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{"id":2447,"date":"2009-12-11T00:00:55","date_gmt":"2009-12-10T23:00:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=2447"},"modified":"2009-12-11T10:56:02","modified_gmt":"2009-12-11T09:56:02","slug":"cuento-de-navidad-por-maria-jose-moreno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/cuento-de-navidad-por-maria-jose-moreno\/","title":{"rendered":"Cuento de Navidad. Por Mar\u00eda Jos\u00e9 Moreno"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/MJoseMoreno.jpg\" alt=\"\" hspace=\"20\" align=\"right\" \/><\/p>\n<p>Cuentan que aquel a\u00f1o el desapacible oto\u00f1o dio paso a un adelantado y g\u00e9lido invierno. Durante semanas los algodonosos copos cubrieron las calles y adornaron los sucios tejados con blancas lanas. El fr\u00edo entraba furtivo en los hogares por huecos y rendijas, menos en casa de Mar\u00eda. All\u00ed, reinaba el invierno desde que cinco a\u00f1os atr\u00e1s, una infausta tarde de diciembre, recibiera la tr\u00e1gica noticia de la muerte de su \u00fanica hija en un accidente de tr\u00e1fico. Se le hel\u00f3 el coraz\u00f3n y el pelo se volvi\u00f3 del color de la nieve. Ni los esfuerzos de su marido para que volviera a la vida, ni las risas de su nieto, ajeno a lo que ella sufr\u00eda, sirvieron de nada. Desde entonces vagaba como una zombi en un desangelado mundo, huera de sentimientos que compartir.<br \/>\nLa Navidad, como cada a\u00f1o, se acercaba codiciosa de anidar en los corazones y a Mar\u00eda le aterraba pensar en la parafernalia que acompa\u00f1aba a estas fechas. Se esforzaba con sonrisas artificiales, gestos estudiados y palabras autom\u00e1ticas que le ayudaban a exhibir una alegr\u00eda que no sent\u00eda.<br \/>\n\u2014Abuela, \u00bfeste a\u00f1o comeremos pavo?<br \/>\n\u2014Claro, Miguelito, como todos los a\u00f1os.<br \/>\n\u2014Abuela, \u00bfa ti te gusta la Navidad?<br \/>\nUn silencio.<br \/>\n\u2014En casa de los abuelos de Alejandro \u2014continu\u00f3 diciendo el ni\u00f1o\u2014 ponen un \u00e1rbol muy grande y debajo Pap\u00e1 Noel deja los regalos. Aqu\u00ed nunca hay un \u00e1rbol, ni regalos.<br \/>\nA Mar\u00eda se le encogi\u00f3 el est\u00f3mago y no supo qu\u00e9 responder.<br \/>\n\u2014Miguelito, no seas pesado y deja a la abuela.<br \/>\n\u2014Abuelo, \u00bfpondremos este a\u00f1o un \u00e1rbol muy grande como el de mi amigo Alejandro?<br \/>\n\u2014Puede que s\u00ed \u2014dijo llev\u00e1ndose al ni\u00f1o de la cocina.<br \/>\nLas l\u00e1grimas corr\u00edan como riachuelos por sus mejillas, sin que pudiera detenerlas en su camino de tristeza. Se culpaba de no tener la entereza y resignaci\u00f3n que todos esperaban y se martirizaba con la opresiva rememoraci\u00f3n de la desgracia que le hab\u00eda acaecido. Atr\u00e1s quedaban la negaci\u00f3n, la ira, la depresi\u00f3n, las preguntas sin respuesta; pero no consegu\u00eda aceptar aquella terrible p\u00e9rdida.<br \/>\nEn su nieto la ve\u00eda a ella. Sus mismos grandes ojos de largas pesta\u00f1as, el remolino de la coronilla imposible de peinar, el hoyuelo de la barbilla\u2026Un suplicio que deb\u00eda ocultar.<br \/>\n\u2014\u00a1Abuela, que dice el abuelo que vengas al sal\u00f3n! \u2014grit\u00f3 el ni\u00f1o.<br \/>\nMar\u00eda sec\u00f3 sus manos y l\u00e1grimas en el pa\u00f1o que llevaba a la cintura y se dirigi\u00f3 con disimulada serenidad al encuentro de su marido.