{"id":107,"date":"2005-02-25T15:39:13","date_gmt":"2005-02-25T14:39:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=107"},"modified":"2018-02-09T13:21:06","modified_gmt":"2018-02-09T12:21:06","slug":"70-vivir-sin-morir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=107","title":{"rendered":"70. Vivir sin morir"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F107&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F107&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">La jardinera era un pante\u00f3n donde los muertos resucitaban. Aunque mis padres no lo cre\u00edan, nunca me tiraron a loco: simplemente estaba muy chavo y no me tomaban en serio. No recuerdo haber tenido amigos: los escuincles del barrio eran demasiado est\u00fapidos para entender lo que pasaba. Sin embargo, era cierto: ah\u00ed enterraba a mis mascotas y cuando tocaban tierra, volv\u00edan a la vida.<!--more--><br \/>\nEsa construcci\u00f3n tambi\u00e9n hab\u00eda revivido: originalmente estaba a la entrada de la vecindad, pero el due\u00f1o se la llev\u00f3 en pedazos hasta el tercer patio con todo y nochebuena cuando le pareci\u00f3 estorbosa. Entonces el arbusto no se hab\u00eda transformado en ese enredijo de ramas que fue despu\u00e9s. En diciembre los inquilinos lo vest\u00edan con escarcha y esferitas, a manera de \u00e1rbol navide\u00f1o. Pero al llenarse el patio de tendederos, se amontonaron ladrillos rotos y trozos de concreto para formar lo que m\u00e1s tarde ser\u00eda mi cementerio.<br \/>\nAunque fea, yo le guardo un recuerdo muy padre, con todo y sus paredes chuecas y los boquetes donde asomaban el zacate y la jarilla. Los crisantemos que mi madre sembr\u00f3 se secaron y en su lugar crecieron polocotes, unos como girasoles silvestres que por estos rumbos son una plaga. Como ninguno de los vecinos la cuidaba, la nochebuena acab\u00f3 retorcida y reseca, hecha un espantajo. Eso me serv\u00eda porque los otros ni\u00f1os la evitaban y se convirti\u00f3 en mi refugio y lugar de juegos favorito. Era una selva, un bosque, un pantano o lo que yo quisiera.<br \/>\nAdem\u00e1s de este escondrijo, mi otro refugio eran las mascotas. Como para compensar las friegas que me daba mi padre, me dediqu\u00e9 a cuidar mayates, a darle de comer a las lagartijas y hasta llev\u00e9 a la casa un charal, que instal\u00e9 en un frasco disfrazado de pecera, con piedritas y una rama de nochebuena a manera de alga. Un d\u00eda, al volver de la escuela, no encontr\u00e9 ni al pez ni al envase. Siempre sospech\u00e9 de mi padre, pero mi mam\u00e1 se neg\u00f3 a decirme qu\u00e9 hab\u00eda pasado, no te preocupes, To\u00f1o, yo te voy a comprar un pescado bien bonito, ya ver\u00e1s.<br \/>\nQui\u00e9n sabe de d\u00f3nde sac\u00f3 dinero, porque mi pap\u00e1 a veces no le dejaba ni para el gasto, pero me compr\u00f3 una esfera de cristal con una planta de pl\u00e1stico y un pez de los llamados beta. \u00c9ste ser\u00eda el primer resucitado.<br \/>\nAl igual que el charal, el beta desapareci\u00f3. Volv\u00ed a desconfiar de mi jefe y estuve a punto de reclamarle, pero al barrer tras una cortina cercana a la pecera, el animal apareci\u00f3 envuelto en polvo algodonoso, como si hubiese salido a caminar treinta o cuarenta cent\u00edmetros hasta donde la pelusa se lo impidi\u00f3.<br \/>\nSent\u00ed entonces la muerte como algo real, una muerte de a deveras. Esto digo hoy, porque en aquel momento lo que hice fue llorar de coraje o de miedo. Con toda solemnidad abr\u00ed un hoyo en la jardinera y coloqu\u00e9 al pececillo en su interior. Al sentir la tierra h\u00fameda, el beta revivi\u00f3. Ten\u00eda m\u00e1s de un d\u00eda de haber abandonado el agua cuando lo volv\u00ed a colocar en la pecera. Estaba tan contento que no advert\u00ed lo extraordinario del suceso. Aceptaba esto como algo natural: me gustaba y no ten\u00eda por qu\u00e9 buscarle explicaci\u00f3n.