{"id":145,"date":"2005-03-01T21:34:01","date_gmt":"2005-03-01T20:34:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=145"},"modified":"2018-02-09T20:27:00","modified_gmt":"2018-02-09T19:27:00","slug":"105-libros-vivos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=145","title":{"rendered":"105. Libros vivos"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F145&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F145&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: right;\"><em>Y el verbo se hizo carne<\/em><br \/>\n<em> y vivi\u00f3 entre nosotros<\/em><br \/>\n<em> Juan 1:14<\/em><br \/>\n<em> La vida era la luz de toda la gente<\/em><br \/>\n<em> Juan 1:4<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un sordo estertor de libros fue lo primero que Ana y Carlos escucharon al abrir la puerta de su casa tras unas largas vacaciones.<!--more--> Encendieron r\u00e1pidamente la l\u00e1mpara de la entrada para separar la luz de las tinieblas, afinaron el o\u00eddo y esperaron a ver si no se trataba de una alucinaci\u00f3n auditiva. Entonces les lleg\u00f3 el sonido de nuevo, esta vez con absoluta claridad. Se miraron el uno al otro sobrecogidos, temerosos de que fuera lo que tem\u00edan y sin cruzar palabra tiraron el equipaje en el umbral, corrieron hacia el fondo de la casa a trav\u00e9s del elegante corredor, que les pareci\u00f3 largu\u00edsimo por la angustia, y al final titubearon unos segundos frente al inmenso port\u00f3n de la biblioteca antes de abrirlo de par en par con un firme empuj\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El quicio de la puerta dej\u00f3 escapar un chirrido, agudo, lento, aterrador. Ana y Carlos se hundieron en una segunda oscuridad, a\u00fan m\u00e1s profunda y tenebrosa. El desliz\u00f3 la mano cuidadosamente sobre la pared derecha hasta dar con el interruptor, y una p\u00e1lida claridad se derram\u00f3 sobre los estantes. Ante sus miradas incr\u00e9dulas se impuso un espect\u00e1culo tan dantesco que tuvieron que apoyarse contra la puerta para contrarrestar el v\u00e9rtigo del horror. Durante su ausencia muchos libros hab\u00edan sufrido da\u00f1os quiz\u00e1s irreversibles por falta de caricias. All\u00ed yac\u00edan con las p\u00e1ginas gravemente desatendidas los tomos de Plutarco, Virgilio, Lope de Vega, V\u00edctor Hugo, Shakespeare, Tolstoi, Stendhal, Poe, Rulfo, Borges&#8230; Ana se atrevi\u00f3 a formular la pregunta que ambos hubieran preferido evitar.<\/p>\n<p>-\u00bfSer\u00e1 que\u2026 todos?-<br \/>\n-Esperemos que no- fue la respuesta de Carlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin perder un segundo se apresuraron a abrirlos uno por uno, a tocarlos, a sopesarlos, a acariciarlos, a leer fragmentos repitiendo a veces entre labios y siguiendo cada l\u00ednea con el dedo \u00edndice, que es como m\u00e1s les gusta a los libros que los lean porque as\u00ed les hacen cosquillas los ni\u00f1os. Los bajaron delicadamente de sus lugares, les sacudieron el polvo t\u00f3xico del olvido, abrieron todas las ventanas para que les entrara el perfume revitalizador de sus ancestros los \u00e1rboles, les dieron masajes de resurrecci\u00f3n en el sill\u00f3n de leer, en la mesa del estudio y hasta en un escritorio improvisado con cajas de cart\u00f3n. A los m\u00e1s graves los atendieron en la cama, bajo una luz de ne\u00f3n que permaneci\u00f3 encendida veinticuatro horas al d\u00eda a partir de ese momento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin concederse un instante de tregua Ana y Carlos leyeron, deletrearon, revivieron l\u00edneas m\u00e1gicas que iluminaron los rincones m\u00e1s oscuros de su imaginaci\u00f3n, viajaron a lugares extraordinarios, a ciudades que jam\u00e1s hab\u00edan visto, y as\u00ed llegaron a conocer lo m\u00e1s rec\u00f3ndito del coraz\u00f3n humano. Se extraviaron en intrincados laberintos habitados por Minotauros, escaparon de la tierra de los c\u00edclopes y de la furia de los titanes, visitaron tierras lejanas y misteriosas donde hubo una vez un rey, sucumbieron al hechizo de los castillos encantados, aspiraron la fragancia de los bosques embrujados, contemplaron el mundo desde un globo y a las m\u00e1s ex\u00f3ticas criaturas del fondo del mar desde un submarino, se elevaron hasta el cielo de los \u00e1ngeles y fueron m\u00e1s all\u00e1, miraron la cara oculta de la luna, conocieron los planetas habitados por baobabs y flores caprichosas, tocaron las estrellas de distintos colores, llegaron hasta los remotos confines del universo y aprendieron a conjugar el pret\u00e9rito imperfecto, el pasado compuesto de todos los aciertos y los errores humanos, y hasta el futuro condicional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco a poco desaparecieron los