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{"id":6142,"date":"2011-01-10T00:00:39","date_gmt":"2011-01-09T23:00:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=6142"},"modified":"2011-01-08T13:20:39","modified_gmt":"2011-01-08T12:20:39","slug":"civilizacion-y-venganza-por-marcelo-galliano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/civilizacion-y-venganza-por-marcelo-galliano\/","title":{"rendered":"Civilizaci\u00f3n y venganza. Por Marcelo Galliano"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\"alignright\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/tigre.Marcelo.jpg\" alt=\"\" \/>Ser\u00e1 as\u00ed nom\u00e1s, como dice Liliana, que uno porta los colmillos y las garras sin darse cuenta, con ese aire tan racional de la corbata, de la nariz royendo libracos en la calle Corrientes, del Gancia de las seis, siempre con hielo, y en penumbras, y con un autor latinoamericano por empezar.<br \/>\nAs\u00ed es como todo pasa, seg\u00fan ella, y uno pierde\u2026 Qu\u00e9 s\u00e9 yo lo que dice que uno pierde, pero est\u00e1 bien segura de que uno lo pierde.<br \/>\nA veces le pregunto si le molesta que sea el mismo, con esas man\u00edas \u00edntimas, con el caf\u00e9 de la sobremesa, mis discos, mis lecturas. Es entonces cuando me intriga, cuando me chista con tibieza porque la nena sigue convaleciente, cuando junta mis labios con dos dedos como maleando una arcilla tibia, cuando me dice que en realidad no soy el mismo\u2026 Casi siempre me adormezco feliz de sus ocurrencias, de su percepci\u00f3n minuciosa. He llegado a sentir que puede diferenciar y nominar cada gota de lluvia, reconocer los diferentes \u00e1ngulos de abertura de una rosa minuto a minuto.<br \/>\nHe llegado a temerle, tal vez no a ella, pero s\u00ed a su forma de escrutarme, a su manera de descifrar mis cambios, de a\u00f1orar las irrecuperables virtudes que yo no termino de anotar como perdidas.<br \/>\nTantas otras veces, tambi\u00e9n, me he empecinado en demostrarle lo contrario. Casi lo logro aquel abril\u2026<br \/>\nNo olvidar\u00e9 aquella caba\u00f1a cercana a Masai Mara que elegimos para rasgarnos el sayo que Buenos Aires nos pon\u00eda d\u00eda a d\u00eda. El perfume que nos inundaba, esa falsa sensaci\u00f3n de haber quebrado la continuidad del aliento agitado del ruido, ese follaje desnudo ante nuestro ojos siempre vestidos, la intimidad de esa lejan\u00eda\u2026 donde decir taza era escuchar la palabra taza, donde abrir la puerta era o\u00edr la madera carraspeando.<br \/>\nS\u00e9 que llegamos a pensar que la irracionalidad de lo simple nos invad\u00eda, que una vida sin bosquejo previo se nos ofrec\u00eda con la piel en celo; casi nos convencemos esa noche en que nos mordimos los labios en la oscuridad de las estrellas encendidas, en que nos buscamos sin el reparo del horario, del almanaque, de las cuentas por saldar. Luego, un amanecer por las hendijas, ella entre mis brazos, un r\u00edo claro que a\u00fan ciego de almohada no pensaba buscar, una brisa intrusa y un silencio. S\u00ed, un silencio\u2026, cuando el sol ya deb\u00eda haber perturbado a \u2026 \u00bfla nena? S\u00ed, s\u00ed, est\u00e1 bien\u2026 est\u00e1 en\u2026 No, no est\u00e1 en su cama\u2026<br \/>\nNo guarda mi memoria la forma en que sal\u00ed. Veo, en cambio, a\u00fan hoy, la escena aquella: el alba rojiza, los \u00e1rboles mudos\u2026 y la chiquita gateando delante del tigre\u2026<br \/>\nCuando Liliana, a\u00fan semidesnuda, apareci\u00f3 