{"id":108,"date":"2005-02-25T15:41:11","date_gmt":"2005-02-25T14:41:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=108"},"modified":"2018-02-09T13:22:42","modified_gmt":"2018-02-09T12:22:42","slug":"71-el-guardian-de-las-mareas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=108","title":{"rendered":"71. El guardian de las mareas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F108&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F108&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">SOBERBIO MAR AZUL. Lo indago a diario como quien busca en un espejo las cicatrices del tiempo. Rostro viejo surcado de ondas j\u00f3venes, nunca cede al cansancio, se mueve perezoso ahora y ma\u00f1ana salta \u00e1gil como las cabras que suben abruptas laderas.<!--more--> Siempre me sobrevuelan sus aves mientras deambulo por la orilla, rompiendo las olas o escarbando en mis propias huellas en busca de los crust\u00e1ceos que me alimentan. Nunca deja de sorprenderme su vitalidad de criatura ingenua.<br \/>\nEs generoso cuando me entrega naufragios a los que devorar. Ayer persegu\u00ed mar adentro una formaci\u00f3n de delfines avanzando sobre la superficie rizada. Me gusta zambullirme junto a ellos en las corrientes de agua fresca; son m\u00e1s r\u00e1pidos que yo y se me escaparon como culebras entre las piernas. Los perd\u00ed en la profundidad, all\u00e1 donde los corales enarbolan sus colores y mis pulmones estallan. El delf\u00edn es el animal m\u00e1s inteligente de estas islas, juega conmigo hasta el agotamiento y no se deja atrapar. Es \u00e1gil como un felino y huye en busca de la seguridad de los fondos cuando otea el peligro.<br \/>\nPor las tardes, cansado de mirar y esperar sin objeto, asciendo por los acantilados y veo c\u00f3mo el azul se desbarata en espumarajos efervescentes, c\u00f3mo las rocas desguazan el mar en jirones de seda blanca. Y entonces descubro los peces rojos y los moluscos azules que quedan atrapados entre los roquedales, y desciendo para atraparlos con facilidad. Al final, por unas horas, calman mi apetito.<br \/>\nUn d\u00eda descubr\u00ed sobre el horizonte un revuelo de cormoranes y gaviotas que parec\u00edan hilar c\u00edrculos sobre el mar. El ojo de Zeus me imped\u00eda ver con nitidez si exist\u00eda algo que perturbara la uniformidad del mar azul. Volv\u00ed a sentarme y esper\u00e9 como vengo haciendo desde hace siglos, desde que soy el guardi\u00e1n de las horas y del motor que atiza las mareas de los siete oc\u00e9anos. El viento fue mi aliado invisible y la playa fue atrayendo como un im\u00e1n las naves que parec\u00edan navegar a la deriva. Me ocult\u00e9 tras las rocas, y pocas horas despu\u00e9s tres embarcaciones fondearon en la bah\u00eda. Las aves marinas persist\u00edan en su labor geom\u00e9trica, y desde los aires se lanzaban en picado para atrapar los desechos que arrojaban los marineros por la borda.<br \/>\nAl final llegaron a la playa y desembarcaron armas y vituallas. Yo los segu\u00eda observando, oculto tras los promontorios de la orilla. Otras muchas invasiones ocurrieron en el pasado, pero nadie supo de ellas porque ninguno sali\u00f3 de aqu\u00ed con vida. La prohibici\u00f3n es, desde el fondo de los siglos, absoluta. Los dioses quisieron que las rutas que conducen a los l\u00edmites de mis islas permanecieran ocultas a la cartograf\u00eda de las estrellas y al horizonte de los navegantes. Yo soy el \u00fanico habitante de estas islas y se\u00f1or de mi soledad. S\u00f3lo el azar, el gran art\u00edfice, trasgrede cada decena de a\u00f1os las leyes escritas y env\u00eda navegantes hasta mis playas.<br \/>\nLos invasores se organizaron y, tras montar un campamento, se lanzaron a explorar el interior. Parecen m\u00e1s aguerridos y afortunados que los anteriores, pero a\u00fan as\u00ed les tengo reservado el mismo fin. A m\u00ed me gusta apostar, y el juego de la vida ser\u00e1 mi pr\u00f3xima prueba. Lo aprend\u00ed de los grandes felinos. La sutileza y el fino humor con que juegan con sus v\u00edctimas ha sido hasta ahora el \u00fanico divertimento que me ha sacado del tedio de los siglos.