{"id":102,"date":"2005-02-25T15:24:39","date_gmt":"2005-02-25T14:24:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=102"},"modified":"2018-02-09T13:16:40","modified_gmt":"2018-02-09T12:16:40","slug":"65-de-perdices-de-sirenas-y-de-amantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/?p=102","title":{"rendered":"65. De perdices, de sirenas y de amantes"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F102&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"Ver PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F102&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/certamen\/wp\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p>Lo primero que quiero deciros es que soy una perdiz. Una perdiz reclamo. Una perdiz asesina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No recuerdo todas mis vidas anteriores. He sufrido cambios enormes. Me he vestido de piel, de escamas y de plumas; he habitado el mar, la tierra y el cielo; he sido persona y animal. Incluso he olvidado muchos de los nombres de los seres que he sido. De lo que estoy segura, hasta donde alcanzo, es de que siempre he sido mala.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora soy perdiz, fui sirena, y comenc\u00e9 siendo mujer. Los p\u00e1jaros no viven mucho tiempo y por el camino que llevo lo m\u00e1s probable es que acabe siendo lombriza. Aprovecho que a\u00fan tengo memoria; las lombrices dudo que la tengan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me gano la vida incitando a los pobres machos con mi reclamo. Les hablo de mi disposici\u00f3n a cuidar huevos -como si pudiesen, estando rodeada de los barrotes de mi jaula, con sus cortos miembros penetrarme para prepararlos- y logro que ellos, muy dispuestos, se acerquen lo suficiente para que mi amo, escondido, pueda c\u00f3modamente dispararles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi amo se llama don Juli\u00e1n. Es farmac\u00e9utico y achacoso. Su oficio tiene importancia en el caso: el dinero que gana es bastante y necesita cuidar su imagen de persona respetable. Nunca le hubiera conocido si no fuera porque le pierden los l\u00edos de faldas. Como era f\u00e1cil que le pillaran en la peque\u00f1a ciudad donde vivimos, le dio por hacer turismo sexual. Y en uno de sus viajes me descubri\u00f3. El que est\u00e9 algo estropeado tambi\u00e9n es importante: le gusta matar animales y, cuando se sinti\u00f3 viejo para patear los campos cargado con una pesada escopeta, recurri\u00f3 a este asesinato llamado caza con reclamo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed, las perdices defienden su territorio y son los machos quienes comienzan a hacer el nido. El reclamo es siempre un macho. La hembra acude a su llamada para ser fecundada y el macho para intimidar al competidor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">All\u00ed, el clima y la vegetaci\u00f3n son otros. No tenemos que luchar por unos pocos granos resecos, la selva est\u00e1 llena de frutos. Las hembras, all\u00ed, no somos tan ego\u00edstas, posiblemente porque la tierra no est\u00e1 embutida de cascajos y los nidos se hacen en un santiam\u00e9n. Adem\u00e1s somos m\u00e1s cari\u00f1osas y los machos menos celosos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta diferencia de usos y costumbres al principio me desquiciaba. Yo, all\u00ed, cantaba: uno, dos o tres enamorados se peleaban, el que ganaba se quedaba conmigo esa noche. Si era atento y soportable le empezaba un hoyo en un sitio acogedor, le dejaba con los remates y me iba a cantar. Si despu\u00e9s de la primera noche, haciendo lo que los dos en sinceridad \u00fanicamente busc\u00e1bamos, se mostraba torpe y con poco fondo, me iba a cantar tambi\u00e9n, pero no le entreten\u00eda con ning\u00fan hoyo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed que cuando empec\u00e9 a trabajar en este rinc\u00f3n del mundo pens\u00e9 que las hembras de aqu\u00ed eran muy raritas: quiero decir que una est\u00e9 trabaj\u00e1ndose al macho para que venga una lista a levant\u00e1rtele, vale; pero que venga porque crea que la llamas a ella&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero han aprendido, ya no aparecen, me han dicho que al o\u00edrnos, a mis amigas o a m\u00ed, se apuestan fuera de nuestra vista pero en el camino de los machos que vienen hacia nosotras, y les hablan de lo malas, de lo peligrosas, de lo inconstantes e insaciables que somos. Obviamente lo \u00fanico que consiguen es que los machos corran hac\u00eda nosotras m\u00e1s deprisa todav\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Don Juli\u00e1n me trajo en uno de sus viajes y poco tiempo despu\u00e9s escabech\u00f3 al macho