¿Admiración o envidia?

 

Mati Morata

Admiración o envidia

 

 

Es curioso comprobar cómo las luces mediocres son las que producen sombras alargadas y opacas. Estas son las reflexiones que me asaltan mientras cabalgo a cuatro ruedas en busca de la ocupación que sufraga mis necesidades y me permite crecer.

 

Me explicaré. Solo las pequeñas luces nos hacen sombra. Solo envidiamos aquello que, pudiendo tener,  no nos pertenece. Solo nos medimos con los talentos y cualidades comunes y pequeñas. Nadie envidia a Einstein, ni a Nadal; a ellos se les admira. Las grandes luces nos deslumbran; a veces, incluso, nos ciegan.

 

Sin embargo, son los pequeños éxitos y fortunas las que nos duelen; puesto que, por cercanas, rozan nuestro deseo y, por ajenas, nos parecen inmerecidas. Y ése es el defecto común a todas esas medallas que lucen pechos ajenos y a todas esas suertes que aparcan en vidas distintas: que no son nuestras. 

 

En conclusión, solo lo mediocre se envidia; lo sublime y la excelencia, en cambio, se admiran. No sé si esta peculiar naturaleza dice algo a nuestro favor, pero sí que es absolutamente exclusiva de nuestra humana condición. Ningún perro admira al pájaro, pues está satisfecho de ser mamífero y no ave;  ni una mosca envidia a la rana por muy larga que tenga la lengua. Puede que la admiración e incluso la envidia (mezquina siempre) puedan sembrar semillas de superación.

 

Mati Morata

Octubre 2010

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