<br \/>\nHan pasado los d\u00edas. Me encanta hacerles creer que ven cosas que en realidad no existen, as\u00ed persiguen pistas falsas. Les tiendo trampas, como por ejemplo ayer, que oculto tras la espesura abr\u00ed la boca. Creyeron que era una oscura caverna y por ella se adentraron. L\u00e1stima de ellos, no qued\u00f3 ni uno. En otra ocasi\u00f3n, tras ver c\u00f3mo ascend\u00edan por mis brazos como si fueran troncos de palmera, al final, al llegar a la copa, los atrap\u00e9 con mis manos y los tragu\u00e9 como racimos de d\u00e1tiles. Hace semanas asom\u00e9 mi \u00fanico ojo sobre la gran cima nevada y pensaron que se trataba de un viejo astro ca\u00eddo de las estrellas. De nuevo se pusieron a la tarea de subir las escarpadas pendientes con grave peligro para sus vidas. Cuando estaban cerca de la cima sopl\u00e9 con gran fuerza y cayeron arrastrados por el gran vendaval. Fue f\u00e1cil recoger sus descoyuntados cuerpos y com\u00e9rmelos.<br \/>\nVan quedando menos, pero no por ello su valor ha menguado. Ser\u00eda f\u00e1cil pasar sobre ellos y aplastarlos como suelo hacer con las aves marinas, pero es mejor seguir jugando. Hoy han ca\u00eddo otros tantos en mi celada. Me acost\u00e9 sobre el desierto de las tierras de interior y mi cuerpo se confund\u00eda con las suaves dunas. De camino a las frescas fuentes de los oasis comenzaron a subir por mis piernas y cuando los tuve al alcance de mi lengua los lam\u00ed como hace el tigre con su suave pelaje. Devor\u00e9 por lo menos una docena, pero los que a\u00fan quedan vivos no parecen dispuestos a caer en el des\u00e1nimo. Por la noche, tras hacerles los honores a los h\u00e9roes desaparecidos, los restantes siguieron haciendo planes en la orilla al calor de las lumbres. No logr\u00e9 descifrar lo que preparaban porque no comprend\u00eda su extra\u00f1o lenguaje de navegantes. Me sent\u00e9 a descansar. Las constelaciones estaban al alcance de mis manos de tan cercanas y brillantes como aparec\u00edan.<br \/>\nVan pasando los d\u00edas y el ir aniquilando a los visitantes ya no me estimula. Me aburro y por ello me fui a nadar con las sirenas, y buce\u00e9 por las profundidades sorteando los pecios que han ido hundi\u00e9ndose entre tormentas y rocas despe\u00f1adas. Y me encerr\u00e9 en los s\u00f3tanos de mi palacio y comenc\u00e9 a jugar con los mecanismos del tiempo. Lo aceleraba y retardaba a placer, y ve\u00eda c\u00f3mo las estaciones pasaban delante de m\u00ed con la misma velocidad con la que corre el viento. Los \u00e1rboles se vest\u00edan y desnudaban de hojas varias veces por semana, los prados reverdec\u00edan y amarronaban en horas, las fuentes de los r\u00edos se secaban con prontitud y las cimas se cubr\u00edan de nieve en el curso de minutos. Las generaciones de seres vivientes se continuaban unas a otras sin llegar a degustar el placer de sentirse vivos. Principio y fin se un\u00edan en un solo gesto. Tal era la velocidad de los d\u00edas. Tal la magnitud de mi poder.<br \/>\nEstuve meses deambulando por los l\u00edmites de mi reino, poniendo en orden cualquier acontecimiento que perturbara la regularidad de mi mandato. Pero una ma\u00f1ana divis\u00e9 all\u00e1, en lo alto de las Monta\u00f1as Blancas, all\u00ed donde los lagos se convierten en glaciares cuando el fr\u00edo azota las cumbres, el revuelo de los grandes buitres que acechaban para devorar la carro\u00f1a. Me sent\u00ed tentado de descubrir lo que ocurr\u00eda y, llevado por mi curiosidad, comenc\u00e9 a subir. Estuve escalando durante horas, dificultado por la escarpadura de los pe\u00f1ascos y lo profundo de los acantilados, y, cuando faltaba poco para llegar a la cima, los visitantes a\u00fan vivos comenzaron a lanzar voces como queriendo reclamar mi atenci\u00f3n. Pobres ingenuos, pens\u00e9. Parec\u00edan cervatillos juguetones animados por no se sabe qu\u00e9 intenciones. Me hicieron sonre\u00edr y segu\u00ed escalando dispuesto a terminar con sus vidas. Ya me estaba cansando tanta osad\u00eda.