{"id":120,"date":"2005-02-28T20:22:12","date_gmt":"2005-02-28T19:22:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=120"},"modified":"2018-02-09T22:03:53","modified_gmt":"2018-02-09T21:03:53","slug":"81inquisicion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=120","title":{"rendered":"81. Inquisici\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F120&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F120&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">Los ojos de Fray Gregorio de Zum\u00e1rraga eran fr\u00edos y penetrantes, tan peque\u00f1os que apenas se ve\u00edan bajo sus gruesas cejas.<!--more--> Cuando se clavaban en su interlocutor, parec\u00edan ver a trav\u00e9s de \u00e9l, y hac\u00edan que \u00e9ste se pusiese muy nervioso. Su nariz, larga y aguile\u00f1a, formaba extra\u00f1as sombras en su cara cuando el fuego de una hoguera la iluminaba. Sus labios peque\u00f1os, delgados y siempre resecos ocultaban sus dientes y apenas se mov\u00edan cuando hablaba, cosa que rara vez ocurr\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era alto y delgado. Su aspecto era bastante sombr\u00edo y abandonado. Vest\u00eda un modesto h\u00e1bito, pero por su forma de llevarlo se podr\u00eda haber dicho que era una t\u00fanica de obispo. Su paso era r\u00e1pido y firme. Su mano jam\u00e1s temblaba, su voz jam\u00e1s vacilaba, y nunca hab\u00eda signos de duda en \u00e9l. Siempre llevaba en el cuello una cruz labrada en plata.<\/p>\n<p>Se levantaba, com\u00eda y se acostaba siempre a la misma hora. No ten\u00eda miedo a nada, tan s\u00f3lo a Dios, y so\u00f1aba con enfrentarse un d\u00eda con Satan\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se sabe de \u00e9l, que naci\u00f3 en Palencia. Fue hijo de un poderoso caballero y sobrino del Cardenal Juan de Zum\u00e1rraga. Quiz\u00e1s fuese por la influencia de su t\u00edo, que desde muy joven sintiera un gran amor hac\u00eda Dios y la Religi\u00f3n. Ingres\u00f3 en la orden los Dominicos en Valladolid, y r\u00e1pidamente adquiri\u00f3 fama entre los dem\u00e1s novicios por su infinita devoci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jam\u00e1s falt\u00f3 a una misa. Jam\u00e1s se durmi\u00f3 en el oficio de maitines. Confes\u00f3 siempre todos su pecados. Sus compa\u00f1eros se apartaban de \u00e9l, llevados por el temor y el respeto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su ciencia y su incuestionable fe en Dios, fue elegido por el Papa Sixto IV como adjunto a otros inquisidores, de los que no tard\u00f3 en distinguirse. Adquiri\u00f3 cierto renombre como inquisidor, por su infatigable lucha contra la herej\u00eda, la apostas\u00eda, la hechicer\u00eda y la magia. Sus \u00e9xitos hicieron que el inquisidor general de Castilla y Arag\u00f3n le enviase a Toledo, donde residi\u00f3 hasta el fin de sus d\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la \u00e9poca en la que comienza esta historia, el inquisidor hab\u00eda logrado una merecida fama de implacable con los enemigos de Dios, cuando cierto d\u00eda fue llamado para asistir a un juicio contra un hombre acusado de herej\u00eda y brujer\u00eda. Las pruebas contra el acusado eran abrumadoras; varios testigos afirmaron que hab\u00eda renegado de la inquisici\u00f3n y dudado de la santidad del mism\u00edsimo Papa Sixto IV, y otros muchos afirmaron haberle visto practicando la brujer\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El acusado se neg\u00f3 a decir su nombre y no hablo ni hizo gesto alguno, aun sabiendo que las pruebas le enviaban directamente a la hoguera. Era de mediana estatura y algo delgado. Parec\u00eda joven, aunque su espesa barba le envejec\u00eda. Su cara ten\u00eda una expresi\u00f3n de bondad que atrajo las simpat\u00edas de algunos de los asistentes al juicio. Sin embargo, nadie desaprob\u00f3 la decisi\u00f3n de los jueces conden\u00e1ndole.