<br \/>\nCorr\u00ed a dec\u00edrselo a mi jefa, mamita, el beta estaba muerto y revivi\u00f3 cuando lo puse en la jardinera. S\u00ed, gordito, pero ahorita estoy lavando la ropa, un gesto de l\u00e1stima y otro de ya no me est\u00e9s jodiendo. Los otros ni\u00f1os de la vencidad de plano se burlaron de m\u00ed. Ya no dije ni una palabra sobre la serie de milagros que se dieron en torno al cementerio. La alegr\u00eda que me causaba la resurrecci\u00f3n de los animales se volvi\u00f3 un gusto secreto.<br \/>\nEl segundo en revivir fue un gorri\u00f3n. Era un polluelo a medio emplumar, de piel gris\u00e1cea con unos cuantos ca\u00f1oncitos blancuzcos. Lo recog\u00ed al pie de un fresno, en un parque cercano a la vecindad. Sangraba de un ala, pero parec\u00eda estar bien. Me ve\u00eda intrigado con sus ojos saltones.<br \/>\nDentro de una jaula le improvis\u00e9 un nido con zacate y me dispuse a alimentarlo hasta que pudiera volar. Se va a morir, dijo mi mam\u00e1, pero yo nunca le hice mayor caso y ofrec\u00ed al animal una papilla de bolillo con leche, que no quiso comer. Por fin acept\u00f3 una mosca, as\u00ed que mat\u00e9 cuantas pude para alimentar a mi inquilino.<br \/>\nMe recordaba a mi hermano menor, no s\u00e9 si por prieto, por flaco o por oj\u00f3n. Seguro que por todo eso, pero tambi\u00e9n porque sangraba como Mart\u00edn cuando mi pap\u00e1 lo golpe\u00f3 por haberle roto una botella de mezcal. Entonces yo ten\u00eda ocho a\u00f1os, \u00e9l apenas seis o siete. De todas formas le abri\u00f3 el p\u00f3mulo de un hebillazo, pinche viejo cabr\u00f3n, ponte con uno de tu tama\u00f1o, pens\u00e9. No me veas as\u00ed, porque a ti tambi\u00e9n te sueno.<br \/>\nEn poco tiempo el gorri\u00f3n gozaba de un gran buche. Ese animal se va a morir, repiti\u00f3 mi madre, pero cre\u00ed que por esta ocasi\u00f3n le hab\u00eda ganado. Al segundo d\u00eda el pajarito se encogi\u00f3 sobre sus patas y clav\u00f3 el pico. Muri\u00f3 de empacho, dijo mi jefa a manera de consuelo.<br \/>\nLo reviv\u00ed como al pescado y lo guard\u00e9 en su jaulita. Result\u00f3 mejor, porque ahora ya no ten\u00eda que darle de comer. Hasta desarrollamos una forma de comunicaci\u00f3n casi telep\u00e1tica. No exactamente, porque el gorri\u00f3n no me dec\u00eda nada, pero agradec\u00eda mis cuidados y mi inter\u00e9s por conservarlo vivo.<br \/>\nEl siguiente renacido era gris, casi negro, de amplias alas, sin plumas en la cabeza y con un pliegue de pellejo que le colgaba del ojo. Con su cr\u00e1neo pelado y rojizo, parec\u00eda un peque\u00f1o buitre. Un minibuitre para el minipante\u00f3n.<br \/>\nCuando lo vi parado en la nochebuena no supe qu\u00e9 pensar. Al principio lo confund\u00ed con una paloma, acaso desplumada por los gatos del vecindario o por la sarna. Pero era mucho m\u00e1s grande que un pich\u00f3n; parec\u00eda sentado en su rama y una de sus alas estaba rota.<br \/>\nTampoco creo que fuera un zopilote. Los he visto en el zool\u00f3gico y son enormes, las alas largas hasta lo estorboso y las plumas plantadas en los extremos, como penachos. Cada uno de nosotros, mi mam\u00e1, mi padre y yo, lo vimos con una figura distinta, pero sin poder relacionarlo con ning\u00fan pajarraco conocido. Ten\u00eda una mirada penetrante, la vista fija, pero no como un b\u00faho, porque sus ojos no estaban al frente de la cara sino a ambos lados de la cabeza.<br \/>\nCreo que se trataba de un tipo de cuervo o urraca. Nunca lo supe con precisi\u00f3n, porque cuando trat\u00e9 de adoptarlo mi padre lo moli\u00f3 a escobazos. No me traigas esas chingaderas aqu\u00ed, porque a ti tambi\u00e9n te toca, no pap\u00e1, pinche viejo desgraciado, no papito, no me pegues, viejo cabr\u00f3n, me vale madre lo que hagas. Me call\u00e9 por prudencia pero no por temor.