<br \/>\n\u2014Mira, cari\u00f1o, dijo acerc\u00e1ndose a su esposa. Tenemos visita. Esta chica quiere hablar con nosotros.<br \/>\nUna joven bien parecida y de agradable presencia esperaba de pie a su llegada. Nada m\u00e1s verla sinti\u00f3 una punzada en sus entra\u00f1as que no acert\u00f3 a interpretar. Le resultaba tan familiar&#8230;<br \/>\n\u2014Perdonen el atrevimiento de presentarme en su casa. Llevo tiempo queriendo hacerles una visita. Estas fechas son muy familiares y supongo que echaran en falta a su hija&#8230;<br \/>\n\u2014Mi mujer a\u00fan no se ha repuesto. Por favor, preferir\u00eda que no sacara ese tema a relucir \u2014le interrumpi\u00f3.<br \/>\n\u2014Perd\u00f3nenme. No s\u00e9 c\u00f3mo decirlo \u2014hizo una pausa\u2014. Quer\u00eda darles las gracias porque los pulmones y el coraz\u00f3n de su hija que ustedes donaron me salvaron la vida. Llevaba muchos a\u00f1os enferma y mi resistencia estaba al l\u00edmite. Los m\u00e9dicos no encontraban donantes compatibles. Hasta que su hija\u2026<br \/>\nAl escuchar aquello, Mar\u00eda not\u00f3 un peque\u00f1o crujido en el pecho. Parec\u00eda como si un viento c\u00e1lido entrara por la rendija de la puerta envolvi\u00e9ndola. Algo se deshelaba en su interior. Le pareci\u00f3 distinguir un trasl\u00facido halo blanco dibujarse alrededor de la joven que mostraba una amplia sonrisa. Se sent\u00f3, en silencio, a su lado. Su respiraci\u00f3n se acompas\u00f3 a la de su visitante y al poco se dirigi\u00f3 a ella, cogi\u00e9ndole la mano:<br \/>\n\u2014Ahora conozco el porqu\u00e9. No fue una muerte gratuita. Gracias por venir.<br \/>\nMiguelito abri\u00f3 muchos los ojos y la boca. No entend\u00eda lo que dec\u00eda aquella simp\u00e1tica desconocida; aunque intu\u00eda que era algo bueno porque nunca hab\u00eda visto a su abuela con esa cara de contenta.<br \/>\nSe acerc\u00f3 y le tir\u00f3 de la manga.<br \/>\n\u2014Dime, cari\u00f1o.<br \/>\n\u2014Alejandro dice que su \u00e1rbol de Navidad llega hasta el techo.<br \/>\n\u2014Este a\u00f1o pondremos un \u00e1rbol que llegar\u00e1 a las nubes \u2014respondi\u00f3 ella riendo.<br \/>\n\u2014\u00a1Viva! Eres la mejor abuela del mundo \u2014dijo abraz\u00e1ndola\u2014. Pero, si es tan alto, \u00bfc\u00f3mo podremos colocar la estrella en la punta?<br \/>\n\u2014No te apures, mi ni\u00f1o. Tu mam\u00e1 la colocar\u00e1 desde el cielo.<\/p>\n<p><strong><em>Mar\u00eda Jos\u00e9 Moreno<\/em><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/blogdemjmoreno.blogspot.com\/\">http:\/\/blogdemjmoreno.blogspot.com\/<\/a><br \/>\n<a href=\"http:\/\/mariajosemoreno.webcindario.com\/\">http:\/\/mariajosemoreno.webcindario.com\/<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuentan que aquel a\u00f1o el desapacible oto\u00f1o dio paso a un adelantado y g\u00e9lido invierno. Durante semanas los algodonosos copos cubrieron las calles y adornaron los sucios tejados con blancas lanas. El fr\u00edo entraba furtivo en los hogares por huecos y rendijas, menos en casa de Mar\u00eda. All\u00ed, reinaba el invierno desde que cinco a\u00f1os atr\u00e1s, una infausta tarde de diciembre, recibiera la tr\u00e1gica noticia de la muerte de su \u00fanica hija en un accidente de tr\u00e1fico. Se le hel\u00f3 el coraz\u00f3n y el pelo se volvi\u00f3 del color de la nieve. 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