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ni siquiera el acusado hizo protesta alguna. Continu\u00f3 con los ojos bajos mientras le guiaban hacia las mazmorras, el lugar m\u00e1s temido de Toledo. De aquella sala de tortura circulaban terribles historias sobre los sufrimientos que all\u00ed se padec\u00edan. Era una cueva de penitencia y dolor para los pecadores que deb\u00edan pagar all\u00ed todas sus deudas con el todopoderoso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando el acusado entro en aquel lugar se sobrecogi\u00f3 unos instantes. El largo y estrecho pasillo de paredes de piedra por donde le llevaban, estaba iluminado s\u00f3lo por unas antorchas, y de las puertas que llevaban a las celdas proven\u00eda un nauseabundo olor a podredumbre. A medida que se adentraba en el pasillo, la oscuridad y aquella insoportable pestilencia aumentaban notablemente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El acusado fue introducido en una sucia celda y encadenado a la pared. All\u00ed le abandonaron a oscuras, hasta que Fray Gregorio lleg\u00f3 con una antorcha y alumbr\u00f3 toda la estancia. Observ\u00f3 unos instantes al reo. La mayor\u00eda de ellos en su situaci\u00f3n estaban p\u00e1lidos y temblorosos, pero \u00e9l permanec\u00eda tranquilo con los ojos bajos y ni siquiera sudaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De pronto el preso comenz\u00f3 a hablar. Fray Gregorio, que ten\u00eda por costumbre no escuchar las s\u00faplicas y lamentos de ning\u00fan condenado, escuch\u00f3 las de este, con los brazos cruzados y sin dejar de mirarle, pues no quer\u00eda marcharse haci\u00e9ndole creer que le tem\u00eda. La voz de aquel hombre era suave y envolvente como la m\u00fasica de un \u00f3rgano de iglesia. Fray Gregorio se resisti\u00f3 a duras penas a tan bellas palabras y a punto estuvo de soltar al preso ante las convincentes razones que aportaba este para ello. Pero en ese mismo instante volvi\u00f3 a la realidad. Sinti\u00f3 que estaba en las mazmorras, en sus mazmorras, y que aquel individuo era un condenado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; En este sitio no hay lugar para el perd\u00f3n \u2013 dijo con potente voz haciendo callar al preso.- Hab\u00e9is sido condenado justamente por hereje a morir en la hoguera. Mi misi\u00f3n es haceros retornas al buen camino antes de abandonar este mundo, y tened por seguro que lo he de conseguir cueste lo que cueste..<\/p>\n<p>Tras estas palabras Fray Gregorio sali\u00f3 de la celda. Se sent\u00eda extra\u00f1amente feliz. Hab\u00eda resistido una dura prueba al no ceder ante aquella serpiente con voz hipn\u00f3tica, enviado sin duda por el Diablo. Hab\u00eda resistido, pensaba, pero aquel hereje no podr\u00eda resistir las pruebas que le ten\u00eda preparadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente Fray Gregorio se dirigi\u00f3 directamente hacia la celda del hereje. Le encontr\u00f3 tranquilamente sentado en el suelo. Le pregunt\u00f3 si se arrepent\u00eda de sus pecados, y quer\u00eda seguir el sendero de Dios, pero el condenado respondi\u00f3 que no se arrepent\u00eda de nada, que no hab\u00eda cometido pecado alguno, y que el Papa y todos los inquisidores eran m\u00e1s pecadores que \u00e9l, sobre todo aquellos que enviaban hombres a la hoguera desobedeciendo el quinto mandamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fray Gregorio le dijo que ese mandamiento no incluye a los herejes y a los enemigos de la iglesia capaces de escupir sobre la cruz, y acto seguido indic\u00f3 a su ayudante que preparase la bota. Este aparato, como su nombre indica, consist\u00eda en una bota de acero que aprisionaba el pie del condenado hasta extremos insospechados, y que se pod\u00eda graduar por medio de una clavija.