Nota biográfica

 

Rosa Regàs nació en Barcelona, donde se licenció  en Filosofía. Trabajó en la Editorial Seix Barral  con Carlos Barral de 1964 a 1970.           

En 1970 fundó la Editorial La Gaya Ciencia (publicaciones en literatura, política, economía, filosofía,  poesía, arquitectura).           

Fundó y dirigió la Revista Arquitecturas Bis, Cuadernos de la Gaya Ciencia y  Quaderns de la República y la Guerra civil           

De 1983 a 1994 fue traductora "temporera" en las Organizaciones de las Naciones Unidas en Ginebra, Nueva York, Nairobi, Washington y París.

 De 1994 a 1998 dirigió el Ateneo Americano de la Casa de América de Madrid.  

El 14 de mayo de 2004 fue nombrada  Directora General de la Biblioteca Nacional.                

 

Reside en Madrid. Es Jurado de varios Premios Literarios, entre ellos el Biblioteca Breve de novela,  el Café de Gijón de novela y el Premio Planeta. Ha colaborado y colabora en distintas publicaciones como El País, El Mundo, los periódicos del grupo El Correo, la cadena de radio SER y en revistas de opinión, viajes y política. Es conferenciante habitual en distintos foros, pero  se dedica fundamentalmente a la escritura. Ver Curriculum completo

 

Rosa Regàs
Foto:© Asociación Canal Literatura

 

¿Quién es Rosa Regàs?

 

¿Quién soy yo? ¿Cómo soy? ¿Acaso no somos lo que los demás ven en nosotros, esa amalgama que arrastramos toda la vida sin saber nunca en qué consiste? Son los demás los que nos forman y nos conforman, los que sostienen nuestra imagen: con ellos vivimos y somos, y con ellos moriremos cuando mueran, o desapareceremos cuando su memoria se desvanezca o nos alcance su desprecio. Pero aún así, yo me niego a rendirme a la evidencia y quiero creer que sé quién soy y cómo soy.

Sé que soy pelirroja y mido un metro setenta, que tengo los ojos claros y la piel de lagartija, que jamás llevo anillos ni etiquetas, que me encantan los sombreros. Sé que me gusta beber y bailar y que mi expectación no tiene límites. Tampoco mi irritabilidad, tan intensa a veces como el temblor ante lo que amo. Sé defender una forma de vivir, de pensar y de ser pero no creo en los valores universales y eternos, ni en la moral natural, ni le veo el sentido a perder la vida por Dios, la patria o el deber u otras formas más modernas de dominar las conciencias. Pertenezco a la reserva de quienes sólo izarían banderas si estuvieran prohibidas, y sin embargo tengo la lágrima fácil y cualquier gesta intrascendente, cualquier estúpida heroicidad me hace llorar. Me merecen respeto muy pocas personas, admiración bastantes y ternura la mayoría. Desprecio a los traidorzuelos, a los vanidosos, a los fatuos, a los dogmáticos. El mundo me desconcierta porque no sé qué puedo hacer por paliar tanta doblez y tanto dolor y porque cada vez queda menos espacio para la libertad. No me da miedo la oscuridad pero sí las multitudes. Detesto el acordeón y el doblaje; soy intransigente y vulnerable; me gustan el desierto y la selva, los canales y el mar, la lluvia y la sequía, el frío y el calor, la música de cámara, la ciudad, las sábanas de hilo, las moras negras y el arroz a banda. Me emocionan más los árboles que los gatos. Anhelo igualmente la fiesta y el silencio. Me enternecen los susurros y me abruman los lamentos. Arrastro como todos mi pasado y sé que el día de mañana ya es hoy. No recuerdo haberme aburrido jamás quizá porque busco en el exceso la solución a las causas imposibles. Y sólo quisiera volver a los veinte años para andar día y noche en minifalda.

 

Rosa Regàs

 

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