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{"id":501,"date":"2008-07-31T00:00:01","date_gmt":"2008-07-30T22:00:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=501"},"modified":"2008-07-29T12:14:25","modified_gmt":"2008-07-29T10:14:25","slug":"mujer-en-el-espejo-por-cecilia-prado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/mujer-en-el-espejo-por-cecilia-prado\/","title":{"rendered":"MUJER EN EL ESPEJO. Por Cecilia Prado"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" hspace=\"20\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/La-iniciacion.jpg\" align=\"left\" border=\"0\"  \/><\/p>\n<p>Fugaz se visti\u00f3 la dama, de rostro oval en el espejo. Yo apenas cog\u00ed tiempo de voltearme y atisbar la fina tela gris que sub\u00eda por el blanco de su espalda.<\/p>\n<p>La conoc\u00ed de frente, con su vestido gris arremolin\u00e1ndose a sus piernas con el viento, caminando hacia a mi o hacia ninguno. Pero sucede que su rostro oval reflejado en el espejo cerraba los p\u00e1rpados. Y entonces el vestido fino resbalaba en la insensatez de nuestras mentes, y nos dejaba entrever  su cuerpo como un cisne blanco asesinado en la mitad de la noche. No era lo que se dijera una realidad  lisa y llana, como qui\u00e9n dir\u00eda. So\u00f1\u00e1bamos con las puntas de los dedos estirados como besos, como garras que horadaran la tierra, como estrellas palpitantes de estertores.<\/p>\n<p>Pero para que nadie piense mal y se me entienda, relatar\u00e9 todo tal y como fue desde el principio. Yo estaba tendida con los pies desvelados por la fiebre (era el comienzo de la infamia). La dama oval acerc\u00f3 su espejo de mu\u00f1eca distra\u00edda y los dos se miraron ri\u00e9ndose, como si les picara la avispa de la risa. Luego mis calcetines de colegiala aplicada se salieron cual dos guantes y los dedos de mis pies tintinearon, desafinados de fr\u00edo, como un piano desdentado.  <\/p>\n<p>Entonces me levant\u00e9 para no verla porque consideraba impropio dirigirse a una mujer sin rostro. Ella, intuyendo mi premeditado desd\u00e9n, comenz\u00f3 a golpear el piso con sus firmes zapatos de tac\u00f3n. No me volv\u00ed. Continu\u00e9 escuchando a trav\u00e9s de la ventana  el tierno canto de los corazones desbocados. Era un canto arriesgado y mon\u00f3tono que de a ratos se acercaba mucho al zapateo de la diva.<\/p>\n<p>Me gir\u00e9 para sorprenderla y arruinarle de una vez todos sus planes pero ella me solt\u00f3, desvergonzada y tranquila, que si quer\u00eda ser una artista de verdad, deb\u00eda intentar no ser tan previsora.<br \/>\nLuego se recost\u00f3 en mi lecho de espaldas a mi y una sombra oscura se esboz\u00f3 en el muro. V\u00ed  su brazo estirarse por arriba de mi cuerpo y alcanzar una delicada campanilla de luz. De la otra mano y a la altura del cuello sosten\u00eda el \u00f3valo con adentro su cara; la cual, por una raz\u00f3n absolutamente misteriosa para m\u00ed, s\u00f3lo se atisbaba en el espejo.  Agit\u00f3 varias veces el bronce y el ta\u00f1ido cristalino bast\u00f3 para que un simun de confetis de papel se le tirara encima sedientos de sus aires.