{"id":633,"date":"2008-12-25T11:39:28","date_gmt":"2008-12-25T10:39:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=633"},"modified":"2008-12-25T11:52:14","modified_gmt":"2008-12-25T10:52:14","slug":"flores-en-un-jarron-por-nina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/flores-en-un-jarron-por-nina\/","title":{"rendered":"Flores en un jarr\u00f3n. Por Nina"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/Jarron-con-flores.jpg\"align=\"right\" hspace=\"20\"  \/><br \/\nUna ma\u00f1ana igual a cualquier otra, la Sra. Rodr\u00edguez se asom\u00f3 con una vaga sensaci\u00f3n de optimismo al balc\u00f3n de su apartamento y, de repente, al verla, se agarr\u00f3 con fuerza a la barandilla incandescente sin reparar en lo que hac\u00eda. En el \u00faltimo piso de la casa de enfrente, un edificio de los a\u00f1os cincuenta, en una terraza grande y cuadrada, separada de la calle por una balaustrada de dos palmos de anchura, con todo su cuerpo apoyado sobre ella, una ni\u00f1a de unos cuatro o cinco a\u00f1os se inclinaba hacia la calle. La Sra. Rodr\u00edguez la mir\u00f3 aterrorizada y reprimi\u00f3 un grito de advertencia por miedo a asustarla y a ser ella quien precipitara la tragedia. Nada pod\u00eda hacer y se qued\u00f3 all\u00ed, paralizada y sin aliento, sin querer ver y sin poder apartar los ojos. \nUn eterno segundo despu\u00e9s, una mujer se asom\u00f3 a la puerta de la terraza, y la Sra. Rodr\u00edguez intuy\u00f3, m\u00e1s que vio, el gesto de pavor, la mano ahogando un grito, los pasos r\u00e1pidos, de puntillas, para no hacer ruido. Al fin, la mujer alcanz\u00f3 a la ni\u00f1a, la agarr\u00f3 por la cintura, y corri\u00f3 hacia el interior, cerrando la puerta con fuerza.\nLa Sra. Rodr\u00edguez suspir\u00f3 primero aliviada, aspir\u00f3 despu\u00e9s el aire c\u00e1lido y pegajoso del mediod\u00eda y volvi\u00f3 a entrar en su sal\u00f3n con el coraz\u00f3n todav\u00eda retumbando y la sensaci\u00f3n de no haber respirado durante horas. Con un gesto nervioso, sec\u00f3 una gota de sudor que resbalaba por su frente.\nEra un mes de mayo extraordinariamente c\u00e1lido y la luz iluminaba toda la habitaci\u00f3n. Sobre una mesa de rinc\u00f3n, el cenicero de cristal tallado refulg\u00eda como un diamante. A su lado, un bonito jarr\u00f3n con forma de copa y filos dorados. La Sra. Rodr\u00edguez lo hab\u00eda comprado hac\u00eda a\u00f1os en un anticuario por una cantidad rid\u00edcula, y nunca supo si hab\u00eda encontrado una bicoca o la hab\u00edan enga\u00f1ado. Pero, en realidad, no le importaba, pues el jarr\u00f3n, aun vac\u00edo, era bonito de de verdad y resultaba elegante y muy decorativo. Tiempo atr\u00e1s, a veces, al volver a casa, sol\u00eda parar en la florister\u00eda para llevarse un ramillete: pensaba que esos detalles eran los que la hac\u00edan acogedora. Flores en un jarr\u00f3n. Olor a pan tostado. Un hogar.\nSobre la mesa, su marido hab\u00eda olvidado las llaves. La noche anterior, discutiendo por una tonter\u00eda, de repente y sin venir a cuento, comenz\u00f3 a mascullar entre dientes algo que ella no consigui\u00f3 entender. Pero s\u00ed distingui\u00f3 claramente la palabra \u201cest\u00fapida\u201d. \u201cSe ha tomado un cubalibre\u201d, pens\u00f3, pues hab\u00eda aprendido a relacionar unas cosas con otras y sab\u00eda que, aunque \u00e9l pod\u00eda ser encantador y cari\u00f1oso habitualmente, aquella mezcla de alcohol y cafe\u00edna le provocaba extra\u00f1os accesos de furia sin sentido. \nAl principio ella levantaba tambi\u00e9n la voz, indignada, para replicarle. Pero con el tiempo, y porque no quer\u00eda que sus hijos presenciaran escenas, termin\u00f3 por refugiarse tras cada uno de aquellos episodios en un silencio despectivo cada vez m\u00e1s largo. Primero fueron d\u00edas, luego semanas; y lleg\u00f3 a pasar m\u00e1s de un mes sin dirigirle la palabra, salvo en caso de urgencia o necesidad. Aquellos accesos tampoco eran tan frecuentes y, finalmente, la situaci\u00f3n acababa por suavizarse. Pero, para entonces, la Reina de las Nieves les hab\u00eda clavado en el coraz\u00f3n su alfiler de plata y todos andaban por la casa perdidos y encerrados en s\u00ed mismos, como extraviados en un pa\u00eds del que se desconoce el idioma.