{"id":151,"date":"2005-03-03T12:16:02","date_gmt":"2005-03-03T11:16:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=151"},"modified":"2018-02-09T20:02:41","modified_gmt":"2018-02-09T19:02:41","slug":"110-y-desde-entonces-su-odio-duraria-eternamente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=151","title":{"rendered":"110.Y desde entonces, su odio durar\u00eda eternamente"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F151&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F151&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">De peque\u00f1ito, cuando los ni\u00f1os a quienes consideraba mis amigos se zarandeaban entre ellos y las ni\u00f1as se susurraban secretos al o\u00eddo, yo ya sab\u00eda lo que quer\u00eda ser de mayor: un escritor fracasado.<!--more--><br \/>\nSentado en el poyo kilom\u00e9trico que hab\u00eda a la entrada de mi colegio, me ve\u00eda criticando a los grandes autores, que con su prosa conmover\u00edan a los exquisitos lectores del futuro; dando voces en una sala de apuesta l\u00fagubre y concurrida, pregonando la calidad de mis decepcionantes escritos entre jugadores de cartas y bebedores para olvidar empedernidos.<br \/>\nUn d\u00eda, entre tanto pensamiento a boca abierta y babeante, al punto de llegar al \u00e9xtasis al ver mi futuro realizado, un cami\u00f3n de \u201cLa Zamorana\u201d se sali\u00f3 de la calzada, empotr\u00e1ndome contra la verja del colegio otrora verde, ti\u00f1\u00e9ndola de rojo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por aquel entonces, y cuando yo no me entusiasmaba en cuentos de lechera, frecuentaba la compa\u00f1\u00eda de Feliciano, un ni\u00f1o superdotado que, al contrario de vuestro humilde narrador, contaba sus horas por desgracias y nunca ve\u00eda el momento de sonre\u00edr, pues cre\u00eda que su futuro no merec\u00eda tal recibimiento.<br \/>\nDe familia acomodada en la Granada de aquellos tiempos, Feliciano obtuvo un ascenso mete\u00f3rico en casi todos los \u00e1mbitos de su vida. Despu\u00e9s de pasar por los mejores colegios y las atenciones de los m\u00e1s selectos profesores privados, logr\u00f3 un doctorado en Medicina con la mejor nota de su promoci\u00f3n, obteniendo un trabajo con un sueldo sustancioso en el Hospital Nuestra Se\u00f1ora de la Paz, en Madrid. Pero nada de esto consegu\u00eda alejar los funestos pensamientos de la cabeza del talentoso Feliciano, por lo que \u00e9ste volvi\u00f3 a su tierra, desencantado de sus propias haza\u00f1as.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquel d\u00eda Feliciano se pas\u00f3 de largo en su ruta habitual, que llevaba realizando desde que volvi\u00f3 a Granada. Desde la mansi\u00f3n paterna, deb\u00eda ir al Caf\u00e9 del Norte, para all\u00ed encontrarse con Consuelo, con la que ir\u00eda charlando distendidamente hasta llegar al hospital. Pero aquella ma\u00f1ana, furtivos pensamientos de felicidad le acosaban como punzadas en la cabeza fruto de una pasada noche de lectura, en la que pudo v\u00e9rsele sonre\u00edr acompa\u00f1ado de un autor tan sencillo y tierno como era Herman Hesse, Y con ellos, perdi\u00f3 el rumbo de su trazado y se encontr\u00f3 frente a un caf\u00e9 que jam\u00e1s hab\u00eda visto antes. Poco amigo de las novedades, se dispuso a darse la vuelta y volver a su punto de destino cuando, por azar, una bicicleta despiadada le empuj\u00f3 al interior del porche que conduc\u00eda al interior del local. Refunfu\u00f1ando, se levant\u00f3 del golpetazo y, por no volverse a mirar qui\u00e9n hab\u00eda sido el desgraciado atacante, entr\u00f3 a relajarse unos minutos. Quiz\u00e1 su alegr\u00eda hubiera mermado considerablemente, pues era de \u00e1nimo irascible, pero el descanso le sentar\u00eda bien, sin duda.<br \/>\nEl caf\u00e9 era de esos en los que respiras un aroma de cerveza y az\u00facar, agradable y c\u00e1lido, tan familiar para Feliciano que olvid\u00f3 de inmediato su accidente y se dej\u00f3 cautivar por el recogimiento que le ofrec\u00eda la peque\u00f1a estancia. Avanzando hacia la barra, contempl\u00f3 las paredes de madera con hiedras retorcidas en alambres, largos que colgaban de las luces y barricas, vac\u00edas en los suelos, el silencio. Como un gato dormido que maullara, ronroneo de dulzura entre sus sue\u00f1os.