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{"id":6811,"date":"2011-03-25T00:00:38","date_gmt":"2011-03-24T23:00:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=6811"},"modified":"2011-03-24T14:49:47","modified_gmt":"2011-03-24T13:49:47","slug":"belinda-por-javier-revolo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/belinda-por-javier-revolo\/","title":{"rendered":"Belinda. Por Javier Revolo"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/revolo-belinda.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p><a name=\"_GoBack\"><\/a>Su piel es tibia, sus ojos verdes, poseedores de una cristalina intensidad. Los rizos largos de su cabello encierran oscuridad y brillo. Belinda. De madre caribe\u00f1a y padre irland\u00e9s, naci\u00f3 en Nassau, ciudad de casas blancas y amplios jardines. Sus piernas sobre el escenario, largas como tardes frente a una puesta de sol, se mueven a un ritmo tan parsimonioso como seductor, sexual. Recuerdo la elegancia de sus vestidos, delgados y a\u00e9reos como sus manos. Recuerdo su voz, sus magn\u00edficas interpretaciones de cantantes tan dispares como Carmen McRae, Dinah Washington o Sarah Vaughan que electrizaron los locales de la v\u00eda Brera, en Mil\u00e1n, all\u00e1 por los 80. Me enamor\u00e9 de todo lo que uno se puede enamorar de una mujer, es decir, me enamor\u00e9 tambi\u00e9n de sus objetos, de aquello que la tocaba, aquello que se alimentaba de su perfume. Me propuse conquistarla con compases y acentos que ella no lleg\u00f3 a notar -eso pens\u00e9-, mientras mi guitarra segu\u00eda su voz como sus faldas el movimiento de las torneadas caderas.<\/p>\n<p>Fue nuestra \u00faltima noche en Italia. Salimos de copas. Los m\u00fasicos rendimos culto a la bebida y esa noche que me acompa\u00f1aba mi infiel amigo, el diablo, fui sacerdote, cham\u00e1n. Belinda ten\u00eda a sus pies a todos, a m\u00ed no me ten\u00eda ni en cuenta. Le ped\u00ed bailar una canci\u00f3n de Jazzmatazz que estaba de moda. Acept\u00f3. La voz gruesa y francesa del cantante, la oscuridad del pub, abrieron un resquicio por donde me col\u00e9. Nos besamos. Continuamos el baile, apoy\u00e9 las manos sobre sus caderas y ella me dej\u00f3 volar sobre Pegaso. Cuando regres\u00e9 a tierra extra\u00f1\u00e9 las nubes y no supe d\u00f3nde me hallaba. Pronto me dar\u00eda cuenta. Llegamos a su hotel, hab\u00edamos hablado poco antes de aquella noche, ella era la artista, yo un guitarrista del grupo que la acompa\u00f1aba en esas presentaciones, no hab\u00eda mucho m\u00e1s que decir; el repertorio lo ten\u00edamos aprendido y las noches de Mil\u00e1n nos aplaudieron con entusiasmo.<\/p>\n<p>Su hotel era mucho mejor que el nuestro, en la habitaci\u00f3n hab\u00eda una cama enorme, el mini bar ten\u00eda poco de mini y bastante de bar, dos sof\u00e1s miraban una gran ventana cubierta por una pesada cortina. No sab\u00eda lo que val\u00edan sus ojos hasta esa noche, sin embargo, su cuerpo era como lo hab\u00eda imaginado, blanco, voluptuoso, interminable. Sus manos me guiaban, su boca me deten\u00eda, era briosa como un pianista ciego y dulce como una sonata de Mozart.<\/p>\n<p>Me dej\u00f3 hacerle el amor, pero luego ella tom\u00f3 las riendas y a partir de ese momento ya no me dej\u00f3 hacer, nunca tuve la sensaci\u00f3n de estar con alguien que ganase tanto de m\u00ed, conmigo. No hab\u00eda lugar in\u00fatil para ella, todo era instrumento para mantener la excitaci\u00f3n, para proyectarla. C\u00e1mara a mano grab\u00f3 nuestros cuerpos, acerc\u00f3 el objetivo a lugares ins\u00f3litos, pase\u00f3 por mi piel, por nuestras gotas de sudor, por la habitaci\u00f3n que se hab\u00eda impregnado del color de sus ojos.<\/p>\n<p>Nunca m\u00e1s volvimos a estar juntos. S\u00e9 que vive en Detroit y canta espor\u00e1dicamente. Tambi\u00e9n que se ha casado. Imagino sus ojos medievales detr\u00e1s de una gran ventana, afuera llueve y ella fuma un cigarrillo, su marido se pregunta por qu\u00e9 habla tan poco, pero Belinda sabe algo que&#8230;<br \/>\n<a href=\"https:\/\/canal-literatura.com\/BLOG\/\" target=\"_blank\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono9.jpg\" alt=\"\" align=\"right\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Javier revolo <\/strong><br \/>\nSydney, Australia<br \/>\n<a href=\"www.javierrevolo.wordpress.com\" target=\"_blank\">Blog del autor<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Su piel es tibia, sus ojos verdes, poseedores de una cristalina intensidad. Los rizos largos de su cabello encierran oscuridad y brillo. Belinda. De madre caribe\u00f1a y padre irland\u00e9s, naci\u00f3 en Nassau, ciudad de casas blancas y amplios jardines. Sus piernas sobre el escenario, largas como tardes frente a una puesta de sol, se mueven a un ritmo tan parsimonioso como seductor, sexual. 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