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{"id":2906,"date":"2010-01-28T00:00:21","date_gmt":"2010-01-27T23:00:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=2906"},"modified":"2010-01-27T08:45:24","modified_gmt":"2010-01-27T07:45:24","slug":"matamorfosis-por-rafael-criado-garcia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/matamorfosis-por-rafael-criado-garcia\/","title":{"rendered":"Matamorfosis. Por Rafael Criado Garc\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/metamorfosis-de-narciso-salvador-dali.jpg\" alt=\"\" hspace=\"20\" align=\"right\" \/><\/p>\n<p>Celebraron con jubilosa exitaci\u00f3n la llegada del d\u00eda estipulado. Nada en su entorno envidenciaba cambio alguno, ni llegado ni por venir, s\u00f3lo un c\u00edrculo rojo marcado en el calendario para que no cayese en el olvido. Santiago observa la imagen que el espejo del cuarto del ba\u00f1o le devuelve. Una estampa ojerosa, despeinada, de barba incipiente, el sue\u00f1o a\u00fan marcado en el semblante, todav\u00eda en pijama. El aroma a caf\u00e9 impregna la casa entera. Es su primera vez. La primera vez que ha puesto caf\u00e9 y agua en la cafetera llevando a cabo un ritual, hasta ahora ajeno, asociado habitualmente a las labores matinales de Carmen, quien termina de arreglarse en el dormitorio, maldiciendo la torpeza inducida por las prisas, los nervios alentados por la incertidumbre que ocasiona lo novedoso, a lo que le aguarda a partir de ese d\u00eda que ambos han elegido al azar. Bien pod\u00eda haber sido otro el marcado con un c\u00edrculo en el calendario pero eso carec\u00eda de importancia, lo realmente destacable es que el comienzo de la inversi\u00f3n de sus vidas ha  empezado precisamente en ese instante.<\/p>\n<p>Carmen aparece en la cocina vistiendo un elegante traje, que despierta la admiraci\u00f3n del marido, el portafolio entorpeciendo su mano y sus movimientos, el rostro marcado por una leve sensaci\u00f3n de inquietud, los gestos apresurados y torpes. Su mirada busca la compasiva mirada de Santiago, quien sonrie con tranquilizadora contemporizaci\u00f3n como tratando de transmitir que a \u00e9l tambi\u00e9n le corroe internamente la incertidumbre. Debe ser lo acostumbrado en decisiones de tan magno calibre, algo abrumado por las tareas que le aguardan, lo impreciso de lo que llegar\u00e1, sin albergar la certeza de poder acometerlas con la debida eficiencia.<\/p>\n<p>El beso de despedida, es el mismo beso de todos los d\u00edas. Pero \u00e9l es quien est\u00e1 dentro de la casa y ella en el umbral. \u00c9l es quien permanece en la casa y ella la que se aleja hacia el ascensor para adentrarse en una mara\u00f1a de coches, autobuses, tranvias, bocinas, las prisas de quienes han apurado los \u00faltimos minutos entre s\u00e1banas y ahora quieren ganarlo invitando a apartarse a los dem\u00e1s, de voces denunciando las impericias al volante ajenas, sin apercibir las propias.<\/p>\n<p>Al fin el edificio del despacho. El garage. El ascensor. La oficina. Un gesto para acoplar la falda, la camisa, la chaquetilla. Unos buenos d\u00edas que son dados. Unos buenos d\u00edas que son devueltos. Carmen enfila el pasillo formado entre dos filas de mesas desde donde hombres y mujeres, los que ser\u00e1n sus nuevos compa\u00f1eros, la observan con miradas que le atraviesan la espalda como afilados pu\u00f1ales, a pesar de que hab\u00edan sido advertidos por Santiago con suficiente anticipo de que Carmen lo sustituir\u00eda. Pero son de esas cosas que por conocidas no se dan por hechas hasta que la realidad impone su veredicto final.