gemidos, los crujidos, los estertores de las p\u00e1ginas, los aletazos de las hojas moribundas, y fueron reemplazados por aquel apacible silencio de los libros cuando reposan sanamente le\u00eddos sobre un estante. Los tomos de Arist\u00f3teles recuperaron su ret\u00f3rica, los de Julio Cort\u00e1zar su desmedido amor por el juego y los de Carl G. Jung volvieron a tener aquel aspecto de ni\u00f1o curioso e inquisidor que los hab\u00eda caracterizado siempre. La casa entera se fue llenando de una chispeante alegr\u00eda de p\u00e1ginas le\u00eddas, de historias recobradas, de voces recuperadas, de c\u00e1nticos antiguos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al cabo de unos d\u00edas Ana y Carlos hab\u00edan pasado tanto tiempo dedicados a la labor de resucitar los libros, que se olvidaron por completo de s\u00ed mismos. Entonces Ana, quien ten\u00eda la constituci\u00f3n m\u00e1s fr\u00e1gil de los dos, cay\u00f3 desmayada en medio de la biblioteca.<\/p>\n<p>-Creo que se intoxic\u00f3 de poes\u00eda- dijo desde su estante Rimas, narraciones y leyendas.<br \/>\n-A lo mejor se est\u00e1 convirtiendo en una enorme cucaracha- opin\u00f3 La metamorfosis.<br \/>\n-Lo que pasa es que Ana pertenece a una estirpe condenada desde siempre y para siempre a los desmayos- dictamin\u00f3 Cien a\u00f1os de soledad.<br \/>\n-Maktub, estaba escrito- opin\u00f3 solemnemente El Cor\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Debe ser una cosa peque\u00f1a. Las cosas peque\u00f1as siempre tienen importancia; suele ser por las que uno se pierde- diagnostic\u00f3 Crimen y castigo antes de abrirse por la mitad para bostezar de hambre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-\u00a1Hambre!- dijo Carlos d\u00e1ndose una palmada en la frente. En ese momento cay\u00f3 en cuenta que hab\u00edan olvidado por completo alimentarse, as\u00ed que apenas ella recobr\u00f3 un poco el sentido le dio de comer y de beber, y luego apur\u00f3 unos cuantos bocados para no ir a desmayarse \u00e9l tambi\u00e9n. Cuando Ana al fin se sinti\u00f3 mejor mir\u00f3 hacia cada uno de los estantes y sonri\u00f3 feliz al ver a todos los libros en perfecto estado de salud. Carlos le acarici\u00f3 con suavidad la mejilla.<\/p>\n<p>-\u00bfNos sentimos mejor?-<br \/>\n-Mucho mejor, mi vida. Gracias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el gesto de paz en el rostro de Ana se transmut\u00f3 en cuesti\u00f3n de segundos en uno de preocupaci\u00f3n. Abri\u00f3 los ojos de forma desmesurada y dijo:<br \/>\n-Las maletas. \u00a1Las dejamos en la puerta y se nos olvid\u00f3 cerrar!<br \/>\n-\u00a1Qu\u00e9 importan las maletas!, a donde vamos a ir, no las necesitaremos- dijo Carlos dejando que ella leyera en el alfabeto de su rostro una intenci\u00f3n hermosa e insensata. En ese momento Ana lo comprendi\u00f3 todo y en sus ojos brill\u00f3 un gesto c\u00f3mplice. All\u00ed mismo hicieron el amor con met\u00e1foras, sin acotaciones ni par\u00e9ntesis, totalmente ajenos a las nociones del tiempo y del espacio. Por eso no se dieron cuenta cu\u00e1ndo ni de qu\u00e9 manera se fundieron en un r\u00edtmico resplandor, en un tibio arpegio de frases hermosas, de par\u00e1bolas, de versos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces fue como si convertidos en dos gotas de id\u00e9ntico brillo se hundieran en la tierra s\u00f3lida, redonda, at\u00f3nita y oscura y la atravesaran por completo en el vuelo instant\u00e1neo de su sue\u00f1o, desprendi\u00e9ndose de ella, haci\u00e9ndose un destello de fulgor y de pureza camino al resplandor de la v\u00eda l\u00e1ctea para confundirse al fin con el susurrante mar lum\u00ednico del universo.<\/p>\n<p>As\u00ed la vida regres\u00f3 a la luz y la carne volvi\u00f3 a ser verbo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y el verbo se hizo carne y vivi\u00f3 entre nosotros Juan 1:14 La vida era la luz de toda la gente Juan 1:4 Un sordo estertor de libros fue lo primero que Ana y Carlos escucharon al abrir la puerta de su casa tras unas largas vacaciones.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5,4],"tags":[],"class_list":["post-145","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-finalista","category-relato"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/145","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=145"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/145\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":485,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/145\/revisions\/485"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=145"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=145"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=145"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}