{"id":688,"date":"2009-02-26T00:00:19","date_gmt":"2009-02-25T23:00:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=688"},"modified":"2009-02-27T19:52:40","modified_gmt":"2009-02-27T18:52:40","slug":"burbuja-de-plata-por-nina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/burbuja-de-plata-por-nina\/","title":{"rendered":"Burbuja de plata. Por Nina"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/burbujaplata.jpg\"align=\"left\" hspace=\"20\"  \/><br \/\n\nCelia era guapa pero no lo sab\u00eda, y s\u00f3lo se dio cuenta muchos a\u00f1os despu\u00e9s, al revisar fotos antiguas en las que en su momento, se encontr\u00f3 horrorosa. Era inteligente pero, como todo el que padece de una timidez exagerada, incapaz de mostrarse tal y como era realmente, y por ello, demasiado callada: Sufr\u00eda al imaginarse interviniendo en cualquier conversaci\u00f3n ante desconocidos, lo que a menudo la hac\u00eda parecer torpe y poco interesante. Unos padres demasiado estrictos la hab\u00edan convertido en una persona temerosa e insegura, y las cosas m\u00e1s simples se le antojaban arriesgadas. En el trabajo apenas se atrev\u00eda a salir, como sus compa\u00f1eros, a tomar algo a mitad de ma\u00f1ana: sab\u00eda que pod\u00eda hacerlo, pero ten\u00eda miedo a que alg\u00fan imprevisto la hiciera retrasarse, y a que se le llamara la atenci\u00f3n; era hipersensible y no habr\u00eda podido soportarlo. Su falta de autoestima la llevaba a sentir que le estaba prohibido lo que todos hac\u00edan con naturalidad y desparpajo. Pero aquella ma\u00f1ana, \u00e9l la llam\u00f3 por tel\u00e9fono para citarla a tomar un caf\u00e9, pues <em>ten\u00eda que comentarle algo: no pod\u00eda esperar<\/em>. Y Celia corri\u00f3, por una vez, despreciando el peligro.<br \/>\nEstaba ya en el bar, y bajo el brazo llevaba unas carpetas que ella sospech\u00f3 -sin llegar a creerlo, desechando al momento <em>esa idea rid\u00edcula<\/em>-, que no eran m\u00e1s que una coartada. Le habl\u00f3 con una fingida seriedad que su mirada, demasiado alegre, y demasiado intensa, desment\u00eda; en su boca, <em>comunicados, citas, reuniones, fotocopias<\/em>&#8230; sonaban a palabras de amor. Celia escuchaba sujetando la taza con fuerza, para que \u00e9l no notara el temblor de su mano, e intentaba desviar la mirada de los labios de \u00e9l. Se llenaba los ojos con su rostro y escuchaba sin captar el mensaje, tan claro&#8230; Sin atreverse a entender, cuando \u00e9l interrump\u00eda su discurso mesurado y solemne para decirle al vuelo: \u201c&#8230; qu\u00e9 pesta\u00f1as tan largas&#8230;\u201d, se encog\u00eda de hombros levemente con una sonrisa que expresaba: \u201cOh, no me lo tomo en serio, ya s\u00e9 que es una broma, una galanter\u00eda intrascendente que dices s\u00f3lo por ser amable y amistoso\u201d. Porque era un hombre tan inteligente&#8230; era tan guapo: <em>el m\u00e1s guapo del mundo<\/em>. Era perfecto: <em>imposible que se hubiera fijado en alguien como ella<\/em>. Pero de todas formas, se sent\u00eda feliz como una loca. Los sonidos -el tintineo de la cucharilla al golpear el plato, el agua que manaba del grifo- le parec\u00edan m\u00e1s dulces y armoniosos que nunca; el sabor del caf\u00e9, delicioso; los colores m\u00e1s claros y profundos, la luz m\u00e1s deslumbrante y cegadora. En el extremo de la barra, de espaldas al resto de la gente, escuchaba sus risas y sent\u00eda que todos eran c\u00f3mplices, que todos la quer\u00edan, que estaban de su parte, y que saboreaban ese instante con ella, compartiendo su deseo de que se prolongara para siempre. Y sin embargo, en el barullo de voces, risas, bromas, entrechocar de vasos y de platos, de camareros y clientes movi\u00e9ndose y gritando, las miradas prendidas una a otra sin poder desligarse, ellos estaban solos, como en una burbuja plateada, en un mundo impecable y luminoso. Al marcharse, no pudo calcular cu\u00e1nto rato hab\u00edan pasado juntos. Por una vez, tampoco le import\u00f3.