al que quit\u00e9 el puesto. Como los amigos de mi amo vieron que yo era muy buena en mi oficio, pronto empezaron los encargos y ahora ya seremos unas treinta las que dejamos nuestra tierra y asesinamos aqu\u00ed, donde a los que se dedican a esta forma de caza les llaman \u201cpajareros\u201d. Es un buen nombre&#8230; si se entiende despectivo. Y no lo digo, lo de despectivo, porque se trate de esconderse para matar a traici\u00f3n; m\u00e1s bien porque exuda un cierto tufillo a impotencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi r\u00e9cord ha sido de cinco idiotas muertos a los pies de la vara que, semejante a un cayado cuyo asidero se prolongase en una curva al rev\u00e9s, se clava vertical y, mediante una argolla, suspende mi jaula a poca distancia del suelo. Desde aquel d\u00eda me gan\u00e9 el derecho a que recogiendo a la vara se dispusiesen ramajes imitando un arbusto, y lo agradec\u00ed ya que es horrible el fr\u00edo que sube del suelo en los amaneceres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es un trabajo frustrante y llega a ser cansino. Nunca copulo y tengo los ovarios descontrolados y, una vez que has visto la muerte de la primera docena de amantes, todas te parecen iguales. Incluso la ansiedad que me produc\u00eda la espera del disparo me es ya lejana. Tambi\u00e9n es cierto que casi desde el principio comprend\u00ed el procedimiento de caza, de modo que pronto dej\u00e9 de temer que el tiro me diera a m\u00ed, aparte de que de tanto ruido me estoy quedando medio sorda. Lo \u00fanico que me distrae de verdad, aunque a veces me da por re\u00edr y tengo que apretarme el pico, es ver las caritas que ponen los pipiolos intentando impresionarme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las tabernas donde comentan sus haza\u00f1as, oliendo a vinazo y refrito, antes y despu\u00e9s de la jornada de caza, los amos retiran las caperuzas de tela prieta que a\u00edslan las jaulas y podemos hablar entre nosotras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Somos de variados caracteres, entre nosotras las hay que se excitan con la agon\u00eda de los machos -hab\u00e9is de saber que a veces el plomo no causa la muerte instant\u00e1nea- e incluso he o\u00eddo conversaciones en las que se habla de las ganas de incubar que se siente cuando un macho se pasea ignorante del aleteo moribundo de su predecesor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n las hay miedosas. Son las que duran menos. Se ha llegado a dar el caso de compa\u00f1eras que por temor han dejado de cantar. El p\u00e1nico las ha enmudecido y eso que de seguro deben saber que nunca se dispara desde muy lejos, de modo que los perdigones no tienen espacio para dibujar sus abanicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las hay perfeccionistas que llegan a modular tanto los trinos y a emitir sonidos tan c\u00e1lidos que enloquecen al amante y \u00e9ste, desesperado, se da de cabezazos con los barrotes. Sube de un salto hasta su amada, golpea, la mira sin verla y cae. Tampoco son las preferidas por los cazadores ya que no pueden disparar a una diana que no deja de aletear cerca del reclamo. Es preciso que el macho se fatigue -y hay que ver cu\u00e1n fuertes son algunos- y rendido, y seguro que con dolor de cabeza, repose en el suelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y las hay que se hacen las buenas&#8230; \u00a1como si se pudiera ser buena siendo una asesina! A \u00e9stas no las soporto y si no fuera por mi encierro las picotear\u00eda hasta dejarlas desplumadas. Pretenden a la vez llamar y no llamar al pobre macho. Empiezan muy sonoras, representando su papel ya que se saben vigiladas por el cazador -y son de todas conocidos bastantes casos en los cuales el pajarero, desesperado, descarga su ira asesinando a la asesina-, pero luego no contin\u00faan. Atra\u00edda la v\u00edctima, en vez de cantar, suspiran. El macho, que siempre se cree que le requieren a \u00e9l y s\u00f3lo a \u00e9l, supone que la hembra ha sufrido un desmayo pasajero ocasionado por su cercan\u00eda y, en lugar de marcharse y salvar la vida, se queda pasmado, presumiendo engre\u00eddo la angustia de su enamorada para, instantes despu\u00e9s, caer patas arriba.