{"id":104,"date":"2005-02-25T15:32:36","date_gmt":"2005-02-25T14:32:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=104"},"modified":"2018-02-09T13:06:27","modified_gmt":"2018-02-09T12:06:27","slug":"67-vida-cansada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=104","title":{"rendered":"67. Vida cansada"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F104&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F104&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">El r\u00edo le parec\u00eda hermoso. Las ramas de los \u00e1rboles, que se alzaban junto a \u00e9l, parec\u00edan brazos desnudos, fr\u00e1giles pero abiertos, dispuestos a acoger lo que llegara. \u00bfPod\u00eda ella abrir los brazos as\u00ed?<!--more--> Ve\u00eda cada tarde sus aguas pele\u00e1ndose por pasar sobre una roca o junto a la orilla. Lo ve\u00eda al pasar con prisa por el puente rumbo a casa. Siempre iba corriendo, igual que \u00e9l. Pero \u00e9l en su carrera iba a un lugar concreto. Ella simplemente corr\u00eda. No se pod\u00eda permitir el lujo de un descanso. Su marido le dec\u00eda que alg\u00fan d\u00eda su salud se resentir\u00eda de tanta carrera, pero Mar\u00eda sab\u00eda que ten\u00eda una salud de hierro. Demasiado fuerte tal vez. Su cuerpo lo soportaba todo: el marido, la casa, el trabajo\u2026 Incluso aquello que nadie imaginaba que alguien como Mar\u00eda pudiera soportar. Por eso corr\u00eda. Para que no le sobrara el tiempo y la vida no se le acumulara en la espalda sin poder vivirla.<br \/>\nSilvia, su compa\u00f1era en el turno de tarde de la cafeter\u00eda, cre\u00eda que se buscaba demasiadas ocupaciones. Si hab\u00eda que hacer una sustituci\u00f3n o el turno nocturno, Mar\u00eda se las ingeniaba para poder cogerlo ella, siempre y cuando le dejaran una hora para ir a casa, preparar la cena para su marido y la comida del d\u00eda siguiente. As\u00ed las horas se llenaban todav\u00eda m\u00e1s. \u00bfUn encargo en la ciudad de al lado? Mar\u00eda cog\u00eda el coche y se plantaba all\u00ed como una exhalaci\u00f3n, para volver a la hora siguiente de la misma manera. Mar\u00eda se lo hab\u00eda intentado explicar a ella y a otras personas que, como Silvia, no lograban comprender a qu\u00e9 ven\u00eda tanta prisa, tanta necesidad de estar siempre en movimiento. \u00abAs\u00ed es mejor\u00bb, pensaba Mar\u00eda. Nadie entend\u00eda por qu\u00e9 hac\u00eda las cosas y, por lo tanto, nadie sab\u00eda nada de ella. Lo \u00fanico que lograba contestar a su amiga o a sus vecinos era que no le gustaba tener las manos ca\u00eddas ni la mente ociosa. Al menos eso entraba en las cabezas de los que la rodeaban y era lo \u00fanico que les deb\u00eda interesar, seg\u00fan Mar\u00eda. Siempre en marcha. Siempre hacia delante. Sab\u00eda que si se paraba, aunque fuera tan s\u00f3lo un minuto, su vida la atrapar\u00eda y su cuerpo, por mucha salud de hierro que tuviera, no lo aguantar\u00eda.<br \/>\nAl llegar al apartamento siempre era el mismo ritual. Era un piso con una sola habitaci\u00f3n, adem\u00e1s del sal\u00f3n, la cocina y el cuarto de ba\u00f1o. Lo hab\u00edan alquilado despu\u00e9s de casarse, y aunque su marido hab\u00eda pensado en las reformas necesarias para cuando llegara el peque\u00f1o, nunca las hab\u00edan realizado. La limpieza la acababa enseguida, y ten\u00eda que buscar retales para poder coser cojines o confeccionar cortinas.