<br \/>\nRespeto nunca le tuve y el miedo se lo perd\u00ed al darme cuenta que aunque me matara a palos pod\u00edan llevarme a mi rinc\u00f3n y revivirme como a los animales. Por eso empec\u00e9 a cambiar, por eso me pon\u00eda al brinco cada vez que maltrataba a mi madre o cuando tomaba el cintur\u00f3n para azotar a mi hermanito. Un d\u00eda de plano le agarr\u00e9 el brazo y le dije que a mi mam\u00e1 no le pegara, pinche chamaco metiche, te voy a romper la madre a ti tambi\u00e9n. Y me golpe\u00f3 con todo lo que tuvo a la mano, con el cincho, con un palo, hasta con una botella de aguardiente vac\u00eda.<br \/>\nCorr\u00ed. No hu\u00eda de sus golpes, me apuraba para llegar a la jardinera. El contacto con el suelo hizo que me doliera la espalda todav\u00eda m\u00e1s, pero s\u00f3lo entonces me sent\u00ed a salvo, si muero, aqu\u00ed mismo resucito, c\u00f3mo me duelen los brazos. Ya no supe m\u00e1s: me despert\u00f3 una vecina asustada que, antes de devolverme a casa, me limpi\u00f3 las heridas. Le agradec\u00ed, aunque sin decirle que no era necesario, que yo mor\u00ed el d\u00eda anterior y la tierra h\u00fameda me hab\u00eda resucitado.<br \/>\nNi ese d\u00eda ni los siguientes fui a la escuela. Cuando pude caminar, con el dolor apretuj\u00e1ndome el cuerpo, sal\u00ed de la rec\u00e1mara para encontrar al pinche viejo durmiendo la mona sobre la mesa, roncando puro aguardiente. Mi mam\u00e1 hab\u00eda salido por el mandado llev\u00e1ndose a Mart\u00edn. Tom\u00e9 un otate que us\u00e1bamos de tranca y le sorraj\u00e9 un golpe limpio en la cabeza. Rebot\u00f3 sobre la mesa, pero ya no despert\u00f3. Luego otro. Y otro. Y otro.<br \/>\nCuando regres\u00f3 mi mam\u00e1 yo segu\u00eda soltando trancazos a la cabeza de mi padre. No le fue dif\u00edcil detenerme: me dol\u00edan los brazos, las piernas. No s\u00e9 ni c\u00f3mo me aguantaba el otate. La polic\u00eda sac\u00f3 de mi rec\u00e1mara mis mascotas, otra vez muertas. Seguro que el muy hijo de la chingada las mat\u00f3 mientras estuve en cama.<br \/>\nLlevo cuatro a\u00f1os en la correccional, donde no nos dejan tener animales. Tampoco quiero tenerlos. Aqu\u00ed me siento como una mascota enjaulada y es muy jodido. A quien quisiera ver es a mi mam\u00e1 y a mi hermano, aunque no s\u00e9 si ella quiera verme.<br \/>\nEn una bronca me picaron con una punta. Ped\u00ed que me llevaran a la jardinera, para resucitar de nuevo. No fue necesario revivirme, s\u00f3lo estuve un mes en la enfermer\u00eda y me regresaron para ac\u00e1.<br \/>\nS\u00e9 que si muero puedo renacer. Ser\u00e1 por eso que soy un poco cabr\u00f3n y a cada rato me meto en broncas. No importa. A mi padre, a ese hijo de puta, s\u00ed se lo carg\u00f3 la chingada.<\/p>\n<p>*Para Pepito, in memoriam<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La jardinera era un pante\u00f3n donde los muertos resucitaban. Aunque mis padres no lo cre\u00edan, nunca me tiraron a loco: simplemente estaba muy chavo y no me tomaban en serio. No recuerdo haber tenido amigos: los escuincles del barrio eran demasiado est\u00fapidos para entender lo que pasaba. Sin embargo, era cierto: ah\u00ed enterraba a mis [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-107","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relato"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/107","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=107"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/107\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":418,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/107\/revisions\/418"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=107"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=107"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=107"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}