a mi lado y observ\u00f3 lo que pasaba, s\u00f3lo atin\u00e9 a amordazarle la boca con mis dedos; fue un segundo\u2026 menos, en el cual mis manos volaron a su rostro, imposibilit\u00e1ndole gritar. Sab\u00eda que un veredicto de muerte pend\u00eda sobre mi hija y que ser\u00eda consumado al m\u00ednimo susurro. Transpir\u00e9, mi aliento se quebr\u00f3 mientras segu\u00eda mil\u00edmetro a mil\u00edmetro los movimientos del felino y de mi chiquita. Mi mujer vibraba, yo tambi\u00e9n, comenc\u00e9 a sentir fr\u00edo, a medir cada rodeo del animal, a escuchar en mis sienes cada paso de la bestia como una pulsaci\u00f3n lenta, una especie de timbal amplificado que lat\u00eda en mi cabeza, como si un reloj sideral marcara los ralentados segundos de una sentencia eternamente lentificada.<br \/>\nCamin\u00f3, observ\u00f3, oli\u00f3\u2026 En un instante fatal sent\u00ed que su cabeza se acercaba a la frente de mi criatura. Mis yemas h\u00famedas resbalaron del rostro de Liliana y su lengua \u2013acaso tambi\u00e9n involuntariamente asesina- lanz\u00f3 un grito que el animal respondi\u00f3 con un fatal movimiento de su garra, con el que cercen\u00f3 una mejilla de la nena deshebr\u00e1ndola como un papel mojado.<br \/>\nVeo la sangre, s\u00ed, la veo, a\u00fan siento el olor, los alaridos desesperados de mi mujer corriendo a ensuciarse de ese rojo espeso, a tomar a esa mu\u00f1eca rota entre sus palmas buscando una explicaci\u00f3n, y el animal, quiz\u00e1 tan inocente como todos, huyendo ante el griter\u00edo.<br \/>\nA\u00fan rememoro, en mis brazos, el peso del arma que tom\u00e9 todav\u00eda entre llantos sin repuestas. Mi hija agonizaba, y mi esposa tironeaba de mi camisa rog\u00e1ndome que no fuera. No la escuch\u00e9, no repar\u00e9 en sus s\u00faplicas. Escopeta en mano sal\u00ed a buscarlo, acaso con la falaz excusa de evitar otra muerte, ese argumento que, cegado de odio, ni yo mismo cre\u00ed.<br \/>\nCamin\u00e9 sin rumbo, olfateando la nada como un asesino patol\u00f3gico dispuesto a fagocitar su v\u00edctima, adivinando pisadas, intuyendo aromas perdidos entre arbustos.<br \/>\nTembl\u00e9 al verlo. Advirti\u00f3 mi presencia y se alej\u00f3 unos pasos de la cr\u00eda que parec\u00eda cuidar con esmero, acaso adivinando mi intenci\u00f3n de arreglar cuentas, y el peligro que aquello implicaba para su hijito.<br \/>\nLo vi acercarse ofreci\u00e9ndome su vida, me afirm\u00e9, apret\u00e9 las muelas hasta sentirlas pulverizarse en mi paladar\u2026<br \/>\nYa en la mira, gir\u00e9 imprevistamente, y en una venganza que a\u00fan me enorgullece, apunt\u00e9 al cachorro, y se lo asesin\u00e9 delante de sus ojos.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/canal-literatura.com\/BLOG\/\" target=\"_blank\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono8.jpg\" alt=\"Asociaci\u00f3n Canal Literatura\" align=\"right\" \/><\/a><br \/>\n<strong>Marcelo Galliano<\/strong><br \/>\n<a href=\"http:\/\/marcelogalliano.blogspot.com\/2011\/01\/civilizacion-y-venganza-cuento.html\" target=\"_blank\">Blog del autor.<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ser\u00e1 as\u00ed nom\u00e1s, como dice Liliana, que uno porta los colmillos y las garras sin darse cuenta, con ese aire tan racional de la corbata, de la nariz royendo libracos en la calle Corrientes, del Gancia de las seis, siempre con hielo, y en penumbras, y con un autor latinoamericano por empezar. 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