<br \/>\n&#8211; Un caf\u00e9 con leche, por favor.- y a su lado una figura le mir\u00f3 inquisitivamente. Llevaba una chaqueta blanca, sobria, elegante. Su falda, que apenas le llegaba hasta las rodillas, dejaba vislumbrar unas piernas hermosas, juveniles; las de la mujer que ahora le estaba mirando a los ojos.<br \/>\n&#8211; Disculpe usted. No pude evitar fijarme en ciertas partes de su cuerpo serrano; mas me disculpo y certifico que pese a algunos deslices propiciados por mi condici\u00f3n masculina, no acostumbro ni me place tomar a las mujeres en referencia ajena a su condici\u00f3n humana.<br \/>\nPese a su cuidada dial\u00e9ctica, Feliciano esperaba como fruto de su discurso una ruidosa bofetada; a lo mejor un simple gesto de rechazo; a lo peor un espect\u00e1culo que incluyese en el reparto a los propios camareros y clientes. Pero no fue as\u00ed. La mujer sonri\u00f3 y, levantando delicadamente su falda, mostr\u00f3 a su refinado orador una porci\u00f3n m\u00e1s grande y sustanciosa de sus jugosas jambas. Su sonrisa, cargada de malicia, desconcertaba a Feliciano. Pese a ello, Sabine guardaba tras su faz ang\u00e9lica perversa una cierta reserva, una curiosidad insaciable y juguetona que hac\u00eda que un clima de rocas desnudas, con su sentimiento a flor de piel, envolviese la atm\u00f3sfera, que palidec\u00eda por momentos. La luz se fue gradualmente, hasta convertirse en un halo casi imperceptible. Tras un eterno minuto de silencio, una voz clara surgi\u00f3 de entre las sombras.<br \/>\n&#8211; Otro caf\u00e9 con leche, por favor.<br \/>\n&#8211; Si me disculpa, se\u00f1orita, ser\u00e9 yo quien le pague ese caf\u00e9.<br \/>\n&#8211; Enchant\u00e9. \u2013 Aquella voz francesa conmovi\u00f3 profundamente a Feliciano.<br \/>\nEl delicado gesto de la joven le hab\u00eda dejado o\u00edr su voz por primera vez, de tan bals\u00e1mica y melodiosa factura que fue la \u00faltima ocasi\u00f3n en que Feliciano oy\u00f3 los gritos roncos de su esp\u00edritu encerrado.<br \/>\n-Hace unos minutos me lamentaba por mi suerte. \u2013 Mi amigo sorbi\u00f3 con delicadeza el caf\u00e9 y mir\u00f3 con sus grandes ojos de gato a Sabine, pregunt\u00e1ndose de qu\u00e9 estaba hecha esa mujer que pod\u00eda hacer latir su coraz\u00f3n de tal manera. Feliciano nunca hab\u00eda amado a nadie. Sus estudios, su mentalidad enfrascada en el pesimismo hora tras hora, d\u00eda tras d\u00eda, no le hab\u00edan permitido dedicarse demasiado a las mujeres, y en las pocas ocasiones en que lo hab\u00eda hecho, pese a su \u00e9xito a la hora de flirtear con la chica a la que parec\u00eda ser capaz de amar, se cansaba tan r\u00e1pidamente de ella que apenas hab\u00edan disfrutado los amantes de un par de noches de grata compa\u00f1\u00eda, dejaba a la mujer con una llamada telef\u00f3nica de buena ma\u00f1ana, en la que ya mientras hablaba su pensamiento volv\u00eda fren\u00e9ticamente a hundirse en un nihilismo exacerbado.<br \/>\n&#8211; Pero debo reconocer que me siento cautivado por sus maneras, y no hubiera deseado otra cosa que encontrarme en esta situaci\u00f3n junto a su magn\u00edfica presencia.- Feliciano hizo una pausa para beber otro sorbo de su caf\u00e9 mientras Sabine le escuchaba, divertida. &#8211; Debo advertirle que soy hombre dif\u00edcil, de dudosa galanter\u00eda y \u00e1nimo funesto.- titube\u00f3.- S\u00ed, eso soy. Normalmente.- y un coraje inusitado le subi\u00f3 de entre las piernas y le baj\u00f3 del coraz\u00f3n. &#8211; Pero hoy no, se\u00f1ora m\u00eda.-<br \/>\nApur\u00f3 su caf\u00e9 de un trago, y se acerc\u00f3 a la joven, que no paraba de mirarle con los p\u00e1rpados cada vez m\u00e1s cerrados, como llevados por un viento que Feliciano levantaba con cada una de sus palabras.<br \/>\n&#8211; Me llamo Sabine.