{"id":138,"date":"2005-03-01T15:01:11","date_gmt":"2005-03-01T14:01:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=138"},"modified":"2018-02-09T02:00:04","modified_gmt":"2018-02-09T01:00:04","slug":"98-molinos-en-el-viento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=138","title":{"rendered":"98. Molinos en el viento"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F138&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F138&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">El caballero sufr\u00eda el agobio del sol de julio que, avanzada la ma\u00f1ana, se aproximaba al cenit. Cabalgaba en silencio por la \u00e1rida meseta, sumido en pensamientos vagarosos. <!--more-->R\u00e1fagas de recuerdos y locas esperanzas acompa\u00f1aban su incierta derrota, e im\u00e1genes fugaces de aventuras -pasadas o so\u00f1adas- danzaban a su alrededor como llevadas por el viento del est\u00edo.Se balanceaba al ritmo inc\u00f3modo del paso cansino de su flaco roc\u00edn, flojas las riendas, los ojos entornados y la cabeza erguida como desafiando al camino que se extend\u00eda sin mesura m\u00e1s all\u00e1 de donde alcanzaba su ansiosa mirada. Ni venta ni caser\u00edo alguno se avistaban en aquella vastedad sin rumores de frondas ni murmullos de arroyos. El viento, c\u00e1lido y premonitorio de tormenta, arremolinaba zumb\u00f3n el tenue polvo de la meseta castellana y \u00fanicamente el pausado sobrevuelo de un alcot\u00e1n parec\u00eda acompa\u00f1ar la ruta que su capricho hab\u00eda trazado. El peto le oprim\u00eda el costal y bajo \u00e9ste, el coraz\u00f3n le lat\u00eda dolorosamente, sin que \u00e9l supiese por qu\u00e9&#8230; si era debido a la emoci\u00f3n de estar acerc\u00e1ndose a una meta o a la angustia de alejarse de \u00e9sta&#8230; pues hab\u00eda transcurrido ya tanto tiempo desde su partida&#8230; demasiado&#8230; que no pod\u00eda recordar si a\u00fan se estaba yendo o si, desahuciado, hab\u00eda emprendido el camino de regreso. El mellado espad\u00f3n que pend\u00eda de la montura le rememoraba su pretendida condici\u00f3n guerrera y el bru\u00f1ido yelmo que cubr\u00eda su sesera se caldeaba bajo los rayos inclementes, escoci\u00e9ndole la testa de ralos cabellos que hab\u00edan comenzado a encanecer muy pronto. Las cejas pobladas enmarcaban sus ojos vivaces; los bigotes enhiestos y la barba puntiaguda caracterizaban un rostro donde conviv\u00edan la difusa nobleza del linaje y la preclara limpieza del esp\u00edritu; sus manos sarmentosas parec\u00edan m\u00e1s propicias a la caricia que a la batalla; y su piel, curtida por n\u00f3mada deambular, denotaba que hab\u00eda llegado el tiempo propicio para retornar al hogar y a menesteres menos rudos que el anticuado oficio de caballero andante. Detr\u00e1s le segu\u00edan, ac\u00f3litos impert\u00e9rritos, su fiel escudero y un galgo fam\u00e9lico de pelaje pardo (que bien concordaba con su flaca cabalgadura de flancos hundido y cruz filosa); el uno vacilante sobre el incansable asno que lo transportaba -caviloso y preocupado- abrumado por aventuras que superaban sus entendederas, y el otro \u2013infatigable- trotando con el rabo flameante, el hocico husmeando la improbable presa y las fauces abiertas como bebi\u00e9ndose el aire del verano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al cabo de un tiempo de cabalgar indiferente, el caballero avist\u00f3 un obst\u00e1culo que oclu\u00eda la senda por la que avanzaban. La calima difuminaba sus contornos y le dificultaba reconocerlo, pero al acercarse distingui\u00f3 que se trataba de un gigante de blanca indumentaria y fea catadura que agitaba los brazos cerr\u00e1ndoles el paso. Una cota de malla cubr\u00edale el torso y sus manos as\u00edan sendas porras, enormes y amenazadoras. Nuestro h\u00e9roe requiri\u00f3 de buen modo que les dejase expedito el paso, pero el otro, impert\u00e9rrito, hizo o\u00eddos sordos al reclamo y continu\u00f3 indiferente, moviendo las extremidades como si su interlocutor no existiese. Ordenole entonces el hidalgo, con imperiosa voz y enojado talante (pues poca paciencia se le daba cuando a su val\u00eda se otorgaba menor precio), que se apartara a la vera del sendero y librase la huella de una buena vez, advirti\u00e9ndole que de no hacerlo de inmediato se atuviera a las consecuencias de desafiar a un noble caballero de tama\u00f1a val\u00eda e indubitable arrojo. Empero el gigante no se dign\u00f3 tampoco responder a esta requisitoria, permaneciendo inm\u00f3vil sobre el altozano y manteniendo extendidos sus brazos como las aspas de un molino. No cab\u00eda m\u00e1s dudar: para continuar la marcha deber\u00eda luchar&#8230; y adem\u00e1s, vencerlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Volviose el caballero hacia su escudero y le interrog\u00f3 prudentemente \u201c\u00bfSer\u00e1 \u00e9ste otro molino como lo eran aquellos aciagos que tan malos recuerdos me traen por haberlos confundido con portentos?