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{"id":6646,"date":"2011-03-05T12:00:33","date_gmt":"2011-03-05T11:00:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=6646"},"modified":"2011-03-04T21:38:39","modified_gmt":"2011-03-04T20:38:39","slug":"tabernario-y-liberal-por-francisco-gimenez-gracia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/tabernario-y-liberal-por-francisco-gimenez-gracia\/","title":{"rendered":"Tabernario y liberal. Por Francisco Gim\u00e9nez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright\" src=\"https:\/\/lh3.googleusercontent.com\/-b_vRgGmP6gc\/TW6JglqGuwI\/AAAAAAAAAEM\/s766CNeAIdQ\/s320\/Patas.jpg\" alt=\"\" width=\"214\" height=\"320\" \/>Sobradamente cumplida esa edad en la que uno se nutre m\u00e1s de la memoria que de las ilusiones, a cualquiera le asalta la tentaci\u00f3n de indagar en las decisiones pasadas que explican las claves de nuestra biograf\u00eda. Y aplicado al caso, me pregunto: \u00bfpor qu\u00e9 he llegado a convertirme en un liberal? Y no hablo aqu\u00ed de teor\u00edas (la superioridad de Hume, frente a Descartes; o de Adam Smith, frente a Marx; etc.); ni tan siquiera de hechos constatables (lo bien que viven los luxemburgueses, con la mierda de pa\u00eds que pisan; frente al hambre y la desesperaci\u00f3n en la que se enfangan los cubanos, pese a que habitan un pa\u00eds de maravilla; etc.). Todo esto no son m\u00e1s que razones, y \u00e9stas, siempre, ejercen de esclavas de las pasiones; lo se\u00f1al\u00f3 Hume (otro liberal) y, cr\u00e9anme, es el evangelio de la naturaleza humana, que busca en cada ocasi\u00f3n los argumentos estupendos para vestir y presentar en sociedad lo que ya tiene \u201cpreterdecidido\u201d de forma absolutamente visceral. As\u00ed que mi pregunta es la siguiente: \u00bfqu\u00e9 vivencias dieron lugar a las pasiones, a las emociones y a los sentimientos que me convirtieron en un liberal?<br \/>\nEn mi caso, todo comenz\u00f3 en un bar, una tasca madrile\u00f1a no demasiado curiosa de la calle San Marcos (junto a la plaza de Chueca), donde mi padre, que ejerc\u00eda de pastelero en el barrio, sol\u00eda jugarse el aperitivo a los chinos con sus amigos, entre los que recuerdo a don Victorino Mart\u00edn, el ganadero de reses bravas, y a don Ignacio Aldecoa, posiblemente el mejor escritor de relatos breves que ha dado Espa\u00f1a nunca. Corr\u00edan los \u00faltimos a\u00f1os sesenta (don Ignacio nos dej\u00f3 en el 69; me acuerdo con todo detalle de la cara de horror con la que mi padre entr\u00f3 en casa el d\u00eda que se enter\u00f3 de su muerte) y los primeros setenta y, por aquel entonces, los cr\u00edos acompa\u00f1\u00e1bamos a los padres a las tabernas e incluso nos tom\u00e1bamos nuestros cortitos de vino o cerveza con mucha casera y su tapa correspondiente, sin que nadie viera en ello una quiebra diet\u00e9tica, pedag\u00f3gica, ni moral.<\/p>\n<p>En aquella taberna, adem\u00e1s del pastelero, el ganadero y el escritor, recuerdo que paraban, entre otros muchos, dos moros de la guardia de Franco que le daban al vino y al tocino con naturalidad y fruici\u00f3n, unas cuantas putas de osamenta amplia y bien cubierta de magras y mantecas, con los sobacos sin depilar y muy morenas de pelo todas ellas, salvo una, que era enana, muy rubia (posiblemente te\u00f1ida, pero yo no era ni soy capaz de distinguir esos artificios) y pareja oficial de otro de los parroquianos habituales, don Ramiro, que llegaba a la tasca montado en una isocarro cargada de chatarra que le vigilaba un perro muy bravo que respond\u00eda al nombre de \u201cAtleti\u201d