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{"id":9574,"date":"2012-02-02T00:00:23","date_gmt":"2012-02-01T23:00:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=9574"},"modified":"2012-02-02T10:12:26","modified_gmt":"2012-02-02T09:12:26","slug":"patapalo-por-rafael-borras-avino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/patapalo-por-rafael-borras-avino\/","title":{"rendered":"PATAPALO. Por Rafael Borr\u00e1s Avi\u00f1\u00f3"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Al sentarse, le surg\u00eda por encima del calcet\u00edn una pierna de madera de un ocre almendrado, y a \u00e9l no parec\u00eda importarle que se le viera. Su nombre real era incierto, por mucho que firmara como Julio Perales. Nada raro: vaya usted a saber&#8230;, oliendo a\u00fan las calles a la p\u00f3lvora de la guerra civil, ni casi nadie era quien se llamaba ni casi todos tan honrados como presum\u00edan. Vino de no se sabe bien d\u00f3nde, apareci\u00f3 instalado en la casona de unos republicanos que escaparon mientras los nacionales aplastaban en las afueras las \u00faltimas resistencias, y pronto comenz\u00f3 a ejercer de maestro en la escuela. Desde que, entre miradas escurridizas, la gente advirti\u00f3 su cojera y se hizo patente la pierna ortop\u00e9dica, para todos qued\u00f3 ya con el mote nada original de\u00a0<em>Patapalo<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" style=\"margin-top: 20px; margin-bottom: 20px; border-width: 0px;\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/patapalo-Borras.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se dec\u00eda por el pueblo que en el pasado fue un soldado infatigable, fiel a la causa de los sublevados, y que en el frente de Teruel una granada le seg\u00f3 la pierna cuando a pecho descubierto se encar\u00f3 con un pelot\u00f3n de la milicia roja. Pero no falt\u00f3 quien hiciera correr el rumor de que, en realidad, la pierna se la hab\u00eda llevado la h\u00e9lice de una motora cuando cay\u00f3 al mar en una operaci\u00f3n de trapicheo de tabaco americano y aceite. En raras ocasiones se le ve\u00eda sonre\u00edr, y ciertas noches, al terminar la jornada, se encerraba con algunos pedazos de pan negro, un poco de queso o tocino, la botella de co\u00f1ac y el paquete de Ideales, en un dormitorio casi desnudo con un jerg\u00f3n de borra contra la pared. A la ma\u00f1ana siguiente entraba en la escuela exhibiendo el perfil m\u00e1s quebrado y la cojera recalcada, pein\u00e1ndose a tirones unas gre\u00f1as prematuramente encanecidas, con la mirada glacial, desaseado y tr\u00e9mulo, como si esa noche hubiera vuelto a vivir un combate sangriento o el v\u00e9rtigo de la hu\u00edda en una motora il\u00edcita. Era estricto con los chavales, pero celosamente objetivo.\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante el \u00faltimo viaje que hice para inspeccionar las condiciones sanitarias de colegios y ayuntamientos, un temporal me oblig\u00f3 a pernoctar en el pueblo. Por la tarde estuve revisando la escuela de\u00a0<em>Patapalo<\/em>, no fuera que los chinches y las ratas hubieran engordado m\u00e1s que los ni\u00f1os. Me ofreci\u00f3 su casa para dormir. Acept\u00e9 tras valorar mis otras posibilidades. Cuando acabamos de cenar, fue a buscar unas muletas y luego se quit\u00f3 la pierna de madera con toda naturalidad. Jam\u00e1s hab\u00eda visto tan de cerca una de esas pr\u00f3tesis. Intent\u00e9 una charla que pudiera dar juego, e hice por interesarme en la situaci\u00f3n social y econ\u00f3mica de la comarca tras la guerra. Aunque funcionario del R\u00e9gimen, pod\u00eda permitirme, en privado y hasta cierto l\u00edmite, argumentar con criterio libre. Respondi\u00f3 con evasivas y, en un momento dado, hasta tem\u00ed que diera por zanjada la tertulia. Bebimos pr\u00f3digamente.