{"id":149,"date":"2005-03-02T11:58:36","date_gmt":"2005-03-02T10:58:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=149"},"modified":"2018-02-09T20:09:22","modified_gmt":"2018-02-09T19:09:22","slug":"108-para-salvarte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=149","title":{"rendered":"108. Para Salvarte"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F149&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F149&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p>Esclerosis m\u00faltiple. Blasfem\u00f3 en voz baja y sin mirar al cielo. No llor\u00f3 ni apret\u00f3 los pu\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esclerosis, degeneraci\u00f3n irreversible. M\u00faltiple, sin escapatoria. Poco a poco el cuerpo se independiza de la mente hacia el desorden. Al final, una asimetr\u00eda de piernas y de brazos y de bocas y de gestos: el descontrol.<!--more--><br \/>\nTodas las explicaciones que el m\u00e9dico acababa de darle &#8211; tan did\u00e1cticas, como si hablaran de otro &#8211; ya las hab\u00eda le\u00eddo antes. Dentro de cinco a\u00f1os, quiz\u00e1s, un tratamiento para mermar un poco el caos. Quiz\u00e1s. El efecto ser\u00eda v\u00e1lido en personas menores de cuarenta a\u00f1os. \u00c9l ten\u00eda entonces cuarenta y tres.<br \/>\nCuarenta y tres a\u00f1os.<br \/>\nYa m\u00e1s de ocho con Laura.<br \/>\nCon Laura.<br \/>\nIrrumpes en mi vida una noche al final de un verano. Te acuerdas. Irrumpes. Los dos recordamos el nombre de la estaci\u00f3n de trenes de la ciudad y el n\u00famero del and\u00e9n, y el \u00e1ngulo recto de las manecillas, a norte y este, flechas enemistadas, en un reloj cariado, cara boba de luna sint\u00e9tica. Las tres en punto de la ma\u00f1ana. Eres la primera que abre la puerta, el tren tambale\u00e1ndose a\u00fan tras la frenada, la primera en bajar las escaleras, \u00e1gil, a pesar del enorme malet\u00f3n -\u00bfde d\u00f3nde vienes?-, sonriente, despeinada, n\u00fabil. Los dos nos miramos, serenos -t\u00fa luchando con tu pesado equipaje, yo quem\u00e1ndome los dedos con la pava del cigarro-, y ya sabemos que desde ese momento todo lo anterior es pasado.<br \/>\nEnredado en el crucigrama de tu chaquet\u00f3n a cuadros, busco una excusa para aproximarme a ti, y me encuentro con tu cara tan cerca, con tus ojos de cobre y tus labios sin prisa preguntando la hora. A m\u00ed.<br \/>\nNo me sorprendo de encontrarte porque te espero. Simplemente agradezco la voz sensual de la locutora que acaba de anunciar la llegada de tu tren &#8211; su frase resuelve la ecuaci\u00f3n de mi existencia-, y, aunque a\u00fan no te conozco, ligo tu olor &#8211; perfume desde entonces &#8211; con el de todas las estaciones de trenes del mundo.<br \/>\nDesde que se vieron, supieron, todo lo anterior era pasado. Y se borraron del mundo reciente \u2013 remoto, de repente -, para refugiarse en un universo reci\u00e9n inventado, \u00edntimo y excluyente; necesario, inevitable.<br \/>\nAl principio nos escrib\u00edamos cartas, postales y poemas. Nunca qued\u00e1bamos con nadie. Pocas veces habl\u00e1bamos de la tesina que entonces me ocupaba, casi nunca de tus ex\u00e1menes de final de carrera. Nuestros temas favoritos eran la literatura y el silencio. Clandestinos y felices, beb\u00edamos vino tinto sentados en la cama de tu habitaci\u00f3n, permitiendo s\u00f3lo la presencia de John Coltrane en nuestras vidas. Nos d\u00e1bamos masajes con aceite de almendras y luego nos resbal\u00e1bamos uno contra otro, prescindiendo de la inconveniencia de las palabras.<br \/>\nAlguna vez t\u00fa quer\u00edas mirar al cielo. Yo no me negaba, pero prefer\u00eda el delicado universo de tu mirada, el verde oscuro de tus ojos eviternos.<br \/>\nBusc\u00e1bamos la penumbra de los cines, los crep\u00fasculos de los parques, la decadencia tibia de los portales. Nos am\u00e1bamos. Siempre evit\u00e1bamos hablar del futuro.<br \/>\nRecuerda ahora el primer d\u00eda, la primera noche, con Laura, pero la resume, como otras veces, en aquella foto en blanco y negro: la playa gris y vac\u00eda, Laura corriendo hacia \u00e9l, el pelo enredado al viento, sonriendo y empezando ya el abrazo.<br \/>\nPuesta de sol en la playa oscura y desierta del norte; t\u00fa paseas desnuda por la orilla del mar, y al percatarte de que te tengo encuadrada para la foto, niegas con los brazos pero r\u00edes, te dispones a venir hacia m\u00ed para quitarme la c\u00e1mara, gritas algo que no oigo o no recuerdo; entonces yo disparo. As\u00ed te tengo ahora en el recuerdo, bella, desnuda y sonriente.<br \/>\nOcho a\u00f1os.<br \/>\nOcho a\u00f1os con Laura.