del sue\u00f1o, conservaba las aristas habituales. No ten\u00eda ni un m\u00fasculo relajado. Arrugas y pliegues permanec\u00edan adheridos a su piel sin darle ni un momento de descanso. Pens\u00f3 que por mucho que le observara jam\u00e1s lograr\u00eda comprenderle. Su mundo interior era una fortaleza inexpugnable y \u00e9l se la hab\u00eda vedado, como tantas otras cosas en su relaci\u00f3n.<br \/>\nUna ventana cercana se ilumin\u00f3 y arroj\u00f3 un cuchillo de luz sobre la cama, se qued\u00f3 unos instantes sobre su frente fruncida y desapareci\u00f3. La oscuridad, m\u00e1s intensa que la anterior, volvi\u00f3 a cubrirlo todo. Esper\u00f3. Tras unos minutos los jirones de tinieblas se fueron disolviendo y una claridad grisacea los sustituy\u00f3. Le examin\u00f3 de nuevo, esta vez sin recato, aprovechando que sus ojos no pod\u00edan levantar una barrera que lo protegiese de su mirada; aprovechando que ning\u00fan gesto fingido o estudiado crear\u00eda una falsa complicidad entre los dos. \u00c9l se agit\u00f3 y ella contuvo la respiraci\u00f3n. Cuando comprob\u00f3 que segu\u00eda dormido, se relaj\u00f3.<br \/>\nLas sombras de la habitaci\u00f3n iban desapareciendo tan despacio que apenas se pod\u00eda percibir el cambio. S\u00f3lo cuando los bordes de los cuadros, que hab\u00edan permanecido confundidos con la pared, mostraban sus perfiles, se advert\u00eda el avance del tiempo. Al crecer la luz empez\u00f3 a distinguir cosas que antes no ve\u00eda. La ropa de \u00e9l, impecablemente colocada sobre la silla: la chaqueta en el respaldo, los pantalones extendidos sobre el asiento, los zapatos, perfectamente alineados, debajo. Aun en los peores momentos conservaba su perfeccionismo. Volvi\u00f3 a mirarle. Ahora pod\u00eda distinguir con m\u00e1s nitidez hasta el color de su piel. Advirti\u00f3 que ten\u00eda unas leves gotas de sudor en la sien. Hab\u00eda cambiado de posici\u00f3n, estaba de perfil y le daba la espalda en una postura que se hab\u00eda convertido en habitual en los \u00faltimos tiempos. Respiraba agitadamente, pero no le despert\u00f3 como hac\u00eda antes para espantar la pesadilla de su sue\u00f1o. Se aproxim\u00f3 m\u00e1s y pudo comprobar que sus pu\u00f1os estaban apretados. Volvi\u00f3 a moverse y qued\u00f3 bocarriba, exponiendo todos sus gestos a su mirada. La expresi\u00f3n crispada que ten\u00eda su rostro le devolvi\u00f3 un recuerdo amargo.<br \/>\nLa luz iba aumentando. Sobre la mesilla descansaba el libro que \u00e9l hab\u00eda estado leyendo la noche antes: Mientras agonizo. Le pareci\u00f3 significativo. Una tarjeta sobresal\u00eda de su borde superior marcando el lugar en el que el sue\u00f1o hab\u00eda sustituido a la lectura. Volvi\u00f3 a concentrarse en el hombre que descansaba a su lado. El pelo le ca\u00eda desordenadamente sobre la frente. Sinti\u00f3 un instante de ternura y dese\u00f3 coloc\u00e1rselo. Nunca le hab\u00eda gustado que le sorprendieran despeinado, ni siquiera ella. Esa era otra de sus man\u00edas, como el no dejar propina o convertir los d\u00edas en un ritual minucioso que nunca trastocaba.<br \/>\nEn la calle el tr\u00e1fico hab\u00eda ido aumentando y llegaba hasta sus o\u00eddos un sonido de motores. Alguien tir\u00f3 de la cisterna en el piso superior y a continuaci\u00f3n se escuch\u00f3 un ruido de agua. Sinti\u00f3 un escalofr\u00edo. Su mente se llen\u00f3 de oc\u00e9anos inmensos y de tardes de lluvia tras los cristales. Se pregunt\u00f3 c\u00f3mo ser\u00eda la pr\u00f3xima noche y c\u00f3mo el pr\u00f3ximo amanecer. Se imagin\u00f3 sola en el centro de la cama y se vio peque\u00f1a, perdida entre tanta dimensi\u00f3n. Pens\u00f3 si todav\u00eda podr\u00eda hacer algo para evitarlo, pero se apart\u00f3 un mech\u00f3n de pelo imaginario, apartando al mismo tiempo un pensamiento absurdo. Cuando se quiso dar cuenta, el d\u00eda se hab\u00eda asomado con fuerza por las esquinas del cuarto. Mir\u00f3 a su lado y en su mirada se dibuj\u00f3 una profunda tristeza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A Margarita Rivas, porque cree en m\u00ed. &nbsp; Abri\u00f3 los ojos y s\u00f3lo pudo distinguir un t\u00fanel negro sin final. Se qued\u00f3 inm\u00f3vil sin atreverse a cambiar de posici\u00f3n, como cuando uno se despierta en medio de una pesadilla. 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