{"id":126,"date":"2005-02-28T21:04:37","date_gmt":"2005-02-28T20:04:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=126"},"modified":"2018-02-09T12:45:09","modified_gmt":"2018-02-09T11:45:09","slug":"87-ah-voluntad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=126","title":{"rendered":"87. \u00a1Ah, voluntad"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F126&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F126&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Fernando sonri\u00f3 ligeramente. En ese instante acababa de apurar la taza de caf\u00e9 con leche que le serv\u00eda m\u00e1s para interrumpir moment\u00e1neamente su trabajo que para satisfacer su apetito.<!--more--> Mir\u00f3 su reloj, ya lo hab\u00eda mirado en no menos de tres ocasiones desde que iniciara su segundo desayuno, y vio que marcaba las once y treinta y dos minutos. Agarr\u00f3 una servilleta para limpiar sus labios y cuando acab\u00f3 la introdujo en su bolsillo. Era una costumbre.<br \/>\nSinti\u00f3 un leve dolor en el muslo derecho y se dirigi\u00f3 a su despacho.<br \/>\nFernando Amores trabajaba en la administraci\u00f3n de un colegio privado. Un colegio cuyo edificio constitu\u00eda una de las piezas arquitect\u00f3nicas de mayor nombrad\u00eda de la ciudad aburrida e industrial en que se hab\u00eda levantado. No se entienda con esto que se tratara de una obra maestra del arte habitacional. En absoluto. De hecho, no pasaba de ser la obra de un arquitecto local al que se le ten\u00eda respeto dentro los l\u00edmites que marcaba el plano municipal. Nada m\u00e1s. E incluso la finca resultaba fea y descuidada, y los materiales empleados hace doce a\u00f1os no hubieran sido los utilizados para erigir una construcci\u00f3n perdurable. Pero pose\u00eda, no obstante, una extra\u00f1a configuraci\u00f3n: todo en ella era exagonal.<br \/>\nExagonal la planta y la estructura exterior; exagonales sus piezas, ya fueran aulas, salas de reuniones, oficinas, despachos de los profesores y aun los cuartos de ba\u00f1o y la cafeter\u00eda; exagonales los elementos de su decoraci\u00f3n y su mobiliario. La exagonalidad alimentaba o daba forma, pues, a los azulejos de las paredes, a las pizarras, a los portabombillas de los techos, a los m\u00f3dulos de parquet del suelo, a las mesas y tambi\u00e9n a las ventanas. Ni las servilletas que Fernando introduc\u00eda maquinalmente en su bolsillo despu\u00e9s del tentempi\u00e9 de media ma\u00f1ana escapaban a ese rigor. S\u00f3lo las puertas quedaban exentas de la curiosa disposici\u00f3n, y tal elemento excepcional lo \u00fanico que produc\u00eda era una intensificaci\u00f3n de la opresi\u00f3n generada por la reiteraci\u00f3n de celdillas exagonales, puesto que, como ya puede imaginarse, los ex\u00e1gonos se un\u00edan unos con otros al modo de los panales, ya fuera en los elementos de decoraci\u00f3n interior, ya en el engarce de los diferentes subedificios que constitu\u00edan el complejo, siete en total, y que vistos desde el cielo formaban un ex\u00e1gono de ex\u00e1gonos, con uno a modo de centro.<br \/>\nS\u00ed, semejante monoman\u00eda exagonal no pod\u00eda dejar de ejercer una cierta influencia en la villa, y el colegio La pedagog\u00eda hab\u00eda sido motejado como El pol\u00edgono por sus ocurrentes convecinos.<br \/>\nPero a Fernando Amores no le complac\u00eda tal nombre. Para \u00e9l, que trabajaba en las entra\u00f1as de ese monstruo abominable de formas obsesivas, se trataba de El laberinto y tambi\u00e9n de El delirio, pues, a su juicio, un paseo por aquel d\u00e9dalo producir\u00eda en toda persona sensible un cuadro febril que s\u00f3lo podr\u00eda verse vencido abandonando el recinto. La costumbre de trabajar all\u00ed ocho horas diarias s\u00f3lo pod\u00eda mitigar dicho sentimiento, nunca borrarlo. Ahora bien, Fernando se extra\u00f1aba, o mejor, se admiraba, de la inmunidad que contra esa especie de tiran\u00eda poligonal parec\u00edan haber desarrollado sus compa\u00f1eros y los alumnos del centro. Y \u00e9l entonces se sent\u00eda inferior, algo as\u00ed como un lisiado moral, si es que tal figura resulta concebible. Y Fernando sufr\u00eda en silencio, pues no quer\u00eda compartir con nadie su desamparo.