{"id":109,"date":"2005-02-25T15:43:39","date_gmt":"2005-02-25T14:43:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=109"},"modified":"2018-02-09T13:25:01","modified_gmt":"2018-02-09T12:25:01","slug":"72-desde-mi-tumba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=109","title":{"rendered":"72. Desde mi tumba"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F109&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F109&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p>Solitario, triste y mudo<br \/>\nhallase aquel cementerio;<br \/>\nsus habitantes no lloran&#8230;<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 felices son los muertos!<br \/>\nGustavo Adolfo B\u00e9cquer<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era una preciosa ma\u00f1ana oto\u00f1al de nubes con sol. Blaqui, mi mast\u00edn del pirineo, me miraba mientras conduc\u00eda a toda pastilla campo a trav\u00e9s. Si me daba prisa, por la noche cenita con velas y un cheque en el bolsillo.<!--more--><br \/>\nBuscaba un pueblo abandonado lo suficientemente alejado para montar Juergolandia, lo ofrec\u00eda, la agencia de publicidad para la que trabajaba, como parte en promociones a supermercados , ejecutivos y gentes similares.<br \/>\nLlevaba tres semanas buscando y por fin hab\u00eda dado con algo: Valdeornos, en el culo del mundo.<br \/>\nPude llegar hasta pr\u00e1cticamente la entrada. Ten\u00eda muchas ganas de terminar con las fotos y salir hacia casa. Javier seguramente me estar\u00eda esperando. Ten\u00edamos que celebrar muchas cosas, el trabajo, los dos a\u00f1os juntos&#8230; muchas cosas.<br \/>\nCruzando el puente me encontr\u00e9 con lo que supon\u00eda era la plaza mayor. Estaba lleno de hierbajos. Hice varias fotos panor\u00e1micas del pueblo desde el puente. Ya me parar\u00eda despu\u00e9s casa por casa. En un primer vistazo, el pueblo estaba de puta madre. Limpiarlo un poco y alg\u00fan peque\u00f1o desperfecto en las fachadas, y quedar\u00eda genial. Era una de las condiciones que ped\u00edan, no gastar mucho en restauraci\u00f3n. Me llamo la atenci\u00f3n una casa, muy bien conservada, al fondo, al lado de la iglesia. Bajo el balc\u00f3n, dos cabezas de carnero dentro de una orla me miraban amenazadores. En el patio, a\u00fan quedaban las ca\u00f1as que seguramente utilizaron para poner tomates. Una casa perfecta para hacer los dormitorios.<br \/>\nEntr\u00e9. La cocina estaba tan bien conservada que casi no necesitaba restauraci\u00f3n. En el recibidor hab\u00eda un bur\u00f3 tallado. Me llam\u00f3 mucho la atenci\u00f3n. Cualquiera pensar\u00eda que en un pueblo abandonado iba a encontrar un bur\u00f3. Era precioso. Me dieron ganas de coger el coche, entrar hasta all\u00ed, y cargarlo en el maletero.<br \/>\nAbr\u00ed los cajones. Hab\u00eda bol\u00edgrafos, cartas, un libro: \u201cNada\u201d de Carmen Laforet. \u00a1Qu\u00e9 sorpresa! Es uno de mis libros favoritos. Los bordes estaban sobados, como si lo hubiesen le\u00eddo muchas veces. Al lado un papel atado con una cinta roja. Al abrirlo vi que era una especie de carta, escrita, imagino, a lo largo de un tiempo. Incluso hab\u00eda dos o tres colores de bol\u00edgrafo, llenas de tachones, que he corregido a fin de que se entienda mejor. Esto es lo que escribi\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cMe llamo Manuel Sebasti\u00e1n, tengo 82 a\u00f1os, dejo aqu\u00ed \u00e9ste escrito para qui\u00e9n la recoja termine de darme sepultura. En el patio trasero, bajo un pasmoso sauce llor\u00f3n encontrar\u00e1 mi cuerpo o lo que quede de \u00e9l. Sep\u00faltelo, se lo ruego. Rece una oraci\u00f3n, aunque sea una peque\u00f1a jaculatoria, y si tiene \u00e1nimo encargue una misa de difuntos por mi alma.