{"id":278,"date":"2007-10-25T23:01:45","date_gmt":"2007-10-25T21:01:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=278"},"modified":"2007-10-25T23:03:29","modified_gmt":"2007-10-25T21:03:29","slug":"278","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/278\/","title":{"rendered":"Pedrito el piruleta. Por Isidro R. Ayestar\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/P7279917.jpg\"  hspace=\"20\" \/ align=\"right\"\/><\/p>\n<p>A Pedrito le llamaban \u201cel piruleta\u201d desde los tiempos del colegio. Siempre estaba dispuesto a ser el primero en caer de rodillas a cambio de unas monedas para comprarse algo durante los recreos. Y no se le daba nada mal. Claro, que en el terreno de la inexperiencia de entonces, el m\u00e1s listo siempre cabalgaba sobre el tonto de turno. Luego, con el devenir de su vida, a Pedrito le rompieron el culo y el alma en prisi\u00f3n, donde fue a parar tras una carrera de fondo donde compet\u00eda con otros similares en eso de viajar a la deriva en las autopistas sin asfaltar del mapa de la vida.<br \/>\nPedrito sali\u00f3 a la calle con cuarenta a\u00f1os. Y el espejo ya no le devolv\u00eda ninguna imagen suya. Ni tan siquiera algo desvirtuada. Le dio la espalda como todos aquellos a los que conoci\u00f3 a lo largo de su corta vida. Escasa, s\u00ed, pero intensa en decepciones, mala fortuna y bofetadas constantes. La primera se la llev\u00f3 por amanerado. La \u00faltima, por morder cuando un cliente andaba despistado. Y entre ambas, las de siempre de su padre, sus hermanos, sus enemigos y sus compa\u00f1eros de celda.<br \/>\nA Pedrito \u201cel piruleta\u201d siempre le llamaron usando el diminutivo, por eso de la semejanza con su propia persona y el papel que desempe\u00f1aba desde que sal\u00eda el sol hasta que la luna le mandaba a hacer pu\u00f1etas. Siempre se le pod\u00eda ver en las escaleras de la iglesia San Francisco, aprovechando los d\u00edas de mercado en la Esperanza para vender pa\u00f1uelos de papel que robaba previamente en el supermercado de la esquina. M\u00e1s tarde, al anochecer, era ornato cl\u00e1sico en la horizontal de Sotoliva, donde los coches pasaban de turno ante la hilera de chaperos desvencijados incapaces de satisfacerse siquiera a s\u00ed mismos.<br \/>\nUn d\u00eda, Pedrito \u201cel piruleta\u201d oy\u00f3 hablar de las noches de sexo furtivo en Piquio, entre palmeras, luces verdes y el mar como banda sonora a los suspiros con que la brisa y la marea deleitaban a los invitados nocturnos. Y para all\u00e1 que cambi\u00f3 su itinerario laboral. Pero le dur\u00f3 poco, porque a los que son como \u201cel piruleta\u201d, el infortunio les persigue con guada\u00f1a y malos augurios de futuro.<br \/>\nUna noche, Pedrito \u201cel piruleta\u201d durmi\u00f3 la vida sobre las rocas de un acantilado, tras un paliz\u00f3n propinado por tres \u201can\u00f3nimos\u201d de los que se identifican cuando piden colaboraci\u00f3n ciudadana. Y es que siempre se rumore\u00f3 que el pobre desgraciado, en uno de sus constantes intentos por zafarse de la mala suerte, se hizo amante y confidente del otro lado de la ley. Aquel donde se sigue ninguneando a los que, como Pedrito \u201cel piruleta\u201d, son deshechos de la sociedad caciquista que impera a\u00fan entre nosotros por mucho que las encuestas hablan de modernidad y tolerancia.<br \/>\nNadie se hizo eco de aquello, y ni tan siquiera pudo descansar para siempre como mandan los c\u00e1nones porque nadie reclam\u00f3 el cad\u00e1ver. S\u00f3lo alguien que le conoc\u00eda escribi\u00f3 unas breves l\u00edneas que el peri\u00f3dico local se neg\u00f3 a publicar en la secci\u00f3n de necrol\u00f3gicas.<br \/>\nAl cabo del tiempo, una persona an\u00f3nima trajo al recuerdo la imagen de Pedrito \u201cel piruleta\u201d. Un joven lloroso, de espaldas a la vida y al objetivo de una c\u00e1mara fotogr\u00e1fica, se encontraba en el estanque del Retiro. Aturdido y confundido por lo desvirtuado de su presente, se dej\u00f3 inmortalizar en sepia para evocar a alguien que fue tan desgraciado como \u00e9l.<br \/>\nY al igual que Pedrito \u201cel piruleta\u201d, cuando los pensamientos dejaron de hacer juego con sus interrogantes sobre la vida, se levant\u00f3 lentamente para reanudar su rumbo hacia ninguna parte.<br \/>\n\u201cAdi\u00f3s, Pedrito\u201d, le dije.<br \/>\nPero no me oy\u00f3. Los aviones militares que poblaban el cielo madrile\u00f1o aquel doce de octubre ensordecieron aquel momento de evocaci\u00f3n, aquel necesario par\u00e9ntesis en el que un cruce de miradas trajo una sonrisa c\u00f3mplice para constatar, por suerte, que hasta los desgraciados tienen su bocanada de aliento compa\u00f1ero aunque sea en la distancia<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono9.jpg\" align=\"right\" \/><br \/>\n\u00a9 Isidro R. Ayestar\u00e1n, 2007<br \/>\nwww.isidrorayestaran.blogspot.com  &#8211;  NOCTURNOS<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A Pedrito le llamaban \u201cel piruleta\u201d desde los tiempos del colegio. Siempre estaba dispuesto a ser el primero en caer de rodillas a cambio de unas monedas para comprarse algo durante los recreos. Y no se le daba nada mal. Claro, que en el terreno de la inexperiencia de entonces, el m\u00e1s listo siempre cabalgaba sobre el tonto de turno. 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