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{"id":8941,"date":"2011-11-27T01:10:30","date_gmt":"2011-11-27T00:10:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=8941"},"modified":"2011-11-27T01:10:30","modified_gmt":"2011-11-27T00:10:30","slug":"la-verdad-sobre-el-caso-alatriste-por-jose-belmonte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/la-verdad-sobre-el-caso-alatriste-por-jose-belmonte\/","title":{"rendered":"La verdad sobre el caso Alatriste. Por Jos\u00e9 Belmonte"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright\" src=\"http:\/\/ababol.laverdad.es\/images\/noticias\/8927892.jpg\" alt=\"\" width=\"276\" height=\"247\" \/><\/p>\n<p>15 a\u00f1os de una aventura<\/p>\n<p>Empez\u00f3 siendo un ajuste de cuentas en defensa del Siglo de Oro y se ha acabado convirtiendo en el santo y se\u00f1a de la narrativa del escritor cartagenero<\/p>\n<p>Lo que empez\u00f3 siendo una apuesta personal, un ajuste de cuentas con esos libros de texto de la ESO que despachan nuestro Siglo de Oro en apenas un par de p\u00e1ginas, en unos cuantos p\u00e1rrafos -ilustraciones incluidas-, ha terminado convirti\u00e9ndose, sin sospecharlo ni siquiera el propio autor, en el santo y se\u00f1a de la narrativa de Arturo P\u00e9rez-Reverte. Alatriste es, probablemente, el producto m\u00e1s suelto, depurado y genuino de toda su ya larga producci\u00f3n literaria. Sin menosprecio para esas otras espl\u00e9ndidas criaturas -Astarloa, Corso, Macarena Bruner o Teresa Mendoza- que rezuman vitalidad por los cuatro costados en el resto de sus novelas.<\/p>\n<p>\u00abNo era el hombre m\u00e1s honesto ni el m\u00e1s piadoso, pero era un hombre valiente\u00bb. P\u00e9rez-Reverte, con un par de certeras pinceladas, es capaz de trazar las l\u00edneas maestras de este controvertido personaje; espadach\u00edn a sueldo, es cierto, pero con un coraz\u00f3n de oro, capaz de vender el alma al mism\u00edsimo diablo para salvar a los suyos. Es un hombre de palabra que habla con la mirada y ordena con su silencio. Alatriste, como don Quijote o Ana Karenina, supera a su propio creador, y parece actuar al margen de los hilos que lo mueven, aunque, desde la primera entrega, all\u00e1 por 1996, hace ahora quince a\u00f1os, ya sepamos que es, como el resto de los humanos, un ser para la muerte al que se le ha puesto lugar y fecha para su \u00faltimo suspiro. Diego Alatriste y Tenorio, mal que le pese, se ha convertido en un h\u00e9roe popular, reconocido as\u00ed por los lectores de medio mundo, de culturas diversas, de ideas distintas, de Oriente y Occidente. Y Arturo P\u00e9rez-Reverte, en un dign\u00edsimo continuador de la literatura folletinesca y de la novela de capa y espada, como anunci\u00f3 en su d\u00eda Luis Alberto de Cuenca, lector contumaz de Ponson de Terrail, Paul Feval, Eugenio Sue, Michel Z\u00e9vaco y tantos otros que inventaron e hicieron inmortal este g\u00e9nero. Alatriste, como se\u00f1alaba Janet Maslin en las p\u00e1ginas del New York Times, es un h\u00e9roe astuto y, sobre todo, carism\u00e1tico. Un lobo flaco y fam\u00e9lico de dientes retorcidos al que le gusta cazar solo. Las soberbias, finas y sugerentes ilustraciones de Carlos Puerta en el primer Alatriste, y, sobre todo, las de Joan Mundet en el resto de las entregas, le dan un atractivo especial a toda la saga.<\/p>\n<p>Las aventuras del capit\u00e1n Alatriste tienen lugar durante la \u00e9poca de Felipe IV, el rubicundo rey apasionado y mujeriego. Una etapa de progresiva decadencia en la que el monarca cede todo su poder al conde-duque de Olivares, asiduo en estas p\u00e1ginas. El proyecto pol\u00edtico del valido no era otro que acrecentar el prestigio de la monarqu\u00eda, y para ello no dud\u00f3 en meterse en infinitos fregados b\u00e9licos de los que, en muchas ocasiones, salimos con el cuerpo hecho un mapa de tantas cicatrices. Es la Espa\u00f1a de las falsas apariencias, representada magistralmente por ese gesto del hambriento hidalgo del &#8216;Lazarillo&#8217; que esparce por su barba unas cuantas migas de pan a cambio de conservar intacto su orgullo de castellano viejo. La Espa\u00f1a de los tullidos que vuelven de la guerra y no tienen donde caerse muertos. Y tambi\u00e9n la de los paseos en carroza de nobles y ricos, ajenos al dolor, que disparan sus armas, s\u00f3lo en las monter\u00edas, con p\u00f3lvora de rey.