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ayudante de Fray Gregorio le puso la bota al hereje, y comenz\u00f3 a girar la clavija esperando que su jefe le diese la se\u00f1al para detenerse. La bota cada vez se estrechaba m\u00e1s en el pie del condenado, pero este no mostraba ning\u00fan signo de dolor. Fray Gregorio le miraba atentamente, con aire preocupado. A la d\u00e9cima vuelta de la clavija comenzaron a sonar los huesos del pie quebr\u00e1ndose, pero el reo segu\u00eda impasible y su ayudante se detuvo. Cuando le quit\u00f3 la bota, el pie del preso era una masa deforme y sangrienta. Fray Gregorio y su ayudante salieron lentamente de la celda, cabizbajos y vivamente sorprendidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fray Gregorio medit\u00f3 largamente sobre el aplomo y la terquedad de aquel hereje, pero no se acobard\u00f3. Si no le hace mella el sufrimiento f\u00edsico pens\u00f3, probaremos con el ps\u00edquico. A\u00fan volvi\u00f3 a intentarlo con el hierro al rojo, pero el preso, a\u00fan teniendo la espalda carbonizaba no se rend\u00eda a las exigencias del inquisidor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cierto d\u00eda Fray Gregorio decidi\u00f3 llevar al hereje a visitar por entero las mazmorras. En aquellas salas se practicaban los m\u00e1s ingeniosos y aterradores m\u00e9todos de tortura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">All\u00ed el inquisidor le mostr\u00f3 al condenado lo que le podr\u00eda suceder de continuar con su actitud. Pod\u00eda ser atado al potro y despose\u00eddo de sus brazos y piernas. Pod\u00eda ser encerrado en un caj\u00f3n lleno de cuchillos dirigidos hacia puntos no vitales. Podr\u00edan colocarle una rata sobre el estomago que escarbase y saliese por cualquier otra zona de su cuerpo y hasta pod\u00edan untarle los pies de sal y dejar que una cabra se los lamiese hasta que se quedasen en carne viva. Aquella galer\u00eda de horrores era interminable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; \u00bfOs convenc\u00e9is ahora \u2013 dijo Fray Gregorio -, que deb\u00e9is optar por el buen sendero, el sendero de Dios?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Os equivoc\u00e1is conmigo se\u00f1or \u2013 replic\u00f3 el preso \u2013 Yo creo en Dios. Pero no es un Dios que permita tanto sufrimiento en el seno de su iglesia; no es un Dios que ampare s\u00f3lo a sus seguidores; no en un Dios al que al que todos veneran por temor, y no por amor. No en vuestro Dios, sino en el m\u00edo. Mi Dios ampara a todos los hombres de la tierra, perdona a los que le ofenden porque son ignorantes, y s\u00f3lo castiga a los que act\u00faan por odio o por codicia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Vuestras palabras son hermosas \u2013 dijo el inquisidor, pero falsas. Es justo que Dios no ampare a los que no creen en \u00e9l. La gente docta venera a Dios por amor, pero en el vulgo, el temor es algo m\u00e1s fuerte para guiarlos hacia \u00e9l. Y no debemos olvidar a Satan\u00e1s. Para combatirle a \u00e9l y a sus seguidores estamos nosotros, los inquisidores. La Iglesia Cat\u00f3lica es Santa y Docta, y sus enemigos son los enemigos de Dios.<\/p>\n<p>&#8211; Satan\u00e1s no existe. Existe solo la voluntad de los hombres de hacer el bien o el mal.<\/p>\n<p>&#8211; Eso es lo que la gente como Vos quiere hacernos creer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquel d\u00eda, al anochecer, Fray Gregorio regres\u00f3 lentamente a su casa. En sus peque\u00f1os ojos se ve\u00eda un reflejo de tristeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las palabras de aquel condenado en contra de la Iglesia no le hab\u00edan afectado lo m\u00e1s m\u00ednimo. Era la actitud del preso, su resistencia al dolor. Su voluntada por convencer y no dejarse convencer, su fe en lo que cre\u00eda\u2026 Eso era lo que preocupaba al monje. Y aquella