<br \/>\nCuando estaba cerca de ellos escuch\u00e9 un enorme estruendo, una explosi\u00f3n como cuando el se\u00f1or de los volcanes se indigesta y comienza a vomitar lenguas de lava. Instantes despu\u00e9s, un terrible bramido equivalente al de cien legiones de toros en desbandada se apoder\u00f3 de la atm\u00f3sfera. Todo temblaba, grandes rocas se desprend\u00edan como tras un se\u00edsmo y dificultaban mi ascensi\u00f3n. Cuando alc\u00e9 la mirada hacia la cumbre, una nube de un humo acre escoci\u00f3 mi \u00fanico ojo; tras ella, un mar de agua helada se precipitaba laderas abajo, con tal vigor que se llevaba por delante pe\u00f1ascos gigantescos y \u00e1rboles centenarios que volaban por los aires como aterradoras lanzas. Trat\u00e9 de sujetarme a las rocas con todas las fuerzas con que los dioses me hab\u00edan dotado. Pero todo fue in\u00fatil, la fuerza desencadenada era invencible. Rod\u00e9 como una piedra monta\u00f1a abajo y me precipit\u00e9 al vac\u00edo. Al chocar contra los nichos de roca de los torrentes, not\u00e9 c\u00f3mo mis huesos se hac\u00edan astillas y las aguas se te\u00f1\u00edan del color de las uvas en el oto\u00f1o. Fui sepultado por cantidades ingentes de agua, hielo y piedras, y un enorme tronco de cedro que silbaba como una jabalina se clav\u00f3 en mi frente. Al instante, las tinieblas se apoderaron de m\u00ed, del mismo modo en que a veces la luna cubre al sol y el d\u00eda se hace noche. Un torrente de sangre viva brot\u00f3 de mi herida, y, agonizante, escuch\u00e9 voces que se acercaban a comprobar mi estado. Una de ellas sobresal\u00eda entre las dem\u00e1s, y daba \u00f3rdenes de terminar de aniquilarme sin piedad. Clamaban venganza por los compa\u00f1eros desaparecidos. Con cien artilugios atravesaban mi piel y con fiereza me acribillaban. A \u00e9l me dirig\u00ed, pues hab\u00eda sido el autor del fin de mis d\u00edas. Yo ya no ser\u00eda m\u00e1s el due\u00f1o de las mareas ni el amo del tiempo. Otro, siguiendo el designio de los dioses, ocupar\u00eda mi lugar en esa tarea.<br \/>\n\u2013\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa que llegaste a estas islas ignoradas?\u2013alcanz\u00f3 a preguntar el c\u00edclope\u2013. \u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa que has tenido el valor y el ingenio de acabar con mi vida y a quien los dioses har\u00e1n nuevo se\u00f1or de estos mares?<br \/>\n\u2013Soy Nadie y navegaba con los Argonautas \u2013contest\u00f3 el otro\u2013. Ven\u00edamos de destruir Troya y hacia \u00cdtaca nos dirig\u00edamos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOBERBIO MAR AZUL. Lo indago a diario como quien busca en un espejo las cicatrices del tiempo. Rostro viejo surcado de ondas j\u00f3venes, nunca cede al cansancio, se mueve perezoso ahora y ma\u00f1ana salta \u00e1gil como las cabras que suben abruptas laderas.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-108","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relato"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/108","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=108"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/108\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":419,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/108\/revisions\/419"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=108"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=108"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=108"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}