<br \/>\nPero un d\u00eda lleg\u00f3 su desquite, su modesto desquite, que adopt\u00f3 la forma de una oferta de empleo que le hiciera un amigo que acababa de ampliar su negocio de ferreter\u00eda. Podr\u00eda pasar de administrativo en el colegio a administrativo en ese almac\u00e9n. Cierto que ahora estar\u00eda m\u00e1s controlado, y que tal vez tuviera que prolongar su jornada cobrando el mismo salario que antes, o aun menos, puesto que perder\u00eda el plus de antig\u00fcedad. Pero trabajar\u00eda en un edificio normal, con planta rectangular, dispuesto todo en \u00e9l seg\u00fan las formas al uso. Y Fernando ni siquiera se lo pens\u00f3: acept\u00f3 gratamente la propuesta. \u00a1Y qu\u00e9 delicia, verdaderamente, el nuevo rumbo vital que el trabajo le permiti\u00f3! \u00a1Qu\u00e9 extraordinario sosiego!<br \/>\nSin embargo, a los diez d\u00edas de haberse incorporado a su nuevo puesto le sucedi\u00f3 algo extra\u00f1o y que hubiera resultado casi encomiable en otras circunstancias: su caligraf\u00eda vari\u00f3 s\u00fabitamente. Los caracteres de su escritura adoptaban formas exagonales y las letras se dispon\u00edan unas a continuaci\u00f3n de las otras como si fueran una morada de abejas. Es cierto que los signos y las palabras resultaban reconocibles a poco que el lector se fijara, pero daban a cada hoja de papel la apariencia de estar compuesta en un alfabeto ex\u00f3tico y apenas descifrable. Desdichadamente, las prisas no pueden separarse del rendimiento en el trabajo en estos tiempos acelerados y los papeles escritos por Fernando se convert\u00edan en obst\u00e1culos a la productividad, en cuellos de botella, como dec\u00eda el due\u00f1o del establecimiento, hombre versado en la terminolog\u00eda de las ciencias empresariales. Y el efecto era desolador porque, adem\u00e1s, las tareas que desempe\u00f1aba Fernando no pod\u00edan realizarse con ordenador ni con auxilio de medio mec\u00e1nico alguno.<br \/>\nY Fernando se sent\u00eda herido y aun resentido, pues entend\u00eda que los a\u00f1os pasados en La pedagog\u00eda le hab\u00edan envenenado el alma y, con ella, la letra. Su letra, el instrumento en el que ahora se manifestaba una posesi\u00f3n que no era capaz de eludir. La posesi\u00f3n que de \u00e9l hab\u00eda hecho el h\u00e1bito de un edificio, de una arquitectura atroz. \u00a1Bien que se daba cuenta! Y a todo esto a\u00f1\u00e1dase la posibilidad de perder su ocupaci\u00f3n de no producirse un cambio inminente que llevase a la normalidad su alterada caligraf\u00eda, circunstancia que ni por asomo se vislumbraba, pese a sus denodados esfuerzos en esa direcci\u00f3n.<br \/>\nY prefiri\u00f3 abandonar a que lo despidieran. Y solicit\u00f3 reintegrarse a La pedagog\u00eda, donde fue admitido y recibido como el hijo pr\u00f3digo &#8211;manteniendo la antig\u00fcedad, por cierto&#8211;. S\u00f3lo que en lugar de sacrificar para \u00e9l el ternero cebado, se fueron todos a cenar a un restaurante, donde se les sirvi\u00f3 bien aderezado y mejor presentado. Y, sonriendo l\u00e1nguidamente, Fernando continuar\u00eda ignorando para siempre que, de haber perseverado tan s\u00f3lo catorce horas m\u00e1s, su caligraf\u00eda hubiera vuelto a adoptar la apariencia de siempre, y que con ello hubiera abierto una brecha en los muros de El laberinto. \u00a1Ah, voluntad, que fuiste invocada una vez, pero te desecharon en la primer vicisitud del camino&#8230;!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Fernando sonri\u00f3 ligeramente. 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