<\/p>\n<p>Os cuento que todas, al final, acabamos locas. Nuestro propio juego termina por dominarnos. Jugamos tanto al sexo que casi todas, antes de que finalice la veda, intentamos incubar hasta los guijarros. Aparte de que olemos a hembra que apestamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Voy a contaros el \u00faltimo caso. Hay compa\u00f1eras que se creen fant\u00e1sticas. Cuando comentan lo bien que ha ido la caza, se envanecen de lo sugerente de sus actuaciones. Se consideran irresistibles. No se dan cuenta que, incluso una perdiz fea, si tiene una provocativa pechuga -unos buenos pulmones para cantar- tiene amante seguro. Yo he aprendido que todos los machos son tontos, y ahora me refiero a las perdices y a los hombres -que de los frotamientos de mi vida de mujer s\u00ed que me acuerdo-, y que les esclaviza el deseo de restregarse contra las hembras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando era sirena asesinaba hombres. Son un poquito m\u00e1s complejos que las perdices y se necesita un se\u00f1uelo mas sofisticado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo me sub\u00eda a unas pe\u00f1ascos y en las noches sin luna, y si reinaba la niebla mejor, cantaba. Y los barcos despanzurraban su maderamen contra ellos. Terminaba mi sonido al comienzo de sus alaridos y sus llantos. Y escuchaba. Los hombres llamaban a sus dioses, a sus madres, a sus mujeres, a sus hijos, gritaban -los que no estaban conmocionados, claro- pidiendo ayuda y declaraban todo su p\u00e1nico sin pudor ni comedimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He o\u00eddo cientos de formas de pedir amparo y he conocido todos sus sentimientos. Fuera de la protecci\u00f3n de sus naves, aturdidos por el ruido del oleaje, sin referencias en la oscuridad y comprendiendo su muerte pr\u00f3xima, sea mediante maldiciones o sea mediante oraciones, los hombres desnudan su alma. No recuerdo todos los detalles, pero, \u00a1cu\u00e1n sucia ten\u00edan el alma algunos!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo era una sirena asesina, pero nunca fui una sirena cruel. Eleg\u00eda siempre las rocas en lugares donde fuera imposible alcanzar la costa, sabiendo que las olas las cubrir\u00edan. Al final, todos mor\u00edan ahogados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el principio cont\u00e9 con la ayuda de una vieja sirena. Ella me aconsej\u00f3 que mis cantos hablaran de aquello que los hombres quieren o\u00edr. Siempre ha sido mentira que los cantos de sirena aturdieran sus mentes. Los hombres no se dejan matar por ninguna canci\u00f3n, sino por sus propios deseos y recuerdos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Naturalmente, igual que las perdices, ten\u00edan deseos sexuales, supongo que nuestro propio cuerpo estaba por ello as\u00ed dise\u00f1ado. Hago un inciso para referirme a que ahora buscan otras formas en los cuerpos, y la verdad es que supongo que las sirenas de ahora tienen un trabajo m\u00e1s dif\u00edcil, am\u00e9n de que quedan ya pocos barcos de madera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo que el hombre es tan tonto como la perdiz es en que se deja dominar por las ilusiones, aunque considero que las de la perdiz son m\u00e1s naturales. Claro que acaso est\u00e9 en la propia naturaleza del hombre crear sus propias esperanzas y enga\u00f1arse con sus propias necesidades. En ocasiones llegu\u00e9 a pensar si para mi pesca necesitaba realmente la ayuda de la noche o de la niebla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dentro de nada vendr\u00e1 don Juli\u00e1n para que le acompa\u00f1e a matar en cualquier secarral. No obstante, pocas cosas me quedan por decir de mis compa\u00f1eras, a no ser que os interesen las distintas modalidades de cocinar cad\u00e1veres desplumados de enamorados v\u00edrgenes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquellos tiempos en el que los barcos eran de madera, no hab\u00eda marineras, o si las hab\u00eda no me consta que engatusara a ninguna. Por ello no puedo hablar de la forma de morir de las mujeres. Lo que s\u00ed puedo contaros es que, seg\u00fan oigo a los cazadores, hay muchas que mueren de amor. Hasta me lo puedo creer. Me cuesta pero&#8230; bueno. Que vale. Pero, \u00bfamar a un pajarero? De ser as\u00ed desde luego las mujeres ya no son lo que eran. Y los hombres tampoco&#8230; ahora viven m\u00e1s tiempo&#8230; hasta llegar, algunos, a ser pajareros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por cierto, esa ocupaci\u00f3n que se han buscado don Juli\u00e1n y sus amigos, \u00bfno ser\u00e1 una forma s\u00e1dica de abortar la plenitud del amor, despu\u00e9s de excitarse contemplando el cortejo, por quien es ya incapaz de cortejar, y no digamos ya de lo otro?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo primero que quiero deciros es que soy una perdiz. Una perdiz reclamo. Una perdiz asesina. No recuerdo todas mis vidas anteriores. He sufrido cambios enormes. Me he vestido de piel, de escamas y de plumas; he habitado el mar, la tierra y el cielo; he sido persona y animal. 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