<br \/>\nS\u00e9 que voy a morir. Y antes de quedarme encima de la cama prefiero ,aunque sea, cavar una tumba y taparme la cabeza con una s\u00e1bana y esperar tranquilamente a que llegu\u00e9 mi hora .<br \/>\nTodos los dem\u00e1s est\u00e1n en el cementerio, bajo horribles l\u00e1pidas de fr\u00edo m\u00e1rmol. All\u00ed est\u00e1n el Paco, la Paca, mi Marina, Alejandro el Mochales, y Felipe el Aguaceros del que dec\u00edan en el pueblo que con su canto atra\u00eda la lluvia. Mira que le amulaba que le llam\u00e1semos aguaceros.<br \/>\nEntonces \u00e9ramos casi cien vecinos, pero poco a poco todos se fueron marchando. Nos quedamos solo cuatro, los Pacos y nosotros.<br \/>\nA\u00fan recuerdo hace quince a\u00f1os, cuando el Genaro a\u00fan ten\u00eda la taberna, y nos sent\u00e1bamos siete u ocho a echar la partida y beber an\u00eds el mono. Luego el Genaro tambi\u00e9n se fue. Se lo llevaron los hijos a una residencia: El Balc\u00f3n se llamaba.<br \/>\nMe mando una vez una carta que amilanaba al m\u00e1s pintao. Ley\u00e9ndola el Paco dijo: \u201cYo me morir\u00e9 en mi cama\u201d . Y una noche de diciembre cuando la nevada llegaba a media rodillada se metieron en la cama con el brasero y ya no se despertaron.<br \/>\nFue la Marina qui\u00e9n los encontr\u00f3. Se qued\u00f3 llorando y visti\u00e9ndolos, mientras, yo bajaba a toda prisa a Valdeameras. Subieron los seis que quedaban all\u00ed, y el cura. Entre todos les dimos cristiana sepultura y nos quedamos solos los dos y la Perla. Despu\u00e9s de estar una semana encima de la tumba del Paco al fin entendi\u00f3 que se hab\u00eda muerto y se vino a casa.<br \/>\nLa Marina no dur\u00f3 mucho, dos meses m\u00e1s tarde se subi\u00f3 a la Pe\u00f1a del Rayo y se tir\u00f3 por el barranco. La encontr\u00f3 la Perla cuando volv\u00edamos de cazar el conejo, entre las aliagas, ya muerta. La lleve yo solo al cementerio y yo le di sepultura. Total si hubiese llamado al cura no se la hubiese dado, para qu\u00e9 molestar.<br \/>\nDesde entonces he estado solo. A mi tampoco nadie me sepultar\u00e1 como Dios manda. Yo tambi\u00e9n vagar\u00e9 en el limbo.<br \/>\nHan sido a\u00f1os duros, nunca hab\u00eda estado tan solo, menos mal a la Perla. Ha sido mi compa\u00f1\u00eda todos los d\u00edas, sal\u00eda al monte a los cazaderos conmigo. Menos mal que cuando estuve en Zaragoza unos d\u00edas con el chico me compr\u00e9 la m\u00e1quina de rellenar los cartuchos , p\u00f3lvora y postas. Reutilizando las vainas y cerr\u00e1ndolas con esa prensa he tenido suficiente munici\u00f3n para abatir toda la carne que he comido en estos cinco ya largos a\u00f1os.<br \/>\nCreo que los chicos tampoco saben que su madre ha muerto, claro que ellos no han escrito ni nada, ni para felicitarnos las pascuas, ni para saber si seguimos vivos. Ya tendr\u00e9 nietos grandes.<br \/>\nCuando naci\u00f3 el primero nos fuimos unos d\u00edas a Zaragoza. La nuera y yo ten\u00edamos muchas desavenencias; qu\u00e9 si ten\u00edamos que ducharnos todos los d\u00edas; que si no me pod\u00eda liar el cigarro; que si nada de an\u00eds. Todo lo que hac\u00eda le parec\u00eda mal.<br \/>\nCon la Marina no, con ella miel sobre hojuelas. Se las ama\u00f1anaba bien con mi mujer.<br \/>\nSolo la quer\u00eda porque le cuidaba bien al chicuelo y le ayudaba mucho con la casa. La quer\u00eda de criada. Y como la Marina con tal de estar con ellos lo aceptaba todo, la estancia en la casa era una balsa de aceite. Yo no lo acept\u00e9, cog\u00ed el petate y puse pies en polvorosa. La Marina se vino detr\u00e1s pero s\u00e9 que nunca me perdono mi espantada.