{"id":8155,"date":"2011-09-18T12:00:19","date_gmt":"2011-09-18T10:00:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=8155"},"modified":"2011-09-18T09:49:44","modified_gmt":"2011-09-18T07:49:44","slug":"en-la-salud-y-en-la-enfermedad-por-jose-luis-enciso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/en-la-salud-y-en-la-enfermedad-por-jose-luis-enciso\/","title":{"rendered":"En la salud y en la enfermedad. Por Jos\u00e9 Luis Enciso"},"content":{"rendered":"<p>??<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" style=\"margin-left: 20px; margin-right: 20px;\" src=\"http:\/\/bitacoradenaufragios.files.wordpress.com\/2011\/08\/runtimegirls019-braguitas1.gif?w=361&amp;h=421\" alt=\"\" width=\"217\" height=\"233\" \/>?<br \/>\nS\u00f3lo ruinas testificaban que en otro tiempo existi\u00f3 una gran ciudad. Hierro torcido, concreto devastado, cenizas y a\u00f1icos eran vestigios de objetos que alg\u00fan d\u00eda fueron \u00fatiles. Ella hab\u00eda buscado incansablemente un rastro de compa\u00f1\u00eda viva y, al no hallarlo, se hab\u00eda acostumbrado a los muertos, a compartir con ellos los pedazos de sustancias comestibles que la manten\u00edan en pie, as\u00ed como a despojarlos de alg\u00fan jir\u00f3n que le proporcionara abrigo. A menudo tropezaba con artilugios de utilidad desconocida u olvidada, lujos in\u00fatiles ante la carencia de ojos que los codiciaran. La avaricia in\u00fatil le hizo pensar que los deseos hab\u00edan llegado a su fin, ya no ten\u00edan sentido. Estaba convencida de que era la \u00faltima de su especie sobre la Tierra. Cambi\u00f3 de idea cuando apareci\u00f3 \u00e9l, como un animal torpe. Lo mir\u00f3, incr\u00e9dula, entre los escombros de un centro comercial, mientras aqu\u00e9l hurgaba en busca de algo comestible. Ella se acerc\u00f3 y se convenci\u00f3 de que no alucinaba: hab\u00eda asumido equivocadamente que era el \u00fanico ser vivo de su naturaleza. Al advertirla, \u00e9l detuvo su b\u00fasqueda. La contempl\u00f3 unos instantes, inm\u00f3vil, pero el pasmo le dur\u00f3 poco tiempo. Se abalanz\u00f3 sobre ella y arranc\u00f3 los gui\u00f1apos que la cubr\u00edan. Ella se resisti\u00f3, al principio, pero despu\u00e9s se entreg\u00f3 con un entusiasmo insospechado, consciente de que el pudor era una sensaci\u00f3n tambi\u00e9n aniquilada. Se estrujaron, se besaron con torpeza y voracidad, lamieron las costras de mugre y lodo del otro. Las palabras, inservibles, no aparecieron, y en ese momento no import\u00f3 en qu\u00e9 idioma hubieran sido pronunciadas, pues posiblemente no se trataba de una lengua compartida. Se revolcaron abrazados entre los cascotes y desde all\u00ed divisaron un cuartucho, con la puerta entornada, que extra\u00f1amente no hab\u00eda sido derruido. Se miraron, corrieron hacia aquel sitio y se introdujeron en \u00e9l, no por verg\u00fcenza, sino debido al temor de compartir ese momento, el m\u00e1s preciado en mucho tiempo, con los restos y los muertos de afuera. Tal vez no hubo amor en ese acto, pero se abandonaron al retozo. Impacientes, ansiaban recordar c\u00f3mo era aquello que los distingui\u00f3 de las bestias durante a\u00f1os. Ambos interrumpieron en varias ocasiones el ritmo de su goce para cerciorarse de que las ventanas estaban bien cerradas y de que el cerrojo de la puerta hab\u00eda sido bien corrido \u2014mientras m\u00e1s disfrutaban, m\u00e1s tem\u00edan\u2014. Y entre ese miedo creyeron escuchar improbables ruidos en el exterior. Ella se apart\u00f3 del hombre, justo cuando escucharon golpes en la puerta. Despu\u00e9s se dieron cuenta de que no hab\u00eda duda: no se trataba del viento azotando alg\u00fan despojo, \u00a1estaban llamando! \u00c9l, desconcertado, ve\u00eda c\u00f3mo ella se refugiaba en un rinc\u00f3n e intentaba cubrir su desnudez con tiras de harapos, aterrada. La mujer empez\u00f3 a llorar, mascullaba un lenguaje casi olvidado, mientras se convenc\u00eda, quiz\u00e1, de que el pudor no hab\u00eda desaparecido del todo, en especial porque siempre hab\u00eda sido una mujer fiel y tem\u00eda que quien golpeaba la puerta en ese instante fuese su marido.<br \/>\n<a href=\"https:\/\/canal-literatura.com\/BLOG\/\" target=\"_blank\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono6.jpg\" alt=\"\" align=\"right\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Jos\u00e9 Luis Enciso<\/strong><br \/>\n<a href=\"http:\/\/bitacoradenaufragios.wordpress.com\/2011\/08\/22\/en-la-salud-y-en-la-enfermedad-cuento\/\" target=\"_blank\">Blog del autor<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>??? S\u00f3lo ruinas testificaban que en otro tiempo existi\u00f3 una gran ciudad. Hierro torcido, concreto devastado, cenizas y a\u00f1icos eran vestigios de objetos que alg\u00fan d\u00eda fueron \u00fatiles. 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