fe le hac\u00eda dudar por primera vez; dudar de la Iglesia, y de sus propias creencias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entr\u00f3 en su austera habitaci\u00f3n y se arrodill\u00f3 al lado de la cama ante el crucifijo de madera colgado de la pared y rez\u00f3 pidiendo ayuda al se\u00f1or:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Se\u00f1or, si los pastores est\u00e1n equivocados \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de las pobres ovejas? Si el hereje es de voluntad inquebrantable creer\u00e1 que tiene la raz\u00f3n, y con \u00e9l otros muchos lo creer\u00e1n. \u00bfAcaso hay alguna tortura que le haga padecer de verdad? Guiadme Se\u00f1or, por piedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La habitaci\u00f3n estaba en silencio y Fray Gregorio murmuraba en voz baja. Miraba fijamente al crucifijo, esculpido esmeradamente en madera de roble. Recorri\u00f3 con su mirada aquella figura, deteni\u00e9ndose brevemente en los detalles: la corona de espinas, los clavos de las manos y los pies\u2026 Entonces el monje comprendi\u00f3. Si Jesucristo hab\u00eda padecido, aquel hereje encerrado en las mazmorras padecer\u00eda de igual modo..<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al alba Fray Gregorio se visti\u00f3 y corri\u00f3 apresuradamente a las mazmorras. Le indic\u00f3 a su ayudante lo que quer\u00eda y este, obediente y sumiso cumpli\u00f3 sus ordenes. Por la tarde ya estaba preparada la tortura para el condenado. El ayudante le clav\u00f3 las manos y los pies, y con ayuda de Fray Gregorio apoy\u00f3 la enorme cruz contra la pared. El inquisidor retrocedi\u00f3 unos pasos y contempl\u00f3 el crucifico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cruz casi rozaba el techo de la celda. El hereje yac\u00eda con la cabeza apoyada sobre su hombro. Parec\u00eda inerte. Entonces, antes de saborear su triunfo, Fray Gregorio vio, o crey\u00f3 ver que una corona de espinas aparec\u00eda sobre la cabeza de aquel hombre, y sobre \u00e9l aparec\u00eda un lienzo con la inscripci\u00f3n \u201cI.N.R.I\u201d\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y aquella figura, comenz\u00f3 a transformarse poco a poco, hasta que qued\u00f3 convertida en un enorme crucifijo de madera, muy parecido al que Fray Gregorio ten\u00eda en su alcoba. El ayudante huy\u00f3 despavorido, y el inquisidor tambi\u00e9n se march\u00f3 a su casa confuso y desesperado. Le encontraron ahorcado en su cuarto d\u00edas despu\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fray Gregorio fue enterrado en tierra santa, y por mucho tiempo circul\u00f3 la versi\u00f3n de que hab\u00eda muerto de viejo, sirviendo a Dios. Su ayudante vag\u00f3 muchos d\u00edas por los campos, como enloquecido, cont\u00e1ndole a todo el mundo lo que hab\u00eda visto, hasta que cay\u00f3 en manos de la inquisici\u00f3n y le enviaron a la hoguera como hereje\u2026 A\u00fan hoy, en nuestros d\u00edas, nadie sabe que fue de aquel enorme crucifijo de madera\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los ojos de Fray Gregorio de Zum\u00e1rraga eran fr\u00edos y penetrantes, tan peque\u00f1os que apenas se ve\u00edan bajo sus gruesas cejas.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-120","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relato"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/120","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=120"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/120\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":532,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/120\/revisions\/532"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=120"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=120"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=120"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}