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{"id":208,"date":"2007-06-04T18:08:32","date_gmt":"2007-06-04T16:08:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=208"},"modified":"2007-06-04T18:41:44","modified_gmt":"2007-06-04T16:41:44","slug":"aventura-en-el-pasado-por-francisco-arsis-caerols-7","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/aventura-en-el-pasado-por-francisco-arsis-caerols-7\/","title":{"rendered":"AVENTURA EN EL PASADO. Por Francisco Arsis Caerols"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\" https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/Aventura7.jpg\" hspace=\"20\" alt=\"Aventura7\"align=\"right\"\/><\/p>\n<p><strong>AVENTURA EN EL PASADO<br \/>\nCAP\u00cdTULO I \u2013 7\u00aa PARTE<\/strong><br \/>\n<\/p>\n<p>Unas facturas encima de uno de los sillones delicadamente bordados y forrados de terciopelo azul celeste, tambi\u00e9n con fechas situadas en torno a la segunda mitad del a\u00f1o 1915, delataban el nombre del due\u00f1o, un tal Marco Vassallo. Al hojear de nuevo uno de aquellos peri\u00f3dicos, fechado el jueves d\u00eda 30 de diciembre, de nombre La Gaceta Gr\u00e1fica de Madrid me di cuenta de que en una de las p\u00e1ginas aparec\u00eda una fotograf\u00eda con su nombre y una dedicatoria. Por lo visto, se trataba de un conocido periodista, colaborador de dicha publicaci\u00f3n, que hab\u00eda fallecido de una r\u00e1pida y terrible enfermedad. Las cosas parec\u00edan no pintar demasiado bien, pero mi curiosidad era tan grande que no pod\u00eda pensar en regresar al trastero ni por un solo instante. Entonces me percat\u00e9 de que en aquella habitaci\u00f3n hab\u00eda una nueva puerta, y empec\u00e9 a comprender que lo m\u00e1s probable era que, al cruzarla, me llevara tal vez al resto de lo que parec\u00eda ser, con toda seguridad, una casa por completo distinta a la m\u00eda. Sin pens\u00e1rmelo dos veces alcanc\u00e9 el pomo de aquella otra puerta, y nada m\u00e1s tocarlo, de inmediato not\u00e9 como si una ligera sacudida invadiese todo mi cuerpo, algo extra\u00f1o, electrizante, aunque en realidad tampoco le di demasiada importancia, tantos eran los continuos sucesos inexplicables que se estaban produciendo. Y, tal y como hab\u00eda imaginado, ante m\u00ed ten\u00eda lo que parec\u00eda ser una antigua y a la vez enorme mansi\u00f3n, que por su aspecto delataba no tener nada que ver con las viviendas actuales y que me estaba dejando totalmente perplejo, casi tanto como la vista que me hab\u00eda ofrecido, instantes antes, el otro lado de la ventana de la primera habitaci\u00f3n surgida a trav\u00e9s de la puerta falsa del ahora ya, sin duda alguna, asombroso armario.<\/p>\n<p \/>\n<p>As\u00ed pues, me dediqu\u00e9 a recorrer casi por entero la casa, exquisitamente amueblada como yo jam\u00e1s hab\u00eda visto antes. La puerta de entrada me impon\u00eda un tremendo respeto, y no ten\u00eda intenci\u00f3n de abrirla hasta no tener plena conciencia de d\u00f3nde me hallaba y la raz\u00f3n por la que all\u00ed estaba. Llegu\u00e9 a la conclusi\u00f3n de que lo mejor era, al menos, regresar y comprobar si mi casa segu\u00eda estando o no en el otro lado. Pero al llegar frente al otro armario que yo hab\u00eda cruzado para entrar en aquella extra\u00f1a mansi\u00f3n, una nueva sorpresa hizo que mis ojos se abrieran como platos, dej\u00e1ndome estupefacto por completo. Al observar la que se supon\u00eda mi imagen reflejada en el espejo situado en el centro del mueble, descubr\u00ed que la que en realidad ten\u00eda frente a m\u00ed era otra id\u00e9ntica a la de la fotograf\u00eda vista en el peri\u00f3dico, es decir: la de aquel periodista llamado\u2026 \u00a1Marco Vassallo!