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al filo de la medianoche par\u00f3 de llover y salimos al patio con la copa en la mano. Nos sentamos medio adormilados. Ignoro qu\u00e9 impulso descabellado me hizo nombrar la pierna artificial y su origen. Pareci\u00f3 recuperar la vigilia en mitad del letargo alcoh\u00f3lico, y durante unos segundos pens\u00e9 otra vez que iba a despedirse para ir a su jerg\u00f3n. Finalmente me dijo con voz sombr\u00eda: \u00abSi quiere saber qu\u00e9 me pas\u00f3 no tengo inconveniente en cont\u00e1rselo, siempre que no me empuje a escarbar en las c\u00f3leras y agon\u00edas del sufrimiento\u00bb. Y me recit\u00f3 su historia sin interludios, como un aparato de sonido al que le hubieran puesto una cinta y fijado un volumen uniforme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abFui soldado de infanter\u00eda en el frente dela Rioja. Mibando, como usted comprender\u00e1, es lo que menos importa; ninguno de los que mataron o murieron lo eligi\u00f3. Un malaventurado d\u00eda me qued\u00e9 solo en tierra de nadie, bajo un fuego cruzado artillero, cerca de Castrojeriz. Me resguard\u00e9 en un ribazo a cubierto. Cuando anocheci\u00f3 y cesaron los disparos, sal\u00ed de mi escondrijo y anduve sin rumbo, incapaz de orientarme a oscuras en un terreno desconocido. Al alba di con una granja sin luces ni sonidos, con restos de ropa y armamento y varios cuerpos inertes alrededor. Explor\u00e9 la casa y, al no encontrar a nadie, decid\u00ed alcanzar el granero bajo el tejado, desde el que mejor visi\u00f3n tendr\u00eda y mayor capacidad de respuesta en caso de problemas. Al subir la escalera pude observar por una ventana tres ovejas y algunas gallinas en el corral de atr\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto entr\u00e9 lo vi enseguida, resaltando contra el amarillo del heno, sentado sobre un hato de mantas y las manos aferradas al fusil que me apuntaba. Un soldado enemigo de m\u00e1s o menos mi edad, el pelo h\u00famedo pegado al cr\u00e1neo, las mejillas chupadas y el uniforme de campa\u00f1a ra\u00eddo por la intemperie. Jadeaba un poco, igual que una alima\u00f1a fam\u00e9lica acorralada. Por un instante fui presa de la resignaci\u00f3n de quien sabe que ha llegado su hora y no puede remediarlo; hab\u00eda perdido el arma larga y la pistola era ineficaz frente a un fusil amartillado. Pasaron los segundos y la descarga no lleg\u00f3. El soldado me miraba con dureza, pero sus ojos no expresaban odio ni animadversi\u00f3n, sino un infinito cansancio, algo que linda con el estoicismo y se resiste a actuar seg\u00fan el instinto de supervivencia. \u201cQu\u00e9date ah\u00ed y no te muevas\u201d, dijo al fin. Baj\u00f3 el arma lentamente y suspir\u00f3: \u201cCreo, amigo, que ser\u00e1 mejor que nos permitamos vivir\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante tres d\u00edas con sus noches estuvimos escondidos. Nos repartimos el poco rancho que nos quedaba y velamos uno el sue\u00f1o del otro. Baj\u00e9 a matar un par de gallinas y nos la comimos crudas, por no hacer fuego y revelarnos insensatamente. Sordos y ciegos a cualquier informaci\u00f3n del exterior, mal pod\u00edamos saber qui\u00e9nes pasar\u00edan antes. Hubo tiempo para charlar e intercambiarnos los aconteceres previos a nuestro encuentro. Supe de su vida inmediata anterior, y de la m\u00e1s remota. Ten\u00eda veintitr\u00e9s a\u00f1os y un cuerpo endeble de aspecto ani\u00f1ado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cSoy hijo menor de una familia numerosa y miserable de la serran\u00eda valenciana\u201d, comenz\u00f3 a narrarme sin yo ped\u00edrselo. \u201cUna familia cat\u00f3lica y, sobre todo, temerosa del hambre m\u00e1s que de Dios\u201d. Le alargu\u00e9 un cigarrillo que acept\u00f3. \u201cA los doce a\u00f1os mi padre me llev\u00f3 al seminario de Moncada, del que ya no sal\u00ed m\u00e1s que