<\/p>\n<p><strong>De Vel\u00e1zquez a Quevedo <\/strong><\/p>\n<p>Arturo P\u00e9rez-Reverte, con su insistencia, con su tenacidad, aludiendo constantemente a obras pict\u00f3ricas, a celebrados versos y a determinadas piezas teatrales, hasta el punto de describir con todo detalle lo que suced\u00eda a lo largo de una jornada en un corral de comedias, ha logrado, con una excelente prosa, lo que nunca hab\u00edamos conseguido ni los cr\u00edticos ni los profesores de literatura: que cientos de miles de lectores vuelvan a interesarse por los grandes personajes que en las p\u00e1ginas de Alatriste retrata: Diego Vel\u00e1zquez, Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Olivares, Sp\u00ednola o Saavedra Fajardo. Sin dejar de lado a esas otras criaturas m\u00e1s modestas -la fiel infanter\u00eda, cansada y terca-, que son el cabal reflejo de una \u00e9poca con poco oro, y plata la justa: Sebasti\u00e1n Copons, Curro Garrote, el licenciado Calzas, el D\u00f3mine P\u00e9rez o el moro Gurriato. Todas las novelas de la saga resultan divertidas -de ah\u00ed la heterogeneidad de sus lectores- porque incluyen entre sus p\u00e1ginas, adem\u00e1s de los reconocidos recursos del follet\u00edn cl\u00e1sico, ciertas t\u00e9cnicas del cine y tambi\u00e9n del c\u00f3mic. La mejor metodolog\u00eda para llevar a cabo su escritura, la propia de P\u00e9rez-Reverte, marca de la casa: sujeto, verbo, predicado y las comas en su sitio. Y una recreaci\u00f3n personal del lenguaje del Siglo de Oro, ampar\u00e1ndose en los cl\u00e1sicos de la \u00e9poca, que le sirven de modelo. El personaje Diego Alatriste tiene su germen, tan tempranamente, en las p\u00e1ginas de &#8216;El h\u00fasar&#8217;, su primera novela, en 1986, cuando P\u00e9rez-Reverte, que a\u00fan no pensaba ni remotamente en la invenci\u00f3n de su criatura, describe a uno de los soldados con una cicatriz perpendicular en la mejilla, nariz aguile\u00f1a y fuerte como un halc\u00f3n, y la piel del rostro tostada por miles de soles.<\/p>\n<p>En la solapa del primer volumen de la saga, que escribe con la colaboraci\u00f3n de su hija Carlota, anuncia los t\u00edtulos de las siguientes cinco entregas, que poco a poco, a medida que han pasado los a\u00f1os, se han convertido en nueve, y, acaso, surja alguna otra m\u00e1s. Lo que parec\u00eda ser \u00fanicamente el descanso del guerrero entre novela y novela, un puro y sencillo divertimento, una manera de poner sobre el tapete, como sucede con sus art\u00edculos period\u00edsticos semanales, el inconformismo del autor y la rabia por aquello que no le gusta, lanzando de esta manera sus dardos contra todos aquellos que olvidan o se averg\u00fcenzan de nuestro pasado, se ha transmutado en la aut\u00e9ntica joya de la corona. El libro que cientos de miles de lectores esperan ansiosamente cada a\u00f1o. Y es que, a estas alturas, nadie quiere que Alatriste muera. Ni siquiera el propio Reverte.<\/p>\n<p><strong>Jos\u00e9 Belmonte<\/strong><br \/>\nImagen: <em>Dibujante, ilustrador y pintor, Joan Mundet <\/em><\/p>\n<p>Fuente: Art\u00edculo completo e ilustraciones\u00a0en: <a href=\"http:\/\/ababol.laverdad.es\/literatura\/2849-la-verdad-sobre-el-caso-alatriste\" target=\"_blank\">ABABOL<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>15 a\u00f1os de una aventura Empez\u00f3 siendo un ajuste de cuentas en defensa del Siglo de Oro y se ha acabado convirtiendo en el santo y se\u00f1a de la narrativa del escritor cartagenero Lo que empez\u00f3 siendo una apuesta personal, un ajuste de cuentas con esos libros de texto de la ESO que despachan nuestro Siglo de Oro en apenas un par de p\u00e1ginas, en unos cuantos p\u00e1rrafos -ilustraciones incluidas-, ha terminado convirti\u00e9ndose, sin sospecharlo ni siquiera el propio autor, en el santo y se\u00f1a de la narrativa de Arturo P\u00e9rez-Reverte. 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