<\/p>\n<p>Alcanc\u00e9 de nuevo el ejemplar de La Gaceta Gr\u00e1fica de Madrid fechado el 30 de diciembre de 1915, visualizando justo la p\u00e1gina donde hab\u00eda visto el \u00f3bito de aquel tipo y\u2026 \u00a1hab\u00eda desaparecido de forma misteriosa! Todo: la foto, la dedicatoria, su nombre\u2026<\/p>\n<p>Como quer\u00eda cerciorarme de que la imagen que hab\u00eda visto en el armario era la de aquel individuo y no la m\u00eda propia, y que no estaba en medio de ninguna extra\u00f1a alucinaci\u00f3n, me coloqu\u00e9 de nuevo frente al espejo del enigm\u00e1tico mueble, confirmando lo que instantes antes hab\u00edan captado mis ojos. Yo\u2026 ya no era yo, ahora era aquel otro, quien al parecer acababa de resucitar a trav\u00e9s de m\u00ed sin que yo alcanzara a comprender c\u00f3mo hab\u00eda podido suceder algo semejante. Su fino bigote, aquel pelo corto repeinado y engominado hasta lo indecible, aquella extra\u00f1a cara que nada ten\u00eda que ver con mi rostro\u2026 No digo que no pudi\u00e9ramos tener cierto parecido, pero aun as\u00ed nadie ser\u00eda capaz de reconocerme tras aquella m\u00e1scara. Y entonces comprend\u00ed en qu\u00e9 momento se hab\u00eda producido aquella transformaci\u00f3n. No hab\u00eda sido al cruzar la puerta falsa del armario, sino en el instante en que decid\u00ed salir de la habitaci\u00f3n. Recordaba a la perfecci\u00f3n la leve sacudida en todo mi cuerpo, igual que una descarga el\u00e9ctrica aunque apenas perceptible, como cuando te daba corriente alg\u00fan cable o un enchufe de cualquier aparato el\u00e9ctrico, sin grandes consecuencias. Al instante, abr\u00ed de golpe el armario esperando hallar la puerta de regreso en su interior, pero con gran misterio \u00e9sta\u2026 \u00a1hab\u00eda desaparecido! Me sent\u00ed aturdido, sobrecogido, mientras mi mente comenzaba a desvariar, dej\u00e1ndome caer en la silla como mejor pude e intentando encontrar alguna explicaci\u00f3n plausible. Y al fijarme con mayor detenimiento en el segundo armario por el que hab\u00eda irrumpido en la extra\u00f1a habitaci\u00f3n, y que naturalmente formaba parte de ella, comprend\u00ed parte de la verdad. El armario no era sino el mismo que se encontraba en el trastero, solo que ahora formaba parte de esta otra habitaci\u00f3n, como si se tratase de alguna puerta a una cuarta dimensi\u00f3n o algo parecido. As\u00ed que en realidad no eran dos armarios, sino uno solo, y por el cual hab\u00eda cruzado de una habitaci\u00f3n a otra. \u00a1Me hallaba, sin lugar a dudas, frente a una sorprendente puerta del tiempo!<\/p>\n<p>En aquel momento llegaron hasta mi cerebro ciertas inquietantes preguntas. \u00bfConocer\u00eda aquel hombrecillo, el Sr. Le\u00f3n, la existencia de dicho armario, y c\u00f3mo no, de la mansi\u00f3n en la que me encontraba? \u00bfEstar\u00eda tal vez frente a una rec\u00f3ndita puerta del tiempo, a pesar de que mi mente se negaba por completo a pensar que algo tan incre\u00edble, extra\u00f1o y desconcertante como aquello pudiese en verdad existir?<\/p>\n<p>   <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono3.jpg\" alt=\"\" align=\"right\"\/><\/p>\n<p>Continuar\u00e1\u2026<\/p>\n<p>\u00a9 Francisco Arsis (2005)<br \/>\nDel libro \u201cAventura en el pasado\u201d <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>AVENTURA EN EL PASADO CAP\u00cdTULO I \u2013 7\u00aa PARTE Unas facturas encima de uno de los sillones delicadamente bordados y forrados de terciopelo azul celeste, tambi\u00e9n con fechas situadas en torno a la segunda mitad del a\u00f1o 1915, delataban el nombre del due\u00f1o, un tal Marco Vassallo. 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