para vestir este uniforme. Ingresar en la vida religiosa aseguraba instrucci\u00f3n laica y teol\u00f3gica, un techo, ropa limpia, y, ante todo, pan todos los d\u00edas, lo que era dudoso que disfrutara en mi casa. En estos tiempos una boca de menos es un quebradero de cabeza menos. Hace dos a\u00f1os tuve la mala fortuna de que me descubrieran una noche al escapar para encontrarme con una viuda que, a cambio de unas monedas, me acog\u00eda en su cama. Cuando el verano pasado vinieron a reclutar j\u00f3venes para la guerra, fui el primero a quien se\u00f1alaron mis propios educadores\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un lejano crujir de engranajes le interrumpi\u00f3. Por las rendijas del entablado vimos acercarse una columna de infanter\u00eda protegida por carros de combate. Eran los m\u00edos. Creo que fue entonces cuando, por primera vez y como un fogonazo, pas\u00f3 por nuestras mentes la suerte que pod\u00edamos correr. Lo m\u00e1s probable era que si alert\u00e1bamos de nuestra presencia nos fusilaran a los dos; el uno al instante y el otro tras un consejo de guerra, por no haber matado a un enemigo al menor descuido&#8230; Ahora o nunca\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Patapalo<\/em>\u00a0detuvo su declaraci\u00f3n como si le costara desvelar el recuerdo m\u00e1s doloroso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abAhora o nunca, \u00bfqu\u00e9?\u00bb, pregunt\u00e9 en voz baja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abAhora o nunca el futuro incierto o el insoportable presente\u00bb, contest\u00f3 en un susurro. La copa le temblaba en la mano. Tras una pausa de algunos segundos, prosigui\u00f3. \u00abEl soldado enclenque levant\u00f3 el fusil y le descerraj\u00f3 al otro un tiro entre los ojos, sin darle tiempo siquiera a protegerse vanamente con el brazo\u00bb. \u00abPero&#8230;\u00bb, balbuc\u00ed, \u00ab\u00bfentonces&#8230;?\u00bb. No pude a\u00f1adir m\u00e1s. \u00c9l s\u00ed: \u00abEntonces utiliz\u00f3 otra bala para herirse en la pierna, la misma que ve ahora ausente. La \u00fanica salida honrosa para no volver a empu\u00f1ar un arma en toda la guerra. El resto se lo puede imaginar: cambio de uniforme y documentos, gritos hacia los que llegaban, asistencia m\u00e9dica deficiente, gangrena, hospital, amputaci\u00f3n&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me hab\u00eda quedado inm\u00f3vil y mudo.\u00a0<em>Patapalo<\/em>\u00a0hizo girar el rescoldo de co\u00f1ac en la copa y lo apur\u00f3 antes de finalizar: \u00abYa le he contado, como usted quer\u00eda. S\u00f3lo espero que no me humille&#8230; La denuncia me importa menos\u00bb. Luego se puso de pie y, con la misma seguridad que si le sostuvieran dos piernas vivas y estuviera completamente sobrio, camin\u00f3 con sus muletas hacia el interior de la casa. En la puerta se detuvo para decirme por encima del hombro: \u00abNunca me gust\u00f3 el nombre de Julio Perales, pero ya me he acostumbrado\u00bb.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright\" title=\"Rafael Borr\u00e1s\" src=\"http:\/\/www.canal-literatura.com\/desdemisillin\/RafaelBorras-P.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><br \/>\n<strong><strong>Rafael Borr\u00e0s Avi\u00f1\u00f3<\/strong><\/strong><br \/>\n<span style=\"color: #800000;\"><em>Colaborador de Canal Literatura en la secci\u00f3n \u00ab<a href=\"http:\/\/www.canal-literatura.com\/htmltonuke.php?filnavn=desdemisillin\/desdemisillin.html\"> Desde mi sill\u00edn\u00bb<\/a><\/em><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Al sentarse, le surg\u00eda por encima del calcet\u00edn una pierna de madera de un ocre almendrado, y a \u00e9l no parec\u00eda importarle que se le viera. Su nombre real era incierto, por mucho que firmara como Julio Perales. 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