<\/p>\n<p>Sobre la mesa varios informes esperan una firma, una conformidad, que tendr\u00e1 que salir de manos tr\u00e9mulas e indecisas. Carmen resopla una y otra vez. Habla consigo misma internamente. Es normal. Todo va bien. Todo saldr\u00e1 bien. Ante cualquier duda no tiene m\u00e1s que llamar a Santiago.<\/p>\n<p>Siente la felicidad que la ha ganado. Su vida, ahora, es otra vida. <\/p>\n<p>Santiago, ante un desorden que es novedoso a sus ojos, por no haber reparado en las minudencias de la casa. En el rastro dejado por el desayuno, de vajillas y cubiertos esperando que alguien los recoja, lave, seque y guarde, pero all\u00ed no hay nadie, nadie vendr\u00e1; pa\u00f1os manchado por m\u00e1culas de descuidos, ahora imperdonables, de restos de migajas de tostadas, mantequilla o mermelada desparramada sobre el mantel. Camas por hacer. Ba\u00f1os por limpiar. Salones y pasillos por barrer y aspirar. Ropa por lavar, por tender, por recoger del tendedero, por planchar. Compras por hacer. Comida por cocinar. Abrumado por la incertidumbre mira el tel\u00e9fono, hilo conductor que ante cualquier duda le contactar\u00e1 con Carmen.<\/p>\n<p>Siente la felicidad que lo ha ganado. Su vida, ahora, es otra vida.<\/p>\n<p>Transcurre uno, dos, tres d\u00edas. Pasa una, dos, tres semanas. Los miedos e incertidumbres se han desvanecidos. La rutina los hace versados en sus nuevas tareas. El tel\u00e9fono apenas suena entre ellos. Se corrigen malos h\u00e1bitos que transmutan en buenas costumbres. Se adquieren nuevos malos h\u00e1bitos y nuevas buenas costumbres. Y la vida discurre gozosa de felicidad. Carmen ya no sufre las punzantes miradas de sus resignados compa\u00f1eros de oficina. En Santiago se ha debilitado la abrumadora sensaci\u00f3n ante el caos cotidiano, al que acomete con firme disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Alguna noche retozan dichosos, henchidos de felicidad, satisfechos de sus nuevas vidas.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana cualquiera, Santiago, nota un punzante dolor en las tetillas. El espejo le muestra unos incipientes abultamientos de los senos sin la turgencia de una mujer hecha, pero con la suficiente carnosidad para llenarlo de congoja. Sus rasgos se han suavizados, afeminados. Su ment\u00f3n adquiere la suavidad de un adolescente imberbe. Baja los pantalones del pijama y observa un pene menguado con estr\u00e9pito. Toma conciencia de que ha adquirido ciertos h\u00e1bitos impensables con anticipaci\u00f3n. Corre hacia el tel\u00e9fono. Se detiene. Ya vendr\u00e1 Carmen e ir\u00e1n al m\u00e9dico. De seguro es algo pasajero.<\/p>\n<p>Espera con impaciencia la llegada de su mujer. La tareas aguardando mejores momentos,  etapas m\u00e1s propicias.<\/p>\n<p>El sonido de la puerta le saca de su abstracci\u00f3n. Corre hacia ella. De repente sus pasos se paralizan, su carrera se interrumpen, sus prisas se detienen. Es evidente que Carmen se ha olvidado de afeitarse esa ma\u00f1ana.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono2.jpg\" alt=\"\" align=\"right\" \/><br \/>\n<em><strong>Rafael Criado Garc\u00eda<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Celebraron con jubilosa exitaci\u00f3n la llegada del d\u00eda estipulado. Nada en su entorno envidenciaba cambio alguno, ni llegado ni por venir, s\u00f3lo un c\u00edrculo rojo marcado en el calendario para que no cayese en el olvido. Santiago observa la imagen que el espejo del cuarto del ba\u00f1o le devuelve. Una estampa ojerosa, despeinada, de barba incipiente, el sue\u00f1o a\u00fan marcado en el semblante, todav\u00eda en pijama. 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