<br \/>\nA partir de aquel d\u00eda, durante varios meses, \u00e9l se estrell\u00f3 una y otra vez contra el muro de incredulidad que ella hab\u00eda construido para protegerse de toda frustraci\u00f3n, de cualquier desenga\u00f1o. Busc\u00f3 excusas para verla y hablarle, organiz\u00f3 encuentros <em>casuales<\/em>, la telefone\u00f3 con cien pretextos&#8230; A veces, llegaba a estar tan cerca de romper su coraza, que parec\u00eda que todo iba a resolverse con sencillez, con la facilidad con que la que ocurren de ordinario estas cosas. Pero al fin su constancia se quebr\u00f3 luchando in\u00fatilmente contra el temor de Celia a perder su estima -de la que no dudaba-, y quiz\u00e1s su amor -si es que \u00e9ste exist\u00eda-. Su inseguridad y sus complejos la bloqueaban y le imped\u00edan comportarse con naturalidad: intentaba no destrozar la imagen ideal que quiz\u00e1 \u00e9l pudiera cobijar en su coraz\u00f3n, y no pod\u00eda soportar la idea de que sus palabras lo decepcionaran, o la hicieran parecer aburrida, o vulgar. De manera que \u00e9l acab\u00f3 por confundir la temerosa reserva de Celia, sus monos\u00edlabos y respuestas lac\u00f3nicas dirigidas a no da\u00f1ar, a preservar <em>esa incre\u00edble fantas\u00eda sobre ella que, por error, \u00e9l hab\u00eda llegado a imaginar<\/em>, con frialdad e indiferencia.<br \/>\nLleg\u00f3 un d\u00eda en que \u00e9l se sinti\u00f3 vencido y termin\u00f3 por pensar que las miradas de amor que hab\u00eda sorprendido alguna vez -aunque Celia intentaba reprimirlas <em>para no descubrirse y quedar en rid\u00edculo<\/em>-, s\u00f3lo hab\u00edan existido en su imaginaci\u00f3n. Desapareci\u00f3 de su vida, y ella se hundi\u00f3 en un abatimiento m\u00e1s profundo que de costumbre al comprender que lo hab\u00eda perdido&#8230; por el miedo a perderlo.<br \/>\nUna vez superada la primera y m\u00e1s honda tristeza, no lament\u00f3 demasiado lo ocurrido. Lo tom\u00f3 como una etapa de su vida que la hab\u00eda ayudado a crecer, a comprender que ten\u00eda un problema y que deb\u00eda superarlo. Acab\u00f3 por recordar aquello como algo que tuvo que ocurrir de esa manera porque era inevitable. No merec\u00eda la pena lamentarse. De cualquier forma, aunque con el tiempo corrigi\u00f3 su timidez, olvid\u00f3 sus complejos, y tuvo otros amores, decidi\u00f3 que lo que conven\u00eda a su car\u00e1cter eran los sentimientos sosegados, tranquilos y apacibles, y procur\u00f3 protegerse de todo lo que pudiera despertarle sensaciones de exaltaci\u00f3n o vehemencia, pues sab\u00eda que era incapaz de enfrentarse a ellas con serenidad. Era mejor mantenerse en un terreno neutro y resguardado, a salvo de emociones demasiado violentas.<br \/>\nMuchos a\u00f1os despu\u00e9s, sin propon\u00e9rselo, se encontr\u00f3 frente al bar, y la curiosidad la empuj\u00f3 a entrar de nuevo. Todo segu\u00eda igual, algo m\u00e1s viejo pero bien conservado, y se sent\u00f3 a una mesa de cara a aquel rinc\u00f3n al final de la barra y junto a la ventana. A\u00fan era muy temprano, y ella era el primer cliente del d\u00eda. Con un gesto distra\u00eddo llam\u00f3 al camarero, que, ocupado fregando la vajilla, se hizo el remol\u00f3n. Se volvi\u00f3 sin prisas, mirando perezosamente a trav\u00e9s de los cristales y, de repente, la burbuja de plata, flotando y ahuec\u00e1ndose en el aire, estall\u00f3 ante sus ojos. Y volvi\u00f3 a verlo todo tal y como ocurri\u00f3: los ojos de \u00e9l, sus labios, la expresi\u00f3n de su rostro, el sabor del caf\u00e9, el sonido del agua, la luz deslumbradora, el color de los \u00e1rboles que aquel lejano d\u00eda apenas intuy\u00f3 tras la silueta de su perdido amor&#8230; Por fin, el camarero se acerc\u00f3: <em>\u00bfQu\u00e9 desea, se\u00f1ora?&#8230; <\/em>Pero ella, con los ojos entornados, apenas escuchaba. <em>Don Gerardo,<\/em> dijo \u00e9l, mirando a su jefe, que trasteaba la m\u00e1quina del tabaco y se hac\u00eda un l\u00edo con monedas y cartones. Y al comprobar que no lo hab\u00eda o\u00eddo, repiti\u00f3 varias veces, curiosamente, cada vez m\u00e1s bajo: <em>Don Gerardo&#8230; <\/em>hasta que consigui\u00f3 llamar su atenci\u00f3n golpeando una silla contra el suelo: <em>Don Gerardo&#8230; dele vuelta al cartel, que lo que es hoy, ya hemos echado la ma\u00f1ana&#8230; Llame ust\u00e9 al 112, dese prisa&#8230;<\/em> <\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono8.jpg\" border=\"0\"align=\"right\" \/\n\n<em><strong>Nina<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/burbuja-de-plata-por-nina\/\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-688","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cuentos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/688","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=688"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/688\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=688"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=688"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=688"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}