y era el favorito de todos los cr\u00edos del barrio, porque aullaba el himno nacional, defend\u00eda la hacienda de su amo, ladraba a los curas por m\u00e1s que prescindieran de la sotana y cuidaba de que nadie ofendiera a las putas, a ninguna, que lo adoraban como a su mejor palad\u00edn. La techumbre de la tasca, trabada de vigas exentas, era el biotopo de un mono chiquitajo y resabiado que tambi\u00e9n ten\u00eda mucho \u00e9xito entre la chiquillada, por cuanto era capaz de consolar su soledad sexual con una mano y atrapar con la otra los cacahuetes que le lanz\u00e1bamos desde el suelo, sin dejar caer un panchito, ni alterar en lo m\u00e1s m\u00ednimo el alegre comp\u00e1s de su ejercicio onanista. Todo un prodigio de coordinaci\u00f3n en la satisfacci\u00f3n de las pasiones, harto aplaudido y celebrado en el barrio.<br \/>\nTambi\u00e9n menudeaban los veteranos de reemplazo que acud\u00edan al calor de las putas y como clientes del negocio secundario que florec\u00eda en la taberna, a saber: el mercado no reglado de ladillas culeras hisp\u00e1nicas, que se vend\u00edan por docenas en cajitas de cerillas y que la fiel infanter\u00eda adquir\u00eda para lucirlas en las ingles ante los oficiales m\u00e9dicos y conseguir, por su virtud, dos meses de permiso extra.<br \/>\nEn fin; visto con los a\u00f1os, aquel mundillo de mujeres bravas, moros imp\u00edos, gentes luchadoras, curas pecadores, escritores brillantes, negociantes de toda condici\u00f3n, chiquillos libres (de pedagogos, al menos) y ladillas sin IVA; unido a los c\u00f3digos que reg\u00edan las relaciones entre gentes de condici\u00f3n tan diversa, y las virtudes que all\u00ed se reconoc\u00edan (la industriosidad, el valor, la alegr\u00eda, la compasi\u00f3n, la lealtad hacia el amigo, la desconfianza hacia el Estado, el amor propio, el respeto mutuo, la hombr\u00eda (\u00a1ah, la hombr\u00eda\u2026!), etc.; todo ese conjunto de est\u00edmulos carnales, comerciales y morales configur\u00f3 una caligraf\u00eda que escribi\u00f3 en mi alma con tinta indeleble. De all\u00ed sal\u00ed yo liberal sin remisi\u00f3n; liberal, en bruto; muy en bruto, lo reconozco. Luego llegaron las historietas de V\u00e1zquez, las pel\u00edculas del oeste, los viajes mochileros, las lecturas de Borges, de Locke, de Revel, el magisterio amistoso de Enrique Ujald\u00f3n\u2026.; pero todo eso no vino sino a refinar (y poco, me temo) la piedra madre, que sigue ah\u00ed viva y fuerte desde entonces. Quiero decir, en suma, que por m\u00e1s que mi amigo Enrique no pare de recomendarme libros de sesudos economistas austriacos, me basta con verle la cara a algunos sindicalistas y socialistas de los que todos conocemos, para saber que no hubieran aguantado ni dos horas en la taberna de mi infancia; porque en sus rostros no anida la libertad, ni la nobleza, ni la tolerancia, ni el respeto, ni, desde luego, la alegr\u00eda.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/canal-literatura.com\/BLOG\/\" target=\"_blank\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono6.jpg\" alt=\"\" align=\"right\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Francisco Gim\u00e9nez<\/strong><br \/>\n<a href=\"http:\/\/pornadiepase.blogspot.com\/\" target=\"_blank\">Blog del autor<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobradamente cumplida esa edad en la que uno se nutre m\u00e1s de la memoria que de las ilusiones, a cualquiera le asalta la tentaci\u00f3n de indagar en las decisiones pasadas que explican las claves de nuestra biograf\u00eda. 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