&#8230; a m\u00ed me parece que semeja un Tit\u00e1n. El palafrenero se encogi\u00f3 de hombros y le respondi\u00f3: \u201cse\u00f1or, los gigantes no existen, pero s\u00ed los molinos, lo que me consta, y aunque el presente parece tener las formas de un hombre fort\u00edsimo y de elevada estatura, debe estar jug\u00e1ndonos nuevamente una broma la imaginaci\u00f3n; y esta vez es a ambos a quienes coge, pues yo le veo como persona fornida, de faz torva e intenci\u00f3n aviesa.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Medit\u00f3 el hijodalgo: \u201cSi se tratase de un molino, con la ventolina que sopla me alcanzar\u00edan las aspas apenas me pusiese a su alcance&#8230; no debiera tropezar nuevamente con la misma piedra&#8230;y rid\u00edculo ser\u00eda embestir una construcci\u00f3n hecha para moler el trigo&#8230; empero, m\u00e1s deplorable se ver\u00eda a\u00fan que un caballero como yo, armado como tal y no de alarde, eludiese el desaf\u00edo de un gigante, si es que lo fuese, y se negase a singular combate que se le propusiera, por lo que, ante la duda, no dicta a mi criterio mejor raz\u00f3n que el intentar abatirlo.\u201d Calz\u00f3 la lanza en ristre el errante caballero y acometi\u00f3 al orgulloso gigante, o al arrogante c\u00edclope, o al temible minotauro, o a la diab\u00f3lica bestia, desmedida criatura, inocuo molino, o lo que en realidad fuese aquello que se le alzaba delante, dado que su destino era tanto el de abatir gigantes como cuanto se atreviera interponerse a su sino. Con \u00e9l cabalgaban Amad\u00eds de Gaula y Espladi\u00e1n, Lanzarote y Platir, el Cid y Parsifal, y una cohorte de literarios caballeros, campeones y paladines, ignorantes todos de que ser\u00edan derrotados sin piedad por el tiempo y el olvido, el desd\u00e9n de las virtudes y el auge de la banalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un solo manotazo bast\u00f3 al gigante, que en verdad lo era, para derribar a su temerario rival. La maza que empu\u00f1aba en la diestra aboll\u00f3 el precario yelmo y el cr\u00e1neo que \u00e9sta aparentaba proteger. El colosal sujeto, cuya existencia en tal lugar no sabemos ni intentamos comprender, mir\u00f3 con desd\u00e9n al vencido y luego se encamin\u00f3 hacia la cima de un monte cercano sin preocuparse por el derrotado. Quiz\u00e1s su destino fuese el de derrumbar caballeros, tal como el del vencido el enfrentar colosos. Sobre el suelo de Castilla qued\u00f3, descalabrado, nuestro malhadado aventurero. De su casco maltrecho goteaba roja sangre, que de gules ti\u00f1\u00f3 las hierbas sobre las que su testa reposaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Corri\u00f3 el ganap\u00e1n a prestarle auxilio&#8230; empero, ya no era posible salvar al amo, pues el hidalgo agonizaba sin remedio. Abri\u00f3 los ojos hacia el cielo de intenso azul, queriendo fijarlo en sus pupilas, procurando atesorar una luz que le ser\u00eda al poco negada. Acarici\u00f3 al perro que se le hab\u00eda arrimado y aullaba lastimero. Su mano exang\u00fce se desliz\u00f3 sobre el \u00e1spero lomo, y el can, con el rabo hundido entre las patas, apoy\u00f3 su cabeza sobre la oxidada coraza como si as\u00ed pudiese retener la vida que escapaba del pecho. El broquelero, arrodillado a su lado, sollozaba inconsolable, sabi\u00e9ndose impotente para resta\u00f1ar la herida. Con su aliento menguado, el caballero alcanz\u00f3 a decir al servidor: \u201cgracias a este golpe he recobrado la lucidez y adem\u00e1s ahora s\u00e9, al fin, cual es el sentido secreto de nuestra existencia. Te lo transmitir\u00e9 a ti, como recompensa de tu conmovedora fidelidad y templada paciencia&#8230; ac\u00e9rcate, porque acaban mis fuerzas\u201d&#8230; y prosigui\u00f3: \u201cLos gigantes y los molinos, no siempre son lo que parecen ser, son,&#8230;\u201d&#8230; y se esforz\u00f3 explic\u00e1ndole aquello que todos deseamos saber y nunca logramos comprender hasta que es demasiado tarde, prodigando generoso, como cristalino manantial, con los restos de su vitalidad que se extingu\u00eda, la reci\u00e9n alcanzada sabidur\u00eda&#8230; Las palabras fluyeron de su boca como la misma sangre que escurri\u00f3 por la abierta herida hasta agotarse, pero \u00a1ay!, en voz tan baja e ininteligible, que este cronista -que pas\u00f3 casualmente por all\u00ed- no pudo recogerlas para la posteridad y, por inaudibles, es como si nunca hubieran sido dichas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El caballero sufr\u00eda el agobio del sol de julio que, avanzada la ma\u00f1ana, se aproximaba al cenit. 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