<\/p>\n<p>Media hora despu\u00e9s o\u00eda pasos que ven\u00edan del pasillo. Sonaban a peque\u00f1as gotas de lluvia golpeando contra el cristal; supe as\u00ed,  y gracias a acuciar mucho el o\u00eddo, que  mam\u00e1 sub\u00eda en puntillas las escaleras de m\u00e1rmol. Avanzaba lenta y pausadamente por la larga pendiente, sosteniendo en un plato mi impudor. No eran estos motivos infundados: parec\u00eda adivinar los febriles aleteos del pez cuando sal\u00eda, igual que su muerte menguante y despaciosa. <\/p>\n<p>Al cabo de unos momentos (para m\u00ed lent\u00edsimos), mam\u00e1 entraba en la habitaci\u00f3n sin llamar y destapaba triunfal la bandeja redonda;  por suerte en el fondo del plato s\u00f3lo hab\u00eda su cara que, con grandes ojos de sapo, me indagaba fisgona y desconfiada como siempre. Al parecer el pez se habr\u00eda esfumado en el aire o habr\u00eda simplemente desaparecido ante la absorta pregunta de todos. Yo segu\u00eda recostada en la cama y era tal el tormento que sent\u00eda por su inoportuna y maliciosa presencia, que me imaginaba un term\u00f3metro gigante atraves\u00e1ndome de lado a lado el coraz\u00f3n. Mi aciago no se hizo esperar:  cuando el m\u00e9dico me oscult\u00f3, tos\u00ed dos veces y su cabeza gir\u00f3 al pronunciar la gravedad del asunto. Yo me sent\u00eda feliz en mi desdicha y no entend\u00eda muy bien por qu\u00e9 tanto alboroto. (para todo esto de la dama oval ni rastro)<\/p>\n<p> Mis hermanas subieron de prisa al presentir la desgracia y con cuerpos inclinados se probaron mis vestidos. \u2013Mejor \u2013pens\u00e9 \u2013que se los lleven todos. \u00bfpara qu\u00e9 los quiero?  Mi cabello se ha vuelto blanco nieve y mi cuerpo joven y esbelto ha envejecido cien a\u00f1os de tristeza. . Ilda la m\u00e1s avispada de las tres, se roz\u00f3 unas gotitas de perfume en las orejas que se le quedaron azuladas como flores. Las dos murmuraban en voz baja y sonre\u00edan como ajenas, s\u00f3lo el m\u00e9dico se apiadaba de mi cuerpo con sus manos pesadas e insistentes. \u2013\u00bfSiente algo, aqu\u00ed?, \u00bfSiente algo, aqu\u00ed? \u2013me preguntaba. Yo segu\u00eda quieta y muda asustada por tanto devaneo y me dejaba hacer. Con un ojo custodiaba a mis hermanas, con el otro miraba la pared oscura y sent\u00eda una grand\u00edsima tristeza. Esperaba con ansias enfermizas la llegada de la dama oval y ya no reparaba en el eclipse de su rostro.  <\/p>\n<p>De pronto la mano del doctor se estir\u00f3 m\u00e1s de la cuenta, introduci\u00e9ndose en la blanda herida y por un segundo tem\u00ed partirme en dos. De la roja puerta salt\u00f3 el delgado pez que se qued\u00f3 largo rato palpitando convulso ante la triunfal vista de todos, hasta que al fin ces\u00f3. \u00a1Nada! Lo dicho: nada. Al coger el espejo en mis manos descubr\u00ed con asombro y horror, que hab\u00eda perdido la cabeza.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono6.jpg\" align=\"right\" \/><\/p>\n<p><em><strong>\u00a9Cecilia Prado <\/strong><\/em><br \/>\nFoto:\u00bbLA INICIACI\u00d3N\u00bb \u00d3LEO SOBRE LIENZO (0.97 m. x 0.70 m.) Cecilia Prado<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fugaz se visti\u00f3 la dama, de rostro oval en el espejo. Yo apenas cog\u00ed tiempo de voltearme y atisbar la fina tela gris que sub\u00eda por el blanco de su espalda. La conoc\u00ed de frente, con su vestido gris arremolin\u00e1ndose a sus piernas con el viento, caminando hacia a mi o hacia ninguno. Pero sucede que su rostro oval reflejado en el espejo cerraba los p\u00e1rpados. Y entonces el vestido fino resbalaba en la insensatez de nuestras mentes, y nos dejaba entrever su cuerpo como un cisne blanco asesinado en la mitad de la noche. 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