{"id":499,"date":"2008-07-28T00:19:43","date_gmt":"2008-07-27T22:19:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=499"},"modified":"2025-10-28T13:17:48","modified_gmt":"2025-10-28T12:17:48","slug":"el-hombre-corazon-por-cecilia-prado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/el-hombre-corazon-por-cecilia-prado\/","title":{"rendered":"El hombre coraz\u00f3n. Por Cecilia Prado"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/wp-content\/uploads\/2008\/07\/El-hombre-corazon.jpg\" width=\"763\" height=\"569\" \/><\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">El hombre coraz\u00f3n.<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Cuando Elisa sali\u00f3 a la calle ese d\u00eda, no esperaba en absoluto toparse de frente con el hombre coraz\u00f3n. Ten\u00eda una cabeza apretada y rojiza como un pu\u00f1o bien cerrado. Este abultado m\u00fasculo que de a ratos brillaba bajo la luz del sol, contrastaba en tama\u00f1o con lo ampuloso del cuerpo, el cual quedaba recubierto enteramente por una elegante gabardina gris. Elisa pudo advertir, adem\u00e1s, sus llamativas manos, negras y duras como las toscas ra\u00edces de un \u00e1rbol, aferradas a un vasto malet\u00edn naranja; as\u00ed como sus grandes zapatos marrones que le hac\u00edan tropezar a cada instante con los bajos arbolillos de la cuadra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0El hombre coraz\u00f3n, torpe por naturaleza, no previ\u00f3 que la ni\u00f1a no era una planta y tropez\u00f3 con ella sin remedio. Luego dijo con encono:<br \/>\n-Deber\u00edas tener m\u00e1s cuidado en la vida y fijarte por donde vas.<br \/>\n-No voy a ninguna parte -dijo ella, con un hilo de voz fr\u00e1gil, evitando mirarle a la cara.<br \/>\n-Todo el mundo va siempre a alg\u00fan lado, incluso los que se quedan de pie, aislados y mudos, creciendo para adentro como hongos, en medio de una losa del patio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0-Tengo fr\u00edo -tartamude\u00f3 Elisa. Y empez\u00f3 a temblar al pronto. Hac\u00eda tiempo que no inger\u00eda nada, tampoco se peinaba y los jirones rubios le colgaban de arriba a abajo agitados por ligeros estertores.<br \/>\nPero el hombre coraz\u00f3n no la abraz\u00f3, no se sac\u00f3 el abrigo para resguardarla, no le susurr\u00f3 palabras buenas al o\u00eddo. Por el contrario: se qued\u00f3 escrut\u00e1ndola un instante con mirada indiferente y muda y luego sin mediar saludo y cual si ella no existiera, se march\u00f3 a comprar el diario en el quiosco de la esquina.<br \/>\nDel peculiar teatrillo enmarcado de diarios y revistas, asom\u00f3 una blanca pelusa seguida de dos gruesas lentes tan redondas como lupas. El anciano, que hab\u00eda o\u00eddo todo aunque sin comprender gran cosa, al ver a Elisa tan sola en medio de un adoqu\u00edn le pregunt\u00f3 qu\u00e9 pensaba. Elisa le respondi\u00f3 que \u201cnada\u201d; y luego dijo que s\u00ed, que pensaba en el hombre coraz\u00f3n y en como no la hab\u00eda ayudado y en como se hab\u00eda ido por el camino de las hojas para siempre, sin volverse nunca para atr\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><strong>\u00a9Cecilia Prado <\/strong><\/em><br \/>\n(www.tallerliterario.net)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El hombre coraz\u00f3n. \u00a0Cuando Elisa sali\u00f3 a la calle ese d\u00eda, no esperaba en absoluto toparse de frente con el hombre coraz\u00f3n. Ten\u00eda una cabeza apretada y rojiza como un pu\u00f1o bien cerrado. Este abultado m\u00fasculo que de a ratos brillaba bajo la luz del sol, contrastaba en tama\u00f1o con lo ampuloso del cuerpo, el cual quedaba recubierto enteramente por una elegante gabardina gris. 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