<br \/>\nRecuerda aquel viaje. No llegamos a Galicia. Seducidos por Asturias, all\u00ed nos quedamos todo el tiempo, acampados en la playa de Barayo, dej\u00e1ndonos acariciar los cuerpos por el sol, la brisa y nuestros dedos, esperando las noches para amarnos, gozosos y clandestinos en aquel zulo de labios, piernas, lenguas y besos, con el mar de fondo, de invitado celoso a la org\u00eda de nuestros muslos, de nuestros brazos, de nuestros cuellos.<br \/>\nLaura. Esclerosis m\u00faltiple. Y siento m\u00e1s tu vida que mi muerte.<br \/>\nSentada en la misma terraza, cerca de m\u00ed, una chica muy joven me observa, me sonr\u00ede con la mirada, casi me saluda. No la conozco. Quiz\u00e1s haya encontrado alg\u00fan atractivo en el gesto de la muerte en mi cara.<br \/>\nOcho a\u00f1os. Laura, la serenidad que proporciona la seguridad fr\u00e1gil del que ya siempre se siente para ella.<br \/>\nLaura: prolongaci\u00f3n imprescindible de m\u00ed mismo.<br \/>\nHoy se siente peor que ayer. Quiz\u00e1 s\u00f3lo sea una concentraci\u00f3n de recelos acumulados que se espesan en una misma hora, con tal densidad, que solidifican en profunda amargura, en dolor.<br \/>\nNo se pregunta si quiere llorar.<br \/>\nQuiere no pensar en nada. Tumbarse en la cama, huir, dormirse, desaparecer.<br \/>\nLlueve.<br \/>\nLlueve. Es s\u00e1bado por la tarde. Vuelves a casa chorreante y content\u00edsima. Te han dado un papel en La cantante calva de Ionesco. Te seco el pelo con una toalla. No paras de hablar, apasionada y risue\u00f1a. Est\u00e1s feliz. Y yo de verte as\u00ed. Te quito la ropa. Te desabrocho los botones de la camisa; el sujetador, tambi\u00e9n empapado, se pega a tus pechos y resalta los pezones oscuros. El vecino toca con su viol\u00edn Las cuatro estaciones. La habitaci\u00f3n est\u00e1 en penumbra. Yo tambi\u00e9n me desnudo. Te abrazo por detr\u00e1s y mi pecho calienta y seca tu espalda fr\u00eda y h\u00fameda. Tus senos caben en mis manos. Entusiasmada, contin\u00faas con tu verbo incontinente, Ionesco, Beckett, el teatro del absurdo. Yo te sigo, divertido y excitado. Deslizo mis labios por el tobog\u00e1n de tu cuello hasta el hombro. Y all\u00ed me quedo un rato, haci\u00e9ndote cosquillas con la lengua, frot\u00e1ndome contigo cuerpo a cuerpo, certificando el rumor de tus latidos que mido sin n\u00fameros con las yemas de mis dedos. Baja f\u00e1cil la cremallera de la falda. Te tumbo en la cama. Tus labios saben a lluvia o a tormenta. Te huelo desnuda, sin tocarte y sin prisa, las caderas, el vientre, los muslos por dentro. Se apaga el viol\u00edn. Nos besamos.<br \/>\nEsclerosis m\u00faltiple.<br \/>\nRecuerda. Recuerdas: Una vez te dije \u201ca veces tus muslos tiemblan como el segundero de un reloj descompasado\u201d. Eso te dije, \u201ca veces tus muslos tiemblan\u201d. Ahora mis manos tambi\u00e9n a veces tiemblan, provocando una ira sin norma de ondas diminutas.<br \/>\nAhora mis manos tiemblan.<br \/>\nUrdi\u00f3 f\u00e1cil el plan, necesario y cruel. Lo ejecut\u00f3 maquinalmente, fatal, sin fisuras, con la rabia y la resignaci\u00f3n que a veces nos provoca lo inevitable. Salidas nocturnas, llamadas telef\u00f3nicas fingidas, preguntas sin respuestas. Cartas o fotos antiguas rescatadas y aireadas. Si Laura lloraba, \u00e9l miraba a trav\u00e9s de ella, como ido, siempre evitando sus ojos, la dulzura fatal de sus ojos; para poder seguir, para no contagiarle su verdad ni su angustia y salvarla de s\u00ed mismo, de su destino indeseable.<br \/>\nDoloroso teatro.<br \/>\nA sus caricias tiernas y desesperadas respond\u00eda con urgencias humillantes de perro en celo; a sus labios, con silencios; sin abrazos y sin besos. Quieres que me vaya, afirmaba o preguntaba ella. La \u00faltima vez, con la maleta hecha. No s\u00e9, contest\u00f3, o, Da igual, o no dijo nada. Se call\u00f3. Sin l\u00e1grimas. S\u00f3lo \u00e9l sab\u00eda: el silencio era la ternura. Cuando son\u00f3 la puerta \u2013\u201cy puertas y ventanas cierra el viento, con las llaves por dentro\u201d-, ya no pudo m\u00e1s: Se oy\u00f3, para nadie, para nada, no, Laura, qu\u00e9date.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego la soledad. El traslado de ciudad. La anarqu\u00eda de las manos y la cara desencajada. El hospital, la residencia, la compra de ternuras y compasi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquella enfermera se parec\u00eda tanto a Laura.<br \/>\nUn d\u00eda, mientras ella le cortaba las u\u00f1as, le puso como pudo en el bolsillo de la bata blanca la carta que tanto esfuerzo le hab\u00eda costado escribir. Empezaba as\u00ed:<br \/>\n\u201cEsclerosis m\u00faltiple. Blasfem\u00f3 en voz baja y sin mirar al cielo. 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