- El hombre sonri\u00f3 y despu\u00e9s de presentarse comenz\u00f3 a hablarle con toda franqueza, como si ambos se hubieran conocido hac\u00eda a\u00f1os. Le relataba las historias de sus tristes a\u00f1os en Madrid, que \u00e9l recordaba como una ciudad sombr\u00eda y muerta, carente de sentimiento, de alegr\u00eda. Sus palabras eran como barcos a la deriva, buscando no encontrar nada sino su liberaci\u00f3n definitiva.<br \/>\nEn las horas que dur\u00f3 su amor, Feliciano pudo ser feliz por un instante.<br \/>\nSabine le contaba a Feliciano, embelesado, c\u00f3mo su fortuna desgraciada la hab\u00eda llevado hasta Granada, condenada desde peque\u00f1a por mover objetos con los ojos y darle vida a las piedras y a las canicas con s\u00f3lo tocarlas. Sabine ten\u00eda un don, un poder maravilloso que, sin embargo, le cost\u00f3 el abandono de sus padres y la adopci\u00f3n de una familia a la que nunca quiso. La familia march\u00f3 a vivir a Espa\u00f1a despu\u00e9s de que su padre adoptivo, un cargo del gobierno, fuera objeto de amenazas populares tras un oscuro esc\u00e1ndalo financiero. Feliciano escuch\u00f3 la divertida pero melanc\u00f3lica historia de cuando Sabine dio vida a las piedras del r\u00edo en el que se ba\u00f1aban las ni\u00f1as del colegio de monjas al que acud\u00eda, saliendo del agua las piedras bailando, con el posterior caos de las monjas corriendo de ac\u00e1 para all\u00e1, y los ni\u00f1os gritando y huyendo despavoridos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era ya la una del mediod\u00eda, y el caf\u00e9 se dispon\u00eda a cerrar sus puertas. La pareja, a punto de llorar de la emoci\u00f3n, sostuvo un silencio en el que todo se entend\u00eda. Sus palabras, que se cruzaban entre miradas, les hablaban de un amor profundo y violento, el primer y el \u00faltimo desvelo. Se cogieron de las manos y Feliciano abri\u00f3 su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>-No aguanto m\u00e1s&#8230; Ser\u00eda un error no confesarte que te amo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y en el momento en el que Sabine se acerc\u00f3 y bes\u00f3 sus labios, sucedi\u00f3 algo terrible. El beso fue eterno. Mi pobre amigo, que ten\u00eda sus manos en la espalda de la joven, not\u00f3 como su tacto se tornaba intangible, y fue testigo de c\u00f3mo Sabine, que le dedic\u00f3 una \u00faltima mirada de tristeza, se desvanec\u00eda entre sus brazos.<br \/>\nY all\u00ed qued\u00f3 el pobre Feliciano, vac\u00edo de amor, de verbos y recuerdos, musitando el nombre de Sabine contra el suelo. Arrodillado, sus l\u00e1grimas ca\u00edan en la madera opaca, como un r\u00edo de vida que escapaba hacia los mares&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ah\u00ed fue cuando me atus\u00e9 el bigote y arregl\u00e9 el cuello de mi impecable camisa para disponerme a entrar en el caf\u00e9. Me sent\u00ed de nuevo realizado, verdugo de mi vida y de la suya; Feliciano siempre quiso tener este final. Abr\u00ed la puerta y vi al destino enfrente m\u00edo. El desdichado levant\u00f3 lentamente su cabeza, ahogada entre las aguas tan brillantes que pend\u00edan de sus ojos.<br \/>\nAnte su at\u00f3nita expresi\u00f3n, le dije sonriendo, poco a poco:<\/p>\n<p>&#8211; No esperes m\u00e1s, amigo m\u00edo: ya est\u00e1s muerto.<\/p>\n<p>Y desde entonces su odio durar\u00eda eternamente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De peque\u00f1ito, cuando los ni\u00f1os a quienes consideraba mis amigos se zarandeaban entre ellos y las ni\u00f1as se susurraban secretos al o\u00eddo, yo ya sab\u00eda lo que quer\u00eda ser de mayor: un escritor fracasado.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-151","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relato"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/151","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=151"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/151\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":474,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/151\/revisions\/474"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=151"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=151"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=151"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}