<br \/>\n\u00c9l llegaba media hora m\u00e1s tarde que Mar\u00eda y, en ese tiempo, ella preparaba la cena, siempre compuesta de dos platos, se duchaba, se vest\u00eda con ropa que no fuera del trabajo e iba pensando en el men\u00fa para el d\u00eda siguiente. Cuando estaba dejando sobre el mantel la jarra de agua, tras haber dispuesto ya los platos y la comida en ellos, abr\u00eda la puerta su marido. Com\u00edan sin decirse nada, con sonrisas mudas y miradas de reojo a la silla que nadie hab\u00eda utilizado. Despu\u00e9s, Mar\u00eda lo recog\u00eda todo, dici\u00e9ndole a su marido que se sentara en el sof\u00e1, que descansara, que ella ya se ocupaba. Durante un tiempo \u00e9l pens\u00f3 que las palabras de Mar\u00eda guardaban iron\u00eda y se levantaba de inmediato para ayudar a lavar los platos. Luego descubri\u00f3 que lo dec\u00eda de coraz\u00f3n y se quedaba sentado. Ella lo necesitaba. La noche era el peor momento del d\u00eda y, si no llegaba agotada a la cama, aunque durmiera, todo pod\u00eda caer sobre su mente como una cascada y corr\u00eda el riesgo de no levantarse.<br \/>\nAquella ma\u00f1ana se levant\u00f3 con el primer pitido del despertador. Su marido se quedaba remoloneando entre las s\u00e1banas unos minutos m\u00e1s, que siempre permit\u00edan a Mar\u00eda lavarse la cara, vestirse, ir a la panader\u00eda a comprar pan fresco y preparar el caf\u00e9. Su marido no entend\u00eda todav\u00eda c\u00f3mo lo hac\u00eda, pero siempre que abr\u00eda la puerta de la cocina tras haberse duchado estaba todo listo. Durante un tiempo intent\u00f3 alabarlo, buscar en su cabeza alguna broma que pudiera robarle a Mar\u00eda una sonrisa, pero al final se hab\u00eda callado y, aunque Mar\u00eda pensaba que aquella situaci\u00f3n a \u00e9l le entristec\u00eda, ella lo prefer\u00eda as\u00ed. El silencio permit\u00eda que su mente estuviera siempre en funcionamiento, pensando en todo lo que ten\u00eda que hacer, en cu\u00e1ndo lo iba a hacer. Hablar con su marido en seg\u00fan que momentos pod\u00eda desviarla de su hilo conductor y pod\u00eda perderse en la memoria que, aunque guardada, no hab\u00eda desaparecido.<br \/>\nSe calz\u00f3 las botas, intentando no hacer ruido con la cremallera, y se acerc\u00f3 a la ventana. El d\u00eda era radiante. No necesitaba coger la chaqueta. Mientras abr\u00eda la puerta de entrada para salir a la calle pens\u00f3 que pod\u00eda ir hasta la panader\u00eda que quedaba en la otra parte del pueblo, pasado el r\u00edo. Era la que serv\u00eda las pastas y el pan a la cafeter\u00eda donde trabajaba. Ten\u00eda tiempo. As\u00ed podr\u00eda ver las aguas del deshielo deslizarse con prisa entre las piedras y tambi\u00e9n las primeras hojas.<br \/>\nEl aire era fresco. No se o\u00eda nada en las calles. Para Mar\u00eda era la mejor hora del d\u00eda. Nadie que la viera caminar aceleradamente, la mirada fija en un punto indefinido de la acera, su mente buscando un momento de paz. Sin embargo, era incapaz de darles tregua a sus cavilaciones. Si dejaba de pensar en qu\u00e9 tipo de pan comprar\u00eda o si, al volver, la vecina del quinto ya habr\u00eda subido las persianas y se estar\u00eda fumando el primer cigarrillo del d\u00eda, un abismo se abr\u00eda ante ella y empezaba el v\u00e9rtigo. Hab\u00eda aprendido a cerrarle la puerta a aquellas im\u00e1genes que se acumulaban en su cabeza cuando se mareaba de aquella manera. El mundo se le hac\u00eda extra\u00f1o y ten\u00eda que hacer un esfuerzo para buscar de nuevo el punto indefinido que la dejaba respirar y encauzar el pensamiento.<br \/>\nAl pasar sobre el r\u00edo sinti\u00f3 un escalofr\u00edo. En aquel trozo de calle siempre crec\u00eda la humedad y a Mar\u00eda se le met\u00eda en el cuerpo. Bajaba sonoro, alegre, y las hojas lo observaban desde sus alturas, pendiendo de los brazos que nunca dejaban de abrirse al cielo. \u00bfPod\u00eda abrazar? Alguna vez lo hab\u00eda hecho, pero s\u00f3lo con los brazos, nunca con el cuerpo. Sigui\u00f3 con paso decidido hasta llegar a la panader\u00eda y compr\u00f3 una barrita de pan de cereales y otra de pan blanco. As\u00ed ya tendr\u00eda para la cena. La panadera se las envolvi\u00f3 con un trozo de papel blando. Mar\u00eda sali\u00f3 casi corriendo. Si se daba prisa, llegar\u00eda justo para preparar el caf\u00e9 y que estuviera todo listo cuando su marido entrara en la cocina.