<br \/>\nIgual ma\u00f1ana llega el cartero y me encuentra aqu\u00ed, qui\u00e9n sabe. Aunque s\u00e9 que no, que no vendr\u00e1 nadie, ni el cartero ni nadie. Me pudrir\u00e9 ah\u00ed , con los cuervos comi\u00e9ndome los ojos.<br \/>\nHe abierto una zanja, es grande, me tapar\u00e9 un poco. La Perla cuidar\u00e1 que no vengan los cuervos, lo s\u00e9. Hab\u00eda pensado pegarle un tiro pero no he podido. Igual se marcha al monte y all\u00ed cr\u00eda , aunque sea con un lobo.<br \/>\nSi tuviese m\u00e1s arrestos bajar\u00eda hasta Valdeameras y me morir\u00eda all\u00ed en medio del pueblo. Como en una pel\u00edcula, lo vi una vez en una de indios y vaqueros, llegar al medio y desplomarme.<br \/>\nMenos mal que desde hace un tiempo el Paco viene a verme, me avisa de algunos peligros, de las nevadas, de todo.<br \/>\nEl es que me ha dicho que me morir\u00e9 esta noche, que la Perla cuidar\u00e1 mi tumba, que escriba esta carta, que vendr\u00e1 una chica rubia como la cerveza que leer\u00e1 est\u00e1 carta y que tambi\u00e9n me tapar\u00e1 la cara, y se llevar\u00e1 una gran sorpresa. No me haga mucho caso, usted, el que lo lea, creo que me estoy volviendo loco.<br \/>\nMorirme es en cierto modo una liberaci\u00f3n, ll\u00e9guese hasta el jard\u00edn y cuando tape mi cuerpo, ponga una rosa encima de mi tumba.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me qued\u00e9 pasmada. Me parec\u00eda incluso o\u00edr la voz del viejo y ver su rostro. Sal\u00ed afuera, cog\u00ed una vieja pala oxidada y termine de tapar con tierra la tumba. Salvaje crec\u00eda un rosal rojo, siguiendo sus deseos coloque una rosa encima de la tierra. Nunca he sido muy religiosa pero improvis\u00e9 una oraci\u00f3n por el difunto. O\u00ed el aullido de un lobo e instintivamente me met\u00ed en la casa con intenci\u00f3n de hacer las \u00faltimas fotos del pueblo y largarme de all\u00ed.<br \/>\nEl bur\u00f3 me segu\u00eda pareciendo magn\u00edfico, mir\u00e9 dentro y encontr\u00e9 una fotograf\u00eda amarilleada por el polvo y el tiempo.<br \/>\nEra una joven pareja vestidos de gala, ella llevaba un traje negro, pens\u00e9 que igual era el d\u00eda de su boda. El rostro de ella me resultaba familiar, ten\u00eda el mismo pelo que yo y mis mismos ojos.<br \/>\nEstaba sentada en una silla con \u00e9l apoyando la mano izquierda en su hombro. Eran guapos.<br \/>\nCog\u00ed las cartas y las fotos. No mir\u00e9 mucho m\u00e1s, en la calle tire el resto de las fotos, tres carretes y me largue con el petate lleno a mi casa.<br \/>\nAll\u00ed con Javier repas\u00e9 las cartas. Mi abuelo tambi\u00e9n se llamaba Manuel, pero apenas sab\u00eda nada de \u00e9l, no se hablaba con mi padre. Hace mucho que mi hermano y yo intentamos preguntarle sobre ellos, pero mi padre no solt\u00f3 prenda. Dijo algo as\u00ed como \u201cmejor est\u00e1is sin saber nada de \u00e9l\u201d.<br \/>\nMi sorpresa fue ver el remite: Miguel Sebasti\u00e1n Almuze, C\/ Nuestra Se\u00f1ora de la Oliva, 7 4\u00ba B. Esa era la casa de mis padres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Solitario, triste y mudo hallase aquel cementerio; sus habitantes no lloran&#8230; \u00a1Qu\u00e9 felices son los muertos! Gustavo Adolfo B\u00e9cquer Era una preciosa ma\u00f1ana oto\u00f1al de nubes con sol. Blaqui, mi mast\u00edn del pirineo, me miraba mientras conduc\u00eda a toda pastilla campo a trav\u00e9s. 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