\nNada grave hab\u00eda ocurrido realmente, pero la Sra. Rodr\u00edguez contemplaba todo aquello desolada, intuyendo, sin confes\u00e1rselo jam\u00e1s, que su vida, y su felicidad, estaban construidas sobre un pantano, que cualquier movimiento podr\u00eda hundir en \u00e9l a su familia, y que ya no sab\u00eda qu\u00e9 hacer para evitarlo. Porque, las pocas veces que intent\u00f3 hablar con su marido de aquellos incidentes, buscando la forma de que no se repitieran, \u00e9l siempre la acusaba de rencorosa y terminaba dici\u00e9ndole, una y otra vez: \"Agua pasada, no mueve molino\". Y si ella insist\u00eda, la conversaci\u00f3n iba subiendo y subiendo de tono, amenazando con acabar igual que la anterior. Frustrada por el silencio que encubr\u00eda las cosas importantes, rehu\u00eda tambi\u00e9n, cada vez m\u00e1s, las conversaciones banales, y se sent\u00eda incapaz, incluso, de decirles durante la cena que hab\u00eda ca\u00eddo una funda de almohada en su tendedor y que, si alg\u00fan vecino preguntaba por ella, estaba guardada en el armario del pasillo. \nLa Sra. Rodr\u00edguez comprendi\u00f3 que hab\u00eda terminado por sentirse como un enfermo catat\u00f3nico que no se atreve a hablar ni a hacer un gesto, por miedo a que el mundo se derrumbe a su alrededor. Se hab\u00eda juzgado a s\u00ed misma y se hab\u00eda hallado culpable de incapacidad para encontrar un camino intermedio entre los gritos y el silencio que amenazaba con tragarse a su familia. Aquella sensaci\u00f3n de amor y acogimiento, de poseer un refugio que te protege del resto del mundo, hab\u00eda desaparecido de sus vidas como las flores del jarr\u00f3n.\nSe imagin\u00f3, de pronto, saliendo de su casa, cerrando la puerta sin molestarse en echar la llave, y bajando a saltos la escalera con una maleta peque\u00f1a y ligera. Y comprendi\u00f3, asombrada, que aquella era una fantas\u00eda recurrente, tan real ya, y tan elaborada, que inclu\u00eda detalles como la precauci\u00f3n para no resbalar en el brillante suelo de m\u00e1rmol pulido al dar la vuelta en los descansillos, el c\u00e1lido golpe de aire en su cara al abrir el portal, las hojas de los \u00e1rboles dibujando sus sombras en la acera, la sensaci\u00f3n de libertad y de alivio... pero tambi\u00e9n su desconcierto al no saber qu\u00e9 camino tomar, la desolaci\u00f3n al dejar atr\u00e1s algo precioso, perdido para siempre como una fotograf\u00eda antigua de la que nadie tiene copia y, por lo tanto, imposible de reemplazar. \nLa Sra. Rodr\u00edguez se dio la vuelta para entrar en la cocina. Necesitaba un vaso de agua helada: el calor se estaba haciendo insoportable, y la pena que se enredaba en su garganta comenzaba a asfixiarla. No comprend\u00eda aquella angustia repentina:  se sent\u00eda razonablemente feliz hasta que vio a esa ni\u00f1a a punto de caerse. Unos segundos m\u00e1s, y habr\u00eda contemplado su cabeza rota en el asfalto sobre un charco de sangre. Pero no hab\u00eda ocurrido nada: la ni\u00f1a estaba a salvo en brazos de su madre y ella saldr\u00eda inmediatamente de casa, bajar\u00eda deprisa la escalera, abrir\u00eda el portal, y correr\u00eda, correr\u00eda sin detenerse, a comprar flores para poner en su jarr\u00f3n.\n\n<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono7.jpg\" border=\"0\"align=\"right\" \/\n\n<em><strong>Nina<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/flores-en-un-jarron-por-nina\/\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-633","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cuentos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/633","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=633"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/633\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=633"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=633"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=633"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}