<br \/>\nCruz\u00f3 con tanta premura el puente, que se le cay\u00f3 del paquete la barra de pan de cereales. Se agach\u00f3 a cogerla y sinti\u00f3 una punzada en el pecho. Una imagen la pod\u00eda parar, pero todas de golpe era imposible. Se vio a s\u00ed misma, all\u00ed, agachada, recogiendo el pan y se le eriz\u00f3 la piel. Ya no era la humedad. El aire no era fr\u00edo. La puerta se abri\u00f3. Vio a su marido junto a ella, en la cama, intentando levantarle el camis\u00f3n y ella apart\u00e1ndole la mano. La primera vez que ella lo hizo, \u00e9l se enfad\u00f3. Era su marido. Estaban casados. Ten\u00edan que hacerlo. Luego llegaron las quejas, los reproches, que ella no le amaba, que deb\u00eda tener un amante\u2026 Ella siempre callando, siempre con el pestillo corrido en su memoria. \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda hacer? Se sent\u00f3 en la acera junto al pan que no hab\u00eda cogido y se apoy\u00f3 en la barandilla de hierro que formaba el puente.<br \/>\nCerr\u00f3 los ojos y dej\u00f3 que cayeran las l\u00e1grimas que nunca hab\u00eda derramado. Aquel olor que tambi\u00e9n ten\u00eda su marido cuando sali\u00f3 de ella. No le hab\u00eda dejado hacerlo mucho. Ella siempre ten\u00eda cosas que hacer. \u00c9l acab\u00f3 por desistir y apagaba la luz al meterse en la cama, sin decirle nada. \u00c9l no pod\u00eda entenderlo. Era un olor tan penetrante. Era imposible olvidarlo. Contra el suelo. Casi no ten\u00eda vello. Se lo hab\u00edan metido dentro sin poder impedirlo, y la primera noche \u00e9l oli\u00f3 igual. Su marido no la ve\u00eda llorar mientras le embest\u00eda. Lo hac\u00eda en silencio. No lo dijo entonces a sus padres y no se lo iba a decir a su marido. A \u00e9l le extra\u00f1\u00f3 que no se rompiera. Se crey\u00f3 que hab\u00eda sido por un golpe contra el borde de una piscina, cuando ni\u00f1a. En realidad hab\u00eda sangrado, y mucho. Fue tan adentro que lleg\u00f3 a clavarse en el coraz\u00f3n. Nadie la vio llorar. Nadie pudo saberlo. Sus padres se extra\u00f1aron que no saliera de casa. Pero nadie pregunt\u00f3. A veces, en la cafeter\u00eda, todav\u00eda cre\u00eda ver aquellos ojos entre los desconocidos.<br \/>\nNo hab\u00eda querido volver a sentir aquel olor. Sin embargo, su marido siempre quer\u00eda intentarlo. Era el \u00fanico momento en que sab\u00eda que su vida peligraba. Por eso se levantaba, se duchaba y se iba al sal\u00f3n a coser. Para olvidarlo. Para guardarlo con aquel d\u00eda en que le robaron la ni\u00f1ez, las ganas. S\u00ed, quer\u00eda a su marido, pero no aquel olor. Cuando \u00e9l vio que no llegaba el embarazo, dej\u00f3 de insistir en tocarla y Mar\u00eda se sinti\u00f3 aliviada. Al menos un tiempo. No le dijo lo del hijo. \u00c9l hubiera querido tirar adelante. Ella no quer\u00eda que nada entrara ni saliera de all\u00ed. Fue la \u00faltima vez que alguien entr\u00f3 y fue para vaciarla. Hab\u00eda salido corriendo de la cl\u00ednica, y sigui\u00f3 corriendo todos los d\u00edas. Hasta aquella ma\u00f1ana.<br \/>\nSe levant\u00f3 dejando las dos barras de pan en el suelo. Las im\u00e1genes se suced\u00edan, pero se encallaba en aquel dolor, en aquel pinchazo en el est\u00f3mago, en aquel desgarro que le parti\u00f3 en dos el alma, las ganas, la vida.<br \/>\nLas hojas no miraban el r\u00edo. La miraban a ella. Correr hacia un sitio. Una meta. Un final. Eran como ojos que asienten, movidos por el aire que balancea las ramas. \u00bfLa acoger\u00edan a ella tambi\u00e9n? El agua ten\u00eda que estar fr\u00eda, pero daba igual. Ya no pod\u00eda cerrar la puerta. No pod\u00eda mirarse a s\u00ed misma sin ver la sangre, las piernas temblando y la mente en blanco. Ya no pod\u00eda controlar el v\u00e9rtigo. Iba a caer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El r\u00edo le parec\u00eda hermoso. 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