{"id":9746,"date":"2012-02-20T10:00:55","date_gmt":"2012-02-20T09:00:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=9746"},"modified":"2012-02-20T11:04:53","modified_gmt":"2012-02-20T10:04:53","slug":"el-piano-de-kiev-por-jose-fernandez-belmonte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/el-piano-de-kiev-por-jose-fernandez-belmonte\/","title":{"rendered":"El piano de Kiev. Por Jos\u00e9 Fern\u00e1ndez Belmonte"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft\" style=\"margin: 20px 10px; border-width: 0px;\" src=\"http:\/\/4.bp.blogspot.com\/-Z1ij8BvNZcw\/T0DKZCURayI\/AAAAAAAABHg\/DJbcNXcDJss\/s320\/Georgia+2012+024.jpg\" alt=\"\" \/>Lo primero que me llam\u00f3 la atenci\u00f3n de aquel apartamento de la se\u00f1ora Ludmila, ubicado frente al c\u00e9ntrico y lujoso hotel Premier Palace de Kiev, fue un enorme e inquietante piano. Como eran las dos y media de la madrugada tampoco repar\u00e9 m\u00e1s en \u00e9l y me fui a dormir con unas ansias locas de recobrar el calor corporal perdido. Los veinte grados bajo cero, sin duda, trastocaron, y mucho, las capacidades de adaptaci\u00f3n clim\u00e1tica de un viejo y achacoso mediterr\u00e1neo como yo por aquellas g\u00e9lidas tierras ucranianas.<\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente, antes de salir a trabajar, embuti\u00e9ndome en todo tipo de prendas alpinas, dispuesto a comerme Kiev, me di cuenta de la elegancia de aquella vivienda, ahora de alquiler, y que anta\u00f1o, seguro, alberg\u00f3 a alguna familia de post\u00edn de la \u00e9poca comunista. Contradicciones de la vida, ya que ahora acoge, continuamente, a empresarios de medio mundo que vienen aqu\u00ed atra\u00eddos por un enorme y din\u00e1mico mercado en continuo crecimiento, al comp\u00e1s de la batuta del capitalismo, y quien sabe si, todav\u00eda a\u00fan, bajo la tutela de alg\u00fan comunista trasnochado cuyos pies descansan en Mosc\u00fa manejando invisibles hilos imperialistas por las antiguas rep\u00fablicas socialistas sovi\u00e9ticas.<!--more--><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Al regresar a la casa, aquel piano volvi\u00f3 a reclamar mi atenci\u00f3n. Levant\u00e9, con curiosidad, la tapa que cubr\u00eda sus teclas. Me entristeci\u00f3 ver como algunas de ellas se encontraban partidas y mudas, de tal forma que la nostalgia que me provocaba aquel colosal instrumento musical se vio acrecentada de <em>ipso facto.<\/em> Debajo de la tapa llevaba escrita, con unas letras doradas preciosas, la palabra <strong>Meklenburg<\/strong>, lo que me provoc\u00f3 unas enormes ganas de averiguar algo m\u00e1s de la procedencia de aquella instrumental reliquia.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">R\u00e1pidamente, haciendo uso del moderno or\u00e1culo de google, descubr\u00ed que Meklenburg es una ciudad alemana que, por los repartos caprichosos de la postguerra, qued\u00f3 bajo los designios del eje comunista, en la extinta RDA, mal llamada Rep\u00fablica Democr\u00e1tica Alemana. En esa zona por el 1875 se fabricaban m\u00e1s pianos que en ensaimadas en Mallorca. As\u00ed que imagin\u00e9, sin venir a cuento, que para que este piano Meklenburg n\u00famero 2265 acabar\u00e1 en Kiev, despu\u00e9s de dos guerras mundiales, tuvo que correr toda suerte de peripecias y traslados. Tras todos esos fat\u00eddicos acontecimientos, de los que fue testigo aquel piano, el hecho de que tan s\u00f3lo tuviera tres teclas cercenadas, ten\u00eda un m\u00e9rito incuestionable. Sin duda ese piano es todo un ejemplo de supervivencia. Algo as\u00ed como un celacanto de madera contrachapada.<br \/>\nA veces nuestras vidas son como la de este precioso piano. Comenzamos dando enormes conciertos, con el mundo rendido a nuestros pies, y al final, acabamos en un rinc\u00f3n maltrechos y olvidados despu\u00e9s de haber dado miles y miles de tumbos por la vida, superando grandes batallas y, en algunos casos como el mio, por medio mundo.<br \/>\nHoy, en Kiev, me sent\u00ed -por mis reconocidos excesos de empat\u00eda- como este viejo piano, aunque suena muy presuntuoso por mi parte; m\u00e1s bien me reconoc\u00ed como un viejo organillo de feria. Solo, luchando contra el fr\u00edo, la incertidumbre, la nostalgia y, sobre todo, contra mi mismo. Las luchas interiores son, casi siempre, las m\u00e1s perras.<\/div>\n<p><a href=\"https:\/\/canal-literatura.com\/BLOG\/\" target=\"_blank\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono6.jpg\" alt=\"\" align=\"right\" \/><\/a><br \/>\n<strong>Jos\u00e9 Fern\u00e1ndez Belmonte<\/strong><br \/>\n<a href=\"http:\/\/jfbmurcia-mividaenfotos.blogspot.com\/2012\/02\/el-piano-de-kiev.html\" target=\"_blank\">Blog del autor<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo primero que me llam\u00f3 la atenci\u00f3n de aquel apartamento de la se\u00f1ora Ludmila, ubicado frente al c\u00e9ntrico y lujoso hotel Premier Palace de Kiev, fue un enorme e inquietante piano. Como eran las dos y media de la madrugada tampoco repar\u00e9 m\u00e1s en \u00e9l y me fui a dormir con unas ansias locas de recobrar el calor corporal perdido. Los veinte grados bajo cero, sin duda, trastocaron, y mucho, las capacidades de adaptaci\u00f3n clim\u00e1tica de un viejo y achacoso mediterr\u00e1neo como yo por aquellas g\u00e9lidas tierras ucranianas. Al d\u00eda siguiente, antes de salir a trabajar, embuti\u00e9ndome en todo tipo&#8230; <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/el-piano-de-kiev-por-jose-fernandez-belmonte\/\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-9746","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cuentos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9746","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9746"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9746\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9746"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9746"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9746"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}